¿Será que una mujer solo tiene una única oportunidad para amar?
Mi Salvaje Concubina es una novela sobre libertad, identidad femenina y el precio de amar sin perderse.
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Entre normas y decoro
Capitulo 1 – Normas y decoro
Habían pasado 13 años desde la
última vez que Melia y su gemela Mina, habían dormido con sus padres. Tenían la
edad de 5 años, cuando recibieron la
noticia, en la que se constituyó en la noche más triste que las dos hermanas
habían vivido, en la que podíamos llamar, una feliz vida en la casa de la secta
de las mariposas aladas. Este era el pensamiento de Melia cuando de repente
escucha a su hermana llamando?
-Melia¡ Melia dónde estás?
- Hermana estoy aquí en el
tocador, le explicó, mientras se ajustaba unos difíciles adornos en el cabello que su tia Ramelia le había
obligado a utilizar.
– Apresúrate hermana! Tía y tío quieren que
mostremos puntualidad y buenos modales ante los invitados que pronto llegaran –
le dijo mina, mientras que Melia miraba en el espejo y veía a la figura de su
hermana aparecer en él. Guauu que bella- le susurro Melia mirando a Mina.
Ah, lo que tu hermanita quieres decir, es que normalmente
no me veo bella, o que mi belleza depende de un vestido, replicó; Mina,
mientras se levantaba y rodeaba a su hermana con sus brazos y le daba un beso
en la cabeza.
-Hermana, los vestidos no nos
hacen bellas, somos nosotras los que hacemos ver bellos estos vestidos -refirió
Melia con una sonrisa. Mina sonrió y le dio un abrazo.
Mientras Mina ayudaba a colocarse
bien los adornos del peinado a Melia y esta
miraba el espejo. Melia expresó: - Sabes hermana, no comprendo, quiénes
son? Porque estos invitados tienen tanto
interés para nuestros tíos? -Después de
decir esto, se quedaron en silencio por un momento.
- Ahora que lo pienso, interrumpió el silencio
Melia -desde cuando ellos tienen especial interés por invitados a cenar? Por un
momento callaron y luego Melia se levantó de la silla, y abrió los ojos
escandalizada y dijo AHH¡¡ No lo harían
cierto?, – qué, que tienes hermana? – le
preguntó Mina.
-Tia y tio no planearían hacernos
citas a ciega verdad? Le dijo, mientras
se sentaba en la silla nuevamente, espantada, Con una incertidumbre que la
hacía sentir una sensación de vacío en el estómago.
Mina y Melia eran gemelas y hacia
un par de meses habían cumplido 18 años. Melia se preocupaba, porque en las reglas de la secta
se sugería, que desde que las jóvenes cumplían los 16 años, ya tenían edad para cazarse. Aunque el matrimonio
en esta tierra no era por obligación, ella temía que por la influencia del
esposo de su tía Ramelia, que fue educado en otras normas, pasara eso.
Al ver a su hermana tan
preocupada, Mina trata de relajarla diciendo: -no Melia, tío y tía nunca nos
obligarían a comprometernos. Aunque las normas en las que creció el tío Krener,
son diferentes a las que se manejan en los territorios de la secta. Él, desde
que se casó con tía Ramelia y vino a vivir a Casa Alada, acepto las normas de la secta, en la que el matrimonio
solo se da si existe un legítimo acuerdo y entre los dos novios. Piénsalo. Y no olvides, que aunque ellos se atrevieran a
hacer eso, crees tú que nuestro tío Ralor se lo permitiría.
Melia se sintió en ese momento al
evocar la imagen del tío Ralor, segura y aliviada y sonrío al pensar en él.
Aunque de niñas oficialmente fueron educadas por su tía Ramelia, quien en
verdad era su padre y se encargó en su mayoría de la educación de ellas, fue el
hermano gemelo de su padre, Ralor Co. Melia y Mina Querían a sus familiares,
pero el cariño que sentían por su tío era inigualable.
Después de pensarlo Melia
Replicó: - Bien, no hay de qué preocuparnos. Es solo que pienso, que es bueno
tenerlo claro, porque aunque ya tengamos edad para casarnos, por lo menos en mi
caso, no está en mis planes en estos momentos. Se levantó de la silla, rodeo a
su hermana y la abrazó por detras, mirando, lo que le parecía, una irreconocible figura en el espejo, tras
traer puestos, los hermosos vestidos de
seda, que definitivamente no eran la tendencia en su pueblo, ya que las mujeres
de las secta, y las civiles que habitaban los territorios, se caracterizaban
por su sencillez al vestir.
