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ENAMORADO DEL AMANTE.

ENAMORADO DEL AMANTE.

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado / Triángulo amoroso / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Bai Qi

Me contrato para traducir el corazón de su amante.

Terminé enamorándome de él.

Azren solo quería ayudar a Caeleen Valkrum —dios del baloncesto, multimillonario, el hombre más guapo que había visto nunca— a entender al hombre que le rompió el alma.

Pero cada palabra que analizaba, cada secreto que descifraba sobre Darius, lo acercaba más al abismo de caer por Caeleen.

Cuando sus familias pactan su matrimonio, Azren acepta convertirse en el esposo legal del hombre que ama en secreto. Una alianza sellada con papeles, con anillos, con un "sí, quiero" que Caeleen pronunció mirando a otro.

Porque prefiere quemarse en su tormenta a no tener nada de él.

Aunque sabe que, cuando el fuego se apague...

Caeleen seguirá amando a otro.

Y él habrá perdido todo.

NovelToon tiene autorización de Bai Qi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL PRECIO DE SER TESTIGO.

El conocimiento que Darius le había entregado era un veneno de acción lenta. Azren ya no podía ver a Caeleen como el amante trágico e incomprendido, ni a Darius como la víctima atrapada. Ahora veía la maquinaria de su relación: un ciclo de atracción, culpa y reincidencia que ambos alimentaban. Y sin embargo, una parte de él, la parte que había empezado a ver todos los partidos de básquet de Caeleen en la televisión, seguía pulsando ante la sola mención de su nombre.

La confrontación era inevitable. Azren lo supo desde el momento en que salió del estudio de Darius. Había cruzado una línea invisible al entrar en el territorio del otro hombre, y Caeleen, con sus instintos posesivos de halcón, lo sabría. Lo sentiría en el aire.

No tardó ni cuarenta y ocho horas.

Azren había ido, casi por inercia, a un bar deportivo cerca de su casa. En una pantalla gigante, retransmitían un partido de pretemporada. Y allí estaba él: Caeleen Valkrum, número 11, moviéndose por la cancha con esa gracia explosiva y arrogante que hacía que hasta los aficionados casuales contuvieran la respiración. Azren no era un fanático del deporte, pero se había convertido en un estudioso de este atleta en particular. Conocía sus tics, su manera de ajustarse la muñequera después de un tiro fallado, la furia contenida en sus hombros cuando un compañero erraba un pase. Estaba absorto, un vaso de agua olvidado frente a él, cuando una sombra bloqueó la pantalla.

No necesitó mirar para saber quién era. La presencia era física, un cambio en la presión del aire.

—¿Te gusta el espectáculo? —La voz de Caeleen era baja, pero cortaba el bullicio del bar como un cuchillo. Sonaba fría, cargada de una ira que hervía justo bajo la superficie.

Azren alzó la vista lentamente. Caeleen estaba allí, sin sudar, con ropa de calle negra. Debía haber venido directamente después del partido. Su rostro guapo, con esa mandíbula fuerte y los ojos ámbar, estaba iluminado por los destellos cambiantes de la pantalla, dándole un aire espectral y peligroso. Parecía más intimidante que nunca, porque la furia no era explosiva, sino contenida, aceitada.

—Es un buen jugador —dijo Azren, manteniendo la voz lo más neutral posible. Su corazón, sin embargo, comenzó a latir con un ritmo desbocado y traicionero contra sus costillas. Pum-pum. Pum-pum. Un redoble de tambor de pánico y de esa atracción absurda que no se había extinguido.

—No me refiero al básquet —espetó Caeleen. Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en la mesa, invadiendo su espacio. —Me refiero a él. A Darius. Te vi. Salir de su estudio.

Así que lo había seguido. O lo había visto. Azren no se sorprendió. —Fui a devolverle su libro.

—No tenías que devolvérselo a él —Caeleen habló entre dientes, los músculos de su mandíbula en tensión—. El libro era mío. Yo te lo di. Lo que hagas con él es asunto mío. Hablar con él… no lo es.

—Es su libro —replicó Azren, forzándose a mantener la mirada en esos ojos ámbar que brillaban con un fuego peligroso. —Era lo correcto.

—¿Correcto? —Caeleen soltó una risa corta y descreída—. ¿Tú vas por la vida haciendo lo correcto, profesor? ¿Como rechazar ayudar y después ir de visita educada a mi…? —Hizo una pausa, buscando la palabra, y el rencor la tiñó— a lo que es mío.

La posesividad era absoluta. Azren sintió un escalofrío, pero también una chispa de desafío. Su corazón latía a mil, una mezcla de miedo y de una extraña excitación por estar en el punto de mira de toda esa intensidad.

