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Mi Asesino Favorito

Mi Asesino Favorito

Status: Terminada
Genre:Mafia / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Lían Miller vive su vida social como arquitecto, pero es solo una fachada, su mayor trabajo es asesinar personas porque debe pagar una deuda con su vida.
Pero todo da un giro cuando conoce a Daisy Wilson. Empieza a desafiar a su superior y encontrar el camino a la venganza para redimir su futuro.

¿Quién es Daisy?

¿Qué sucederá cuando se encuentren?



+ dark romance

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La Noche del Ataque

A la mañana siguiente, llegué al hospital con los ojos aún pesados por la falta de sueño. Apenas crucé la puerta de urgencias, me encontré con un ambiente tenso. Cora estaba hablando con un hombre que reconocí. Llevaba un traje oscuro, una libreta en la mano y una mirada que escaneaba todo a su paso.

—Daisy —me llamó Cora al verme—. Ven aquí.

Me acerqué con el corazón acelerado. El hombre me miró de arriba abajo con ojos de halcón.

—¿Me recuerda?, soy el detective Coulson —dijo, mostrándome su placa—. Necesito hacerle algunas preguntas, señorita Wilson.

—¿Sobre qué? —pregunté, tratando de mantener la calma.

—Sobre el asesinato de Logan Mercer. Ocurrió en su casa hace unas semanas.

Mi mente se quedó en blanco. Logan. Ese nombre. El hombre que había irrumpido en mi casa una noche, el que intentó matarme y Lían lo mató para defenderme.

—¿Puedo preguntarle algo a su jefa primero? —dijo Coulson, dirigiéndose a Cora—. Doctora Cora, ¿usted recuerda si la señorita Wilson trabajó todo el turno esa noche?

—Esa noche... —Cora frunció el ceño—. Esa noche, Laura pidió salir temprano porque tenía una emergencia familiar. Y luego resultó que Daisy también se fue antes de tiempo. Laura me dijo que la había dejado en camino a su casa.

Coulson anotó algo en su libreta.

—Gracias, doctora. ¿Podría hablar ahora con Laura?

Laura estaba en la cafetería cuando la encontramos. Se puso pálida al ver al detective.

—¿Laura Luna? —Coulson se sentó frente a ella—. Necesito confirmar algo. ¿Sabía usted del asesinato que ocurrió hace unas semanas en casa de su amiga?

Laura me miró sorprendida y preocupada.

—No lo sabía —responde.

El hombre vuelve a escribir algo en la libreta.

— ¿Dejó usted a su amiga unas cuadras antes de que llegara a su casa?

—Sí —respondió Laura, con voz temblorosa—. Esa noche, Daisy y yo íbamos a salir, pero Cora me llamó para una cirugía de emergencia. La dejé unas cuadras antes de llegar a su casa. Ella siguió caminando sola.

—¿Y usted sabía que más tarde esa noche ocurrió un asesinato en su casa?

—No —Laura me miró, los ojos llenos de preocupación—. No me dijo nada. Me enteré hasta ahora.

Coulson anotó todo con calma. Luego me miró.

—Señorita Wilson, es extraño. Una chica de su complexión, sin entrenamiento militar, mata a un asesino profesional en defensa propia. Todo parece muy... limpio.

—Fue defensa propia —dije, con voz firme—. Él entró a mi casa, trató de matarme, yo lo maté.

—¿Con un bisturí?

—Soy médica. Sé cómo usar un bisturí.

Coulson guardó silencio por un momento. Luego asintió lentamente.

—Por ahora, no hay cargos. Pero estaré pendiente.

Se marchó, pero sus palabras quedaron flotando en el aire. Laura me tomó del brazo en cuanto se fue.

—Daisy, ¿por qué no me dijiste nada? ¡Un asesino en tu casa! ¡Podrías haber muerto!

—Estoy bien, Laura. No quería preocuparte.

—¿Preocuparme? ¡Eres mi mejor amiga! Claro que me preocupas.

Suspiró profundamente.

—Esta noche, nos vamos a dormir a mi casa. Como en los viejos tiempos. Tenemos que hablar.

—¿Una pijamada? —sonreí débilmente.

—Una pijamada. Para que me cuentes todo.

—De acuerdo.

Esa noche, Laura preparó su casa para nuestra pijamada. Había comprado pizza, helado y una botella de vino. Nos pusimos las pijamas y nos sentamos en la sala, listas para hablar.

—Bien —dijo Laura, sirviendo el vino—. Ahora cuéntame. Todo. ¿Qué pasó esa noche?

