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Protocolo: Ejecutar

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Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Mafia / Enfermizo
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

⚠️ por favor no denunciar y no apto para sensibles ⚠️🙏🏻
Ella es de un grupo rebelde pero es capturada en una misión el está encargado de hacerla hablar y luego ejecutarla Pero se obsesiona locamente por ella

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 13

La sala de interrogatorios olía a miedo.

Nox lo reconoció en cuanto cruzó la puerta. No era un olor físico. Era algo más profundo. Algo que quedaba impregnado en las paredes, en el suelo de cemento, en la mesa metálica. El rastro de todos los que estuvieron antes que ella. Los que hablaron. Los que no. Los que salieron caminando. Los que salieron en una bolsa.

Ella no era tonta.

Sabía lo que sucedía en estos lugares.

Las luces blancas que no parpadeaban. La silla atornillada al suelo. Las cámaras en los rincones. Los instrumentos que aún no veía, pero que sabía que estaban ahí, en algún cajón, esperando.

Sabía el daño que ellos causaban.

Había visto a compañeros volver de interrogatorios con los dedos rotos, los ojos ausentes, el alma hecha trizas.

Había visto a otros no volver.

Ahora le tocaba a ella.

Killa cerró la puerta detrás de ellos.

El metal encajó con un clic seco. Cerradura eléctrica. Sin llave por dentro.

Estaban solos.

—¿Tienes miedo? —preguntó él, con esa voz que siempre sonaba a cuchillo envainado.

Nox levantó la cabeza. Lo miró a los ojos. No parpadeó.

—No —respondió—. Solo siento asco de estar entre las alimañas como tú.

El silencio que siguió fue eléctrico.

Killa no se enfadó.

Killa sonrió.

Una sonrisa lenta, ancha, que le iluminó la cara de una forma casi hermosa. Casi humana. Casi.

—Me gusta —dijo, despacio—. Me encanta. Me fascina.

Dio un paso hacia ella.

Nox no retrocedió.

—Yo no sé lo que es sentir emociones —confesó Killa, y su voz cambió. Se volvió más íntima. Más verdadera—. No me entrenaron para eso. Quizás sea por eso que no puedo descifrar lo que me haces sentir, Nox.

Otro paso.

Estaban cerca. Demasiado cerca.

—Me gustas mucho —susurró—. Demasiado. Eres totalmente mi tipo ideal.

Rió. Una risa baja, nerviosa, casi adolescente.

—¿No suena loco?

Nox no respondió.

No porque no tuviera palabras. Porque las palabras se le habían quedado atrapadas en la garganta.

Killa se acercó un poco más. Sus rostros casi se rozaban.

Y entonces la besó.

No fue un beso suave. No fue un beso de enamorado. Fue un beso de posesión. Un "ya eres mía" dicho con los labios.

Nox reaccionó como una animal acorralado.

Le mordió el labio.

Con fuerza. Con odio. Hasta que sintió el sabor de la sangre caliente en su lengua.

Killa soltó un gruñido y se apartó de un salto. Se llevó la mano al labio. La sacó manchada de rojo.

—No me toques —escupió Nox, con la voz rota por la rabia—. Inmundo.

Killa la miró. Sangrando. Sonriendo. Delirando.

—Te odio —dijo Nox, y esta vez sus ojos sí se llenaron de lágrimas—. Te odio demasiado. A ti. A los tuyos. A todos.

Killa bajó la mano ensangrentada. La limpió en el uniforme.

—Qué lástima —dijo, y su voz ya no era íntima. Era hielo otra vez—. Porque ahora eres mía. Y no voy a dejarte ir.

Nox abrió la boca para responder.

Pero no le dio tiempo.

El puñetazo le cruzó la cara antes de que pudiera parpadear.

El dolor fue blanco, caliente, cegador. Su cabeza se giró sola. Su cuerpo tropezó. Cayó de rodillas sobre el suelo de cemento. La pierna herida le gritó. Las lágrimas, por fin, ganaron.

