El Hospital Bernet siempre ha sido un lugar de segundas oportunidades… pero también de secretos que nunca sanaron.
Después de años lejos, Claudia Borges regresa para trabajar como interina, acompañada de su pequeña hija. Todos creen que la niña es hija de Agustín Murillo, su novio fallecido en un accidente.
Todos… menos alguien.
El doctor Osmán Bernet, hermano gemelo de Agustín, carga con un estigma que no merece: fue señalado como el villano de la historia, el que “arruinó” la relación de su hermano, el que siempre estuvo un paso detrás. Pero solo él conoce la verdad… o parte de ella.
Porque aquella noche en que Agustín la abandonó enferma, fue Osmán quien la cuidó.
Fue Osmán quien la sostuvo bajo el agua tibia.
Fue Osmán quien escuchó su llanto, su fiebre, su ruego…
Y fue a él a quien Claudia entregó su cuerpo sin saber que no era Agustín.
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Salvar a Claudia.
Osmán se sintió muy bien a escuchar que la doctora le pedía ayuda.
—Te voy a ayudar con esas dos mujeres.
—No son mujeres, son leonas —reiteró Claudia.
Mientras ellos intentaban salvar al paciente, Patrick discutía con Manrique.
—No olvides que todavía tengo a tu hijo en la mira. Una vez escuché algo que no me gustó… nunca pude probar si realmente Osmán mató a mi hijo.
Un silencio sepulcral se apoderó del lugar. Ambos se miraban con rabia, con un resentimiento que ninguno de los dos había provocado, pero que los consumía por igual.
—Osmán no lo hizo… —Patrick dudó antes de defenderlo.
Existía una razón: él también creía que su hijo era un asesino, pero jamás lo admitiría frente a su hermano. Nunca lo haría. Le prometió a Agustín guardar ese secreto. Después de todo, cuando supuestamente ocurrió, Osmán estaba enfermo.
—No quiero seguir con esto —continuó Manrique—. Pronto voy a morir y te daré ese gusto. Sin embargo, tras mi muerte te llevarás una gran sorpresa. Ni muerto te dejaré vivir en paz, eso, te lo juro.
Manrique aún tenía algo pendiente: asegurarse de que su hermano supiera que, incluso muerto, seguiría frustrándolo.
—¡Imbécil! —Cuando su hermano salió, Patrick lanzó un borrador contra la puerta y apoyó las manos sobre el escritorio—. Osmán… ¿qué fue lo que hiciste? Causaste un gran daño. Nunca te lo voy a perdonar.
Ese era el resentimiento que aquel padre guardaba hacia su hijo, la brecha que los separaba y los hacía parecer enemigos.
En la sala de emergencias, Osmán se acercó a la esposa del paciente.
—Lo siento mucho, pero su esposo está incomunicado. No puede recibir visitas. Durante la cirugía contrajo una bacteria que, al parecer, es altamente contagiosa.
—¿Qué? Doctor, no me diga eso… odio los parásitos. De solo pensarlo se me enchina la piel.
—Entonces le aconsejo que regrese a casa y limpie bien el lugar. Deberá cuidarlo cuando vuelva.
—Así lo haré, doctor.
La mujer no dudó ni un segundo. Antes de irse, Bernet, giró la mirada hacia la doctora Borges y le guiñó un ojo.
Es un experto engañando mujeres… lo trae en la sangre, pensó Claudia sin sorprenderse. Las palabras de Amber seguían resonando en su mente.
Ese día, Claudia terminó su turno y subió a su auto. Estaba exhausta. Abrió por completo el convertible y, al ver la carretera congestionada, tomó un atajo. La calle parecía desierta, como una del viejo oeste.
—Me da escalofríos… pensó, aunque no se detuvo. Pero un semáforo la obligó a frenar.
De pronto, un hombre apareció de la nada, saltó al asiento del pasajero y la apuntó con un arma.
—Salga del auto —ordenó con un rostro aterrador.
Claudia quedó paralizada. El miedo le impidió reaccionar. Entonces él la jaló del cabello con violencia. No tuvo tiempo de defenderse.
Dios mío… ¿en dónde me he metido? Ella aún no conoce que tan peligrosa se ha vuelto esa parte de la cuidad.
—¡No tengo nada! ¡Solo ese auto! —gritó al sentir el dolor quemarle el cuero cabelludo.
Pensó en su hija… y en la pistola presionando su sien. Un solo movimiento en falso y Natalia se quedaría sin madre.
—Bájese ahora mismo —gruñó el hombre, aumentando la presión del arma.
—Lo haré… solo no me hagas daño —suplicó, temblando.
En ese momento, sacó fuerzas, abrió la puerta y bajó. Pero apenas tocó el suelo, el disparo resonó.
El mundo se volvió lento mientras caía.
Los segundos fueron eternos. Y una película pasó frente a sus ojos.
Se vio con su hija recién nacida en brazos.
—Bienvenida al mundo, mi querida Natalia. Mamá nunca te va a dejar… solo me tienes a mí. Tu padre te cuida desde el cielo.
—Agustín… ¿será que ha llegado la hora de reencontrarnos?
A lo lejos rugió el motor de una motocicleta y las luces iluminaron el cuerpo de Claudia en el asfalto.
—No puede ser…
Osmán frenó en seco y bajó de inmediato. Mientras veía el auto de Claudia alejándose del lugar.
—¡Doctora! ¡Por favor, mírame!
Los labios de ella temblaron.
—Doc… tengo miedo… no quiero dejar a mi hija…
—No lo harás —dijo él, colocándole la cabeza sobre las piernas mientras marcaba a emergencias—.
La ayuda ya viene. No te rindas. Piensa en Natalia.
La sangre brotaba sin parar. Osmán notó cómo su fuerza se desvanecía. No quería que ella se desmayara.
—¿Sabías que así se llamaba mi madre? —murmuró y le sujetó el rostro.
—Lo sé… Agustín me lo contó una vez.
Ahí lo comprendió, y lo reafirmó.
En efecto, todo había sido por su madre. “Natalia”
Minutos después, la ambulancia llegó y la trasladaron de inmediato al hospital.
—Yo extraeré la bala —ordenó Osmán con determinación.
—Doctor, su turno ha terminado.
—Mi turno nunca termina —respondió con firmeza—. Tengo un juramento: salvar vidas. Y ella es muy importante…
Patrick lo observaba con el ceño fruncido y se preguntó.
¿Quién es ella?
Nunca había tenido la oportunidad de ver a Claudia.
—¿Es la doctora Borges? —preguntó Alicia al ver a Bernet alarmado.
Erick llegó corriendo.
—Soy el médico a cargo —rugió Osmán—. Nadie va a detenerme ni pasar por encima de mí. Espero que quede claro.
Óscar intentó oponerse, pero Osmán lo cortó.
—Ustedes dos me asistirán. señaló a Erick y a Alicia. Debemos salvar a la doctora.
Desde lejos, Patrick sonrió de medio lado.
Podría ser un líder si quisiera… pero a veces parece que el hospital no le importa.
Al entrar a su oficina, le dijo a su secretaria antes de cerrar la puerta:
—Consigue el expediente de esa chica. Necesito saber quién es… y por qué le importa tanto a Osmán.
En el quirófano, Osmán respiró hondo.
—Tenemos las placas. La bala está alojada aquí —señaló—. Por suerte no tocó ningún órgano vital. Debemos extraerla sin provocar un derrame ni un desgarro.
los padres nunca deben tener favoritos 😭😭😭😭😭😭