En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.
Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.
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Reunión del equipo Avatar
La luz de la luna iluminaba suavemente el pequeño estanque del Templo Aire mientras el viento movía las telas blancas de los corredores cercanos. Todo era tranquilo.
Especialmente después de lo que Zuko acababa de decir.
“Cuando pensé que ibas a morir… sentí miedo.”
“Mucho.”
Sereya se quedó inmóvil.
Su corazón latía tan fuerte que juraba que el mismo Zuko podía escucharlo.
Y lo peor…
Era la forma en que él la miraba.
Directamente.
Sin apartar los ojos.
Solo sinceridad.
—…oh.
Excelente respuesta, Sereya.
Muy inteligente.
Zuko entrecerró ligeramente los ojos, como si quisiera decir algo más.
Pero Sereya reaccionó primero.
Se levantó demasiado rápido.
—¡Bueno! —dijo de golpe—. ¡Ya es muy tarde y claramente necesito dormir porque mi cerebro dejó de funcionar hace como diez segundos!
Zuko parpadeó.
—¿Qué?
—¡Nada! ¡Buenas noches!
Y salió prácticamente huyendo.
Literalmente.
Zuko la vio desaparecer por el pasillo.
El viento sopló suavemente.
Y entonces…
—…¿qué acaba de pasar?
La voz detrás de él hizo que Zuko se tensara.
Giró lentamente.
Y ahí estaba.
Iroh.
Con una taza de té en la mano.
Y con una sonrisa.
Zuko cerró los ojos lentamente.
—Tío…
Iroh dio un sorbo tranquilo.
—Qué hermosa noche, ¿no crees?
Zuko cruzó los brazos.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—Lo suficiente.
—Genial.
Iroh sonrió un poco más.
—La juventud realmente florece en tiempos de crisis.
Zuko sintió el calor subirle al rostro.
—No empieces.
Iroh inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Empezar qué?
—Eso.
—¿Qué cosa?
Zuko lo miró fijamente.
Iroh fingió inocencia absoluta.
—Solo vi a una chica salir corriendo completamente sonrojada y a mi sobrino mirándola como si acabara de descubrir un nuevo tesoro.
Zuko abrió ligeramente los ojos.
—¡No la estaba mirando así!
Iroh levantó una ceja.
—Claro.
—Tío.
—¿Sí?
—Voy a lanzar esa taza.
Iroh protegió dramáticamente el té.
—¡La violencia nunca es la respuesta!
Zuko suspiró con frustración.
Pero el leve color rojo en sus orejas lo traicionaba completamente.
Iroh lo notó de inmediato.
Y sonrió aún más.
—Ohhhh…
—No hagas eso.
—¿Eso qué?
—Ese sonido.
—¿Cuál? —preguntó Iroh, claramente divertido.
—¡Ese!
Iroh soltó una pequeña risa.
Zuko masajeó el puente de su nariz.
—No está pasando nada.
Iroh lo observó unos segundos.
Y luego habló con calma.
—Sobrino… hay personas que llegan a nuestra vida en momentos inesperados.
Zuko guardó silencio.
—Y a veces —continuó Iroh—, esas personas cambian algo dentro de nosotros sin que nos demos cuenta.
Zuko bajó ligeramente la mirada.
Sabía que su tío tenía razón.
Y eso era precisamente lo que lo ponía nervioso.
Mientras tanto…
Sereya había llegado a su habitación.
Cerró la puerta.
Y se dejó caer contra ella.
—AAAAAAAAAHHHHHHHH.
Se cubrió el rostro con ambas manos.
—¿QUÉ FUE ESO?
Su corazón seguía descontrolado.
—“Sentí miedo” —imitó la voz de Zuko dramáticamente—. “Mucho.”
Se dejó caer sobre la cama.
—Dios mío… eso debería ser ilegal.
Se cubrió la cara con una almohada.
—¿Por qué dijo eso tan serio?
Giró sobre la cama.
—¿Y POR QUÉ ME MIRÓ ASÍ?
