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Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21:La forma que toma el silencio

Ren despertó con la sensación de algo tibio rozándole los labios.

No fue un sobresalto. Fue una conciencia lenta, dulce, que se abrió paso entre el sueño y la vigilia. Un beso suave. Casi una pregunta.

Parpadeó una vez, todavía desorientado, y luego sonrió al reconocerlo.

—Buenos días… —murmuró Aiden, con la voz baja, aún cargada de sueño.

Ren no respondió con palabras. Se inclinó apenas hacia adelante y devolvió el beso, esta vez más consciente, más largo. Sus labios se acomodaron con naturalidad, como si ya supieran cómo encontrarse. Un suspiro se le escapó sin querer, leve, honesto.

Aiden sonrió contra su boca.

—Sigues aquí.

—Tú también —respondió Ren, todavía con la voz adormilada.

El abrazo que siguió fue lento. Ren se acurrucó más cerca, apoyando la frente en el cuello de Aiden. Sintió el calor, la respiración profunda, el latido que ya no iba a toda prisa. Se permitió quedarse así unos segundos más, sin miedo a que el momento se deshiciera.

—Me duele un poco el cuerpo —confesó Ren, casi en broma—. Pero… bien.

Aiden soltó una risa suave.

—A mí también. Ven.

Antes de que Ren pudiera preguntar, Aiden lo rodeó con los brazos y lo levantó con cuidado. No fue un gesto brusco ni teatral; fue íntimo, natural, como si el cuerpo supiera exactamente cómo sostener al otro.

Ren dejó escapar una exclamación ahogada, más sorprendida que alarmada, y se aferró instintivamente a Aiden, apoyando el rostro en su hombro.

—¿Qué haces? —preguntó, con una risa entrecortada.

—Llevándote —respondió Aiden—. El agua caliente ayuda.

El baño estaba lleno de luz. La ventana dejaba entrar un resplandor blanco y tranquilo que hacía que todo pareciera más real, menos frágil. Aiden lo dejó en el suelo con cuidado, sin soltarlo del todo. Sus manos permanecieron en la cintura de Ren un segundo más de lo necesario, solo para confirmar que estaba ahí.

El agua empezó a correr.

El sonido llenó el espacio, constante, envolvente. El vapor comenzó a elevarse lentamente, suavizando el aire. Ren cerró los ojos cuando el agua tibia tocó su piel. Un gemido bajo, involuntario, se le escapó al sentir el contraste, y enseguida se ruborizó.

Aiden lo oyó y no se rió.

Se acercó despacio, colocándose detrás de él, sin invadir. Sus manos descansaron primero en los hombros, firmes, tranquilizadoras. Ren dejó caer un poco la cabeza hacia atrás, respirando hondo. El vapor empañaba el espejo. El mundo se reducía a ese espacio.

—¿Así está bien? —preguntó Aiden.

—Sí… muy —respondió Ren, con la voz quebrada.

El agua corría entre ambos y el roce era inevitable. Un ajuste mínimo de postura, un paso más cerca, y el contacto se volvió claro, íntimo. Ren inhaló con fuerza, el aire saliendo luego en un jadeo suave.

Aiden apoyó la frente contra la suya, respirando el mismo vapor.

—Respira. Estoy aquí.

Las manos de Aiden se movieron con lentitud, recorriendo la espalda de Ren con cuidado, más contención que urgencia. Ren se estremeció ante el contacto, dejando escapar otro suspiro entrecortado. Sus mejillas ardían, no de vergüenza, sino de esa mezcla nueva de deseo y seguridad.

Se besaron bajo el agua, un beso húmedo, lento, interrumpido solo por respiraciones desordenadas y pequeñas risas nerviosas cuando el vapor les nublaba la vista.

—Esto… —murmuró Ren— es peligroso.

Aiden sonrió, apoyando la mejilla en la suya.

—Lo sé. Por eso voy despacio.

Permanecieron así unos minutos más, compartiendo el calor, el sonido del agua, los roces inevitables que despertaban gemidos suaves y respiraciones cortas, sin empujarlos a cruzar nada más. Era intimidad sostenida, no prisa.

Cuando cerraron el grifo, el aire se sintió más frío de golpe. Aiden tomó una toalla y la envolvió alrededor de Ren primero, acercándolo a su pecho.

—Gracias —susurró Ren— por cuidarme incluso aquí.

—Siempre —respondió Aiden, besando su frente.

De regreso a la habitación, el día ya estaba instalado. Se vistieron entre risas suaves, miradas largas, besos breves que prometían continuidad sin exigirla.

En la cocina, el café volvió a saber fuerte y malo. Ren se quejó. Aiden tarareó mientras lo preparaba. Sus dedos se rozaron al pasar una taza.

—¿Siempre haces eso? —preguntó Ren.

—¿Qué cosa?

—Tararear cuando te concentras.

Aiden se quedó quieto un segundo, luego sonrió, un poco avergonzado.

—Supongo que ahora ya no tengo que ocultarlo.

Comieron juntos, compartiendo platos, probando del mismo tenedor. El día avanzaba sin presión. No había listas mentales ni expectativas.

—Gracias por hoy —dijo Ren de pronto.

—Todavía no termina —respondió Aiden.

—Igual —insistió Ren—. Gracias por no hacer que esto sea pesado.

Aiden lo miró con seriedad suave.

—Si alguna vez lo sientes así, dímelo. No quiero que esto sea algo que tengamos que sobrevivir.

—Yo tampoco.

Salieron a caminar más tarde, sin rumbo fijo. Aiden tomó la mano de Ren con naturalidad. Ren la apretó un poco, confirmando el gesto. Pasaron por una plaza, se sentaron un rato. Ren apoyó la cabeza en su hombro.

—Antes esto me habría dado miedo —murmuró.

—¿Quedarme? —preguntó Aiden.

Ren asintió.

—Sin una tragedia que lo justifique.

Aiden apoyó la mejilla en su cabeza.

—Quizás eso era lo que más necesitábamos aprender.

Al volver a casa, ya entrada la tarde, el cansancio era distinto. Se sentaron en el suelo del salón, apoyados uno contra el otro.

—Mañana —dijo Ren— tal vez vuelva a pintar.

—Y yo a tocar —respondió Aiden.

—Sin expectativas.

—Sin huir.

—Sin competir.

Aiden apoyó la frente en la suya.

—Sin desaparecer.

El silencio volvió a instalarse, pero ya no dolía. Era un espacio habitable.

Y por primera vez, Ren entendió que la felicidad no había llegado como un clímax ni como una promesa eterna.

Había llegado como una continuidad.

Como un quedarse.

1
Esmeralda Johner
Excelente
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