En esos momentos, llamaron a la puerta. toc toc . Ellas se dieron vuelta y Melia preguntó –
quien? Rafel, su primo, hijo Mayor de su
Tia Ramelia, responde: - primas, mama y papa quieren que se apresuren.
Entonces Mina le dice: Esta bien
Rafel, ya vamos. Melia, aún se está terminando de arreglar.
– Bien, no tarden, expresa Rafel mientras se aleja de la habitación.
Melia miro a su hermana y dijo; -
Vaya, esto es épico, hasta Rafel está interesado en que seamos puntuales en la
cena. Si apenas son las 7 pm y siempre cenamos a las 7:30 pm. U 8:pm
Mina la vuelve a abrazar y le
dice– Melia, no te imagines cosas! Más
bien vamos al Jardín interior, donde mi tío dijo, recibiría a sus invitados…
En el Jardín interior de la casa
se hallaban esperando, tanto, a los invitados como a las gemelas, Kroner
Grenfel, con su esposa Ramelia y sus dos hijos. Desde hace tres días que los
príncipes y sobrinos llegaron a Casa Alada, Kroner había hecho todo lo posible, para que ellos se sintieran
lo más cómodo que se pudiera, mientras duraba la espera, que terminaría, cuando
él habiendo arreglado todos sus asuntos, partiera con ellos Rumbo a ciudad de
Balcor, la capital del reino de Kandor, para ayudar a sus sobrinos Kailer y
Kremín a recuperar unos territorios, que Kandor había perdido con su vecino del sur. El reino de Sabamer.
A Kroner Grenfel, lo único que le preocupaba,
era las dos sobrinas de su esposa Ramelia. Desde hace veinte años que había
renunciado a ser príncipe de Kandor, no había tenido la oportunidad de ver
algún pariente y menos a sus sobrinos, que en ese tiempo eran niños pequeños. La
presencia de las gemelas le ponía nervioso, porque él tenía muy claro las
normas, que él mismo, a pesar de vivir en esa tierra por mucho tiempo,
consideraba salvajes. Los tres días que habían pasado, desde que su sobrinos
llegaron, no habían sido problema para él, ya que ellas habían estado afuera,
por una misión. Pero ya que habían regresado, no podía evitar incluirlas en la
cena, aunque era algo que se le pasó por la mente. Ya que era tradición que
cuando ellas estaban en su casa, cenaban con la familia. Presentarlas a sus
sobrinos era su angustia, ciertamente preferiría no hacerlo.
Aunque las conocía desde que nacieron, y
Ramelia su esposa, por sugerencia de él, les había enseñado todas las normas y decoro del reino de Kandor,
a él no podía dejar de inquietarle, que ellas también habían sido educadas en
las normas de la tierra de Ranson, que no
tenían nada en común con las de los reinos.
Al llegar los príncipes al lugar
donde habían sido dirigidos para la cena, después que la familia les hace las tradicionales
reverencias, Kroner les dice: -esta noche he preparado para sus altezas, los
tres deleites reales.
Los príncipes Con esas palabras sabían
que su tío Kroner hacía referencia, a una de las más viejas tradiciones de
Kandor. Buena comida, buen vino y bellas
mujeres, el manjar que todo hombre en
ese reino vivía para disfrutar. Entonces ambos hicieron una señal empuñando las
manos, que era una costumbre para señalar agradecimiento.
-Sus altezas, que les parece este
hermoso jardín- Preguntó Kroner a los
príncipes.
Ambos se dispusieron a mirar, lo
que su tío señalaba muy curiosamente. Preguntándose, el porqué de su
entusiasmo. Desde que ellos llegaron a Casa
Alada, lo que se podía denominar la capital de tierra de Ranson, no habían
encontrado en esta capital edificaciones elegantes y mucho menos monumentales,
de hecho, comparada con las grandes ciudades de tierra de Kandor, casa Alada
era un pueblo solamente. No les pareció nada exuberante, como deberían de ser
las ciudades capitales. En sus pensamientos, la casa en la que vive su tío
Kroner, distaba mucho de lo que debería de ser la morada de un príncipe. Sin
embargo para pasar unos días era apenas aceptable.