Se quedó en silencio unos segundos.
Luego levantó lentamente la cabeza.
—…espera.
Sus ojos se abrieron.
—¿Le gusto?
El silencio fue inmediato.
Y luego—
—NO NO NO NO NO.
Se volvió a cubrir con la almohada.
Pero ya era tarde.
Porque una sonrisa tonta apareció en su rostro.
Y no había forma de quitarla.
A la mañana siguiente…
El Templo Aire estaba más activo de lo normal.
Los cuidadores corrían de un lado a otro preparando habitaciones, comida y suministros.
Sereya caminaba por uno de los pasillos intentando parecer una persona completamente normal y estable emocionalmente.
Spoiler:
No lo estaba logrando.
Porque cada vez que veía a Zuko a lo lejos…
Se quería aventar por una montaña.
—Compórtate… —murmuró—. Eres una persona funcional y fuerte mentalmente…
Giró una esquina.
Y casi chocó con él.
—¡AH!
Zuko también se detuvo.
—¿Qué te pasa?
Sereya dio un paso atrás rápidamente.
—¡Nada!
Zuko la miró extraño.
—…ok.
Sereya miró al suelo, con incómodidad.
Zuko se aclaró la garganta.
—Sobre anoche—
—¡No pasó nada! —dijo ella demasiado rápido.
Zuko parpadeó.
—…iba a decir que Aang nos está buscando.
Sereya quedó congelada.
—…oh.
Zuko alzó ligeramente una ceja y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—¿Estás bien?
Sereya quería desaparecer.
—Perfectamente.
—Pareces nerviosa.
—No lo estoy.
—Lo estás.
—No.
—Sí.
Sereya lo señaló.
—Deja de hacer eso.
—¿Qué cosa?
—Tener razón.
Zuko soltó una pequeña risa.
Y Sereya sintió que el corazón le explotaba.
“Ok, definitivamente voy a morir.”
Minutos después…
Todos estaban reunidos en la sala principal del templo.
Aang estaba de pie frente a ellos con expresión seria.
Katara estaba a su lado.
Iroh tomaba té.
Y Zuko permanecía junto a una columna, intentando actuar como si nada raro hubiera pasado entre él y Sereya.
Aunque claramente ambos estaban evitando mirarse demasiado.
Aang respiró hondo.
—He estado pensando mucho sobre lo que pasó.
El ambiente se volvió más serio.
—El Loto Rojo no va a detenerse y ahora saben más sobre nosotros… y sobre nuestras debilidades.
Sereya bajó un poco la mirada.
Zuko habló entonces.
—También saben que no les tenemos miedo.
Aang asintió.
—Exacto. Pero no podemos enfrentarlos solos.
Sereya levantó la vista.
—¿Entonces qué haremos?
Aang sonrió levemente.
—Pues.. pedí ayuda.
Katara sonrió un poco más.
—Y deberían llegar pronto.
Sereya parpadeó.
—¿Quiénes?
Aang cruzó los brazos con una expresión orgullosa.
—El resto del equipo Avatar.
Los ojos de Sereya se abrieron completamente.
—…espera.
Katara soltó una pequeña risa.
—Así es.
Aang sonrió ampliamente.
—Toph y Sokka vienen hacia acá.
El cerebro de Sereya dejó de funcionar otra vez.
—…¿QUÉ?
Zuko la miró de reojo.
Sereya se giró hacia él completamente emocionada.
—¡TOPH Y SOKKA! ¡TOPH Y SOKKA VIENEN AQUÍ!
Aang rió un poco.
—Creo que está feliz.
Iroh sonrió.
—Mucho.
Sereya caminó en círculos.
—No puede ser… voy a conocer a Toph… y a Sokka… ¡LOS VOY A CONOCER!
Katara cruzó los brazos sonriendo.
—Definitivamente tienes más energía ahora.
El ambiente del templo cambió un poco después de eso.
Porque el equipo Avatar volvería a reunirse.