NovelToon NovelToon
Destinos Entrelazados

Destinos Entrelazados

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:389
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

viejas heridas

Las palabras de Alejandro permanecieron en la mente de Valentina durante toda la noche.

"Creo que algunas personas valen el riesgo."

Había algo en aquella frase que iba más allá de un simple comentario.

No era una declaración de amor.

Pero tampoco era una frase que se dijera a cualquiera.

Mientras permanecía acostada en la oscuridad de su habitación, repasó una y otra vez cada momento de las últimas semanas.

Su primer encuentro bajo la lluvia.

Los cafés compartidos.

Las largas conversaciones.

Las sonrisas.

Las miradas.

Y la forma en que ambos parecían acercarse cada vez más.

Sin darse cuenta, sonrió.

Luego suspiró.

Porque junto con la felicidad también aparecía el miedo.

El miedo a equivocarse.

A confiar demasiado.

A descubrir que el destino podía ser tan cruel como antes.

Finalmente cerró los ojos.

Pero el sueño tardó mucho en llegar.

A la mañana siguiente, Alejandro se encontraba en su oficina revisando unos planos cuando recibió una llamada inesperada.

Al ver el nombre en la pantalla, su expresión cambió.

No respondió de inmediato.

Simplemente observó el teléfono.

Daniel, sentado frente a él, notó el cambio.

—¿Quién es?

Alejandro guardó silencio.

—¿Camila?

—No.

—Entonces debe ser peor.

Alejandro tomó aire antes de responder.

—Mi padre.

Daniel arqueó una ceja.

Aquello explicaba muchas cosas.

La relación entre Alejandro y su padre nunca había sido sencilla.

Ni cercana.

Ni saludable.

—¿Vas a contestar?

Alejandro observó nuevamente la pantalla.

Finalmente aceptó la llamada.

—Hola.

La voz al otro lado sonó firme.

Autoritaria.

Como siempre.

—Necesitamos hablar.

Ni un saludo.

Ni una pregunta.

Ni una muestra de afecto.

Solo una orden.

—Estoy trabajando.

—Es importante.

Alejandro cerró los ojos por un instante.

Aquella conversación ya le resultaba familiar.

Demasiado familiar.

—Te escucharé después.

Sin esperar respuesta, colgó.

Daniel permaneció en silencio.

Porque conocía parte de aquella historia.

Y sabía cuánto daño había causado.

Mientras tanto, Valentina trabajaba en una nueva serie de fotografías para la exposición.

Había decidido enfocarse en historias humanas.

Personas reales.

Sueños reales.

Y aquella decisión estaba dando resultados maravillosos.

Sin embargo, algo llamó su atención.

Uno de los empleados de la revista se acercó con un sobre.

—Esto llegó para ti.

—¿Para mí?

—Sí.

Valentina tomó el paquete.

No tenía remitente.

Lo abrió con curiosidad.

Y encontró una fotografía.

Su sonrisa desapareció inmediatamente.

Era una imagen de Alejandro y Camila.

Tomada años atrás.

Ambos aparecían abrazados.

Felices.

Enamorados.

Valentina sintió una extraña presión en el pecho.

No porque ignorara que habían estado juntos.

Lo sabía.

Lo que la inquietaba era otra cosa.

¿Quién había enviado aquella fotografía?

Y sobre todo...

¿Por qué?

Dentro del sobre había una pequeña nota.

Solo una frase.

"Algunas historias nunca terminan realmente."

Valentina sintió un escalofrío.

Esa misma tarde recibió una llamada de Alejandro.

Su voz consiguió tranquilizarla inmediatamente.

—Hola.

—Hola.

—¿Todo bien?

Valentina dudó.

Podía contarle.

Debía contarle.

Pero algo le dijo que aquella conversación no debía realizarse por teléfono.

—¿Podemos vernos?

Alejandro percibió inmediatamente la preocupación en su voz.

—Claro.

—¿Hoy?

—Voy para allá.