Un momento después, en ese
preciso momento, en el que los príncipes observaban el jardín, pudieron divisar,
la figura de las dos jóvenes acercándose. Al ver a esas hermosas señoritas, vestidas de
manera decorosa, conforme a las costumbres de Kandor, acercarse; ellos
inmediatamente pensaron, que ellas eran la tercera parte, de los deleites
reales, que su tío, les había prometido
Kailer dejó de observar la
decoración, para centrar sus ojos en lo que él en ese momento consideró, una
hermosa dama, la cual, desde ese momento
poco a poco al acercarse, se convertía en un deleite para sus ojos.
Cuando las gemelas llegaron al
Jardín, todo el lugar para ellas estaba apenas reconocible. Realmente fue mucho
el esfuerzo que los empleados de la casa hicieron para dejar el lugar tan
decorado y elegante imaginaron ellas, en ese momento.
Lo que no sabían, era que Rafel
Grenfel, su primo, había pasado todo el día ultimando los detalles, en el
arreglo de la casa, buscando hacerla, un poco elegante y algo decorosa, para
que de esa forma fuese, un poco digna de sus primos los príncipes de Kandor.
Melia y Mina, por el contrario
pensaban, que esos arreglos no eran necesarios, ya que los bellos jardines que
ellas ayudaban a los empleados a cuidar desde que eran niñas, en nada
podrían ser menos, que esa decoración.
Melía caminaba de manera despreocupada
por el jardín, en tanto se acercaba al lugar donde le habían señalado, esperaba
la familia y los invitados, preguntándose llena de curiosidad, qué clase de
personas podían considerar, que adornos hechos de materiales, podrían ser más
hermosos que la naturaleza misma.
En esto pensaba, cuando, de un momento a otro, tropezó con una matera y
al caer, solo le detienen unos brazos fuertes. Ella cierra los ojos por un segundo. Pero al abrirlos, sus manos y su cara
estaban apoyadas en el pecho de un hombre. Cuando ella logra alzar su cabeza y
lo mira fijamente, se encuentra con los ojos de él, quien la observa con una
mirada fría por un segundo, antes de apartarse de ella, rápidamente, como si
ella poseyera alguna enfermedad contagiosa. Ella por el contrario por unos
segundos se sintió atontada y sintió como si todo pasara en cámara lenta.
– Su Alteza, disculpe la torpeza de mi
sobrina, soy culpable, no le enseñe bien
– Dijo Kronel Grenfel, el tío de Melia,
mientras se arrodilla y agacha su cabeza delante del principe, al lado derecho
de donde Melia estaba. En tanto, que ella
lo observaba absorta por lo que decía y sus gestos.
Pero que está diciendo mi tío
–pensaba Melia?. Que no me enseño bien,
de que estaba hablando Y porque se arrodilla? Solo fue un accidente.
En los cinco reinos, era
considerado un honor arrodillarse ante cualquier miembro de la familia real o
el rey. Esto lo comprendía Melia. Lo que ella no lograba entender, era que,
como aun estando, en los territorios de Ranson, en el que estaba establecido,
que nadie tenía el deber de arrodillarse ante otro ser. Su tío hiciera esto.
Cuando Kailer vio el rostro de
Melía y notó lo desconcertada que estaba, se preguntó que le pasaba. Porque
mostraba en su cara tal reacción. Entonces volteando a ver a su tío dijo - no
es así tío imperial. Estoy seguro que todo fue un simple accidente, levántese.
Kroner , se levantó y e
inmediatamente dijo: Su Alteza príncipe Heredero Kailer y su alteza príncipe
Kramin del reino de Kandor. Estas
jóvenes aquí presente son mis sobrinas Melia Co y Mina Co.
Los príncipes miraron a las
gemelas mientras esperaban el acostumbrado saludo de las doncellas del reino.
Melia de alguna manera sentía que esperaban alguna actitud especial de ellas. Ella
Y Mina se miraron al mismo tiempo y
después a su tía, la cual con un gesto, les hizo recordar el saludo que desde
niña les había enseñado. Mina y ella solo la imitaron.
La señal de reverencia no era lo
usual en Ranson y en ese territorio nadie estaba obligado a hacerlo. Pero las
gemelas quisieron hacerlo, ya que, ellas consideraban, le debían piedad filial
a su tío y a su tía, por haberlas cuidado. Y además, desde que ellas tenían memoria,
nunca habían visto tan ansioso por
alguna situación a su tío Kroner.
