Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Demasiado cerca, otra vez
Cuando Florencia llegó a casa, la noche ya había caído por completo.
El silencio la recibió.
Ese tipo de silencio que pesa.
Caminó despacio hasta la habitación de sus hijos. Empujó la puerta con cuidado, como si temiera romper algo frágil, y los vio ahí… dormidos, tranquilos, ajenos a todo.
Su corazón se encogió.
Se acercó un poco más, observando sus rostros. Tan pequeños. Tan suyos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Mis bebés… —susurró apenas, sin atreverse a despertarlos.
Entonces el pensamiento volvió. Oscuro. Inquietante.
“¿Y si ese hombre descubre que tenemos dos hijos…? ¿Qué haría? ¿Y si intenta quitármelos?”
El miedo la atravesó de golpe. No era un miedo leve. Era visceral.
De esos que nacen en lo más profundo y no se pueden ignorar. Florencia dio un paso atrás, llevándose una mano al pecho.
—No… no puedo arriesgarme…
Esa noche apenas durmió.
Y cuando el amanecer llegó, ya tenía una decisión tomada. Irse.
Desaparecer antes de que fuera demasiado tarde.
Pero la vida… tenía otros planes.
Apenas comenzaba a alistarse cuando su madre, Ivonne, apareció en la puerta.
—Florencia —dijo con suavidad, pero con firmeza—. Ese trabajo es importante.
Florencia evitó su mirada.
—Mamá, yo…
—Escúchame —la interrumpió Ivonne—. Nuestros ahorros prácticamente desaparecieron con el tratamiento del asma de tu hija. Sabes que no tenemos margen de error.
Esas palabras la golpearon.
Eran verdad.
Dolorosa, inevitable verdad.
—Es un buen trabajo, hija —añadió—. No podemos perderlo.
Florencia cerró los ojos un instante.
“Si él no sabe nada… puedo ganar tiempo. Buscaré otro trabajo, pero mientras tanto… debo quedarme”, pensó.
Respiró hondo.
—Está bien…
Y salió.
***
El trayecto al trabajo fue silencioso.
Cada paso… una mezcla de resignación y determinación.
Al entrar, el ambiente la recibió de forma distinta a como lo había imaginado los primeros días.
Había algo… cálido.
Con el paso del tiempo, Florencia comenzó a notarlo.
No era solo un empleo.
Era un lugar donde las personas se apoyaban, donde el trabajo fluía con armonía, donde las risas no eran raras.
El equipo era amable.
Cercano. Y lo más importante…
Él no había aparecido. Shane. Ese nombre aún tenía peso en su interior.
Pero los días pasaban… y no había señales de él.
Eso le dio una falsa tranquilidad.
“Tal vez no lo veré tan seguido… tal vez ni siquiera me recuerde”, pensó.
Y con esa idea, decidió enfocarse.
Trabajar. Seguir adelante. Dejar el pasado en su sitio.
***
—Licenciada —la llamó una de las chicas—. No sé si ya se enteró, pero hoy es el cumpleaños de Ivonne… queremos comprarle un pastel y celebrarlo más tarde. ¿Nos da permiso?
Florencia parpadeó, saliendo de sus pensamientos.
—Claro que sí —respondió con una leve sonrisa.
Sintió un pequeño remordimiento. No había felicitado a Ivonne.
Caminó hacia recepción.
Ahí estaba ella.
Con una sonrisa tímida, pero apagada.
—¡Feliz cumpleaños! —exclamó Florencia con calidez.
Ivonne la miró, sorprendida. Y luego sonrió de verdad. Se abrazaron.
—Pensé que nadie lo recordaría…
—Claro que sí —respondió Florencia—. Eres demasiado especial como para que pase desapercibido.
Ivonne rio suavemente.
—Mi jefe no se acordó… pero bueno, tiene muchas cosas en la cabeza.
Florencia no respondió. Pero justo en ese momento…
El elevador se abrió. Y el ambiente cambió.