Killa se arrodilló frente a ella. Le agarró la barbilla con una mano. Le obligó a mirarlo.

Su rostro estaba arruinado. Pero no por el golpe. Por algo peor.

—Mira lo que me hiciste hacer —dijo, con la voz temblorosa—. No me gusta golpearte. No en tu hermoso rostro.

Pasó un dedo por la mejilla de Nox. Suave. Casi tierno.

—Porque es hermoso, maldita sea.

Se puso de pie de un salto.

Su máscara de hielo volvió a caer.

—Ahora dime —ordenó, con la voz fría, militar, implacable—. ¿Dónde están los escondites?

Nox seguía en el suelo, con la cara ardiendo, la pierna sangrando, el labio partido.

Killa dio un paso hacia ella.

—Dime quién hackea los sistemas. Habla, Nox.

Ella levantó la cabeza.

Lo miró con los ojos llenos de lágrimas y de odio.

Y escupió sangre en sus botas.

—Vete a la mierda.

Killa cerró los ojos. Respiró hondo.

Cuando los abrió, algo en ellos había cambiado.

Ya no era el hombre que besaba. Ya no era el que confesaba emociones.

Era el coronel. El verdugo. El perro de la dictadura.

—Está bien —dijo—. Si no quieres hablar, lo haremos a mi manera.

Se giró hacia la mesa de instrumentos.

Nox, desde el suelo, vio el brillo del metal.

Y supo que la noche apenas empezaba.

El metal brillaba bajo la luz blanca de la sala.

Killa lo tomó de la bandeja con una calma que daba más miedo que cualquier gritó. Era un artefacto pequeño, de acero, con dos palancas que se cerraban lentamente. Diseñado para una sola cosa.

Cortar dedos.

Nox sintió el vacío en el estómago. Las piernas le temblaron. La pierna herida ya no dolía comparada con el terror que le subía por la espalda.

Killa se arrodilló frente a ella. Le tomó la mano izquierda con suavidad. Como si fuera un amante, no un verdugo.

—¿Vas a hablar, Nox? —preguntó, mientras colocaba el artefacto alrededor de su dedo anular.

El metal estaba frío. Pesaba más de lo que parecía.

Nox abrió la boca. No salió ninguna palabra.

Solo un sollozo.

Luego otro.

Luego un torrente de lágrimas que no pudo contener. No por debilidad —se juró a sí misma—. Por puro terror animal. El cuerpo reaccionaba antes que la cabeza.

—No llores, mi amor —susurró Killa.

Y esa palabra —amor—, dicha por él, en ese momento, fue más cruel que el artefacto.

Él la miró a los ojos. Mojados. Rojos. Aterrados.

Y sonrió.

—Porque me vuelves loco —dijo, bajando la voz—. Y me excitas.

Nox sintió náuseas.

Y algo más. Algo que no quiso nombrar.

—Por favor —susurró ella.

No sabía si se lo decía a él para que parara, o a sí misma para no desmayarse.

Killa comenzó a apretar el artefacto.

Poco a poco.

Disfrutando cada milímetro.

El dolor empezó como un pinchazo. Luego como una quemadura. Luego como algo que no tenía nombre.

La sangre comenzó a brotar. Una línea roja, fina, que resbaló por su dedo hasta la palma de la mano.

Nox gritó.

No un grito fuerte. Un grito ahogado, roto, que se quedó atrapado en su garganta.

Y entonces Killa se detuvo.

Aflojó el artefacto. Lo retiró.

Dejó el dedo de Nox intacto. Cortado. Sangrando. Pero intacto.

Nox jadeaba. El pecho le subía y bajaba como si hubiera corrido diez kilómetros.

Killa tomó su mano ensangrentada. La acercó a sus labios.

Miró el dedo anular.

—Mira —dijo, con voz de ensueño—. En el dedo donde va la alianza. Si queda una cicatriz…

Levantó la vista hacia ella.

—Es mejor.

Nox no pudo hablar. No pudo escupir. No pudo odiarlo lo suficiente.

Killa le limpió las lágrimas con el pulgar. Suavemente. Como si ella fuera algo precioso.

