El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.
¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?
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Capítulo 13: El recuerdo de Katherine
La reina me miraba fijamente. Aunque yo también la miraba, se sentía extraño. Siento que la conozco de algún lugar, pero no comprendo de dónde.
Yo estaba recostado en el suelo, con una pierna estirada y la otra enrollada, pero mi mirada era serena. No bajé ni dudé por un momento. Tengo muchas preguntas, pero necesito calmarme.
—¿Quién eres?—La primera princesa acercó su rostro a unos centímetros del mío. Mi rostro se enrojeció como un tomate. —Aléjate un momento—Puse una mano en el suave y hermoso rostro de la princesa sirena. Los demás me miraron con confusión y... ¿miedo?
Intenté relajar mi cuerpo respirando suavemente. Respiré hondo. —Bien, ¿qué es lo que sucede?—Dije mirando a la princesa. Ella me miró con una cara incrédula, pero con una gran satisfacción.
—Quiero que termines lo que estás haciendo y pases por aquí antes de irte a tu hogar—Ella tenía una gran sonrisa plasmada en el rostro. Es como si me conociera de hace tiempo.
Simplemente asentí sin decir más nada. No sé qué le pasa, pero al menos me dejará ir.
Me levanté sacudiendo todo mi cuerpo cubierto de tierra. Sinahi se acercó a mí ayudándome a limpiarme la espalda. Pero sentí que la princesa le dio una mirada asesina.
—Por cierto, dime tu nombre. Creo que no es justo que seas la única que sepa el mío—Dije rascando mi mejilla con la mano izquierda.
—Katherine—Dijo con una sonrisa sincera plasmada en su rostro. Me toqué el pecho a causa de un breve dolor.
—Un gusto, Katherine—Dije dando mi mano, pero luego me arrodillé pidiendo perdón y apenado por mi falta de respeto.
—Puf...—Ella intentó contener su risa hacia mí. Yo simplemente torcí el rostro, disgustado por ella.
—Pueden pasar—Me compuse estirando el cuerpo. Sujeté de la muñeca a Sinahi.
Ambos dimos pasos firmes. Volteé el rostro para ver a Katherine y ella me dio una amable sonrisa. ¿Qué carajos le sucede a esta niña? Me pregunto qué quiere de mí.
Sea lo que sea, no creo que sea algo bueno. Esperemos hasta ver.
Subí de un brinco al carruaje. Sinahi subió conmigo. Me acomodé al lado de la ventana, cruzando mis piernas y también mis brazos. Tengo más dudas que respuestas. Un fuerte dolor recorrió mis sienes. Algo parecido a un sueño. O mejor dicho, ¿un recuerdo?
Una chica que no podía identificar porque no le podía ver el rostro estaba delante de mí. Mi cuerpo estaba sentado, recostado en una silla. Llevaba puesto el traje de secundaria. La chica que estaba delante de mí también llevaba puesto un uniforme escolar y cabello castaño. Intenté sujetar sus mejillas, pero cuando lo intenté, se hacía más lejos.
Apreté fuerte ambas manos llenas de impotencia.
—Joshua—Parpadeé varias veces. Mi mirada se cruzó con la de Sinahi. Ella tenía una mirada llena de preocupación. —Estoy bien—Dije con una sonrisa en el rostro. Antes ya había recogido los cuchillos y la espada.
Este mundo es bastante peligroso. No creo que a alguien le gustaría vivir en este lugar. Le hice un gesto de cariño a Sinahi en la cabeza, desordenándole un poco el cabello.
—Jo... Joven amo, hemos llegado a nuestro destino—El carruaje pasó por un lugar lleno de personas vendiendo diferentes cosas. ¿Esto es un centro comercial? Observé brevemente a las personas. Vendían frutas, arte —aunque no eran tan buenos—, comida para animales e incluso piedras de mana, como lo decía el libro.
Aunque el lugar era muy ruidoso, no me disgustaba para nada estar allí. Será porque antes me la pasé encerrado. Solo estudiaba y trabajaba; no hacía nada más que ello. Aunque vivía en Japón, podría decir que es uno de los países más visitados en todo el mundo.
Llegamos al reino. El sirviente que venía manejando el carruaje, Sinahi y yo nos bajamos. El resto siguió el camino hacia atrás del castillo.
El castillo era igual al del reino Hart, solo que aquel era blanco con decoración de color dorado. En cambio, este era de color marrón. Mi mirada estaba inclinada hacia arriba. Después la bajé, caminando por las escaleras con pasos firmes.
Llegamos a la sala del reino. En la silla real estaba sentado en la más grande un hombre rubio con los ojos amarillos. Una niña de unos doce años de cabello verde y ojos amarillos. La mujer tenía el cabello verde y también lo eran sus ojos.
—Gracias por tus servicios, Joshua. Daré un precio justo por proteger a las personas de este reino. Haremos comida, así que puedes descansar—El rey ya se había enterado de lo sucedido.
Mi cuerpo se tensó. Mis manos temblaron. Apreté el puño y mordí el labio inferior. Varias gotas de sudor cayeron de mi rostro.
Existe la posibilidad de que el rey Arturo le haya dicho a Ed todo lo sucedido. Apreté mis puños. Podía sentir la incomodidad de la reina y la princesa.
—Tranquilo, ya me encargué de que nadie se entere de lo sucedido—Dijo el rey mientras me analizaba con desdén. Dejé escapar un fuerte suspiro.
—Yack, lleva a nuestro invitado para que descanse—El sirviente que estaba parado al lado de la puerta como una estatua asintió.
—Por aquí, joven Moretti—Mis piernas caminaron solas.
Simplemente lo seguí a toda prisa porque me sentía incómodo con el rey. No sé qué ganan diciendo eso. Además, sabe que no quería decirle al rey.
A decir verdad, el rey me da mala espina. Mis instintos me dicen que tenga cuidado. ¿Estaré siendo muy paranoico? Lo mejor será dejar de pensar estupideces. Si Ed sigue siendo su amigo, es por una razón. ¿Verdad? Mi padre no es tan tonto.
Me pregunto qué estará haciendo mi familia. Cosas importantes, quizás. Aunque no entiendo por qué el rey Arturo me mandó aquí.