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La Falsedad Del Amor

La Falsedad Del Amor

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Síndrome de Estocolmo / Atracción entre enemigos / Venganza / Venderse para pagar una deuda / Amor-odio / Completas
Popularitas:30k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Soy Anabella Estrada, única y amada hija de Ezequiel y Lorena Estrada. Estoy enamorada de Agustín Linares, un hombre que viene de una familia tan adinerada como la mía y que pronto será mi esposo.
Mi vida es un cuento de hadas donde los problemas no existen y todo era un idilio... Hasta que Máximo Santana entró en escena volviendo mi vida un infierno y revelando los más oscuros secretos de mi familia.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo XIV Una extraña entre los míos

Punto de vista de Máximo

​Mi plan había funcionado con una precisión quirúrgica. Anabella había firmado nuestro acuerdo matrimonial sin siquiera detenerse a leer la letra pequeña. Si supiera que, con ese simple trazo de tinta, acababa de cavar su propia tumba y de entregarme las llaves de su existencia, quizá habría preferido morir de frío en el jardín.

​No le había contado toda la verdad; la honestidad es un lujo que no me permito con mis enemigos. Si bien era cierto que las empresas de su padre atravesaban una tormenta financiera, no estaban en la ruina total... al menos no todavía. Yo me encargaría de que el colapso fuera definitivo una vez que tuviera el control legal.

​Sin embargo, la enfermedad de Ezequiel era el único cabo suelto que no había tenido que inventar. El muy imbécil había mantenido su cáncer en secreto, sacrificando su propia salud para no perturbar la burbuja de cristal en la que vivía su familia. Fue la golpiza de mis hombres la que obligó a los médicos a descubrir lo que él tanto ocultaba. Irónicamente, mis "perros" le habían salvado La vida solo para que yo pudiera destruirlo después.

​En cuanto a esos dos hombres que se excedieron con la fuerza, ya habían recibido su merecido. Ignorar una orden directa mía es un error que nadie comete dos veces. Les ordené asustarlo, no enviarlo a la tumba antes de tiempo; un muerto no sufre, y yo necesito que Ezequiel Estrada respire para que sienta cada puñalada de mi venganza.

​Las cartas ya estaban echadas sobre la mesa. En cuestión de horas, Anabella Estrada dejaría de existir para convertirse en mi esposa. El mundo vería una unión de conveniencia, pero ella y yo sabríamos la verdad: ahora me pertenecía.

​Me serví un whisky, dejando que el líquido quemara mi garganta mientras imaginaba la cara de Ezequiel al salir de la clínica. Cuando descubra que su preciada "princesa" duerme bajo el techo del hombre que más odia, empezará su verdadero calvario. Y el de ella... el de ella apenas está por comenzar.

Punto de vista de Anabella

El trayecto hacia el juzgado fue un desfile de silencios gélidos. Máximo iba sentado a mi lado en el asiento trasero del auto, revisando documentos en su tableta como si estuviéramos yendo a una junta de accionistas y no a unir nuestras vidas. Yo, por mi parte, observaba el paisaje urbano desapareciendo frente a mis ojos tras el cristal tintado, sintiendo que cada kilómetro me alejaba más de la Anabella que solía ser.

Al llegar, el juzgado parecía haber sido desalojado solo para nosotros. No había prensa, no había curiosos; solo el eco de nuestros pasos sobre el mármol frío. Máximo lo controlaba todo, incluso el tiempo ajeno.

El juez nos esperaba en una oficina privada. Era un hombre mayor que no se atrevía a mirar a Máximo directamente a los ojos. El aire en la habitación estaba cargado de una tensión eléctrica.

—Pueden proceder con las firmas —dijo el juez con voz inquieta, extendiendo el acta matrimonial.

Máximo firmó primero. Lo hizo con un trazo firme, agresivo, como quien marca un territorio conquistado. Luego, deslizó el papel hacia mí. La pluma pesaba una tonelada. Al mirar el documento, vi mi nombre junto al suyo: Anabella Estrada y Máximo Santana. Un escalofrío me recorrió la espalda.

Con los dedos entumecidos, estampé mi firma. Ya estaba hecho. Legalmente, era suya.

—Felicidades, señor Santana —murmuró el juez, aunque sus palabras sonaron más como una condolencia.

Salimos del despacho sin habernos dirigido una sola palabra, ni un beso, ni una caricia fingida. Pero al llegar al pasillo, Máximo se detuvo de golpe y me tomó del mentón, obligándome a mirarlo. Sus ojos brillaban con un triunfo oscuro.

—Ya eres mi esposa, Anabella. Espero que seas consciente de lo que eso significa. A partir de hoy, tu lealtad me pertenece solo a mí. Agustín Linares ya es solo un cadáver en tu pasado.

