Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.
Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.
Así que tomó una decisión:
desaparecer junto con ella.
Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.
La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.
NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
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Perspectiva de Leonhart (primera persona)
Cuando finalmente abandoné la tienda ya era bastante tarde.
La ciudad estaba silenciosa.
Monté mi caballo y regresé al palacio bajo la luz de las lámparas nocturnas.
Aquella noche dormí poco.
Demasiadas cosas ocupaban mi mente.
Los Vherum.
Los informes pendientes.
El próximo viaje por la boda de mi hermano.
A la mañana siguiente salí temprano junto a un pequeño grupo de confianza para inspeccionar distintos sectores de la capital.
Entre ellos se encontraba Aria.
Una joven caballera que llevaba varios años bajo mi mando.
La había salvado durante una expedición cuando apenas era una adolescente y desde entonces se había vuelto particularmente cercana a mí.
Aria es eficiente.
Disciplinada.
Leal.
Eso era todo.
Personalmente siempre la había visto como una hermana menor problemática.
Nada más.
—Buenos días, Su Alteza.
Saludó al reunirse con nosotros.
—Llegas tarde.
—Solo fueron dos minutos.
—Sigues llegando tarde.
Ella hizo una pequeña mueca.
Los demás caballeros evitaron reírse.
Yo continué caminando.
Como siempre.
Sin favoritismos.
Sin excepciones.
Aria ya estaba acostumbrada.
De hecho, probablemente era la persona que más quejas había recibido de mí durante los últimos años.
Pasamos la mañana recorriendo la ciudad.
Mercados.
Puestos comerciales.
Calles principales.
Todo parecía funcionar con normalidad.
Por ahora.
Cuando llegó la tarde, uno de los caballeros se acercó.
—Varias armas resultaron dañadas durante la expedición.
Observé el estado del equipo.
Era cierto.
Algunas necesitaban ser reemplazadas.
Otras reparadas.
Y las armas bendecidas serían especialmente útiles contra los Vherum.
—Conozco el lugar adecuado.
Aria levantó una ceja.
—¿Un arsenal militar?
—No.
—Entonces debe ser algún maestro herrero famoso.
—Tampoco.
Su expresión se volvió sospechosa.
Eso nunca era una buena señal.
...----------------...
Media hora después nos detuvimos frente a la tienda.
Aria observó el letrero.
Luego me observó a mí.
Después volvió a mirar la tienda.
—¿Una tienda de armas?
—Sí.
—¿Has traído a un escuadrón completo a comprar?
—Necesitamos equipo.
—Claro.
Su tono decía claramente que no me creía.
Ignoré el comentario y entré primero.
La campanilla sonó sobre nuestras cabezas.
Daniel fue quien nos recibió.
Al verme acompañado por varios caballeros pareció ponerse rígido.
—B-Bienvenidos.
Aria lo observó confundida.
Luego me observó a mí.
Después volvió a mirar al pobre muchacho.
—¿Por qué parece aterrorizado?
—No lo sé.
—Su Alteza, creo que sí lo sabe.
dice en un susurro
—Que les he dicho que no me llamen Alteza cuando salgamos.
Aria hizo una mueca.
—Cierto. Lo olvidé.
—Lo dices cada vez.
—Y cada vez vuelvo a olvidarlo.
—Qué conveniente.
Ella sonrió sin el menor rastro de vergüenza.
Decidí ignorarla.
Era más sencillo.
Mientras los demás caballeros comenzaban a inspeccionar las armas, avancé hacia uno de los estantes.
Daniel recuperó algo de compostura y empezó a mostrar distintos modelos.
Para su edad, conocía bastante bien su trabajo.
Respondía las preguntas correctamente y sabía recomendar equipo adecuado según el usuario.
Eso explicaba por qué Lina lo había contratado.
—Esta hoja tiene un núcleo bendecido.
—¿Cuándo fue consagrada?
Preguntó uno de los caballeros.
—Hace menos de tres meses.
La bendición sigue siendo estable.
Asentí mentalmente.
Una respuesta correcta.
Aria observó la escena unos segundos.
Luego se acercó a mí.
—Así que por eso venimos aquí.
—Necesitamos armas.
—Claro.
La miré.
Ella sonrió.
—Y también porque la dueña trabaja aquí.
No respondí.
—Interesante.
—Aria.
—¿Sí?
—Deja de inventar cosas.
—Todavía no he inventado nada.
Eso no me tranquilizó en absoluto.
Fue entonces cuando Lina finalmente levantó la vista de las cajas que estaba organizando.
Al verme, pareció sorprendida.
Más aún al ver a todo el grupo detrás de mí.
—Vaya.
Eso sí que es una cantidad considerable de clientes.
—Necesitan reemplazar equipo.
