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CENIZAS DEL PECADO

CENIZAS DEL PECADO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Diferencia de edad / Mujer despreciada / Venganza de la protagonista / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Anne nunca fue la chica que pedía ayuda. Y esa noche tampoco lo hizo. Lo que ocurrió cambió algo dentro de ella. No fue un accidente. No fue un malentendido. Fue una decisión tomada con los ojos abiertos… y con la certeza de que después nada volvería a ser igual.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Scarlett

...13 ...

...ANNE MORETTI...

Mi graduación fue un evento tan frío y técnico, que pasó frente a mis ojos sin pena ni gloria. No hubo fiestas ruidosas, nada de amigos llorando por el fin de una etapa; para mí, la academia ya era un cementerio de recuerdos que prefería dejar atrás.

Lo único rescatable de ese día fue ver a mi abuela Clarissa y al abuelo Manuelle bajo el mismo techo, dirigiéndose la palabra solo por el protocolo de verme recibir el diploma. Fue casi surrealista verlos en la misma habitación.

El tío Cassian no fue. Su ausencia me dolió más de lo que quise admitir frente al abuelo. Sabía que estaba herido, que se sentía traicionado porque elegí mudarme a la mansión principal y dejarme "influenciar" por el abuelo. Tampoco asistió a la cena de celebración. No quiso ver cómo el abuelo me brindaba con champaña por haberme convertido en su mano derecha durante estos dos últimos años. En su lugar, envió un emisario con una llave y un sobre.

La tía Eleonora me llamó esa misma tarde. Su voz sonaba dulce, pero cargada de esa melancolía de quien está atrapada en medio de una guerra que no es suya.

—Anne, Felicidades, cariño—me dijo con un suspiro—. Siento tanto no estar ahí…quería ir, de verdad, pero Cassian está... bueno, ya sabes cómo es de orgulloso y testarudo. No quiere pelear, pero tampoco puede fingir que está de acuerdo con todo.

—Lo entiendo, tía —respondí, tratando de que mi voz no temblara.

—Pero no podíamos dejar pasar este día. Ese regalo que te llegó... lo llevamos planeando meses. Cassian no quería dártelo, decía que sería como "premiar" tus decisiones de estos últimos dos años, pero lo convencí. Es tuyo, Anne. Porque a pesar de todo, él te adora.

Cuando salí al patio y vi la lona deslizarse, me quedé sin aliento. Era él. El auto que había sido mi obsesión desde los quince años. Un modelo tan exclusivo que solo existen tres en todo el mundo. Verlo allí, personalizado con los detalles que alguna vez le mencioné a Cassian en una cena familiar, me hizo sentir una punzada de culpa. Él me seguía cuidando, incluso cuando yo me empeñaba en ser la villana de su historia.

Me subí, sentí el olor a cuero nuevo y el rugido del motor me hizo olvidar, por un segundo, el peso de la conciencia. Subí fotos a mis redes, aceleré por la autopista sintiendo que el viento podía llevarse los recuerdos malos de mi vida.

Pero la alegría no estaba completa. La primera persona a la que quería presumirle el motor, la única persona que realmente entendería lo que significaba ese auto para mí, no estaba.

Nate estaba en Marsella.

Se había ido a Francia con su familia paterna, buscando quizás el aire limpio que Italia ya no nos podía ofrecer. Agarré el celular y le envié un video del tablero, viendo cómo la aguja de la velocidad subía.

Anne: "Mira lo que el tío orgulloso me mandó de regalo de graduación. Solo hay tres en el mundo, Nate. Y uno es mío. Te extraño, idiota. Marsella debe ser aburrida comparado con esto."

Bloqueé el teléfono y seguí conduciendo. Me sentía poderosa y hermosa.

Al cabo de unos minutos, regresé a la finca. Cuando apagué el contacto en el garaje. Me quedé unos segundos en silencio, acariciando el volante de cuero, sintiendo el peso del lujo bajo mis dedos. Pero el vacío volvió a aparecer. Tomé el sobre que había dejado en el asiento del copiloto y entré en la casa. Me encerré en mi habitación y me senté en el suelo, apoyada contra la puerta.

Saqué la carta. Era la letra de Cassian. Elegante, firme, pero con trazos que denotaban que no había sido fácil escribirla, como si hubiera dudado mil veces antes de apoyar la pluma.

..."Anne,...

