En un mundo dividido por siglos de guerra entre humanos y vampiros, Lin Xue —la Guerrera Estelar de la Secta del Nube Blanca, con el poder del Qi Estelar que canaliza la energía de las estrellas— y Kael —el rey vampiro de la Casa de la Sombra Negra, con la magia de la sangre que absorbe la vida misma— se enfrentan en la Batalla del Cielo Roto. En un último acto de desesperación y amor, se fusionan para detener la destrucción del mundo y mueren juntos.
Pero el universo les da una segunda oportunidad: son reencarnados como niños huérfanos en un bosque oscuro, con recuerdos fragmentados de su vida anterior. Cuando se encuentran, reconocen en el otro la conexión que trasciende la muerte y deciden cambiar el curso de la historia. Juntos, fundan la Secta de la Estrella y la Sangre —un refugio donde humanos y vampiros pueden vivir, entrenar y aprender juntos— y crean el Estilo Estelar Sanguíneo, una forma de artes marciales que fusiona el poder de las estrellas y la magia de la sangre.
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EL PRIMER PASO HACIA LA UNIÓN
Los tres guerreros de la Secta del Rayo Rojo se quedaron quietos cuando vieron a Lin Xue y Kael. El líder, un hombre de cabello rojo como el fuego y ojos de color marrón oscuro, miró a Kael con rabia palpable.
“¡Un vampiro niño!” gritó, levantando su sable. “Lo matamos ahora mismo. No dejaremos que la raza de monstruos vuelva a destruir el mundo.”
Lin Xue se colocó al lado de Kael, extendiendo sus manos —la luz azulada del Qi Estelar volviendo a brillar en sus dedos. “No le tocarás a él,” dijo, su voz firme a pesar de ser la de una niña. “Él no ha hecho nada malo. Y yo no te dejaré lastimarlo.”
El guerrero rio con crueldad. “¿Tú? Una niña de la Secta del Nube Blanca —si es que realmente lo eres— no puedes pararme a mí, el Maestro Hong. He matado docenas de vampiros en mi vida.”
“Pues hoy te encontrarás con algo diferente,” dijo Kael, acercándose a Lin Xue hasta que sus hombros estuvieron juntos. La luz roja de su magia de la sangre se fusionó con la azul de ella, creando una aura protectora que envolvió a ambos.
El Maestro Hong ordenó a sus compañeros: “¡Atácanla primero! Es una traidora que se alía con los vampiros. Luego matamos al monstruo.”
Los dos guerreros avanzaron, lanzando sus sables hacia Lin Xue. Ella se movió con la gracia y la precisión de su vida anterior, esquivando los golpes con movimientos rápidos y fluidos —la técnica del Paso de la Estrella Fugaz que le había enseñado el Gran Maestro Yun. Mientras esquivaba, canalizó su Qi Estelar hacia su mano y le dio un golpe ligero al primer guerrero en el hombro.
El hombre se detuvo, sorprendido. No sintió dolor —sintió solo una luz cálida que fluía por su cuerpo, debilitando su energía sin lastimarlo. “¿Qué… qué has hecho?” preguntó, pasando la mano por el lugar donde le había golpeado.
“Te he quitado tu Qi de guerra,” dijo Lin Xue, sin bajar la guardia. “No quiero matarte. Quiero que escuches.”
El segundo guerrero atacó de nuevo, pero Kael se interpuso. Usó su magia de la sangre para crear una pared de sombras que detuvo el sable en el aire. “Ella tiene razón,” dijo, su voz suave pero firme. “Nosotros no somos tu enemigo. La guerra ha durado demasiado.”
El Maestro Hong se encolerizó al ver que sus compañeros dudaban. “¡No os dejéis engañar por sus trucos! Son monstruos todos. ¡Atacad!”
Se lanzó hacia ellos, su sable brillando con una luz roja oscura —la técnica del Rayo de la Muerte, una de las más peligrosas de la Secta del Rayo Rojo. Lin Xue y Kael se miraron, y juntos canalizaron toda su energía fusionada. La esfera de luz azul y roja se formó entre sus manos, creciendo hasta ser tan grande como un balón.
