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Un Amor Para El Vaquero Viudo

Un Amor Para El Vaquero Viudo

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Amor eterno / Amor Campestre / Completas
Popularitas:38
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

A Bárbara Lopes le rompieron el corazón, vio sus sueños truncados y aprendió, de la peor manera, que confiar tiene un alto costo. Aun así, su lema es seguir intentándolo, incluso cuando no hay salida, porque nunca tuvo otras opciones.

Gustavo Medeiros, heredero de vastas tierras y empresario nato, vive recluido, aislado por los traumas del pasado y por la responsabilidad de criar solo a su hija. Acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida a través del trabajo, cree que así puede mantener el control de su mundo, aunque eso signifique mantenerse alejado de los demás.

Cuando los caminos de Bárbara y Gustavo se cruzan, dos mundos opuestos chocan. Entre heridas abiertas, decisiones difíciles y sentimientos inesperados, él empieza a ver cómo se le escapa el control, mientras ella se enfrenta a la difícil decisión de volver a confiar.

Una historia de nuevos comienzos, decisiones y el valor de volver a confiar, incluso cuando el pasado sigue doliendo.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

No me importan las miradas de todos los trabajadores alrededor. Nada de eso importa. Sigo con ella en mis brazos, cada paso calculado, firme, consciente del peso y la fragilidad de ella. El olor de ella llega hasta mí —dulzón, como fresa madura, y me hace apretar los ojos por un instante, intentando alejar pensamientos que no puedo tener ahora.

Subo los escalones de casa con cuidado, sintiendo el cuerpo de ella relajarse levemente en mis brazos, pero aún inconsciente, frágil demás. La acomodo en el sofá, ajustando cada brazo, cada pierna, sin lastimar. Respiro hondo y llamo a Doña Célia.

—¡Doña Célia! —mi voz hace eco por la casa —¡Ven rápido!

Quien aparece primero es Clara. Mi hija baja corriendo las escaleras, los ojos azules desorbitados, y así que ve a Bárbara desmayada, entra en desesperación. Ella grita, lleva las manos a la boca, y siento el apretón en el corazón que solo un padre siente al ver a la hija en pánico.

—¡Papá! —Clara llora. —¿Qué le pasó a ella?

—Calma, mi amor —digo, intentando controlar la propia voz mientras observo a Doña Célia llegar con agua y toallas. —Ella está deshidratada, nada más. Vamos a cuidarla.

Pongo la mano en la cabeza de Bárbara, siento la frente caliente, y por un instante percibo cuánto el control que siempre sustenté en la Hacienda está por un hilo cuando se trata de ella.

Siento la respiración de Bárbara fallar levemente mientras Doña Célia se aproxima, trayendo agua y toallas. Ella me lanza una mirada cargada de preocupación y de reprobación al mismo tiempo.

—Mi hijo… —comienza, la voz baja, firme —esta muchacha no está preparada para trabajo duro. ¡Mira el estado en que ella quedó! Y ni necesito adivinar que estaba bajo la supervisión de Iolanda.

Asiento, sin palabras. Sé que ella está en lo cierto. Pero, por mientras, lo que importa es que Bárbara esté bien.

Clara se aproxima, sujetando el gato con fuerza, pero aún mirando a Bárbara con ojos llenos de admiración y miedo.

—A Clara le gusta esa muchacha —Doña Célia continúa, ahora con un tono más suave —¿por qué no le ofreces un empleo de niñera para ella? Yo ya estoy quedando vieja para andar corriendo detrás de Clara y su mascota por la hacienda a fuera.

Miro a Bárbara, tendida en el sofá, respiración fraca, pero visiblemente más calma ahora que el agua y el paño frío hacen efecto. El cuerpo de ella aún es delicado, pero hay algo en su mirada —aún inconsciente —que me hace creer que ella no va a huir de cualquier desafío con facilidad.

—¿Niñera? —pregunto, dejando escapar la primera duda en voz alta. —¿Crees que ella aguantaría?

—Mi hijo, tú acabas de ver —dice Doña Célia, dando leves palmadas en mi mano —ella tiene coraje y cuidado. Si cuidar de tu hija es lo que ella puede hacer, quizás sea la forma correcta de aprovechar lo que ella tiene de mejor.

Clara se aproxima, sujetando mi mano. —Papá… ella se quedó conmigo. Ella ayudó a Floquinho… —la voz de mi hija tiembla, y una sonrisa tímida surge en su rostro. —Me gusta ella.

Miro a Bárbara nuevamente, y algo dentro de mí se mueve. La decisión no es simple, pero percibo que el modo de ser de ella —discreto, firme, atento a los otros —quizás sea exactamente lo que Clara necesita.

Me arrodillo al lado de ella, ajusto la almohada, y murmuro, casi para mí mismo:

—Vamos a cuidarte primero, después conversamos sobre el resto.

Doña Célia suspira, satisfecha. Clara sujeta mi mano con fuerza, y aunque Bárbara aún esté desmayada, siento que algo cambió en aquel momento: algo que no era apenas sobre trabajo duro, sino sobre confianza, cuidado y presencia.

Y yo sé, aún antes de que ella abra los ojos, que nada será igual después de hoy.

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