Kiliam descubre la gran traición de su esposa de la peor manera posible, apoyada por toda su familia decide alejarse definitivamente de todos ellos e iniciar una nueva vida. ¿Pero qué sucede cuando su ex esposa regresa arrepentida buscando su ayuda? Un sin fin de secretos del pasado comienzan a salir a la luz junto con la llegada de una mujer misteriosa que posee el mismo rostro de alguien que ya no volvería. La venganza comienza y solo uno ganará.
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ojo por ojo.
POV KILIAM:
Me encontraba caminando sin rumbo, perdido en los recovecos más oscuros de mi mente un laberinto de sombras donde descubría un lado mío que ni siquiera yo conocía, un ser brutal y despiadado que se arrastraba hacia la superficie con cada paso. Cuando finalmente caí en cuenta de mis actos, mis pies habían llevado a un lugar que jamás habría elegido conscientemente, la puerta de Sahara.
Mi dedo temblaba como una hoja en el viento, dudoso entre el deseo de escapar y la necesidad de sentir algo que no fuera el dolor que me carcomía el pecho. Al final, lo presioné casi sin darme cuenta, un movimiento reflejo, impulsado por una fuerza que no lograba identificar y de inmediato el arrepentimiento me envolvió como una serpiente. Pero antes de poder girarme y desaparecer en la oscuridad de la calle, la puerta se abrió.
Y ahí estaba ella.
- ¿Kiliam?
Su voz era un susurro que cortó la tormenta en mi interior, y su sonrisa… esa sonrisa que extrañaba demasiado, que me recordaba a días en que el sol todavía brillaba para mí. No lo pensé dos veces, la abracé con una fuerza que debió dolerle, perdido en su aroma a canela, un aroma reconfortante que me hizo olvidar, por un instante, que el mundo seguía girando. Esta mujer no es Monica, eso ya lo sé muy bien… y comienzo a entender que me encanta la idea de que no lo sea. Que no sea un reflejo del pasado, sino un faro en mi presente desolado.
Un empujón certero me alejó abruptamente de su lado. No vi confusión en su mirada, sino enojo. Un fuego que se encendió en sus ojos marrones, y ese fuego me hizo sentir más pequeño que nunca.
- ¿Qué crees que estás haciendo?
Su voz era fría, tan distinta de la que acababa de escuchar. Me quedé mudo por un instante, incapaz de explicar lo inexplicable.
- Lo siento… yo no sé qué me pasó de repente. Perdóname, Sahara. No quería incomodarte de esta manera.
Ella rodó los ojos con una impaciencia que me destrozó. Me sentí un inepto, un niño que no sabe controlar sus emociones, que actúa sin pensar en las consecuencias.
- ¿Qué haces aquí? ¿En qué te puedo ayudar para que vengas a verme a esta hora del día?
La pregunta me pilló desprevenido. ¿Qué le diría? ¿Que me había perdido en mis demonios y su puerta era el único lugar que no me hacía sentir como un extranjero en mi propia vida?
- Yo… —me tragué saliva, buscando una mentira que se leyeran creíble—. Acabo de tener una reunión con mi madre y, antes de darme cuenta, estaba aquí.
Ella miró hacia el pasillo, luego volvió a mí con una expresión que no pude descifrar.
- Muy bien. Pasa. Así me cuentas mejor.
De repente, toda la furia que me había invadido al ver su enojo desapareció, reemplazada por una nerviosidad que me hacía temblar las manos. Estaba nuevamente en su hogar, un lugar que gritaba a ella en cada rincón: libros desordenados en la mesita, flores secas en un jarrón de barro, el aroma de café que aún quedaba en el aire. Era su mundo, y yo era un intruso.
Ella me dio un vaso con agua fría y se sentó a mi lado en el sofá, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo. Me dio ganas de acercarme otra vez, pero me contuve.
- ¿Y qué te dijo? —preguntó, con una voz que ya no era fría, sino curiosa.
