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Operación: Corazón Blindado

Operación: Corazón Blindado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Meghan Whitmore, hija del recién electo presidente de Estados Unidos y brillante abogada, siempre ha vivido entre poder y estrategia. Desde la muerte de su madre y su hermano, ella se convirtió en el mayor apoyo de su padre... y en su punto más vulnerable.

Cuando una amenaza logra infiltrarse en la Casa Blanca, su seguridad se refuerza con un nuevo jefe de protección: el capitán Ethan Cole, un militar frío y disciplinado que solo cree en el deber. Lo que comienza como una misión profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.

Pero mientras las amenazas se vuelven más personales y secretos del pasado salen a la luz, Meghan y Ethan descubrirán que el mayor riesgo no está en los enemigos externos... sino en cuando los sentimientos comienzan a ganar terreno y todo el país los está observando.

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14

CUANDO LAS LUCES SE APAGAN -

La gala avanza como todas.

Sonrisas medidas. Frases diplomáticas. Promesas envueltas en elegancia.

Estoy conversando con tres representantes de la organización internacional de cooperación económica. El embajador Salcedo sostiene una copa mientras habla con entusiasmo calculado.

—La estabilidad regional depende de acuerdos firmes —dice.

—Depende de confianza —respondo—. Los acuerdos sin confianza solo compran tiempo.

La ministra Laurent interviene:

—¿Y usted cree que la confianza puede construirse en este clima político?

Sonrío.

—Creo que puede construirse cuando ambas partes entienden que perder no es una opción.

Se miran entre ellos.

—Tiene la determinación de su padre —dice Salcedo.

—Tengo mis propias razones —respondo con suavidad.

No bajo la mirada.

No esta noche.

Un asistente se acerca discretamente.

—Señorita, el presidente la solicita.

Asiento.

—Si me disculpan.

Me aparto del grupo.

Siento a Ethan posicionarse a mi lado casi de inmediato, como lo ha hecho toda la noche, siempre ha estado a mi lado mientras caminamos y atrás mío mientras me quedo en un lugar, nunca se aleja, se mantiene presente.

—¿Cómo lo ve? —pregunto sin mirarlo.

—Tres accesos principales vigilados. Dos salidas alternas despejadas. Personal en perímetro exterior.

—Eso no responde a mi pregunta.

—¿Cuál era su pregunta real?

Lo miro de reojo.

—¿Está todo seguro?

Hace una pausa breve antes de responder.

—Por ahora, sí.

Seguimos caminando entre invitados.

—Ha habido movimiento inusual en el ala oeste —añade en voz baja—. Pero está controlado.

—¿Debería preocuparme?

—Yo me preocupo por usted. Usted solo camine.

—Qué orden tan romántica.

—No lo es.

Y entonces—

Oscuridad total.

Las luces se apagan de golpe.

Un murmullo colectivo se transforma en ruido. Copas rompiéndose. Pasos acelerados.

—Tranquilos, por favor— intenta decir alguien a lo lejos.

Los guardias reaccionan al instante.

Dos se posicionan frente a mí. Otro detrás.

—¿Qué está pasando? —pregunto.

Ethan ya tiene el radio en la mano.

—Control, reporte inmediato. ¿Qué ocurre?

Interferencia.

Voces cruzadas.

Y entonces—

Disparos.

Afuera.

Claros.

Reales.

El salón estalla en caos. Gritos. Personas agachándose. Seguridad intentando contener.

Mi corazón golpea fuerte contra el pecho.

—Ethan—

Él ya me está tomando del brazo.

—Nos movemos. Ahora.

—Mi padre—

—Está siendo evacuado por el equipo alfa.

Habla rápido al radio.

—Solicito confirmación del presidente. Repito, confirmación.

Una voz responde entrecortada:

—Equipo Bravo, traslade a la señorita a sala secundaria. Punto seguro detrás de columnas norte. Ahora.

Ethan no duda.

Me guía con firmeza entre columnas de mármol. El salón es un mar de sombras y pánico.

—Manténgase conmigo —dice.

—No me sueltes —respondo sin pensarlo.

No comenta eso.

Avanzamos rápido. Escucho más disparos afuera. Sirenas lejanas.

Llegamos a una puerta discreta camuflada detrás de una estructura decorativa.

La abre.

Es una mini sala de seguridad. Pequeña. Sin ventanas. Iluminación de emergencia tenue.

Entramos.

La puerta se cierra con un clic metálico.

Silencio relativo.

Solo nuestras respiraciones.

Ethan intenta el radio otra vez.

—Control, posición asegurada. ¿Estado del presidente?

Nada.

Interferencia.

—Maldita sea.

Lo intenta otra vez.

Silencio.

—¿Se perdió la señal? —pregunto.

Asiente.

—Probablemente están bloqueando frecuencias.

Mi estómago se contrae.

—Mi padre está allá afuera.

—Está protegido.

—No lo sabes.

Él me mira.

—Confíe en el equipo.

Respiro hondo.

Las paredes se sienten más pequeñas de lo que son.

El espacio entre nosotros casi inexistente.

Estoy tan cerca que puedo escuchar su respiración intentando mantenerse estable.

—¿Está asustada? —pregunta más bajo.

Lo pienso.

—Sí.

No voy a mentir.

—Eso no es debilidad —dice.

—Nunca dije que lo fuera.

Silencio.

El eco distante de algo cayendo afuera.

Intento mantener la compostura.

—Si algo le pasa—

—No le pasará —interrumpe firme.

Lo miro.

—No puedes prometer eso.

—No.

Pausa.

—Pero puedo prometer que usted no estará sola.

Algo en mi pecho se aprieta.

La tensión ya no es solo externa.

Estoy preocupada.

Por mi padre.

Por lo que está pasando.

Y, extrañamente…

también por el hombre que está frente a mí, sosteniendo el arma con una mano y la calma con la otra.

La señal sigue muerta.

El silencio pesa.

Y por primera vez en toda la noche diplomática…

no hay protocolo.

No hay discursos.

Solo oscuridad.

Y nosotros, demasiado cerca.

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