Cuando el sable del Maestro Hong llegó a centímetros de ellos, Lin Xue lanzó la esfera hacia él. El impacto fue grande, pero no destructivo —la luz envolvió al guerrero, y su sable cayó al suelo con un estruendo. El Maestro Hong se quedó de pie, paralizado, con los ojos abiertos de sorpresa.
“¿Por qué no me matasteis?” preguntó en voz baja.
“Porque la muerte no soluciona nada,” dijo Lin Xue, acercándose a él. “La Secta del Nube Blanca me enseñó que el poder se usa para proteger, no para destruir. Y Kael me ha enseñado que los vampiros no son todos monstruos —solo son seres que quieren vivir, como tú y yo.”
Mientras hablaba, la luz de su energía fluía hacia el Maestro Hong, curando las pequeñas heridas que había recibido y calentando su corazón. El hombre sintió su rabia desaparecer, reemplazada por la confusión y la duda. Había matado vampiros durante años, creyendo que estaba protegiendo al mundo. Pero ahora, viendo a esa niña humana y ese niño vampiro juntos, trabajando como uno, empezaba a preguntarse si había estado equivocado.
Sus dos compañeros se acercaron, con los sables bajados. “Maestro Hong,” dijo uno de ellos, “tal vez… tal vez tienen razón. No han intentado lastimarnos. Solo nos han detenido.”
El Maestro Hong miró a Lin Xue y Kael, luego miró al suelo. “Yo… yo no sé qué pensar,” dijo. “He creído en la guerra durante toda mi vida. Pero ahora… todo lo que creía se ha desvanecido.”
“Entonces ven con nosotros,” dijo Kael. “Ven a nuestro refugio. Aprende sobre nosotros. Tal vez juntos podamos encontrar una manera de vivir en paz.”
El Maestro Hong frunció el ceño. “¿Un refugio para humanos y vampiros? Eso es imposible.”
“Nada es imposible si lo queremos lo suficiente,” dijo Lin Xue, sonriendo. “Ven. Te lo mostraremos.”
Después de un momento de silencio, el Maestro Hong asintió con la cabeza. “Está bien. Iré con vosotros. Pero si es una trampa…”
“No lo será,” dijo Kael, con seguridad. “Te lo prometo.”
Juntos, se dirigieron hacia el refugio que Kael había encontrado después de la muerte de sus padres. Era un cueva oculta en la ladera de una montaña, protegida por arbustos y rocas. Dentro, estaba limpia y caliente, con leños listos para encender un fuego y algunas provisiones que Kael había conseguido en el bosque.
Mientras encendían el fuego, el Maestro Hong miró a Kael con curiosidad. “¿Cómo has sobrevivido solo en el bosque durante meses?” preguntó.
“Mi madre me enseñó antes de morir,” dijo Kael, encendiendo un palo con la chispa del fuego. “Me enseñó a encontrar comida, a protegerte de las bestias, a controlar mi magia de la sangre para no lastimar a los seres inocentes.”
“¿No bebes sangre de humanos?” preguntó el guerrero, sorprendido.
“No,” dijo Kael, sacando una fruta roja de su mochila. “Mi madre me enseñó a tomar la energía de la naturaleza —de las frutas, de los árboles, de la luna. La sangre de los seres vivos es solo una forma de energía, pero no la única.”
El Maestro Hong asintió, sin decir nada. Lin Xue se acercó a él con una copa de agua. “¿Has visto alguna vez a un vampiro que no matara a humanos?” preguntó.
El hombre negó con la cabeza. “Todos los vampiros que he conocido han sido monstruos. Han matado a mis amigos, a mi familia.”
“Yo también he visto a humanos que son monstruos,” dijo Lin Xue. “Guerreros que matan a vampiros niños, a mujeres embarazadas. La raza no es lo que hace a alguien bueno o malo. Es lo que elige hacer.”