—Darius no es una cosa que te pertenezca —dijo Azren, y notó cómo su propia voz temblaba levemente, no solo por el miedo—. Tiene su propia vida. Su propio… esposo.

La palabra actuó como un látigo. Caeleen se irguió, su altura pareció aumentar. —Ese esposo —dijo, escupiendo el título— es una sombra. Una formalidad. Lo que Darius y yo tenemos es real. Lo hacemos real. Cada vez. Y tú, un espectador que se cree moral, no tienes ni idea.

—Yo sí tengo idea —contraatacó Azren, la imagen del beso en la terraza ardiendo en su mente—. Vi lo real que es. Y también vi que él vuelve a casa después. Siempre. ¿No te cansas, Caeleen? ¿De ser solo… el incendio al que escapa cuando se aburre de la paz?

Fue un golpe bajo. Un intento de usar la verdad de Darius contra él. Azren vio cómo el golpe impactaba. Los ojos ámbar de Caeleen se ensancharon por un instante, no con dolor, sino con una furia pura y homicida. Por un segundo, Azren pensó que Caeleen lo golpearía allí mismo, en medio del bar.

Pero no lo hizo. Respiró hondo, una inhalación profunda y temblorosa que hinchó su pecho. Cuando habló de nuevo, su voz era un susurro áspero, cargado de una convicción feroz.

—No me importa —dijo, y cada palabra era un clavo—. No me importa ser el incendio. No me importa ser el amante. No me importa esperar. Mientras pueda tenerlo. Aunque sea un minuto. Aunque sea egoísta. Mientras pueda tenerlo, el resto no importa. Él es mío en las únicas maneras que importan. Y tú… —su mirada recorrió a Azren con desprecio— tú eres solo un fanático con moralina barata que se moja viéndome jugar en una pantalla. No vuelvas a acercarte a él.

Azren se puso de pie, enfrentándolo. Era mucho más bajo, más delgado, pero la adrenalina y el latido furioso de su corazón lo sostenían. —No te debo obediencia, Caeleen. Y Darius tampoco. Deja de intentar controlar todo lo que respira a su alrededor.

Por un momento, se miraron fijamente. El aire entre ellos chisporroteaba con hostilidad y con esa atracción no correspondida que Azren ya no podía negar, pero que ahora sabía que era tan tóxica y unilateral como el resto de esta historia.

Finalmente, Caeleen dio un paso atrás. No era una retirada. Era un repliegue táctico.

—Te he advertido —dijo, su voz recuperando esa frialdad plana que era más aterradora que su furia—. La próxima vez que te interpongas, no seré tan… educado.

Y se dio la vuelta, saliendo del bar con la misma determinación con la que entraba a una cancha, dejando a Azren temblando, con las palmas sudorosas y el corazón todavía martilleándole el pecho como si hubiera corrido un maratón.

No había ganado. Pero se había mantenido firme. Había visto la profundidad de la obsesión de Caeleen, una obsesión que no buscaba cambiar la situación, sino explotarla indefinidamente para saciar su propio deseo posesivo. Y aunque una parte de él, la del fanático, aún se estremecía ante la fuerza bruta de ese amor, la otra parte, la que había hablado con Darius y León, solo sentía lástima.

Caeleen no quería salvar a Darius de una vida infeliz. Quería poseer su infelicidad, porque era el único terreno donde él era necesario.

Azren pagó su cuenta y salió a la noche. El partido seguiría en las repeticiones, la figura de Caeleen dominando la pantalla. Pero él ya no quería verlo. Por primera vez, el hombre guapo e intimidante no le parecía un dios del deporte, sino un hombre profundamente dañado, dispuesto a dañar a otros con tal de no sentirse solo en su obsesión.

Y lo más triste era que, a pesar de todo, el eco de ese latido acelerado en su pecho no se apagaba del todo.

1
;; Aracnea ♡
Me enganché desde el principio. La historia de Azren y Caeleen me tuvo completamente atrapada, pero salí agotada de tanto drama. Azren me sacaba de quicio con lo sumiso que era, dejando que le pasaran por encima una y otra vez. Caeleen es de esos personajes que amas y odias al mismo tiempo: un imbécil con momentos de brillo. Darius me caía fatal al principio, pero terminé entendiéndolo e incluso sintiendo pena por él. Y León... pobre León, el único cuerdo de toda esta historia, merecía mucho más. 10/10
Fany Torres
excelente trabajo bellísima historia me encantó felicito al autor gracias por compartir su talento con nosotros siga así
Thalia
Me encantó, me llegue a enamorar de los personajes, de la trama, de todo. Recomendada 😭
Santy
Me gustó mucho. Disfrute la historia, los altos y bajos de emociones que me generó la trama. Recomendadisima!! /Heart/
Santy
El final que merecían 👏🥰..
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