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No Soy La Debilidad De Nadie.

No Soy La Debilidad De Nadie.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Aventura Urbana / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Dentro de la Mafia Rusa, existen pactos, lealdades y acuerdos, es por eso que las hijas son monedas de cambios para el ascenso de los jefes de las familia, es un modo facil modo de obtener más poder..
La familia Lombardi resultado de la unión del hijo de un capo de la Cosa znostra Italiana con la unica hija del lugarteniente y mano derecha de la Mafia Rusa. Su decendencua fue su primogeniro Alexander y kas gemelas Laura y Lorena.
El hijo y futuro jefe de la mafia rusa elvfrio y cruel Dimitri Volkov, siente una pasión descontrolada por una de las gemelas, mientras es el mejor amigo de sus hermanos, es que Lorena es un espiritu libre que odia la vida de la mafia y sueña con escapar de eze mundo, no quiere ser como.su madre, una mujer triste que se refugia en frivolidades y alcohol para olvidar su triste vida.
Dimitri logra casarse con Lorena, pero ella no quiere ser su debilidad, ni la de nadie, es por eso que aprendio defenza personal, yvparticipa en peleas clandestinas

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El regreso a casa

El regreso a casa

El coche negro se detuvo frente a la mansión Lombardi tres días después del ingreso hospitalario. Lorena bajó con pasos vacilantes, aún frágil, pero firme en su decisión de enfrentar lo que viniera. Su madre Olga salió al encuentro, el rostro pálido y las manos temblorosas, más preocupada que nunca al ver a su hija llegar flanqueada por Dimitri, con su mano posesiva en la cintura de Lorena y por Alexander, cuyo puño derecho no dejaba de apretarse y soltarse en un gesto de furia contenida, y por Laura, que caminaba detrás con una sonrisa de oreja a oreja, disfrutando como si fuera la función de teatro más fascinante de su vida.

Dimitri rozó los labios de Lorena en la mejilla con una lentitud deliberada, como si estuviera marcando un territorio que ningún otro hombre osaría pisar. Alexander gruñó algo ininteligible y se apartó, clavando una mirada asesina en el ruso. Laura, por su parte, no pudo resistirse: Ay, hermanita, qué tensión más rica, susurró con picardía. Parece que Dimitri no te suelta ni para ir al baño. Lorena la fulminó con los ojos, pero Laura, fiel a su esencia de camaleona sin filtro, intervino de nuevo con un comentario absurdo cada vez que Lorena intentaba callarla. No me mires así, que yo no fui la que se dejó preñar por el lobo ruso, dijo riendo, y hasta Olga, a pesar de todo, esbozó una media sonrisa nerviosa. La tensión en el umbral era tan densa que se podía cortar con un cuchillo, y, sin embargo, bajo ese techo familiar, comenzaba a tejerse una nueva normalidad que nadie había pedido, pero que todos tendrían que aprender a habitar.

A media tarde, la habitación de Lorena se llenó de los abrazos cálidos y las risas escandalosas de sus dos mejores amigos y compañeros de arquitectura: Karla y Jon Jairo. Llegaron con apuntes, bocetos y una indignación fingida que resultaba cómica. ¡Pero cómo no nos vas a contar, Lore! exclamó karla, cruzando los brazos. ¿Te pareció poco desaparecer tres días y luego soltar semejante bomba? Jon Jairo, más pícaro, añadió: Y encima con el pez gordo y CEO de las mejores empresas rusas. Nosotras aquí matándonos con las maquetas y tú planeando bodas de cuentos de hadas.

Lorena, entre risas y lágrimas, les explicó la verdad: No lo sabía, se los juro. Me enteré en el hospital, igual que ustedes. No lo sospechaba, ni siquiera... Los amigos la abrazaron, y después de ponerse al día con las clases de la semana proyectos, fechas de entrega y un profesor particularmente odioso, se despidieron con la promesa de volver pronto. Cuando la puerta se cerró tras ellos, Lorena buscó a su madre, que estaba en el pasillo. Mamá, lo siento mucho. No quise que fuera así, no quise preocuparte. Olga la envolvió en un abrazo largo, apretado, y le susurró al oído con la voz quebrada por la experiencia de una mujer que había callado demasiado: Solo no seas como yo mi pequeña bebé. Hija no cambies nunca, ni pierdas tu esencia este mundo que nos toca vivir. Beber no es una solución, callar no es una opción, cariño. Cuando sientas que no puedes y te asfixias, ven a mí. Siempre estaré de tu lado, no lo olvides, mi niña. Lorena se derritió en el abrazo, sintiendo por primera vez que quizás no todo estaba perdido.

Al caer la noche, el padre de Lorena hizo su entrada triunfal en el comedor. La cena se sirvió en un silencio tenso, roto solo por el chocar de los cubiertos. Cuando todos estuvieron sentados, el patriarca alzó la voz con una autoridad que heló la sangre. Primero, quiero felicitar a mi hija Lorena, dijo, levantando su copa. Porque ha hecho algo muy bueno para esta familia. Al embarazarse del jefe supremo de la mafia rusa, nos ha colocado en la cima de la organización. Pequeña, lo hiciste bien. Esa es mi niña. Lorena sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Su padre, aquel hombre que jamás le había dado un reconocimiento por sus notas perfectas, la aplaudía ahora por ser un vientre de alquiler para el poder.

Acto seguido, el hombre enumeró sin emoción alguna el calendario impuesto por Dimitri: pedida de mano este fin de semana, compromiso formal el siguiente, boda al tercero. Lorena apretó los puños bajo la mesa, indignada. Para su padre, ella era una moneda de cambio, una mercancía de lujo para escalar posiciones. Alexander, a su lado, apretaba los dientes con tanta fuerza que sus mandíbulas crujían; él conocía el corazón de su hermana, sabía que ella soñaba con el amor, no con un pacto de sangre. Pero fue Laura quien soltó la bomba.

Pensé, padre, que le partirías la cara a Dimitri, dijo con una calma engañosa. Por aprovecharse de tu hija, conociendo las reglas y tu rigidez de hombre apegado a las tradiciones. Pero veo que estás contento con que tu jefe se folle a tu hija, la emvarase y no la desprecie luego. El silencio que siguió fue tan absoluto que se oyó el latido de la casa entera. El padre enrojeció, pero no dijo nada. Lorena, por primera vez, levantó la mirada y sonrió con amargura. Laura, la camaleona, acababa de decir en voz alta lo que todos pensaban y todos callaban.

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