Mientras hablaban, escucharon un ruido fuera de la cueva. El Maestro Hong se levantó rápidamente, buscando su sable, pero Lin Xue se lo detuvo con la mano. “No te preocupes,” dijo. “Es alguien que conocemos.”
Un niño de cabello marrón y ojos verdes entró en la cueva, con una mochila llena de frutas y pan. Era Li Ming, un sobreviviente de la Secta del Nube Blanca que Lin Xue había encontrado unos días antes de conocer a Kael.
“Lin Xue!” dijo, sonriendo cuando la vio. “He traído comida. ¿Quiénes son estos…?”
Se detuvo cuando vio al Maestro Hong y a Kael. Reconoció la armadura de la Secta del Rayo Rojo y el pelo blanco y ojos rojos de Kael. “¡Un guerrero del Rayo Rojo y un vampiro!” gritó, retrocediendo. “Lin Xue, ¿qué haces con ellos?”
“Son amigos,” dijo Lin Xue, acercándose a él. “Ven. Escúchanos.”
Li Ming se quedó quieto, con la mirada fija en el Maestro Hong y en Kael. Después de un momento, asintió con la cabeza y se sentó cerca del fuego. Mientras Lin Xue le explicaba lo que había pasado —la reencarnación, la fusión de su poder, la idea de unir humanos y vampiros—, el niño escuchó con atención, sus ojos llenos de sorpresa y duda.
“Es… es difícil de creer,” dijo cuando terminó. “Pero si tú lo crees, Lin Xue, yo también lo creo.”
El Maestro Hong miró a Li Ming con curiosidad. “¿Por qué te fías de ella tan fácilmente?”
“Porque ella me salvó la vida,” dijo Li Ming. “Cuando la Secta del Rayo Rojo atacó a la Nube Blanca, ella me protegió. Ella es buena. Y si dice que este vampiro es bueno, entonces lo es.”
En ese momento, otro sonido se escuchó fuera de la cueva. Esta vez, era el de varias personas caminando. Lin Xue se levantó y miró por la entrada. Vieron a tres vampiros jóvenes —dos chicas y un chico— acercándose, con expresiones de miedo y desesperación.
“Por favor,” dijo una de las chicas, cuando vio a Kael. “Somos sobrevivientes de la Casa de la Sombra Negra. Los guerreros del Rayo Rojo nos están persiguiendo. ¿Podemos refugiarnos aquí?”
Kael se levantó y acercóse a ellas. “Claro que sí,” dijo. “Aquí todos son bienvenidos.”
Las vampiras entraron en la cueva, y se quedaron sorprendidas cuando vieron al Maestro Hong y a Li Ming —humanos. Pero cuando vieron a Lin Xue y a Kael juntos, con su energía fusionada brillando a su alrededor, entendieron que este era un lugar diferente.
El Maestro Hong se levantó y miró a todos los presentes: los vampiros jóvenes, Li Ming, Lin Xue y Kael. Había humanos y vampiros juntos en una misma cueva, sin pelear, sin miedo. Era algo que nunca había visto en su vida.
“Tal vez… tal vez tengáis razón,” dijo, finalmente. “Tal vez el mundo puede cambiar. Tal vez los humanos y los vampiros pueden vivir juntos.”
Lin Xue sonrió. “Eso es lo que queremos demostrar,” dijo. “Este es solo el primer paso. Hay muchos más sobrevivientes por ahí —humanos y vampiros— que quieren paz. Tenemos que encontrarlos. Tenemos que crear un lugar seguro para todos. Tenemos que construir el futuro que nos negaron en nuestra vida anterior.”
Todos asintieron con la cabeza, y la luz de la estella y la sangre brilló en la cueva, llenándola de calor y esperanza. Lin Xue miró a Kael, y sus ojos se encontraron. Sabían que el camino sería largo y difícil, pero con cada nuevo amigo que se unía a ellos, se sentían más fuertes. El sueño de la unión estaba empezando a hacerse realidad.