Le conté. Dejé salir cada palabra como si fuera un puñal que me clavaba en el pecho.
- Quiere que tome de regreso a Mariana… y que juntos criemos a Tiana como si fuera nuestra hija.
Sahara escupió toda el agua en mi cara. Me tomó por sorpresa, pero no me moví, solo sentí las gotas frías rodar por mi mejilla mientras ella se ponía roja como un tomate, buscando una servilleta para limpiar el desastre.
- ¡Perdóname! —jadeó, mientras limpiaba las gotas que no dejaban de caer—. Pero ¿cómo me dices eso sin previo aviso? Me tomaste de sorpresa.
- Bueno, yo no estaba muy lejos de tu actuar —respondí, con un susurro. - Sigo sin entender cómo me puede pedir que haga eso sin una pizca de duda. Como si el dolor que Mariana me causó no existiera, como si el engaño y la traición fueran cosas que se olvidan con un solo pedido.
- Kiliam, de verdad tu familia es muy peculiar —dijo, con una sonrisa amarga—. Pero no puedo culpar a tu madre. De hecho, se parece mucho a la mía siempre creyendo que puede arreglar todo con un solo gesto. Pero tengo una pregunta atascada en la cabeza… una que necesito hacerte.
- Te escucho. Pregúntame lo que quieras.
Sus ojos se encontraron con los míos, y vi en ellos una seriedad que me hizo temblar.
- Si no supieras la verdad… ¿habrías aceptado su petición? ¿Habrías aceptado criar a esa niña y volver con tu ex esposa?
No hubo dudas en mi. Es algo que ni siquiera necesité analizar, la respuesta estaba ahí, en el fondo de mi alma, tan clara como el día.
- Jamás habría vuelto con Mariana —dije, con una firmeza que no sabía que tenía—. Tal vez habría dudado un poco, tal vez el miedo a estar solo me hubiera hecho vacilar… pero el dolor que sentí en ese momento me habría impedido cometer una locura de la que sin duda me arrepentiría. En cuanto a Tiana… si ella de verdad fuera hija de Monica, no dudaría en criarla. En protegerla con mi vida.
Ella frunció el ceño, con una expresión que me hizo preguntarme si le gustó mi respuesta.
- ¿Aun sabiendo que también es hija de Kaiser?
La pregunta me hizo estremecer. Kaiser, ese desgraciado que destruyó mi vida, que le robó a Monica, que engañó a todo el mundo. Pero Tiana… Tiana era una niña. Inocente.
- Aun sabiendo eso —respondí, con la voz rota—. Es más la alejaría lo más que pudiera de ese desgraciado para que ella nunca sepa de su existencia. Pero como todo esto es hipotético… como Tiana no es hija de Monica… mi corazón, aunque duele, se mantiene firme. Porque esa niña tiene a dos padres capaces y aptos que se pueden hacer responsables de ella.
Sahara se veía satisfecha con mi respuesta, pero también vi duda en su mirada. Tiana era un punto débil para ambos, un ser sin culpa que había nacido del pecado, que estaba atrapada en el medio de un juego de poder y traición que no entendía. Era imposible hablar de ella y no sentirse miserable por tener que dejarla al lado de esas sabandijas.
- Sahara… —comencé, pero ella me interrumpió.
- Es injusto. Es cruel —dijo, con una voz cargada de emoción—. Como esas dos personas juegan con las emociones de los demás de esta forma… y como esa niña está en el medio de todo. Estoy segura de que mi hermana la habría aceptado sin dudarlo.
- Te equivocas.
Ella me miró con sorpresa.
- ¿Disculpa?
- Te equivocas al pensar así —repetí, con una tristeza que me embargó—. Monica era una mujer de buen corazón y sentimientos, sí. Pero incluso el ser más noble sobre la tierra se quebraría ante tal traición. Y estoy seguro de que Monica jamás habría perdonado esto. Ella cuando se enojaba… daba mucho miedo. Era como un huracán que destruye todo a su paso.
Sahara soltó una risa corta, amarga.
- Ja, ja… veo que no la conozco en lo absoluto. Pero tienes razón no hay corazón indestructible. No quiero ser mala… pero esa niña está usurpando la identidad de la hija de mi hermana. Es un riesgo enorme.
Sentir que una pequeña niña de tan solo dos años representaba tanto riesgo era algo que mi débil cabeza no lograba razonar. ¿Cómo podían usarla de esa manera? ¿Cómo podían jugar con su vida como si fuera un juguete?
- Kilian… —dijo Sahara, y su voz cambió. Se volvió más baja, más segura. Como si tuviera un plan en mente.
- ¿Qué?
- Tengo un plan en mente para ti.
¿Un plan para mí? Miré a sus ojos, y no vi espacio para la duda. Solo un fuego que se encendió en ellos, un fuego de venganza.
- Te escucho.
- Tienes que dejar que Mariana se acerque —dijo, con una firmeza que me hizo temblar—. Ya no la alejes más. Y si puedes… dale algo de esperanzas.
La frase me golpeó como un rayo. Me quedé mudo por un instante, incapaz de creer lo que escuchaba.
- ¿Cómo me puedes pedir eso? —grité, con la voz más quebrada de lo que esperaba—. Yo no podría hacer tal cosa. No podría estar cerca de ella sin sentir que me vomito.
Ella se inclinó hacia mí, y sus ojos me miraron directamente a los míos.
- Pensé que estabas dispuesto a vengarte de los que te hicieron daño —dijo, con una voz que era como un cuchillo—. De vengar la memoria de mi hermana. Pero resulta que eres pura palabra y nada de acción.
Sus palabras caen como ladrillos sobre mi corazón. Aunque por afuera ella y Monica se parecen —mismos ojos, misma sonrisa— me queda claro que no lo son en los sentimientos. Sahara no es débil. No es sumisa. Es una mujer fuerte, lista para hacer lo que sea necesario para obtener justicia.
Y en ese momento, entendí.
- ¿Qué tengo que hacer?
Ella sonrió, una sonrisa fría, calculadora.
- Tienes que dejarla acercar. Tienes que venderle un final feliz. Ella bajará la guardia. En estos momentos, la que mejor conoce a Kilian es Mariana… y a la vez, también es su punto débil. Porque ella puede conocer dónde guardas los documentos. Los documentos que pueden destapar toda la verdad.
Sacó de su bolsillo una pequeña grabadora negra y se la extendió.
- Lleva esta grabadora siempre contigo. Y graba absolutamente todo. Cada palabra que ella diga, cada gesto que haga. Todo será útil.
Entendía su punto. Pero la sola idea de estar con Mariana otra vez me revolvía el estómago. Me hacía sentir sucio, impuro. Como si estuviera traicionando a Monica otra vez.
La mano de Sahara se posó sobre la mía, y su calor me sacó de mis pensamientos.
- Se que esto es difícil para ti —dijo, con una voz que ahora era suave—. Pero piénsalo. Ojo por ojo y diente por diente. Así como ella jugó con tus sentimientos, ahora tu le devolverás el favor. Y la usaremos como una simple pieza en nuestro juego.
Miré a la grabadora en su mano, luego a sus ojos. Y en ese instante, el último pedazo de mi humanidad desapareció. Fue reemplazado por un deseo de venganza que me consumió por completo.
- Lo haré.
Solo pude pronunciar esas dos palabras. Comencé a pensar que Sahara sabe jugar con mi cabeza para lograr que yo haga su voluntad… pero no me molesta en lo más mínimo. Porque llegó la hora de que todos sepan quien soy yo. Llegó la hora de que paguen por lo que hicieron.
Y nadie se escapará.
Felicitaciones, me gustó mucho esta historia fue sencilla.
Ya le han cambiado el género en varios capitulos 🤔🤔🤔
Super recomendable ♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️