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ÁMAME SIN MEDIDA.

ÁMAME SIN MEDIDA.

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Triángulo amoroso / Romance
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

Dicen que la venganza sabe dulce al principio, pero que termina dejando un sabor amargo que ni el tiempo puede borrar.
Ella lo creyó culpable de su dolor y dedicó cada latido, cada suspiro, a destruirlo. Pero lo que no imaginó era que al herirlo, también desgarraba el corazón de un hombre que solo deseaba amarla incondicionalmente.
Él, marcado por las sombras de un error que nunca cometió, vio cómo el que creía el amor de su vida se le escapaba de las manos sin poder hacer nada, roto antes de poder florecer.
Pero entonces apareció ella, luminosa, inesperada, distinta. Ella que con su sola presencia lo sacaba de su zona de confort, irritandolo a cada momento. Sin embargo, con una sonrisa era capaz de desarmar a cualquiera provocando que su corazón temblara sin medida.
El destino ya había trazado un camino, pero la venganza lo torció… Ahora, se trazaba uno nuevo en el cual ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡Son una pareja ideal!

Su mirada permanecía fija en algún punto de la habitación. No sabía con exactitud cuánto tiempo llevaba allí ni por qué, pero al ver a tantos médicos entrando y saliendo, examinándolo con atención, comprendió que no había sido nada insignificante.

Maximiliano dejó escapar un suspiro pesado cuando el último doctor finalmente salió. Apenas la puerta se cerró, su madre entró con paso firme y el rostro sereno, aunque en sus ojos se notaba el cansancio de quien había pasado noches sin dormir.

— ¿Cómo te sientes, cariño? — Preguntó en un tono suave, acercándose para abrazarlo con fuerza.

— Estoy bien, madre. — Respondió con voz baja, aún débil—. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

— Dos semanas. Pero no te preocupes por nada. — Respondió con cierta suficiencia, como si no quisiera entrar en detalles. — Has estado muy bien cuidado todo este tiempo.

— Sí que lo estuvo. — Intervino Steffan desde la esquina de la habitación, con una media sonrisa cansada.

Maximiliano iba a responder, pero la puerta volvió a abrirse. Su padre apareció con su expresión rígida y controlada, y la señora Luisa, casi instintivamente, se acercó para sujetarlo del brazo, apretando con fuerza. Era su forma de advertirle que no dijera nada inapropiado.

— Me alegra verte bien, hijo. — Dijo el hombre con voz grave. — No debes preocuparte por nada. Lo importante ahora es que te recuperes por completo.

Maximiliano se limitó a asentir. Notaba algo extraño en el ambiente. Todos parecían demasiado cuidadosos, como si ocultaran algo. Pero decidió no insistir… al menos por ahora.

Una enfermera entró poco después, informando que debía administrarle un medicamento y que los familiares debían salir un momento. Su madre y su padre salieron sin protestar, seguidos por Steffan.

La mujer comenzó a preparar la medicación con movimientos ágiles y precisos. Entre tanto, mientras revisaba los monitores, habló en tono amable.

— Es bueno verlo despierto, señor. Su esposa ha estado muy preocupada, pero de seguro ya debe venir corriendo para verlo.

Maximiliano la miró con desconcierto.

— ¿Mi… esposa? — Repitió con duda.

— Claro. — Dijo ella sonriendo. — Venía todos los días. No se separaba de su lado.

Maximiliano frunció el ceño. No podía estar hablando de Valeria… ella jamás habría permanecido a su lado tanto tiempo. La enfermera, sin notar su confusión, continuó hablando con una mezcla de simpatía y admiración.

— Usted es muy afortunado, se nota cuánto lo ama. Y quién no lo haría… — Dijo con un leve rubor. —Usted es tan guapo, y ella, con ese cabello castaño y esos ojos color miel, parecía una modelo sentada ahí, día tras día. Son la pareja ideal.

Maximiliano sintió un vuelco en el pecho. No podía ser. Antes de que la mujer saliera, preguntó con cautela.

— ¿Cada cuánto venía?

— Todos los días. Incluso trabajaba desde aquí, en ese sillón. — Respondió con una sonrisa cálida mientras señalaba el pequeño sofá junto a la cama. — Rara vez dormía, y apenas si comía algo, además de que solo se iba cuando el médico la obligaba.

La enfermera salió de la habitación, dejando tras de sí un silencio espeso. Mientras Maximiliano procesaba la información recibida, observando el sillón que ella había señalado.

Por un instante, casi podía imaginarla ahí, con su mirada serena y su cabello desordenado, resistiendo el cansancio solo para permanecer a su lado. No era posible. ¿Por qué habría hecho algo así… después de todo lo sucedido?

El sonido de la puerta lo sacó de sus pensamientos. Steffan volvió a entrar, llevando algunos documentos en las manos. Se sentó cerca, sin decir palabra prolongando el silencio entre ambos.

Maximiliano cerró los ojos, tratando de ordenar las ideas. No recordaba cómo había terminado en ese lugar, ni qué había pasado exactamente antes del accidente. Solo tenía fragmentos que llegaban a su mente de vez en cuando… la barra del bar, la voz de Sofía, destellos de luz. Pasaron algunos minutos antes de que decidiera hablar.

— Háblame de Sofía. — Dijo de pronto, con tono firme.