—Eres mía —dijo.

Y lo dijo como quien pronuncia una verdad universal. El cielo es azul. El agua moja. Nox es mía.

Se incorporó. Dejó el artefacto ensangrentado sobre la mesa. Se limpió las manos en un paño blanco.

—Tienes dos opciones —dijo, sin mirarla—. Entregarte a mí…

Pausa.

—O hablar.

Nox seguía en el suelo, abrazándose la mano ensangrentada, con el dedo anular ardiendo.

Killa se giró. La miró desde arriba.

—Sabes lo que sucederá si no hablas —dijo—. ¿Verdad?

Nox levantó la cabeza.

Sus ojos estaban rojos. Su labio partido. Su mejilla hinchada. Su dedo sangrando.

Pero su voz, cuando finalmente salió, fue un susurro de acero:

—Haz lo que quieras. No voy a romperme.

Killa la miró largamente.

Y por primera vez, en el fondo de sus ojos, algo titiló.

No era ira.

No era decepción.

Era admiración.

—Eso —dijo, en voz baja—. Eso es lo que me vuelve loco.

Se giró. Caminó hacia la puerta. Antes de salir, se detuvo.

—Descansa. Mañana seguimos.

La puerta se cerró.

El sonido metálico resonó en la sala vacía.

Nox se quedó sola.

Con la mano sangrando.

Con el dedo anular ardiendo.

Con una cicatriz que llevaría para siempre.

Y con una pregunta que no quería hacerse:

¿Por qué no me cortó el dedo del todo?

La respuesta la aterraba.

Porque él no quería destruirla.

Quería marcarla.

1
Grecia Osorno
porfavor sube más capitulos pliss
😜 Betsy 🇻🇪
Carajo q pasará con la llegada de Ko 🤔🤔🤔🤔🤔
😜 Betsy 🇻🇪
Te quedaste con las ganas de matarla 🫪
Kris Rodriguez
y no que muy brava.?
Que saque la casta, porque esa fama que tiene y siendo sometida así...
Mariscal Morin
Es que no manches Killa, como se te ocurrió querer matar a Seven, si salvo a tu esposa, todo menso, 🥺🥺
Bunny 🐇: 😭 es que estaba celoso
total 1 replies
Mariscal Morin
Ahora que ira a pasar 💞💞💞💞💞💞😳😳😳😳😳
Mariscal Morin
🥺🥺🥺🥺🥺Estoy muy triste por ellos, escritora por fabor dales la libertad de quererse 🥺🥺🥺🥺
Mariscal Morin
Aaaaa, viejo perro, me dejo en sok es un jodido loco 😠😠😡😡😡😡
Mariscal Morin
Pinché viegillo desgraciado infeliz 🥺🥺🥺🥺🥺🥺🥺🥺Killa nesecita mucho amor 🥺🥺🥺🥺🥺
Mariscal Morin
Muy amada por un loco 💞💞💞💞💞💞💞
Mariscal Morin
Muy bien que huelen jajajaja 💞
Grecia Osorno
wow me encanta quiero saber más, porfa sube más capitulos
Mariscal Morin
Re loco ese hombre 😠😠😠😠
Mariscal Morin
Como que Killa si esta loco de verdad, bien desquiciado 🫨🫨🫨
Mariscal Morin
Jajajaja jajajaja jajajaja celosilla la guerquilla 😊😊😊💞💞💞
Mariscal Morin
Jajajaja jajajaja jajajaja, pinché vieja, se quedo con las ganas jajajaja 😠😠
Mariscal Morin
Ya valió bola de aprobechados montoneros 😊😊😊😊😊😊
Andrea González🇻🇪🇻🇪
más capítulo
Mariscal Morin
Por fabor dale felicidad a Luz escritora 😳😳
Bunny 🐇: ¡Espérate! Que Sofía entro al juego y la pequeña se carga a todos jajaja
total 1 replies
Mariscal Morin
Y ahora?? 😳😳😳😳😳😳😳😳
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