Eugenio apareció. Elegante. Impecable. Con un enorme ramo de rosas, globos y un regalo.
—¡Feliz cumpleaños! —dijo con una sonrisa amplia.
Ivonne ahogó un grito. Corrió hacia él y lo abrazó con una intensidad que incluso lo tomó por sorpresa.
—Lo siento… —dijo de inmediato, avergonzada—. Gracias…
Eugenio rio suavemente.
—No podría olvidar a la persona que mantiene mi vida en orden —dijo—. Sin ti, estoy perdido.
El comentario hizo reír a todos. Pero Ivonne… lo tomó de otra manera. Como si deseara que esas palabras fueran más que una broma.
Florencia observó la escena en silencio.
—¿Y tú cuándo cumples años? —preguntó Eugenio, girándose hacia ella.
—A mediados de junio… unos días antes del solsticio.
Él sonrió.
—Perfecto. Te daré un regalo… y una sorpresa. Te lo mereces.
Florencia respondió con una sonrisa educada. Pero por dentro… algo no encajaba del todo. Había una ligera incomodidad que no supo explicar.
Eugenio la observaba más de lo necesario. Y aunque no era evidente para todos… Para ella sí lo era.
***
Las horas pasaron rápido.
Y antes de terminar la jornada, se reunieron para cantar cumpleaños.
Risas. Voces. Un momento ligero.
Pero todo se detuvo cuando la puerta se abrió de golpe. Y él entró. Shane.
El ambiente se congeló. Su presencia imponía. Su mirada… aún más.
—¿Qué es esto? —preguntó con severidad.
El silencio fue inmediato.
—Estamos celebrando el… —intentó decir Eugenio.
—¿En horario laboral? —interrumpió Shane con molestia—. ¿También lo pagará la empresa?
Las miradas bajaron. El miedo se sintió. Pero Florencia… no. Ella dio un paso al frente.
—¿Y qué tiene de malo?
Su voz fue firme. Segura.
Shane la miró. Confundido. Esa voz… Le resultaba familiar.
Pero no sabía por qué.
—A los empleados se les paga por trabajar —respondió él con frialdad.
—Y también se les valora por ser humanos —replicó Florencia—. La empresa no solo funciona por números… sino por las personas que la sostienen.
El silencio volvió. Pero esta vez… era distinto.
—Celebrar un cumpleaños no debilita a la empresa —añadió—. La fortalece.
Shane no respondió de inmediato. Por primera vez… parecía descolocado.
—Ese es un tema que podemos discutir en privado —continuó Florencia—. Pero ahora… ¿podría permitirnos terminar?
Lo miró directamente. Sin miedo.
—Incluso podría quedarse.
Él abrió ligeramente los ojos. No estaba acostumbrado a eso. A que alguien le hablara así.
Pero… no pudo negarse. Le ofrecieron pastel.
—No, gracias —dijo.
—Pruébelo —insistió Florencia.
Y, para su propia sorpresa… Aceptó.
Probó el pastel. Y algo cambió.
Un recuerdo. Su madre. Un sabor parecido. Una emoción inesperada.
—¿Disculpe, señor Hillings? —dijo alguien.
Shane volvió a la realidad.
—¿No dará un regalo a nombre de la empresa?
Frunció el ceño. Miró a Florencia. Y entendió.
—Claro que sí —dijo finalmente—. Le enviaré algo ahora mismo.
Pidió los datos.
Y en segundos, hizo una transferencia.
Cinco mil dólares. El impacto fue inmediato.
—Es para que celebre —dijo—. Y además…
Miró a todos.
—A partir de ahora, cada empleado recibirá un cupón de la empresa para un outfit en su cumpleaños.
La reacción fue explosiva.
Alegría. Sorpresa.
Florencia sonrió. Pero no celebró, porque tuvo miedo, ese hombre ya estaba demasiado cerca de su vida otra vez.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad