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Los Sellos Que Cruzan Universos

Los Sellos Que Cruzan Universos

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Aventura / Superpoder / Completas
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Seis meses después de renunciar al poder de los Sellos para recuperar su vida, Min‑jun y Seo‑jun por fin viven en paz: son dos chicos normales, van al instituto, comparten meriendas de leche de plátano y disfrutan de un amor que sobrevivió a mentiras, olvidos y batallas contra la oscuridad. Los Sellos brillan ahora solo como una cicatriz tenue en sus muñecas, un recuerdo bonito, no un arma.

Pero la paz se rompe cuando la mitad rota del Ónix Negro —la que quedó perdida en las ruinas del Santuario Viejo— empieza a vibrar con una energía antigua, abriendo grietas entre universos. Gente ve dobles de sí mismos en las calles, recuerdos que no les pertenecen invaden sus mentes, y una figura enmascarada aparece de la nada: **el Guardián Olvidado**, un antiguo compañero de Dae‑ho y Yeo‑wol que fue traicionado hace veinte años y atrapado entre realidades. Su objetivo: demostrar que el sistema de los Sellos es injusto en cualquier mundo, y destruirlo en todas las realidades existentes… aunque es

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CAPÍTULO 12: La sombra que no se puede cortar

El desfiladero era un cañón estrecho entre dos muros de piedra negra, por donde el viento silbaba como si llorara. Cuando las sombras aparecieron al final del camino, Min notó de inmediato que no eran iguales a las que había luchado en otros mundos. Eran más densas, más pesadas, como si estuvieran hechas de materia sólida en lugar de humo. Y el frío que traían no era de la piel. Se metía por los huesos, por el pecho, por los rincones más pequeños de la cabeza, y dejaba una sensación de vacío que no se iba con solo calentarse las manos.

—¡A las posiciones! —gritó Dae, y su voz sonó clara por encima del viento.

Los supervivientes no se quedaron paralizados. Se movieron como un equipo que lo ha hecho cientos de veces: unos corrieron a colocar redes de cuerda gruesa impregnadas de una resina oscura y pegajosa; otros levantaron antorchas grandes que echaban un humo espeso y amarillo; los más jóvenes se quedaron atrás, listos para arrastrar a quien saliera herido. No había gritos de ánimo. No había frases de valentía. Solo movimientos rápidos, callados, de quienes saben que un error puede costarles la vida.

Min levantó la mano para lanzar una barrera, y notó algo raro. La luz de Jade salió débil, titilante, como si le costara formarse en aquel aire tan cargado de ausencia de magia.

—El poder aquí fluye mal —le dijo a su Seo, sin apartar la vista de las sombras que se acercaban—. No tengo tanta fuerza como en otros lados.

—Entonces no derroches —respondió él, ya preparando un golpe pequeño y preciso de luz ámbar—. Apunta a lo que importa.

La primera sombra chocó contra la red de cuerda. No la atravesó. La resina se la pegó a la piedra, y la criatura forcejeó, gruñendo con un sonido que parecía piedra rozando piedra. Un superviviente lanzó un tarro de aceite encendido sobre ella, y la sombra ardió con un olor a azufre que hizo llorar los ojos a Min.

Pero venían más. Muchas más.

Una de ellas se coló por un hueco entre las rocas, demasiado rápido para que nadie la detuviera. Se abalanzó sobre una chica joven que no se movió a tiempo. Min reaccionó por instinto, pero su luz tardó demasiado en formarse. Dae se interpuso en medio, empujando a la chica hacia un lado y recibiendo el golpe de lleno en el brazo. Una quemadura negra se extendió por su piel, y él apretó los dientes para no gemir.

—¡Dae! —gritó alguien.

—Estoy bien —respondió él, aunque se le temblaba la mano—. Cerrad el hueco. No dejéis que pase ninguna más.

Min frunció el ceño. No podía permitir que el poder le fallara así. Cerró los ojos un segundo, no intentó forzar la luz, sino guiarla con más cuidado, como si estuviera dibujando con ella en lugar de lanzarla. Cuando los abrió, extendió ambas manos y trazó líneas finas de luz verde por el suelo, que se levantaron como cuerdas y atraparon tres sombras a la vez, pegándolas a la pared de la roca lo suficiente para que los supervivientes pudieran acabar con ellas.

Funcionó. No era tan espectacular como sus barreras de otros mundos. Pero era suficiente.