Le conté la misma historia que le había dicho a la policía. Que llegué a casa, que un hombre estaba esperándome, que forcejeamos, que logré tomar un bisturí y lo herí de muerte. Omití por completo a Lían. No podía involucrarlo en esto.

—Dios mío, Daisy —Laura me abrazó—. Debiste haber pasado tanto miedo.

—Sí. Pero estoy bien ahora.

—Siempre puedes contar conmigo, ¿sabes? Para lo que sea.

—Lo sé. Y gracias.

—Bueno, ahora hablemos de algo más feliz —sonrió—. ¿Qué pasó con ese hombre sexy que te besó en la enfermería?

Me reí, sonrojándome.

—Se llama Lían. Y es... mi novio.

—¡Cuéntame todo!

Pasamos horas hablando de él. Fue una noche de chicas perfecta.

Hasta que todo se torció.

Mientras tanto, Lían estaba reunido con Robohan en un almacén oscuro de las afueras.

—Te tengo un trabajo —dijo Robohan, un hombre de unos cincuenta años, canoso, con ojos duros—. Un cargamento de armas muy grande llegará al puerto de Tacoma. Ese cargamento le pertenece a Rino. Él lo quiere para preparar un escuadrón y atacarme. Tú vas a quitárselo.

—Acepto —respondió Lían sin dudar.

—Ve con mi grupo. Ellos te ayudarán.

Lían asintió. Salió del almacén y se reunió con una docena de hombres armados. Juntos se dirigieron al puerto de Tacoma, bajo la noche cerrada.

Cuando llegaron, vieron el barco de carga iluminado por focos. Hombres de Rino hacían guardia en los alrededores. Otros bajaban las cajas de armamento.

—Silencio —ordenó Lían—. Uno por uno.

Comenzaron a derribar a los guardias sigilosamente. Cuchillo en mano, Lían se movía como una sombra. Un guardia caía, luego otro, luego otro más. En pocos minutos, todos los centinelas estaban muertos.

Luego se enfocaron en los hombres que bajaban el cargamento. Sin hacer ruido, los sorprendieron por la espalda y los mataron a todos. Subieron al barco. Dentro, la tripulación no tuvo tiempo de reaccionar. Lían y sus hombres barrieron cada rincón, eliminando a cada integrante.

Cuando terminaron, el barco estaba en silencio. La noche había caído por completo.

—Llama a Robohan —ordenó Lían a uno de los hombres—. Dile que mande más personal para llevarse las armas.

El hombre asintió y tomó el teléfono.

A los pocos minutos, el teléfono de Lían vibró. Miró la pantalla: Rino.

Respondió con calma.

—Lían —la voz de Rino al otro lado era un gruñido de furia—. Me robaste el cargamento.

—Sí —respondió Lían, burlón—. ¿Tienes miedo, Rino?

—El que va a tener miedo eres tú. Cuando pierdas a tu querida novia.

Lían se tensó al instante. Su mandíbula se apretó.

—No te atrevas.

—Ya tengo hombres metidos en la casa de su amiga. Las dos están juntas en este momento.

—Maldito seas —gruñó Lían.

Colgó y salió corriendo. En un punto escondido estaba su moto. Montó de un salto y arrancó a toda velocidad, sacando su teléfono para encender el GPS que había puesto en el móvil de Daisy. La señal lo guiaba directamente a casa de Laura.

En la casa de Laura, las chicas habían decidido darse un baño. Laura estaba en su habitación preparando la ropa que se pondría después y arreglando un lugar para que su amiga se quedara a dormir. Mientras tanto, yo estaba en la tina del baño, sumergida en el agua caliente, completamente relajada.

No me di cuenta de que un hombre había entrado sigilosamente al baño.

De repente, sentí unas manos fuertes en mi nuca. Me hundieron la cabeza bajo el agua con violencia. El pánico me invadió. Pataleé, traté de zafarme, pero las manos me mantenían presionada. El agua llenaba mis pulmones. No podía respirar.

Al mismo tiempo, en la habitación de Laura, otro hombre apareció detrás de ella. Pero Laura lo vio reflejado en el pomo de un perfume sobre el tocador. Rápida, rodeó la cama y salió disparada hacia la puerta. El hombre la persiguió, pero ella logró cerrar la puerta justo a tiempo y le puso llave.

El hombre comenzó a estrellarse contra la madera para derribarla.

Laura, temblando, tomó su teléfono en la cocina y llamó a la policía.

—¡Por favor, vengan rápido! ¡Hay hombres armados en mi casa!

Después de confirmar que vendrían, colgó y corrió hacia el baño. Daisy estaba siendo ahogada, sus fuerzas se desvanecían. Laura apareció detrás del hombre y le pegó fuerte en la cabeza con un bate de béisbol.