Una hora después estaban sentados en una cafetería tranquila.

La misma donde habían compartido uno de sus primeros encuentros.

Alejandro la observó con atención.

—¿Qué ocurre?

Valentina colocó el sobre sobre la mesa.

—Esto llegó esta mañana.

Él abrió el paquete.

Y cuando vio la fotografía, su expresión se endureció.

Luego leyó la nota.

El silencio se volvió pesado.

—¿Quién la envió?

—No lo sé.

Alejandro dejó la imagen sobre la mesa.

Claramente molesto.

—Lo siento.

—No es tu culpa.

—Sí lo es.

—No.

Valentina negó suavemente.

—La culpa es de quien decidió hacer esto.

Alejandro permaneció en silencio varios segundos.

Luego habló.

—Creo que sé quién fue.

Ella lo observó.

—¿Camila?

—No.

La respuesta la sorprendió.

—Entonces ¿quién?

Alejandro suspiró profundamente.

Como si estuviera preparándose para abrir una puerta que llevaba años cerrada.

—Mi padre.

Valentina quedó inmóvil.

—¿Tu padre?

Alejandro asintió.

—Nunca aprobó mi relación con Camila.

—¿Por qué?

—Porque quería que me casara con ella.

Aquella respuesta la dejó confundida.

—Pero dijiste que no la soportaba.

—No la soporta.

—Entonces no entiendo.

Alejandro soltó una pequeña risa amarga.

—Mi padre siempre ha visto las relaciones como negocios.

Valentina sintió tristeza al escucharlo.

Porque comenzaba a comprender muchas cosas.

La falta de confianza.

Las barreras emocionales.

La dificultad para abrirse completamente.

—Cuando terminé con Camila, fue una decepción para él.

—Y ahora...

—Ahora probablemente piensa que puede arreglarlo.

La idea parecía absurda.

Pero también inquietante.

Durante varios minutos hablaron sobre el tema.

Y poco a poco Alejandro comenzó a compartir aspectos de su pasado que jamás había mencionado.

La presión constante de su padre.

Las expectativas imposibles.

La necesidad de demostrar siempre algo.

La sensación de que nunca era suficiente.

Valentina escuchó en silencio.

Porque comprendía que aquello no era fácil.

Porque cada palabra representaba una herida.

Una cicatriz.

Un recuerdo doloroso.

Y porque entendía lo mucho que significaba que estuviera confiando en ella.

Finalmente apoyó una mano sobre la de él.

Un gesto simple.

Natural.

Pero lleno de significado.

—Ya no estás solo.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

Alejandro levantó la vista.

Y por un instante pareció incapaz de responder.

Porque nadie le había dicho algo así en mucho tiempo.

Quizás en años.

Su mirada se suavizó.

Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Gracias.

Cuando salieron de la cafetería ya había oscurecido.

La ciudad brillaba bajo las luces nocturnas.

Y aunque la situación seguía siendo complicada, ambos se sentían mejor.

Porque ahora compartían algo más que sentimientos.

Compartían confianza.

Verdadera confianza.

Antes de despedirse, Alejandro se volvió hacia ella.

—Hay algo que quiero que sepas.

—¿Qué?

Él sostuvo su mirada.

Con sinceridad absoluta.

—No importa lo que diga mi padre.

No importa lo que haga Camila.

No importa quién intente intervenir.

Valentina sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

—¿Por qué?

Alejandro sonrió.

Una sonrisa cálida.

Profunda.

—Porque ninguna de esas personas tiene nada que ver con lo que está ocurriendo entre nosotros.

El silencio que siguió estuvo cargado de emociones.

Y por primera vez, ambos comprendieron que aquello ya era imposible de detener.

Sin embargo, también comprendieron algo más.

El camino que tenían por delante no sería sencillo.

Porque las viejas heridas aún no habían terminado de sangrar.

Y algunas personas estaban dispuestas a hacer cualquier cosa para mantener abierto el pasado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play