La batalla duró lo que tardó el sol en moverse un poco detrás de las nubes grises. Nadie murió. Tres personas salieron heridas leves. Dae se vendó el brazo él solo, con una tela que le dio una anciana, sin hacer comentarios. Cuando todo terminó, los supervivientes no celebraron. Solo recogieron lo roto, apagaron las antorchas y volvieron al refugio en silencio. Habían ganado un día más. Eso era todo.

Mientras ayudaban a reparar la red de cuerda rota, Dae se sentó sobre una piedra para descansar un momento. Min se acercó despacio y le pasó un trozo de tela limpia que llevaba en la mochila. Dae lo miró sorprendido y lo aceptó con un gesto de agradecimiento.

—Gracias —dijo, limpiándose el sudor de la frente—. Hace tiempo que nadie nos ayuda así. Sin pedir nada a cambio.

—Nosotros también hemos recibido ayuda cuando la necesitábamos —respondió Min, sentándose a su lado. Se quedó callado un rato, mirando cómo su Seo ayudaba a levantar un poste roto con dos jóvenes del refugio—. Antes dijiste que destruisteis los Sellos juntos. ¿No estabas solo?

Dae se quedó quieto. La mirada se le perdió en el desfiladero vacío, como si estuviera viendo el pasado.

—No. Estaba Rin. Mi mejor amigo. Él era quien me decía que el poder no era malo por sí mismo, que podíamos controlarlo. Pero yo tenía miedo. Había visto lo que le pasaba a otros guardianes en otras realidades. No quería terminar así. Convencí a Rin de que destruirlos era la única salida. Él aceptó, aunque no estaba del todo seguro. Lo hicimos juntos.

Hizo una pausa y apretó la venda de su brazo herido, con una expresión de dolor que no venía de la quemadura.

—Cuando las sombras volvieron, Rin cambió de opinión. Dijo que teníamos que recrear los Sellos, aunque fuera de forma imperfecta, para tener algo con qué luchar. Yo me negué. Tenía miedo de cometer el mismo error que antes, de que el poder nos corrompiera de todos modos. Nos peleamos. Gritamos cosas horribles. Se fue una noche, hace ya diez años. No he vuelto a saber nada de él. No sé si está vivo. No sé si está intentando recrearlos por su cuenta. O si las sombras lo atraparon.

Min no supo qué decir. En su mundo, Rin había sido el traicionado, el que se quedó atrapado entre mundos por culpa de los demás. Aquí, era él quien se había ido por una desavenencia, por miedos distintos, por elecciones que ninguno de los dos supo manejar.

—Seguro que está vivo —dijo Min al final, porque era lo único que podía decir con sinceridad—. Si se parece en algo al Rin que nosotros conocemos, es terco. No se rendiría fácilmente.

Dae soltó una risa corta, sin alegría, pero sincera.

—Eso es. Siempre fue terco. Demasiado para su propio bien.

Se levantó despacio y sacudió el polvo de su ropa. Miró hacia el horizonte gris, como si esperara ver a alguien caminando por allí.

—Ojalá tengas razón —dijo bajito.

Esa noche, en el refugio, Min escribió en su cuaderno de espaldas a la luz de una linterna de aceite. No escribió mucho. Solo unas líneas, centradas en la imagen de Dae mirando el desfiladero, con la venda en el brazo y la cicatriz en la mejilla.

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📔 LIBRETA NUEVA · ESCRIBE CHOI MIN‑JUN

Noche en el refugio del tercer mundo

Hoy he luchado con un poder que no respondía como yo quería. He tenido que aprender a usarlo de otra forma, más lenta, más cuidadosa. Quizás eso es lo que Dae nunca aprendió: que el poder no es solo lanzar golpes fuertes o destruir lo que te da miedo. A veces es saber adaptarse.

Aquí Dae y Rin no fueron enemigos ni traidores el uno del otro. Solo fueron dos amigos que tuvieron miedo, tomaron decisiones distintas y se perdieron por el camino. Me duele pensar que incluso en los mundos donde intentan hacer lo correcto, el miedo puede separar a las personas que debieron estar juntas.

Mañana hablaremos con Dae de Rin. Quizás podamos ayudarlo a encontrarle. O al menos, darle un poco de paz.

No sé si será suficiente. Pero hoy hemos salvado un día más. Y eso es un principio.

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