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LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:16.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En una guerra de orgullo y desprecio, ¿quién caerá primero? ¿El hombre que lo tiene todo o la mujer que aprendió a brillar sin luz?
Puntos clave de la trama

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14

El aire en la casa de la costa era radicalmente distinto al de la ciudad; no tenía ese peso metálico de la ambición y el concreto. Aquí, el oxígeno sabía a salitre y a libertad, un concepto que se me antojaba tan ajeno como el color de las nubes que ya no podía ver. Desperté envuelta en unas sábanas de lino que se sentían frescas y ligeramente rugosas contra mi piel, un contraste exquisito con la seda opresiva de la mansión Thorne.

Alexander no estaba en la cama, pero su presencia era un rastro térmico que todavía habitaba el lado izquierdo del colchón. Me incorporé lentamente, dejando que mis oídos se acostumbraran al rugido constante y rítmico del océano golpeando los acantilados. Era un sonido salvaje, honesto, desprovisto de las dobleces que caracterizaban nuestras conversaciones habituales.

Tanteé la mesita de noche buscando mi bata, pero mis dedos tropezaron con algo distinto: una superficie aterciopelada y un aroma dulce, casi embriagador. Jazmines. Estaban en un jarrón, frescos, todavía con gotas de rocío que humedecieron mis yemas. Alexander sabía que el jazmín era el olor de mi infancia, antes de que el mundo se apagara. No dijo una palabra, pero ahí estaban, una ofrenda silenciosa en medio de nuestro exilio.

Me puse la bata y salí de la habitación, guiada por el crujido de la madera noble bajo mis pies descalzos. El suelo aquí no era de mármol frío; era cálido, vivo, con pequeñas imperfecciones que mis pies leían como si fueran braille.

—Te has despertado temprano —su voz llegó desde lo que supuse era la terraza abierta. Era una voz que hoy no tenía ese filo cortante de los negocios, sino una aspereza baja, casi íntima.

Caminé hacia el sonido. El viento me golpeó suavemente, agitando los bordes de mi bata y trayendo consigo el aroma de Alexander: sándalo, café recién hecho y ese olor a sal que parecía haberse filtrado en sus poros durante la noche.

Sentí su mano en mi cintura antes de llegar al umbral. Fue un movimiento fluido, protector. Me atrajo hacia él hasta que mi espalda quedó pegada a su pecho. Alexander era una columna de calor sólido en la mañana fresca. Sus brazos rodearon mi cintura, y sentí cómo apoyaba su barbilla en la curva de mi hombro, dejando que su respiración acariciara mi cuello.

—El mar está agitado hoy —susurró. Sus labios rozaron mi oreja, provocándome un escalofrío que no tenía nada que ver con la brisa marina—. Me gustaría que pudieras ver los reflejos plateados sobre el agua. Son casi tan brillantes como tú cuando olvidas que tienes miedo de mí.

—No te tengo miedo, Alexander —respondí, aunque mi corazón latía con una fuerza que desmentía mis palabras. Giré un poco la cabeza, buscando el contacto de su piel—. Tengo miedo de lo que representas. De la oscuridad que me rodea y de cómo tú pareces ser el único que sabe moverse en ella.

Su agarre se tensó sutilmente. Una de sus manos subió desde mi cintura hasta mi cuello, sus dedos largos y cálidos acariciando la línea de mi mandíbula. Era una caricia posesiva, una reclamación silenciosa. Me giró lentamente en sus brazos hasta que quedé frente a él. Mis manos encontraron instintivamente sus pectorales, sintiendo el latido rítmico y potente de su corazón bajo la fina tela de su camisa.

—Ayer descubriste la verdad sobre tu padre —dijo él, y su tono volvió a ser esa barítono profunda que me hacía vibrar hasta los huesos—. Sé que duele. Pero aquí, en esta casa, el apellido Colón no significa nada. Aquí solo eres Elina. Mi esposa.

Se inclinó y me besó. Fue un beso lento, cargado de una sensualidad que no pedía permiso, sino que reclamaba territorio. Sabía a café y a una promesa oscura de seguridad. Mis dedos se enredaron en el cuello de su camisa, atrayéndolo más hacia mí, necesitando ese anclaje físico en un mundo donde todo lo que creía conocer se había evaporado. Alexander soltó un gruñido bajo, un sonido de pura necesidad masculina, y me apretó contra la barandilla de madera de la terraza.

Sentía la vibración de las olas bajo mis pies y la presión de su cuerpo contra el mío. En ese momento, la traición de mi padre y las maquinaciones de Marcus se sentían como ecos lejanos de otra vida. Aquí, solo existía el tacto de sus manos recorriendo mi espalda y el sonido del mar compitiendo con nuestros suspiros.

