hace 500 años "Kathall" sufrió tras la última guerra santa donde muchos murieron. En especial, Re'Xhuz el titan de la muerte quien fue derrotado por la primobestia "Fenixsera" pero algo de su esencia quedo vagando en el mundo. Esencia que se introduce en el cuerpo de una humana, siendo esta su cuna mientras se prepara para volver y así iniciar otra guerra santa.
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Capítulo 13: El Rugido de la Oscuridad y los Ecos de Zalem
El mundo parecía desmoronarse bajo el peso de la ambición de Thaneus. El asedio a la joya del este no era solo una batalla, era una declaración de que el tiempo de los hombres y los elfos estaba llegando a su fin.
El Asedio de las Sombras en Alejandría
Bajo las murallas de Alejandría, el aire se llenó del olor acre de la alquimia y el azufre. Kain, impasible sobre su montura, dio la señal. Detrás de él, la ingeniería de Orcariaz mostró su rostro más aterrador:
Las Quebrantahuesos: Catapultas de hierro negro que no lanzaban rocas comunes, sino esferas de obsidiana inestable. Al impactar contra las torres de mármol de Lucius, no solo destruían la piedra, sino que liberaban una onda de choque de energía oscura que drenaba la luz del sol a su alrededor.
Los Escarabajos de Asedio: Colosales arietes blindados que se movían sobre patas mecánicas, imitando el caminar de insectos gigantes. Su cabeza era un taladro rotatorio bañado en ácido alquímico capaz de disolver las puertas de bronce más resistentes de la ciudad.
Torres de Vapor Negro: Estructuras móviles que escupían una densa neblina tóxica, ocultando el avance de los cazadores mientras cegaban a los arqueros de la Guardia Escarlata.
El Rey Lucius, desde el baluarte principal, veía cómo sus murallas, que habían resistido siglos, empezaban a agrietarse ante esta ciencia impía. —¡Mantened el fuego! —rugió Draco a su lado—, ¡que las flechas de Targos encuentren sus juntas!
Sangre en las Profundidades de Arkon
En el corazón de la montaña, la lucha era visceral. Baltazar, el Rey de la Roca, se movía como un desprendimiento de tierra viviente. Su hacha de piedra trituraba armaduras y huesos con cada golpe. A su derecha, Agatha movía sus dedos con una velocidad febril; hilos de luz dorada se tensaban entre los pilares de la cueva, decapitando a los cazadores que intentaban flanquearlos.
Lo más sorprendente fue la ferocidad de Calpurnia. La anciana, aunque arrogante, no iba a permitir que su hogar fuera profanado. Usando una daga de obsidiana familiar, se movía con una agilidad nacida de la pura bilis y el odio, apuñalando a los heridos que caían bajo el hacha de su sobrino.
—¡Sacadlos de aquí! —rugió Baltazar, cubierto de la sangre negra de sus enemigos—. ¡Agatha, vete con ellos!
Senylda, sintiendo que la montaña empezaba a ceder por los sabotajes de los infiltrados, tomó a Liria por el hombro. La princesa apenas podía mantenerse en pie; sus labios estaban azules y el mechón blanco de su pelo brillaba con una intensidad fantasmal.
—Debemos ir al Bosque Verdigris —sentenció Senylda—. Es el único lugar donde la densa magia natural podrá camuflar el rastro del niño antes de que Kain cruce la muralla de Lucius.
El Despertar del Rey Cornelius
A millas de allí, surcando el mar hacia el Monte Elysium, el Rey Cornelius se encontraba en su camarote, pero su mente estaba en otra parte. Al cerrar los ojos, el sonido del oleaje desaparecía, reemplazado por el murmullo de mil fuentes de cristal.
Experimentaba recuerdos que no le pertenecían. Se veía a sí mismo —o a alguien que compartía su esencia— caminando por las calles de una Zalem dorada, antes de la caída. Sentía el peso de una corona que no era la de Belandria y veía los rostros de las 7 Hermanas, no como mitos, sino como compañeras.
—He estado allí... —susurró Cornelius al despertar, con la frente empapada en sudor frío—. Yo no nací solo para ser un rey de hombres. Yo estuve en la creación del pacto.
El barco se inclinó violentamente. Cornelius salió a cubierta para ver cómo las nubes sobre el Monte Elysium se abrían, revelando una luz dorada que parecía juzgarlo desde las alturas de Erozia.
CONTINUARÁ...