...Sé que esperabas verme hoy. Sé que el silencio de mi silla vacía en tu graduación te dolió, Sé que hoy es un día que debería estar lleno de risas y abrazos, y me desgarra el alma que el mío no sea uno de ellos. Estoy enojado, Anne. Pero lo que más me quema por dentro no es tu terquedad ni tu lealtad hacia mi padre... es que estoy enojado conmigo mismo....

...Perdóname. Soy el peor padre y el peor tío del mundo. Te fallé. Me odio por no haber tenido la fuerza suficiente para arrancarte de las garras de mi propio padre cuando aún podía. Hace años te hice una promesa, ¿la recuerdas? Te prometí que siempre te protegería, que no dejaría que la oscuridad de esta familia te tocara, que yo sería el muro entre tú y el legado oscuro de los Motetti. Y hoy, al verte graduada y lista para entrar en su mundo, me doy cuenta de que mi promesa se convirtió en cenizas. No supe protegerte. No supe ser el padre que necesitabas para no tener que buscar refugio en la crueldad de tu abuelo....

...Ese auto afuera... no es un premio. No es un trofeo por tus decisiones recientes. Es un recordatorio de la niña que solía pedirme que la llevara rápido para sentir que volaba lejos de aquí. Quería dártelo para que recuerdes que tienes ruedas para escapar, que tienes un camino propio si alguna vez decides dejar de ser la pieza de ajedrez de ese anciano....

...Ya eres mayor de edad. Ante la ley y ante esta familia, ya eres una mujer que puede decidir su propio camino. Tienes el mundo a tus pies y, lamentablemente, el veneno de los Moretti en la sangre. Ya puedes hacer lo que se te dé la gana, y sé que lo harás. Pero lee bien lo que te voy a decir: aunque no esté de acuerdo, aunque me rompa el corazón verte elegir el sendero que el abuelo ha trazado para ti, quiero que sepas una cosa, siempre estaré ahí. Para todo. Si alguna vez te pierdes, si alguna vez la oscuridad se vuelve demasiado densa o si el peso de esa corona que quieres ponerte te aplasta las sienes... búscame. No importa la hora, ni el lugar, ni el pecado que hayas cometido. Mi puerta nunca tendrá llave para ti....

...Si el mundo se te viene encima, si te cansas de ser una 'reina' y solo quieres volver a ser mi pequeña Anne, corre hacia mí. No haré preguntas. No habrá juicios. Solo habrá un hogar esperándote....

...Te quiero más de lo que mi orgullo me permite demostrar hoy. Felicidades, pequeña. Comete el mundo, pero nunca olvides el camino de regreso....

...—Cassian."...

Cuando terminé de leer, la primera lágrima cayó sobre el papel, emborronando su firma. Me llevé la carta al pecho y sollocé en silencio, dejando que la armadura de "reina de la mafia" se agrietara por completo. Cassian no me odiaba; me amaba tanto que le dolía verme convertirme en el monstruo que él tanto intentó evitar que fuera.

Él estaba ahí, ofreciéndome una salida que yo ya no podía tomar. Porque Cassian no sabía que el auto que me regaló solo serviría para llevarme más rápido hacia el destino oscuro que ya había aceptado. Pero saber que él me recibiría, incluso con las manos manchadas, fue lo único que me hizo sentir que todavía quedaba algo de la pequeña Anne dentro de este cuerpo lleno de secretos.

...----------------...

...MESES DESPUÉS...

Mi vida se divide en números, rutas y el eco de mis propios pasos en los almacenes del puerto. El abuelo ya no necesita estar presente; mi voz es su voz, y mis órdenes tienen el peso de una sentencia. Me he ganado el respeto a base de una eficiencia implacable, pero sobre todo, me he ganado el miedo. Los hombres que trabajan para la familia saben que detrás de mi rostro tranquilo está la sombra de Manuelle, y que desafiarme es, esencialmente, borrar su propio nombre del mapa.

Esa mañana estaba en uno de los depósitos privados de la familia en las afueras. Estaba supervisando el "desembarco" de un cargamento de piezas de arte robadas que servirían para blanquear el capital de la última operación en el Este.

—Asegúrense de que los sellos de autenticidad coincidan con los de la subasta de Ginebra —le dije a uno de los operarios, sin quitarme mis gafas de sol—. Si falta una sola pieza o si detecto un rasguño en el mármol, no se molesten en pedir una segunda oportunidad. Saben lo que pasa cuando el inventario no cuadra.

El hombre asintió con un sudor frío recorriéndole la frente. Nadie se atrevía a sostenerme la mirada por más de dos segundos. Me gustaba esa distancia.