Expliqué.
—Y revisar armas bendecidas.
—Entonces llegaron al lugar correcto.
Su sonrisa apareció de inmediato.
Y noté cómo varios caballeros se relajaban al instante.
Lina tenía esa extraña facilidad para hablar con cualquiera.
Algo que yo jamás había comprendido.
—Bienvenidos.
Pueden mirar lo que necesiten.
Si tienen dudas, pregunten.
Durante los siguientes minutos la tienda se volvió sorprendentemente ruidosa.
Caballeros revisando espadas.
Preguntas sobre armaduras.
Daniel explicando características.
Lina negociando precios.
Y Aria observándolo todo con excesivo interés.
Demasiado interés.
De repente se acercó a Lina.
—Hola.
Soy Aria.
Lina sonrió.
—Lina. Encantada.
—Yo también.
Intercambiaron unas pocas palabras.
Nada fuera de lo normal.
Sin embargo, algo me dijo que aquello no era bueno.
Porque Aria volvió a mirarme.
Luego a Lina.
Y finalmente volvió a mirarme otra vez.
Esa expresión la conocía.
Era la misma que ponía cuando creía haber descubierto algún secreto.
—Oh...
Murmuró.
—Ahora entiendo.
Sentí un mal presentimiento.
Uno muy fuerte.
—Aria.
—¿Sí?
—No.
—Pero ni siquiera he dicho nada.
Perspectiva de Leonhart (primera persona)
—Que les he dicho que no me llamen Alteza cuando salgamos.
Aria hizo una mueca.
—Cierto. Lo olvidé.
—Lo dices cada vez.
—Y cada vez vuelvo a olvidarlo.
—Qué conveniente.
Ella sonrió sin el menor rastro de vergüenza.
Decidí ignorarla.
Era más sencillo.
Mientras los demás caballeros comenzaban a inspeccionar las armas, avancé hacia uno de los estantes.
Daniel recuperó algo de compostura y empezó a mostrar distintos modelos.
Para su edad, conocía bastante bien su trabajo.
Respondía las preguntas correctamente y sabía recomendar equipo adecuado según el usuario.
Eso explicaba por qué Lina lo había contratado.
—Esta hoja tiene un núcleo bendecido.
—¿Cuándo fue consagrada?
Preguntó uno de los caballeros.
—Hace menos de tres meses.
La bendición sigue siendo estable.
Asentí mentalmente.
Una respuesta correcta.
Aria observó la escena unos segundos.
Luego se acercó a mí.
—Así que por eso venimos aquí.
—Necesitamos armas.
—Claro.
La miré.
Ella sonrió.
—Y también porque la dueña trabaja aquí.
No respondí.
—Interesante.
—Aria.
—¿Sí?
—Deja de inventar cosas.
—Todavía no he inventado nada.
Eso no me tranquilizó en absoluto.
Fue entonces cuando Lina finalmente levantó la vista de las cajas que estaba organizando.
Al verme, pareció sorprendida.
Más aún al ver a todo el grupo detrás de mí.
—Vaya.
Eso sí que es una cantidad considerable de clientes.
—Necesitan reemplazar equipo.
Expliqué.
—Y revisar armas bendecidas.
—Entonces llegaron al lugar correcto.
Su sonrisa apareció de inmediato.
Y noté cómo varios caballeros se relajaban al instante.
Lina tenía esa extraña facilidad para hablar con cualquiera.
Algo que yo jamás había comprendido.
—Bienvenidos.
Pueden mirar lo que necesiten.
Si tienen dudas, pregunten.
Durante los siguientes minutos la tienda se volvió sorprendentemente ruidosa.
Caballeros revisando espadas.
Preguntas sobre armaduras.
Daniel explicando características.
Lina negociando precios.
Y Aria observándolo todo con excesivo interés.
Demasiado interés.
De repente se acercó a Lina.
—Hola.
Soy Aria.
Lina sonrió.
—Lina. Encantada.
—Yo también.
Intercambiaron unas pocas palabras.
Nada fuera de lo normal.
Sin embargo, algo me dijo que aquello no era bueno.
Porque Aria volvió a mirarme.
Luego a Lina.
Y finalmente volvió a mirarme otra vez.
Esa expresión la conocía.
Era la misma que ponía cuando creía haber descubierto algún secreto.
—Oh...
Murmuró.
—Ahora entiendo.
Sentí un mal presentimiento.
Uno muy fuerte.
—Aria.
—¿Sí?
—No.
—Pero ni siquiera he dicho nada.
—Precisamente.
La sonrisa que apareció en su rostro confirmó que mis problemas acababan de empezar.
—Precisamente.
La sonrisa que apareció en su rostro confirmó que mis problemas acababan de empezar.
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