El hombre cayó al suelo, aturdido. Yo emergí del agua, tosiendo, jadeando, tragando aire desesperadamente.

Pero el hombre se movía, comenzaba a levantarse lentamente. Y el otro hombre, el que Laura había encerrado, derribó la puerta de la habitación y avanzó hacia el baño.

Estábamos atrapadas. Sin escapatoria. El miedo me paralizaba.

Y entonces, Lían apareció.

Sin pensarlo, se lanzó contra los dos hombres. La pelea fue brutal. Puñetazos, patadas, sangre. Lían se movía como una máquina de matar. En un momento, apuñaló a uno en el pecho. El otro intentó atacarlo por la espalda, pero Lían giró y le clavó el cuchillo en el cuello.

Los dos cuerpos cayeron al suelo. Silencio.

Laura se quedó paralizada, mirando la escena con los ojos desorbitados. Yo temblaba, apenas podía mantenerme en pie.

Lían se volvió hacia nosotras.

—¿Están bien? —preguntó, la voz ronca.

—S—sí —tartamudeé.

Entonces, inesperadamente, se lanzó sobre mí. Me abrazó con una fuerza desesperada, como si quisiera asegurarse de que realmente estaba viva, de que realmente la había salvado. Enterró su rostro en mi cabello mojado.

—Todo estará bien —murmuró—. Estoy aquí para protegerte.

Yo le correspondí el abrazo, llorando, temblando. Sus brazos eran lo único seguro en medio de todo ese horror.

Las sirenas de la policía se escucharon afuera. Laura salió rápidamente a hablar con ellos, explicando lo que había pasado. Luego salimos Lían y yo.

El detective Coulson nos esperaba. Nos miró a los tres.

—¿Están bien? —preguntó.

Asentimos.

Luego me miró fijamente.

—Señorita Wilson, es una coincidencia nuevamente encontrarla en una situación así.

No respondí. Escondí mi rostro en el pecho de Lían.

Coulson lo observó con atención.

—¿Y usted quién es?

—Lían Miller.

—¿Y cómo supo que las chicas estaban en problemas?

—Sabía que mi novia estaba aquí. Pasé a verla y encontré la puerta abierta. Supe que algo andaba mal.

Coulson lo miró largamente, como si lo considerara un sospechoso más.

—Todos tienen que venir a declarar a la estación.

En la estación de policía, dimos nuestras declaraciones. Era tarde cuando terminamos. Laura no quiso quedarse con nosotros. Llamó un taxi y se fue a casa de su madre, aún asustada.

Lían pagó una habitación matrimonial en un hotel cercano. Yo llevaba su abrigo, el que me había puesto cuando llegó la policía. Me dejó sola en la habitación por unos minutos mientras salía a comprar algunas cosas.

Me di un baño rápido, tratando de lavar el miedo, el agua, la sangre imaginaria. Cuando salí, encontré ropa limpia doblada en una mesita del baño. Un vestido sencillo, ropa interior, zapatos nuevos.

Sonreí débilmente. Agradecía a Dios por Lían. A pesar de ser un asesino, esa noche me había salvado la vida. Y aunque el miedo seguía ahí, saber que él estaba cerca me daba fuerzas para seguir adelante.

...****************...

Muchas gracias por leer 😊❤️

1
Zenaida Muñoz
Está novela buenísima,corta completa.emocionante
Gracias escritora por tu excelente novela .
Que tus caminos sean abonado con muchos éxitos.❤️
Zenaida Muñoz
Bebe a bordo,sin protección 🥰
Zenaida Muñoz
Me encanta esta novela gracias escritora.
𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪: Gracias por leerla 🤗
total 1 replies
Gloria Martinez Rodiguez
me gusto muchísimo. gracias x esta novela corta, k las con demasiados capítulos, y tardan en sacalos se pierde el hilo de la novela y se vuelven aburridas. Gracias y Bendiciones
𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪: Me alegro de que te haya gustado 🤗
Gracias por leerla ❤️
total 1 replies
Massiel Aguirre
Excelente Bendiciones
Yarelis Armas Pérez
anticoseptivo por ejemplo ?
𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪: se le olvidó usar 🤭
total 1 replies
Yarelis Armas Pérez
malagradecido
Javier Gomez
excelente historia
CRIS E
Me gusta la protagonista, mujer valiente se da su valor🥰
CRIS E
Me suena interesante, ya queiro leer los demas capítulo 🤭 me gustan los dramas de hospitales
Millie
Que guapo está Liam
Millie
No es tan diferente de las personas que querian lastimar a Liam antes.
Millie
La pobrecita solo quería ir a una fiesta y salió con paciente
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