—Soy tu esposa por contrato, Máximo —respondí, logrando que mi voz no temblara—, pero mi alma sigue siendo mía. Eso es algo que tu dinero nunca podrá comprar.

Él soltó una risa seca, casi carente de humor, y me soltó con brusquedad.

—No necesito tu alma, querida. Con tu apellido, tu cuerpo y tu presencia a mi lado es más que suficiente para terminar de hundir a tu padre. Ahora, muévete. Tenemos una visita que hacer en la clínica. Es hora de que Ezequiel sepa quién es su nuevo yerno.

El terror se apoderó de mí con la fuerza de una descarga eléctrica. Imaginar la expresión de mi padre al ver a su peor enemigo dándole la mano como su nuevo yerno me revolvió el estómago. Eso no sería una noticia, sería su sentencia de muerte instantánea.

—¡Máximo, espera! —le detuve, apretando el acta matrimonial contra mi pecho—. No es conveniente que mi padre se entere de esto por ahora. Su corazón no lo resistiría.

Me quedé sin aliento, buscando en sus ojos una pizca de piedad, o al menos de lógica.

—Mejor esperemos a que salga de la clínica —supliqué con la voz rota—. Cuando esté estable, buscaremos el momento. Pero ahora... ahora podrías matarlo.

Máximo se detuvo y me observó durante unos segundos que me parecieron eternos. Una sombra de burla cruzó su rostro, pero luego asintió lentamente.

—Vaya, qué sorpresa. Mi esposa además de hermosa resultó ser inteligente —dijo con un tono cargado de sarcasmo—. Tienes razón; no sería divertido que muriera antes de que pueda disfrutar de su derrota. Guardaremos el secreto por ahora.

Solté un suspiro de alivio que casi me hace doblar las rodillas, pero sus siguientes palabras me recordaron quién tenía el mando.

—Sin embargo, te llevaré a la clínica para que veas a tus padres. Considéralo tu regalo de bodas, Anabella. Disfruta de mi generosidad mientras dure.

Regresamos al auto. El trayecto fue una repetición de la frialdad anterior, pero con un peso nuevo: el anillo oculto bajo mi guante y el contrato en mi bolso. Máximo volvió a sumergirse en sus documentos, ignorándome como si yo fuera un mueble más de su lujoso vehículo. Yo me pegué a la ventana, viendo cómo la ciudad seguía su curso, ajena a que yo acababa de vender mi vida.

Estaba a punto de ver a mi familia, pero por primera vez en mi vida, me sentía como una extraña entre ellos. Llevaba la marca de los Santana en el dedo y el veneno de Máximo en mi destino.

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Maria Rojas
felicidades autora una hermosa novela con un bello final me encantó gracias por compartir que sigan los éxitos bendiciones 😊🙏
Maris Benitez
UPS 😬😳 no entiendo porque él padre de Agustín descubrió su ruina 🤦
Maris Benitez
Un interesante comienzo 💪😍
Maria Victoria Ruiz Alcaide
A ver si de una vez acaban con estos demonios 😈criminales destruyéndolos de una vez por todas
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Menos mal que el se enamoró de ella y a ver si esos demonios acaban donde tienen que estar
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Se está poniendo a arder es buenísima sigo leyendo muchas gracias un abrazo desde España
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Madre mía se lo tiene. merecido el padre de la mujer de Luis de l.padre de Anna y toda la pandilla tiene que aguantar por su maja acción ha urn que el padre de Max se matará entre todos hicieron de las suyas menudos criminales
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Ana va ha sufrir de lo que hizo sus padres por ambición por eso no quisieron que se casara con Luis para que quedara como si no pasara nada me ufis desgraciados la pareja de sus padres menudos criminales su madre tampoco se salva
Maria Victoria Ruiz Alcaide
El lío es entre el que se iba a casar y el padre de ella hay un conglomerado de ordrigo veremos como se resuelve
Maria Victoria Ruiz Alcaide
se está poniendo enferma
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Pero serás maldito cuando te canses de ser un malvado tendrás que claudicar porque te enamoras de ella y veremos como sales de esta
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Ahora lo pasará mal con este cretino 😈
Norma Alvarez Vega
gracias linda historia.
Sujaira Barboza de Molero
buenísima,felicitaciones
Carla Carvajal
me gustó tu novela, pero y emilia, que se hizo???
Adriana Ramirez
👍👏
Adriana Ramirez
par de malparidos
Maria Kupke Probst
Muy buen final. Cada quien tuvo el final que se merece. Me encantó. Voy por más. Felicitaciones
Maria Kupke Probst
Maravillosa historia
Maria Kupke Probst
Los culpables jamás van a aceptar que lo son. El orgullo no les permite verlo. Y así siguen creyendo que los demás son intransigentes. Cuidado con el karma que cuando llega es implacable.
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