Reencarné en un mundo omegaverse medieval… como un omega masculino.
Todo iba más o menos bien hasta que descubrí dos problemas: 1️⃣ El alfa más atractivo del reino puede escuchar mis pensamientos.
2️⃣ Yo pienso demasiadas tonterías, especialmente cuando está cerca.
Mientras intento fingir que nada pasa (leyendo libros con mucha concentración), él no solo escucha TODO… sino que además me molesta a propósito, con una sonrisa molesta, voz peligrosa y una paciencia sospechosa.
Entre reencarnación, nobles aterradores, padres alfa sobreprotectores, política, proyectos sociales y pensamientos que jamás debieron ser escuchados…
¿Cómo se supone que un omega sobreviva sin pensar cosas como:
“¿Por qué este alfa es tan sexy?”
💭
Comedia, romance, omegaverse y malentendidos garantizados.
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CAPÍTULO 13 Cuando el reino escucha… y no todos aplauden
Elio Renard Valemont aprendió algo esencial sobre los adultos poderosos:
👉 Escuchan con atención… pero reaccionan con ego.
Y su bocota —esa que ya tenía antecedentes— acababa de colocarlo justo en el centro de ambos.
El Consejo fue convocado tres días después.
—Será técnico —dijeron.
—Informativo —aseguraron.
—Rápido —prometieron.
Mentira.
Mentira peligrosa.
Mentira histórica.
—No tienes que hablar —le dijo Lysenne mientras le acomodaba la ropa con demasiada calma—.
—Solo escuchar.
—No pienso hablar —respondió Elio con convicción—.
—Ya hablé suficiente para una vida entera.
Alaric entró al cuarto como un toro listo para embestir.
—Si alguien alza la voz contra ti —gruñó—, lo saco del salón.
—PADRE.
—LO DIGO EN SERIO.
Seraphiel, apoyado contra la pared, observaba la escena con atención.
—Eso no ayudará —comentó.
—AYUDA EMOCIONALMENTE —replicó Alaric.
💭 “Quiero desaparecer.”
El salón del Consejo era enorme. Techos altos, tapices antiguos, nobles sentados como si el aire les perteneciera por herencia.
Elio se sentó en una silla demasiado grande para él.
💭 “No mires.”
💭 “No pienses.”
💭 “No hables.”
Duró exactamente siete minutos.
—Este proyecto —dijo un conde de barba fina— es… ingenuo.
Elio apretó las manos.
—Destinar recursos a los pobres —continuó— no es responsabilidad de la nobleza.
Alaric se levantó medio centímetro.
Lysenne lo sujetó sin mirarlo.
—Noblesse oblige es un concepto romántico —añadió otro—. No una política.
El rey Aurelius IV de Asterion levantó una mano.
—Continúen —ordenó—. Quiero oír todas las opiniones.
💭 “Esto es peor.”
—Si abrimos hospitales para plebeyos —dijo un marqués—, ¿qué sigue? ¿Educarlos como nobles?
Risas contenidas.
Elio sintió calor en la cara.
💭 “No.”
—Majestad —dijo el rey, girándose—. ¿Puedo hablar?
El silencio fue inmediato.
—Habla, Elio —dijo Aurelius IV—.
—Pero solo si quieres.
💭 “NO QUIERO.”
💭 “…MENTIRA.”
Elio respiró hondo.
—No hablo como noble —empezó—.
—Hablo como alguien que ve un problema.
Murmullos.
—Si las personas enferman —continuó—, el reino pierde fuerza.
—No es moral. Es práctico.
Un noble bufó.
—Eso ya lo dijo.
—Sí —respondió Elio—.
—Pero no lo escucharon.
Silencio incómodo.
—Invertir antes ahorra después —añadió—.
—Eso no es romanticismo. Es cálculo.
Uno de los consejeros revisó documentos.
—…los números coinciden.
Otro chasqueó la lengua.
—Eso no quita que se rompa el orden social.
Elio alzó la vista.
—El orden no sirve si mata gente.
Silencio absoluto.
💭 “…otra vez.”
La sala explotó.
—¡Eso es una acusación!
—¡Un niño no puede—
—¡Esto es peligroso!
Alaric se puso de pie del todo.
—MI HIJO NO ES PELIGROSO —rugió—.
—¡USTEDES SON CIEGOS!
—ALAAARIC —gritó Lysenne.
—NO.
El rey golpeó el bastón contra el suelo.
—SILENCIO.
El salón quedó mudo.
—Elio no está aquí para acusar —dijo Aurelius IV—.
—Está aquí porque ustedes olvidaron algo básico.
Miró a cada uno.
—El poder no es herencia.
—Es carga.
Nadie respondió.
—El proyecto piloto seguirá —anunció—.
—Y será supervisado directamente por la Corona.
Algunos nobles palidecieron.
Otros… apretaron los dientes.
Después del Consejo, Elio caminaba como si hubiera corrido kilómetros.
—Lo arruiné —murmuró.
—No —respondió Lysenne—. Removiste algo.
—Eso es peor.
Seraphiel caminaba a su lado, serio.
—Ahora te miran distinto.
—Eso tampoco es bueno.
—No —admitió—.
—Pero tampoco es malo.
Elio lo miró.
—¿De qué lado estás?
Seraphiel no dudó.
—Del tuyo.
Elio se detuvo.
—Eso no es prudente.
Seraphiel sonrió apenas.
—Nunca dije que lo fuera.
Esa noche, Alaric estaba furioso.
—¡¿ROMPER EL ORDEN?! —bramó—.
—¡EL ORDEN YA ESTÁ ROTO!
—Alaric —dijo Lysenne con cansancio—.
—Baja la voz.
—¡SE METIERON CON ÉL!
Elio se acercó despacio.
—Padre…
—Ellos no están enojados conmigo.
Alaric se giró.
—¿Con quién entonces?
—Con lo que dije —respondió Elio—.
—Y no pueden desdecirlo.
Silencio.
—Eso es lo que más les molesta.
Alaric lo miró distinto.
No como padre orgulloso.
Como alguien que comprendía el alcance.
—Te convertiste en un problema —dijo.
Elio suspiró.
—Siempre lo he sido.
Seraphiel observaba desde la puerta.
💭 “No es solo brillante.”
💭 “Es disruptivo.”
Y eso…
eso era peligroso.
Más tarde, se sentó junto a Elio.
—¿Te arrepientes?
Elio pensó.
—De hablar… no.
—De no saber callarme… sí.
Seraphiel sonrió.
—Eso no se aprende fácil.
—¿Y tú?
—Estoy aprendiendo algo peor.
—¿Qué cosa?
Seraphiel lo miró fijo.
—Que protegerte no será solo personal.
—Será político.
Elio tragó saliva.
—Eso suena aterrador.
—Lo es —admitió—.
—Pero no pienso retroceder.
Elio cerró los ojos.
💭 “Estoy cambiando cosas.”
💭 “Y ya no hay vuelta atrás.”
Desde lejos, la voz de Alaric resonó:
—¡LYSENNE! ¿YA PUEDO ODIAR AL CONSEJO?
—ALAAARIC, NO.
Elio sonrió, cansado.
—…esto solo acaba de empezar.