Estaba revisando el manifiesto de carga en mi tablet cuando uno de mis hombres de confianza, Bruno, se acercó con pasos rápidos.

—Señorita Moretti —dijo, haciendo una leve inclinación de cabeza—. Tenemos una visita inesperada en la entrada del perímetro.

—No tengo citas hoy, Bruno. Dile que hable con el secretario del abuelo.

—Es que... es el señor Dorian Drago, señorita. Dice que no se irá hasta que usted lo reciba.

Apague la tablet y me giré hacia la entrada, ajustando mi chaqueta negra.

—Déjalo pasar —ordené—. Pero asegúrate de que sus hombres se queden fuera. No quiero testigos innecesarios para lo que sea que haya venido a decirme.

Caminé hacia el centro del almacén, rodeada de cajas de madera y hombres armados.

Me encendí un cigarrillo, dejando que el humo denso se mezclara con el olor a moho del almacén. Observé a Dorian cruzar el perímetro; caminaba con esa seguridad de quien sabe que pisa terreno minado pero tiene el mapa de las minas en el bolsillo. Técnicamente, ahora somos "aliados", un término que en nuestro mundo es tan volátil como la gasolina. No me fío de él ni de su sombra, pero en la jerarquía de los Moretti, Dorian es un mal necesario para mantener a raya las fronteras del sur.

Se detuvo a unos metros, recorriendo con la mirada las cajas de mármol robado y a mis hombres apostados con las subfusiles bajo las chaquetas.

—Te sienta bien esta temática, Anne —soltó con una media sonrisa que no le llegó a los ojos—. O quizás es que el poder te ha vuelto más atractiva.

—Ve al grano, Dorian —le corté, expulsando el humo lentamente—. No has venido hasta este basurero a comentar mi cutis.

Su expresión se endureció de inmediato. Se acercó un paso más, bajando la voz lo suficiente para que solo yo pudiera escucharlo por encima del zumbido de los generadores.

—Los Calderone están fuera de control. El regreso de los Moretti al tablero y tus "nuevas alianzas" les han sentado como una declaración de guerra. Sienten que les estás escupiendo en el plato. Han empezado a interceptar mis mensajeros y están ofreciendo recompensas por las cabezas de tus transportistas. Si no cortas esto pronto, habrá sangre en las calles antes del próximo envío de Ginebra.

Apreté la mandíbula. Los Calderone. Una familia de carniceros que cree que el honor se mide en litros de sangre. Sabía que estaban molestos, pero no que ya estaban moviendo piezas en el campo de Dorian.

—Tengo un plan para neutralizarlos, Dorian. Solo necesito que los D’Amato firmen el acuerdo de exclusividad en el puerto de Marsella. Con ellos de nuestro lado, los Calderone se quedarán sin oxígeno financiero.

Dorian soltó una carcajada seca, cargada de una lástima que me hirvió la sangre.

—¿Los D’Amato? Buena suerte con eso, reina. Tu llave para esa alianza está demasiado ocupada perdiendo la cabeza por el enemigo.

Sentí una punzada de rabia pura. Nathaniel. Mi hermano, el único en quien confiaba para cerrar ese trato en Francia, se había convertido en mi mayor obstáculo. El imbécil no solo estaba ignorando mis llamadas, sino que ahora salía oficialmente con Bianca Calderone.

—Nate sabe lo que hace —dije, aunque mi propia voz sonaba insegura—. Está... tanteando el terreno.

—No me jodas, Anne —escupió Dorian, perdiendo la paciencia—. No está tanteando nada. Se la está follando. Y mientras él juega a Romeo y Julieta con la hija del hombre que quiere vernos bajo tierra, los Calderone están usando esa relación para saber exactamente dónde guardas la mercancía. Tu hermano no es un infiltrado, es un caballo de Troya que tú misma dejaste entrar.

Tiré la colilla al suelo y la aplasté con el tacón, imaginando que era el cuello de Bianca. La situación era crítica. Si los D’Amato veían que los Moretti no podíamos controlar ni a nuestros propios parientes, la alianza se caería. Y sin ellos, estábamos a merced de una guerra abierta que el abuelo Manuelle recibiría con los brazos abiertos, pero que nos destruiría a todos.

—Me encargaré de Nathaniel —sentencié, mirando a Dorian a los ojos—. Y si Bianca Calderone es el precio que tengo que pagar para asegurar Marsella, que se despida de su cabellera rubia. Nadie, ni siquiera mi hermano, va a poner en riesgo lo que tanto me ha costado construir.

