NovelToon NovelToon
Lo Que El Silencio Esconde

Lo Que El Silencio Esconde

Status: Terminada
Genre:Apocalipsis / Aventura / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:495
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

Lo que el silencio esconde

Lucía es dulce, callada, invisible. Nadie sabe lo que guarda. Ni siquiera ella.

Hay cosas que su memoria enterró, pero su cuerpo no olvida. Pesadillas que no puede explicar. Silencios que pesan como losas. Una sonrisa que aprendió a usar como escudo.

Todo cambia cuando él aparece. No la toca. No la sigue. Solo la mira. Y esa mirada le susurra algo que la hiela: él sabe lo que ella olvidó.

Pronto descubrirá que no está solo. Que hay más personas mirando desde las sombras. Que su pasado nunca estuvo muerto, solo esperaba.

Y que el verdadero terror no son los monstruos que vienen de fuera… sino los que llevamos dentro y un día deciden despertar.

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El peso de las sombras

El silencio no siempre está vacío. A veces es un refugio, otras una celda. Lucía lo sabía mejor que nadie.

El sol entraba por la ventana de la biblioteca, pero ella no lo sentía. Estaba sentada en su rincón favorito, el que quedaba justo detrás de la estantería de psicología, con las rodillas pegadas al pecho y un libro abierto sobre las piernas que no estaba leyendo. Llevaba así casi una hora, mirando sin ver las páginas, mientras su mente viajaba a otro lugar.

No era la primera vez. Últimamente le pasaba a menudo: se quedaba atrapada en esos pequeños momentos en los que todo parecía estar bien, el silencio, la luz tibia, el olor a papel viejo… pero entonces, sin avisar, algo dentro de ella se rompía. Un recuerdo. Un nombre. Una sombra que se colaba por las rendijas de su memoria y le susurraba cosas que prefería olvidar.

Hoy el libro era uno viejo, con las páginas amarillentas y el lomo roto. Hablaba de memorias reprimidas, de cómo el cerebro entierra lo insoportable para sobrevivir. Lucía lo había leído tantas veces que ya se sabía algunos párrafos de memoria. Pero seguía buscando, como si en algún pliegue de aquellas páginas encontrara la clave de lo que le pasaba a ella.

Porque algo le pasaba. Lo sabía. Lo sentía en el pecho cuando se despertaba sin aire, en las manos cuando empezaban a temblar sin motivo, en esa voz interna que a veces le decía cosas feas, cosas que no se atrevía a repetir en voz alta.

—¿Otra vez aquí? —la voz de Daniel la sacó de su ensimismamiento. Era el bibliotecario, un hombre mayor con gafas de pasta y una paciencia infinita. La había visto crecer, la conocía desde que era una niña callada que venía a esconderse entre los estantes—. Lucía, deberías salir más. El mundo sigue ahí fuera.

Ella esbozó una sonrisa pequeña, la que todos conocían. La sonrisa amable, la que desarmaba. La que ocultaba todo lo que no quería mostrar. Era una sonrisa que había ensayado tantas veces que ya casi no necesitaba pensarla.

—Ya lo sé —respondió con voz suave, casi un susurro—. Solo me gusta este sitio. Me siento segura.

Daniel asintió, pero algo en su mirada delataba que sabía que aquella chica tan dulce guardaba algo más que timidez. Los que la conocían bien notaban que a veces se perdía, que su mirada se iba a algún lugar oscuro del que costaba traerla de vuelta. Pero nadie preguntaba. Nadie quería remover lo que parecía dormido. Porque el silencio de Lucía era cómodo para los demás.

—¿Quieres que te guarde el libro? —preguntó Daniel señalando el ejemplar de memoria traumática.

—No, gracias. Ya lo voy a dejar.

Cerró el libro con cuidado y lo devolvió a su estante. Sus dedos rozaron el lomo una última vez, como si se despidiera de un amigo. Luego cogió su mochila, se la colgó al hombro y caminó hacia la puerta. El crujido de sus zapatillas sobre el suelo de madera era el único sonido que acompañaba sus pasos.

Al salir de la biblioteca, el aire de la calle le dio de lleno en la cara. Cerró los ojos un momento y respiró hondo. Olía a tierra mojada, a ciudad despertando, a gente que iba y venía sin mirarse. Hoy será un buen día, se dijo. Como si repetirlo pudiera convertirlo en verdad.

Abró los ojos.

Y entonces lo vio.

Al otro lado de la calle, apoyado contra un coche negro, un hombre la miraba fijamente. No era una mirada casual, de esas que se cruzan y se olvidan. Era una mirada que pesaba, que conocía. Lucía sintió un escalofrío que le recorrió la espalda de arriba abajo, un sudor frío que le brotó en las manos.

No supo por qué, pero su cuerpo reaccionó antes que su mente. Las piernas se le tensaron. El corazón empezó a latir con fuerza, demasiado fuerte.

—No puede ser —murmuró, y sin pensarlo dos veces, apretó el paso.

El hombre no se movió. Solo sonrió. Y esa sonrisa era peor que cualquier amenaza. Era una sonrisa de reconocimiento. De «yo sé quién eres». De «tú y yo tenemos algo pendiente».

Lucía cruzó la calle sin mirar los coches, casi tropezando, con la mirada fija en el suelo. No se atrevió a mirar atrás. No quería comprobar si él seguía allí. Porque en ese momento, en lo más profundo de su pecho, una verdad incómoda empezó a abrirse paso:

Ese hombre no era un desconocido.

Y su silencio, ese que tanto la había protegido, acababa de volverse en su contra.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play