Pasamos la mañana en una burbuja de aislamiento que me resultaba tan embriagadora como peligrosa. Alexander me guio por la casa, describiéndome cada rincón con una paciencia que nunca le habría atribuido. Me habló de las vigas de madera recuperada, del color de los cuadros que colgaban en las paredes y de la forma en que la luz de la tarde entraba por el ventanal del salón, creando sombras alargadas que él juraba que yo podría sentir si ponía la mano en el lugar correcto.

Era un hombre distinto aquí. El CEO implacable había quedado atrás, reemplazado por un guardián obsesivo que no permitía que mis pies tocaran una superficie irregular sin que su brazo estuviera allí para sostenerme.

—¿Por qué me cuentas todo esto con tanto detalle? —pregunté mientras almorzábamos en una pequeña mesa cerca del ventanal. Podía oler el pescado a la parrilla y el aroma cítrico de un vino blanco que Alexander acababa de servir.

—Porque quiero que este lugar sea tuyo tanto como lo es mío —respondió. Escuché el tintineo de su copa al dejarla sobre la mesa—. En la ciudad, la mansión es un escenario. Aquí, es nuestra realidad. Quiero que cuando pienses en mí, no pienses en el hombre que firma contratos, sino en el hombre que te describe el mundo cuando tú no puedes verlo.

Sentí su mano sobre la mía en la mesa. Sus dedos entrelazaron los míos con una firmeza que me hizo sentir, por primera vez, que no estaba sola en mi oscuridad. Pero la paz en el mundo de los Thorne es siempre un préstamo con intereses altísimos.

Al caer la tarde, el sonido de un motor rompió la armonía de las olas. No era el coche de Alexander. Era un sonido más agudo, más insistente. Sentí cómo Alexander se tensaba a mi lado al instante. Se levantó de la silla con una brusquedad que hizo vibrar la vajilla.

—Quédate aquí, Elina. No te muevas —su voz recuperó ese tono de mando gélido que usaba en la oficina.

—¿Quién es, Alexander? —pregunté, sintiendo que el frío regresaba a mis huesos.

—Alguien que ha cometido el error de creer que mi hospitalidad no tiene límites.

Escuché sus pasos firmes alejarse hacia la entrada principal. Me quedé inmóvil, con los sentidos alerta. Oí el portazo, voces apagadas que discutían con urgencia y, finalmente, el grito de una mujer. Vanessa.

—¡No puedes esconderla para siempre, Alexander! —la voz de Vanessa llegaba filtrada por el viento, cargada de una histeria mal disimulada—. ¡El consejo sabe que la has sacado de la ciudad! ¡Creen que la tienes retenida contra su voluntad para que no hable con los auditores!

—Vanessa, vete de aquí antes de que haga algo de lo que el consejo realmente deba preocuparse —la respuesta de Alexander fue un siseo letal.

Me levanté, guiada por el miedo y una curiosidad que quemaba más que el instinto de preservación. Caminé hacia la entrada, rozando las paredes con la punta de los dedos. Al llegar al vestíbulo, el olor a su perfume caro y sintético me golpeó; era un aroma que no pertenecía a este refugio de sal y madera.

—¡Elina! —gritó Vanessa al notar mi presencia—. ¡Dile que quieres irte! ¡Dile que sabemos lo del archivo rojo! ¡Tu padre no fue el único que firmó documentos ese día! ¡Alexander Thorne compró tu silencio antes de que pudieras recuperar la conciencia en el hospital!

Sentí que el mundo se inclinaba. Me apoyé en el marco de la puerta, buscando el aire que de repente parecía haberme abandonado. ¿Alexander también? ¿Él también había participado en la subasta de mi desgracia?

—¡Miente! —rugió Alexander. Escuché el sonido de un forcejeo, el roce de telas y un quejido de Vanessa—. ¡Fuera de mi propiedad! ¡Ahora!

La puerta se cerró con un estruendo que pareció sacudir los cimientos de la casa. El silencio que siguió fue sepulcral, solo roto por el rugido del mar, que ahora sonaba amenazador. Alexander se quedó allí, jadeando. Podía sentir su furia irradiando en la estancia, una energía oscura que me hacía querer retroceder.

Se acercó a mí. Sus pasos eran lentos, pero pesados. Sentí su mano buscar la mía, pero esta vez me aparté.

—¿Es cierto, Alexander? —mi voz sonó extraña, ajena—. ¿Pagaste por mi silencio antes de conocerme? ¿Compraste una esposa ciega para que los secretos de la fusión no salieran a la luz?

Sentí sus manos atrapar mis hombros. No con violencia, sino con una desesperación que nunca le había escuchado. Me atrajo hacia él, obligándome a sentir el calor errático de su pecho.

—Pagué para que tu familia no te vendiera a alguien peor, Elina —susurró, y su voz estaba rota—. Pagué para tener el derecho legal de protegerte cuando nadie más lo haría. Sí, hubo documentos. Sí, hubo dinero. Pero nada de eso importa ahora.

