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El héroe y el villano comparten un único amor dulce y posesivo hacia la extra de una historia.
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Capitulo 14
Pasan varias semanas desde la noticia de la victoria.
La ciudad comienza a cambiar de ánimo; los rumores sobre el final de la guerra se esparcen por las calles y la gente empieza a reunirse cerca de las murallas esperando noticias
El cielo de la tarde se extiende sobre la ciudad con tonos morados mezclados con naranja, el sol baja lentamente detrás de las murallas y las calles comienzan a llenarse de gente. Desde la ventana se escucha el ruido de la multitud; voces, pasos, niños que se suben a los hombros de sus padres para ver mejor. Esperando la llegada de los héroes.
—Bonnie.
La voz de su padre la saca de sus pensamientos.
Ella gira la cabeza. El viento del atardecer mueve su cabello. Arriba en la torre todo se veía mejor.
—Los portones se abrirán en unos minutos —dice él con calma—. Si quieres verlos, este es el lugar correcto.
Bonnie asiente; no intenta ocultar la tensión en su rostro.
—Gracias.
Su padre la observa unos segundos más; conoce esa expresión, la ha visto desde que Bonnie era pequeña cuando esperaba algo importante.
—Respira —dice en tono tranquilo—. Los has esperado dos años; puedes esperar unos minutos más.
Bonnie suelta una pequeña risa.
—Eso intento.
Los portones del castillo comienzan a abrirse.
El sonido de la madera pesada moviéndose contra el hierro se escucha incluso desde lo alto de las escaleras; la multitud afuera empieza a gritar, algunos nombres se repiten entre la gente, otros simplemente levantan las manos celebrando.
Bonnie se acerca más al borde del balcón interior desde donde puede ver el patio principal.
Los primeros en entrar son los soldados.
Caminan despacio, cubiertos de polvo y tierra; algunos tienen vendas en los brazos o en la frente, otros sostienen sus cascos bajo el brazo mientras avanzan con expresión cansada.
La gente aplaude igual.
Nadie ignora lo que esos hombres han hecho.
Después entran los caballos, las banderas del reino y varios oficiales que hablan entre ellos con voces bajas mientras revisan el orden del regreso.
Bonnie busca entre todos ellos.
Sus ojos recorren cada grupo que entra por el portón.
Entonces los ve.
Dos figuras montadas en caballos oscuros aparecen detrás de la última línea de soldados; ambos llevan armaduras negras, idénticas, sin adornos, firmes sobre la montura mientras avanzan con la seguridad de quienes han pasado demasiado tiempo en el campo de batalla.
Son los príncipes.
El patio se llena de gritos cuando la gente los reconoce.
Bonnie no necesita escuchar sus nombres.
Los conoce demasiado bien.
Durante un momento observa en silencio.
Sus armaduras son iguales, sus posturas también; cualquiera que los viera por primera vez pensaría que son exactamente la misma persona.
Pero Bonnie nota las diferencias de inmediato.
El cabello de Calister ahora es largo, llega casi a su espalda y se mueve con el viento mientras su caballo avanza.
El de Bastian sigue corto, ordenado como siempre, sin un solo mechón dentro de lugar.
Sus rostros también han cambiado. Son más maduros. Sus miradas más hostiles. Con marcas debajo de sus ojos. Llevan los pendientes de Bonnie colgado en su oreja.
La guerra deja marcas incluso cuando no se ven heridas.
Bonnie siente que el pecho se le aprieta. No piensa.
—¡Bastian! ¡Calister!
Su voz resuena clara sobre el patio.
Los dos giran la cabeza al mismo tiempo.
Durante un segundo sus expresiones muestran sorpresa; no esperaban escuchar esa voz allí, en medio del castillo y entre la multitud.
Luego la reconocen.
Los dos bajan de sus caballos casi al mismo tiempo.
Un soldado toma las riendas mientras ellos avanzan rápido hacia la escalinata donde Bonnie ya empieza a bajar sin esperar permiso de nadie.
Los tres se encuentran a mitad del patio.
Calister llega primero.
—Bonnie —dice con una risa que mezcla alivio y sorpresa—. No puedo creer que estés aquí.
La abraza con fuerza.
Bonnie responde al abrazo sin dudar; sus manos se cierran en la parte trasera de la armadura de él, siente el metal frío, el polvo del camino, la realidad de que realmente está allí.
—Te ves diferente —dice ella mientras se separa un poco para mirarlo—. Ese cabello largo no estaba en tus cartas.
Calister se encoge de hombros.
—No había tiempo para hablar de eso.
Bastian llega un segundo después.