Después de la reverencia, caminaron
por el jardín hasta encontrar el lugar donde se serviría la cena. La decoración del lugar, aunque le causara un
profundo interés, no lograba distraer los pensamientos de Melia, quien caminaba
de lado de su hermana, mientras que Kailer y su hermano Kremín iban adelante,
conversando de las diversas especies de árboles y arbustos de estas tierras,
con su tío Kroner. Los primos de Melía caminaban detrás de ellos y les seguían
la tía y ellas. Este orden en el que caminaban y que lograba algo irritarla, no
era mera casualidad –pensaba Melia. La tía Ramelia les enseño desde niñas, que entre las normas que
existen en los diferentes reinos, está establecido, que la mujer nunca puede
ponerse a la par con un hombre en un camino y menos adelantarlo.
Al llegar a la parte del jardín
en el que se serviría cena, La tía Ramelia las miró. Esa mirada fue suficiente
para que ellas recordaran el comportamiento que deberían tener en la mesa,
según las tradiciones de los cinco reinos que les había enseñado. Dentro de las normas que se les había inculcado,
estaba el hecho de que la mujer nunca debe sentarse en la mesa antes que el
hombre o al mismo tiempo que él. Hacerlo de alguna manera, según las
tradiciones, daba el mensaje de que las mujeres y los hombres se pueden
igualar.
Fue asi, como las gemelas un poco
indignadas observaron cómo los presentes se sentaron uno por uno, según su sexo
y estatus. A las dos, pero en especial a Melia, le parecía indignante para su estilo
de vida, tener que esperar que poco a poco los hombres se fueran sentando, conforme a su poder y edad, mientras les
tocaba esperar su turno. En el caso de los príncipes, El primero era el
príncipe heredero y luego su hermano, por ser de la familia real y por ser invitados.
Después el tío Kroner, como el patriarca de la familia y luego su primo mayor,
Rafel , por ser el primogénito a quien le siguió Kafel, el menor de los dos
hermanos. Solo entonces su tía Ramelia, Mina y ella en el respectivo orden, pudieron
sentarse.
Melia sabía que se sentía
enojada, aunque pudiera comprender el contexto de la situación; la cual, aunque
ella sabía que no iba a ser para siempre; puesto, que se trataba solo de ser agradecida por la
dedicación que el tio Kroner y la Tia Ramelia les habían dado, en sus vidas; no
significa esto, que se sintiera cómoda con tal situación. Ella no alcanzaba a comprender
como en la tierra de la libertad, estas normas tan estúpidas, se tuvieran que
guardar.
Mina pensaba igual que Melía. Le
parecía todo ese escenario montado por sus tíos y primos una estupidez. Pero lo
que a Mina más le preocupaba, era la reacción de Melia. Desde niñas Melia siempre
había sido muy transparente en su forma de pensar. Su hermanita no lograba
suprimir sus perspectivas y su razonar. Ella sabía que Melia estaba haciendo un
gran sacrificio por no salir de allí, no sin antes decir lo que ella pensaba a
esos patéticos príncipes.
Casi toda la velada, Kroner Grenfel y los
príncipes hablaron de temas políticos relacionados con los reinos. El tema era
fácil de comprender para ellas, pero aunque fuese así, nada podían expresar. No porque no fuera
interesante o no quisieran opinar, sino porque, según las normas que manejaban
los reino; en la mesa, la mujer debe
callar hasta que un hombre le pregunte sobre su opinión, en un tema específico.
La cena transcurría llena de una
total humillación y aburrimiento para las gemelas. Aunque esos narcisistas
príncipes podían incluirlas en la conversación, si así lo deseaban, conforme a
sus reglas. No lo hacían. En sus 18 años de edad, estas jóvenes, no tenía memoria
de que alguna vez, alguien les había pedido callarse. Ni siquiera, cuando iban
a la casa de su abuela en el reino de Lesitor, se les obligaba a guardar tan
excluyentes normas. Aún más, ni cuando habían cenado con el rey de ese reino,
Su tio Maldor, se Les exigía guardar silencio.
Este pensamiento daba vueltas en
la mente de ellas. Cuando el príncipe Kramín dirigiéndose a su tío dijo;
-Tío, me he apercibido que es muy apropiada la educación que su dama, les
ha dado a sus sobrinas, sobre las normas y costumbres de Kandor. Además, veo
con regocijo, prosiguió- mientras sentaba su mirada en las dos, pero en
especial en Mina. -que la ropa que las jóvenes tienen es adecuada y dista en
gran manera, de la forma de vestir salvaje, que tienen las mujeres de estas
tierras.
Mina y Melia se sintieron indignadas, ellas se preguntaban
de donde este egocéntrico príncipe sacaba tantas estupideces. Como se atrevía
él a afirmar, que la forma de vestir, sencilla y des complicada de la gente de
esta tierra, era salvaje.
