Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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UN DESTINO
NARRADOR
Victoria fue a buscar el almuerzo para su jefe y para ella. Mientras esperaba que prepararan su pedido, llevó el traje a la tintorería.
Con las dos porciones de comida ella volvió a la empresa. Lo hizo con la certeza de que el pedido de su jefe no era amable, sino por una razón y sentía temor de descubrirla. Si él le hacía una propuesta indecente, ella tendría que aceptar. No por deseo, por deber.
Golpeó la puerta y esperó la autorización para entrar. Dejó sobre la silla vacía las compras y abrió su bolso con cuidado para entregarle a su jefe la tarjeta que le había dado para pagar la compra.
Trevor notó que ella protegía ese bolso celosamente y recordó el libro secreto que tanto la había alterado. Después, ella tomó un paquete de toallas desinfectantes y limpió el escritorio llamando la atención del CEO que esperó a que ella terminara mirándola con una ceja alzada y la mano izquierda en su barbilla.
--¿Cree que mi escritorio está sucio, señorita Pérez?-- Ella en ese momento se dió cuenta de la doble intención que contenía la pregunta y se sonrojó
--No... discúlpeme señor... es... es la costumbre-- Dijo tartamudeando nerviosa. Su jefe había recibido a una mujer allí con fines sexuales y ella después desinfectaba el escritorio. Quería que la tierra se abriera y la tragara en ese mismo momento
--¿Siempre tiene ese hábito o es por la visita que recibí?-- Preguntó directamente. Quería una respuesta clara
--Yo... siempre desinfecto todo. N...no es por la señorita-- Explicó más avergonzada que antes
--Entiendo. Tenemos que viajar el viernes. Necesitaré que reprograme los compromisos de ese día-- Ella agradeció que la conversación fuera a un lugar seguro, aunque eso no duró mucho tiempo
Trevor comía, pero estaba pendiente a cada detalle. No por ella. Era lo habitual. Siempre alerta, siempre observando.
Cuando él mencionó el destino al que irían, notó que su secretaria se tensó aún más.
--¿Tiene algún inconveniente?-- Indagó. Ella procuró calmarse
--No, señor-- Respondió automáticamente. Estaba mintiendo
El destino al que debían ir era a su ciudad natal. Hacía años que Victoria no iba allí, justamente después de que su compromiso fuera roto. Sintió temor. Volver allí equivalía a enfrentar su pasado y un lugar que le traía malos recuerdos.
Trevor notó que ella permanecía nerviosa aunque desconocía los motivos. Vio como apretaba el tenedor entre sus dedos buscando calmarse. Ella podía mantener el tono profesional y acatar órdenes sin cuestionar, pero su lenguaje corporal y sus expresiones hablaban por ella y revelaban demasiado.
Cuando el almuerzo terminó, ella volvió a limpiar el escritorio. Él no dijo nada.
Victoria volvió a su puesto. La comida no le había caído bien. Era deliciosa, pero el destino del viaje la había hecho sentir pánico. No quería tener que ver a su ex prometido ni a su familia. Esperaba hacer su trabajo y regresar pronto a la seguridad de su apartamento en la ciudad donde nadie la conocía.
(....)
Trevor llegó a casa pensativo por la actitud de Victoria. Ella no terminaba de cuadrar. Era obediente, respetuosa, pero parecía vivir a punto de desmayarse. Se encandalizaba por todo aunque trataba de ocultarlo.
Él observó a su esposa allí, tomando una copa de vino en una pose relajada y sintió envidia. Su día había resultado horrible.
Las expectativas que tenía con la pelirroja de turno fueron más altas que la realidad. Esa mujer había hablado más de la cuenta antes del encuentro y cuando fue el momento de demostrar sus habilidades... no había podido dar la talla.
Trevor notó todo. La mujer no tenía mucha experiencia. Ella estaba allí para experimentar, muy dispuesta, pero... su tolerancia al dolor era baja. Había estado pidiéndole que fuera más suave, más despacio, quejándose. Lo que tanto ella quería probar tampoco había funcionado.
Él intentó ser paciente. Lo era, en la primera experiencia con una nueva sumisa o al menos lo intentaba. Él previamente hablaba con la mujer que sería su sumisa temporal. Hacía preguntas y resolvía inquietudes. Si la mujer no estaba segura, él no insistía.
Él había hecho distintas cosas para mejorar la experiencia de su sumisa temporal. No tenía problema con ello si estaba dentro de los límites razonables. Le habían pedido desde soltarse el cabello, hasta practicar asfixia erótica. También le habían solicitado usar cierto tipo de ropa.
Con la mujer nueva, él había cumplido todo para darle una buena experiencia. Ella disfrutó, pero se quejó casi todo el encuentro. Él se quedó insatisfecho, con sus expectativas intactas. Esa mujer no era sumisa, era insoportable.
Christina no le insinuó tener actividad en la habitación y eso lo agradeció. Dos pésimos momentos en el día serían demasiado.
(....)
El día martes inició con problemas.
Victoria había intentado reservar el vuelo que su jefe pidió. No tuvo éxito.
Ella golpeó la puerta de la oficina y en cuanto fue autorizada entró con inquietud.
--¿Qué problema hay, señorita Pérez? Sea breve. Tengo una llamada en tres minutos-- Trevor pidió para que dejara de mirarse los pies y se apresurara
--Lo siento señor. Llamé a la aerolínea. No hay vuelos libres como usted me pidió reservar. Él único disponible es Chicago y únicamente en primera clase-- Explicó apenada
--Reserve ese. Dos lugares en primera clase. ¿Es todo?-- Victoria lo miró apenada
Trevor buscaba practicidad. Si su aerolínea predilecta no tenía lugares disponibles debía escoger otra y si solo había primera clase, su secretaria lo acompañaría allí.
Christina supo del viaje de negocios de su marido y aliada obligada. Le envió algunos vestidos como cortesía a Victoria. Esperaba que usando alguno de esos diseños, su esposo se interesara. Ella era consciente de que esa muchacha no sería capaz de seducirlo.
Victoria recibió los vestidos el día jueves. Eran lindos, pero entendía la intención oculta detrás de esas finas prendas.
Llegado el momento del vuelo, jefe y secretaria abordaron. Se dirigieron a primera clase y debieron sentarse juntos.
Victoria estaba incómoda. El viaje duraría algunas horas y ella apenas había dormido por los nervios de los últimos acontecimientos: los vestidos, el deber con su jefe, su ciudad...
ahora se va hacer la ardida 😡😡 ojalá no se dejen al chantaje de esta