—¡Importa para mí! —grité, tratando de zafarme—. ¡Todo lo que tengo, incluso mi oscuridad, parece tener un precio que tú has pagado! ¿Soy una persona para ti, Alexander, o solo el activo más costoso de tu colección?

Él me inmovilizó contra la pared del vestíbulo. Sus manos sujetaron mis muñecas a ambos lados de mi cabeza, una posición de dominio absoluto que me dejó sin aliento. Pero cuando habló, su voz no era la del CEO, sino la de un hombre atormentado por su propia obsesión.

—Eres lo único que me hace sentir humano en este mundo de mierda —dijo, y su aliento rozó mis labios con una urgencia febril—. Eres el activo que no puedo permitirme perder porque, si te vas, ya no quedará nada que valga la pena salvar.

Me besó de nuevo, pero esta vez no hubo ternura. Fue un beso amargo, una colisión de rabia, miedo y un deseo que se alimentaba del caos que nos rodeaba. Mis manos, antes cerradas en puños, terminaron por abrirse contra su pecho, aferrándose a él como si fuera el único ancla posible en medio de un naufragio que él mismo había ayudado a provocar.

La sensualidad de la noche en la costa se volvió opresiva. Alexander me llevó de vuelta a la habitación, y aunque sus caricias eran meticulosas y cargadas de una adoración que me confundía, la sombra de las palabras de Vanessa flotaba entre nosotros. Me amaba o me poseía, la línea era tan delgada que no podía distinguirla en mi eterna noche.

En algún momento de la madrugada, cuando el mar parecía haberse calmado un poco, escuché a Alexander levantarse. Lo oí marcar un número en su teléfono, hablando en susurros desde la terraza.

—Prepara el avión —dijo, y su tono era de una frialdad absoluta—. Marcus ha cruzado la línea enviando a Vanessa hasta aquí. Si quieren guerra, la tendrán. Pero Elina no se queda en el país. Busquen la clínica en Suiza. Es hora de que ella recupere lo que le quitaron, aunque sea lo último que haga por ella.

Me quedé inmóvil bajo las sábanas, con el corazón en un puño. Alexander planeaba sacarme de aquí, llevarme lejos de todo lo que conocía. ¿Era un rescate o un exilio definitivo para asegurar su imperio? Elina Colón, la esposa que empezaba a amar a su captor, comprendió que la luz que él prometía devolverle podría ser el final de todo lo que habían construido entre las sombras.

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Clarita Gonzalez
estás istorias ya se están volviendo aburridoras asi
Clarita Gonzalez
😭😭😭😭😭
Clarita Gonzalez
Huy no está buena pero cuando terminara está istoria y como será el final no será esperar cuando pongan los otros capítulos q rrabia
Clarita Gonzalez
bueno escritora hasta cuándo esperamos los últimos capitulos ya muchas semanas y nada no deje las novelas a medias
Sonia Nalbandian
Holaa.. tendrías q buscar y utilizar otro término,ya q en infinidades de oportunidades repetis😭 SEXUALIDAD!!!
Clarita Gonzalez
🤭🤭😭😭😭
Clarita Gonzalez: q rrabia no termina las novelas completas y uno espere y espere semanas y nada
total 1 replies
Clarita Gonzalez
😭🤭
Melanny Guevara
no entendí, no la habían operado antes?
Clarita Gonzalez
😭😭
Clarita Gonzalez
hay q pereza lo dejan a uno en ascuas y la escritora no deja BN los capitulos ni los termina😭
Clarita Gonzalez
escritora lleva cuatro semanas q no escribe los capitulos de la novela porfavor son varias q se quedan así por falta de escritura
Clarita Gonzalez
cuando sube los otros capítulos escritora 👏
Clarita Gonzalez
hay escritora porq tan corto este capítulo porfavor no nos deje así en ascuas siga la lectura de la historia porfavor gracias eee dejado de leer varias novelas pensando q terminaban así 👏🥰
Clarita Gonzalez
faltan más capitulos escritora porfavor espero q estés BN para q termines los capitulos dios te bendiga grandemente tus manos para q sigas escribiendo 🥰
Luisana Carmona
me gusta el contraste de las palabras y la secuencia de la narración extensa que te atrapa y sigues leyendo cada palabra sin parar Hasta el final
Luisana Carmona
está novela oh es muy nueva o solo no comentan ☺️
Clarita Gonzalez
hay escritora q termine BN está istoria muy traumática para ellos pero el muy lindo como la proteje🥰
Betty Saavedra Alvarado
Elina te obligaron a casarte con Alexander tu le vas a dar guerra
Cliente anónimo
Por que en cada capítulo colocas al sensualidad ?
Clarita Gonzalez
escritora y como termina esta historia no hay final o sigue la otra parte y cuando
Clarita Gonzalez: si me gustó y mucho pero le falta para saber en qué termina esta maravillosa historieta 👏
total 1 replies
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