Mina agarró sin que nadie lo
notara, la mano de su hermana, ya que ella sabía que Melia estaba a punto de
debatir con fuertes argumentos el pensamiento del príncipe Kramín. Ella tenía claro, que aunque este
príncipe, necesitaba que le dieran clases de humildad, no era el momento, ni
era el lugar, para tal enseñanza. Ellas no podían permitirse –pensaba Mina-
deshonrar con su comportamiento a su tía Ramelia y al esposo de ella.
A Kramín, le agradaba la belleza
de las dos hermanas. Había notado que aunque
fuesen gemelas, no eran completamente iguales. Mina era la que más le había
llamado la atención. Cuando estuvieron en el jardín y visualizó su presencia, sus
ojos se quedaron pegados a ella. De alguna manera, no podía evitar mirarla y le
sorprendió de ella, que de manera desafiante, desde que el la miró, ella le
mantuvo la mirada, sin distraerse, sino únicamente, cuando casi cae al suelo su
hermana Melia.
Kroner Grenfel al escuchar las
palabras de su sobrino dijo: Cuando Ramelia fue educada para ser…
Después de decir esto se cayó por
un momento. Todos nos quedamos a la expectativa. All continuar dijo: - Bueno esto debe agradecérsele a la madre
imperial; ya que la educación que recibió Ramelia, fue impartida directamente
por ella.
Melia y Mina se quedaron perplejas,
se miraron y con sus miradas expresaron su desconcierto.
Melia se preguntaba cuando la
madre de su tío vino a educarlas, para
que le fuese dado tal gloria. Además tenía curiosidad, del porque su tío no
había terminado la frase.
Melia no sabía que le molestaba
más, no poder preguntar. O el hecho de que hablaran por ellas, como si ellas no tuviesen la capacidad de hacerlo.
Fue entonces cuando el príncipe
heredero, con una mirada fría e inexpresiva dijo, mirando a la tía de las
gemelas:
-Ese definitivamente es un gran
logro, para leydi Ramelia, teniendo en
cuenta que las mujeres de la tierra de Ransón son en un 100% salvaje. Sin embargo,
es apenas explicable, ya que a leidy Ramelia, la educación que tiene, no se la impartió cualquier simple
maestro, sino que es fruto de la inigualable benevolencia de la abuela
imperial, lo cual es un gran honor, ya que no es tradición que la madre
imperial, se dedique en tal labor de
enseñanza a una concubina.
Una concubina! Las gemelas se
miraron casi no pudiendo disimular su asombro y enojo. No lo podían creer. Melia
no podía soportar que su tía Ramelia fuese llamada concubina y expresó:
Me perdí. Realmente príncipe, no
comprendo a que se refiere cuando dice; concubina, dijo Melia mirando de una
manera retadora a Kailer.
En ese momento Kroner irrumpió y
dijo- está bien Melia, te lo explicaré después, ahora retírate a tu habitación.
Cuando el tío Kroner dijo eso,
Mina agarro fuerte el vestido de su hermana y sin dar tiempo a la respuesta de
Melia a su tío Kroner dijo levantándose de la mesa: que disfruten de la comida,
hizo una reverencia y agarró a su hermana por la mano y esta se levantó y de
inmediato se marcharon.
Al partir las gemelas, en la mesa
se hizo un silencio incómodo. Tanto Kramin como Kailer estaban desconcertados
con la situación. Trataban de entender que era exactamente lo que había pasado.
Lo que menos entendían era, a donde se fueron las que pensaban ellos iban a
convertirse en el tercer deleite.
La cena siguió como si nada
hubiese pasado, el tío de los príncipes siguió entreteniéndolos con su charla,
hasta que los príncipes decidieron regresar a sus habitaciones a descansar.
Por otro lado, cuando las gemelas llegaron a
la habitación de Melia. Ambas estaban muy molesta por lo ocurrido. Lo que más
le enojaba a Melia era la humillación que le daban a su tía al llamarla
concubina. Eso sumado al narcisismo de esos príncipes engreídos.
Tienes que calmarte exclamo Mina,
comprendo tu enojo, pero hay situaciones en las que es mejor callar. No puedo
Mina- le dije- lo intenté, pero me es imposible dejar las cosas asi. Me abrazó
fuerte y me dijo – lo sé hermana, eres tan efusiva, sensible y transparente- al
tiempo que sobaba mi cabeza. –olvidemos esta situación y descansemos.