No dice nada al principio; simplemente la observa con atención, como si necesitara confirmar que Bonnie está realmente frente a él.
—Sigues siendo tú —dice finalmente.
Bonnie sonríe.
—Eso creo.
Bastian la abraza entonces; su forma de hacerlo es más suave y espontáneo, pero igual de intenso.
—Te extrañamos —dice él en voz baja.
Calister levanta una ceja.
—Habla por ti; yo lo dije en cada carta.
Bonnie suelta una risa.
—Sí, lo hiciste.
Bastian mira a su hermano con una expresión cansada.
—No todos tenemos tiempo para escribir páginas enteras hablando de magia
—No hablaba de magia —responde Calister con una sonrisa—. Hablaba de Bonnie.
Bonnie los observa a ambos.
Durante un momento ninguno de los tres parece saber por dónde continuar; hay demasiadas cosas que decir, demasiado tiempo sin verse.
Calister rompe el silencio.
—¿Cómo lograste entrar a la corte? —pregunta con curiosidad—. La última vez que te vimos estabas ayudando a tu padre en la oficina
—Trabajo aquí ahora, ayudando al rey.—responde Bonnie con naturalidad—. Todo lo que tuve que hacer para seguir con ustedes.
Bastian frunce ligeramente el ceño.
—¿En serio?
—En serio.
Calister sonríe.
—No le hagas caso; está cansado.
Bastian exhala lentamente.
—Todos lo estamos.
El tono de su voz cambia.
Bonnie lo nota.
—Cuéntenme —dice con suavidad—. ¿Qué pasó realmente allá?
Los dos hermanos intercambian una mirada rápida. No es una conversación ligera.
Bastian habla primero.
—La guerra no fue como esperábamos; al principio parecía sencilla, luego comenzaron los problemas dentro del propio ejército.
Bonnie inclina la cabeza.
—Cierto. Conspiración dentro de su bando.
Calister le recalca ese tema.
—Traición —dice con franqueza—. Oficiales que vendieron información, soldados que cambiaron de bando cuando vieron una oportunidad mejor.
Bastian continúa.
—Eso hizo que varias batallas fueran más difíciles de lo necesario; perdimos hombres por decisiones que no tenían nada que ver con el enemigo.
Bonnie aprieta los labios.
—¿Cómo lo descubrieron?
Calister cruza los brazos.
—Porque las cosas empezaron a no tener sentido; rutas de ataque filtradas, emboscadas demasiado bien preparadas, mensajes que nunca llegaban.
Bastian asiente.
—Investigamos dentro del campamento; no fue agradable.
Bonnie observa sus rostros.
—¿Qué hicieron cuando lo confirmaron? Los informes no eran muy explicativo.
Los dos hermanos permanecen en silencio unos segundos.
Bastian responde con voz firme.
—Lo que era necesario.
Calister añade sin rodeos.
—Eliminamos a los traidores.
Bonnie no aparta la mirada.
Sabe lo que significa.
—¿Muchos?
—Más de los que nos habría gustado —dice Bastian.
El ruido del patio continúa alrededor de ellos; soldados hablando, caballos moviéndose, oficiales organizando el regreso.
Pero los tres parecen concentrados solo en su conversación.
Calister observa a Bonnie con atención.
—Te preocupaste por nosotros.
No es una pregunta. Bonnie responde con sinceridad.
—Sí.
Bastian baja un poco la mirada.
—Tus cartas ayudaron.
Bonnie levanta una ceja.
—Las cartas sobre estrategia o las cartas sobre como convertir en sapo a un comandante.
Calister responde rápido.
—Las mías eran mejores.
Bastian suspira.
—Ahora que estamos de vuelta. Muéstrame tu mano.
Bonnie lo mira con calma.
—No estoy casada.
Calister da un si a lo grande y Bastian suspira con tranquilidad.
Bonnie cruza los brazos de nuevo, pero su expresión es tranquila.
—¿De verdad? Ustedes no cambian.
Calister se encoge de hombros.
—Nunca.
Bastian asiente lentamente.
—Nunca.
Bonnie observa a ambos.
Son los mismos y al mismo tiempo no lo son.
La guerra terminó. Pero los dos hombres frente a ella no regresaron iguales.
Y aun así, cuando los mira a los ojos y escucha la forma en que discuten entre ellos como siempre, entiende algo con claridad.
La distancia de dos años no rompió lo que existía entre los tres.
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Muchas gracias por leer no olviden dejar su me gusta y su comentario ❤️.
Es que debieron de buscarla mucho ante de que todo se volviera una locura 🤭🤭🤭🤭😭😭
Siempre de los digo a mis hijos 🤣🤣🤣