Steffan levantó la mirada, sorprendido.

— ¿Sofía? — Repitió incrédulo. — Pensé que no querías saber nada de ella.

— Sabes muy bien lo que quiero saber. — Replicó Maximiliano, clavando los ojos en él.

Steffan guardó silencio un momento, debatiéndose entre hablar o no. Finalmente, suspiró y asintió.

— De acuerdo. Estuvo aquí durante todo este tiempo. — Dijo con sinceridad. — No se separó de ti ni un solo día mientras estuviste en coma. Pero… desde que despertaste, no ha vuelto.

Maximiliano apartó la mirada, clavándola nuevamente en el sillón vacío. Su pecho se sintió pesado, y por primera vez en mucho tiempo, no supo cómo interpretar lo que sentía.

Al día siguiente, Maximiliano fue dado de alta. Cuando por fin llegó a su apartamento sus padres se prepararon para recibirlo con todo lo necesario. Desde que él anunció que vendería la mansión y que viviría en otro lugar, su madre, aunque en silencio, comprendió de inmediato. Sabía que ese cambio no era un simple capricho, sino algo que él necesitaba hacer para terminar de sanar. Maximiliano quería romper con su pasado, curarse, empezar de nuevo, incluso si eso implicaba aislarse del mundo. Pero había algo que la inquietaba profundamente; y eso era Sofía, quién no había vuelto a la clínica. Desde aquella noche nadie la había visto.

Esa misma mañana, el apartamento se llenó del aroma del café recién hecho y del sonido de las maletas al ser abiertas. Su madre lo ayudó a instalarse, mientras su padre como siempre práctico y contenido se encargaba de los asuntos pendientes en la empresa.

— ¿Quieres descansar un poco? — Preguntó su madre con dulzura, mientras revisaba la cocina.

— No. — Respondió él sin levantar la vista. — Estaré en mi oficina por un momento.

Ella lo observó alejarse con ese andar sereno, aunque en el fondo sabía que lo único que lo sostenía era la determinación, por lo que decidió no insistir más. Entendía que Maximiliano necesitaba su propio espacio para recomponer los fragmentos de su vida.

A los pocos minutos, el timbre sonó. Era Steffan, su leal asistente y, en cierta forma, su única compañía constante. Saludó amablemente a la madre de su jefe y se dirigió directamente a la oficina.

Al entrar, encontró a Maximiliano sentado frente al gran ventanal, con la vista perdida en el horizonte. La luz de la tarde delineaba la firmeza de su perfil, pero sus ojos… sus ojos reflejaban una mezcla de cansancio y furia contenida.

— ¿Hiciste lo que te pedí?. — Pregunto sin rodeos, sin siquiera voltear.

Steffan arqueó una ceja, dejando escapar una sonrisa irónica.

— ¿“Hola, Steffan, cómo estás?” No… claro, ¿para qué? — Bromeó con sarcasmo, cruzando los brazos.

— No estoy para tus juegos. — Maximiliano llevó una mano a su cabeza, masajeando sus sienes con frustración. Steffan se acercó un poco más, notando su palidez.

— ¿Te encuentras bien?

— Estoy bien. — Respondió con voz tensa. — Solo es un leve dolor de cabeza.

El silencio se impuso por un momento. Maximiliano se sentó y se recostó en el espaldar de la silla, cerró los ojos y respiró hondo, intentando que su mente no lo traicionara. Sabía que esos malestares eran consecuencia de lo que había ocurrido… de aquella noche que prefería no recordar.

— Bien. — Respondió al fin Steffan— ¿Qué es exactamente lo que quieres saber?

Maximiliano abrió los ojos y lo observó con seriedad. La intensidad de su mirada era distinta. No era la del empresario calculador de antes; había en ella algo más oscuro, más firme. Steffan comprendió de inmediato que no estaba para bromas; por lo que dejo salir un suspiro pesado.

— Hice lo que me pediste. — Continuó Steffan. — Pero aún no entiendo por qué no quieres que ella sepa que fuiste tú quien intervino.

— Hay cosas que es mejor mantener en secreto. — Contestó fríamente. — Además… no creo que hubiera aceptado mi ayuda.

Steffan frunció el ceño. No necesitaba más detalles para entender a qué se refería. Sofía había demostrado ser una mujer un tanto difícil, sobre todo si se trataba de Maximiliano. Pero había algo que no se podía negar, eso dos botaban chispas cada vez que estaban juntos.

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Maria Elena Martinez Lazaro
hay no, que rabia me da que cada vez que van a decir algo importante alguien tiene que abrir la puerta e interrumpir, no puede ser yo también quiero saber que paso con el desalmado de su papá
Maria Elena Martinez Lazaro
Dios mío que incertidumbre quien será esa persona que entró así y a quien llamó Fernanda
Maria Elena Martinez Lazaro
Que bien por Sofía y Maximiliano 👏👏👏que bueno que salió a defender el honor de su furia esposa 🤭🤭. Por favor querida autora Luna no te demores mucho en subir capitulos quedé perdida y me tocó volver a leer de nuevo para poder cogerle el hilo
Maria Elena Martinez Lazaro: gracias y bendiciones
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente la historieta
Margalenis
la verdad es q no he entendido es nada esto está enredado
Lucenid Perez Quintero
espero nuevos capítulos 🤭🤭
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