Dorian asintió, satisfecho con la crudeza de mi respuesta. Sabía que yo hablaba en serio. En la mafia, el amor es una debilidad que se cura con plomo o con silencio, y Nate estaba a punto de aprenderlo de la peor manera.

Me enteré de que Nate no estaba en Milán —otra vez—. Sus "asuntos de los Deveraux" lo trajeron de vuelta a Francia, y yo no iba a esperar sentada a que Bianca Calderone terminara de enredarlo en sus redes. Aterricé con los nervios de punta y me dirigí primero a la mansión principal de los Deveraux. Es un palacio que parece sacado de un cuento de la realeza, una fortaleza de elegancia; el refugio perfecto para que Nate pretenda que no es un Moretti.

El personal me informó que se encontraba en su propia residencia en Valmont, una zona mucho más privada.

Cuando llegué a la mansión de Valmont, la rabia ya me quemaba la garganta. Entré como un vendaval, ignorando la magnificencia del lugar. Pero Nate no estaba. El mayordomo, un hombre tieso que parecía parte del mobiliario, me dijo con una calma exasperante que el señor había salido hacía unas horas y que no sabía su destino.

Estaba a punto de romper un jarrón de la dinastía Ming contra la pared cuando apareció Carter, el asistente personal de Nate. Es un tipo joven, eficiente y, por lo general, sabe guardar secretos, pero no está entrenado para resistir la mirada de una Moretti que ha pasado los últimos dos años dando órdenes de muerte.

Lo intercepté en el pasillo, acorralándolo contra un aparador de caoba. Me quité las gafas de sol lentamente, clavando mis ojos en los suyos con una frialdad quirúrgica. No necesité gritar; el silencio y la promesa de lo que soy capaz de hacer fueron suficientes. Carter empezó a sudar, su respiración se volvió errática y su mirada bailaba de un lado a otro buscando una salida que no existía.

—¿Dónde está mi hermano, Carter? —siseé, acercando mi rostro al suyo—. Y piénsalo bien antes de mentirme. Sabes perfectamente quién soy y qué pasa con la gente que intenta tomarme por estúpida.

Carter tragó saliva, sus hombros se hundieron bajo el peso de mi intimidación. Sabía que si no hablaba, su carrera —o algo más preciado— terminaría ese mismo día.

—Está... está en un club para caballeros en el centro, señorita Anne —soltó finalmente, con la voz quebrada—. El Le Sphinx. Salió hace dos horas...

—¿En un club para caballeros? —repetí

Solté una carcajada seca, cargada de un cinismo que me quemaba la garganta. Miré al asistente, que parecía querer fundirse con el papel tapiz de la mansión de Valmont. Me pasé una mano por el cabello, ajustando mi abrigo de diseñador mientras sentía cómo la decepción se transformaba en una herramienta afilada.

—Vaya, vaya... Así que ni mi propio hermano se salva de ser un descarado —mascullé, más para mí misma que para el pobre diablo que tenía enfrente—. Todos los hombres de esta familia están cortados con la misma tijera. El abuelo con su rastro de amantes, y ahora Nathaniel... el "recto" Nathaniel, que presume de tener una relación formal con la princesita de los Calderone, pero se encierra en un antro a “ver” a mujeres desnudas.

Me di la vuelta y empecé a caminar hacia la salida, pero me detuve en seco. Una sonrisa gélida, la misma que le doy a los traidores antes de entregarlos al abuelo, se dibujó en mi rostro.

—En realidad... esto es una ventaja —susurré.

Si tanto amaba a su preciosa Bianca, si tanto estaba dispuesto a arriesgar la paz de la mafia por su romance de película, ¿qué carajos hacía en un club de striptease en Marsella? El amor de Nate era tan frágil como el de cualquier otro Moretti. Tenía una pieza de chantaje perfecta en mis manos. Si Nate no quería colaborar con los D’Amato por las buenas, lo haría por las malas, o su querida novia formal recibiría unas fotos muy interesantes de su "fiel" caballero en plena acción.

—Carter, dame la dirección exacta —ordené, girándome con una rapidez—. Voy a interrumpirle la función a mi hermano.

Salí de la casa de Valmont a zancadas, con los nervios de punta. El viaje desde la mansión de los Deveraux hasta aquí ya me había tomado más de una hora en el jet privado, y ese idiota me tenía dando vueltas por toda Francia como si no tuviera un imperio que dirigir. Estaba agotada y furiosa.

—¡Bruno! —ladré al ver a mi asistente apostado junto a la entrada—. Prepara el auto. Ahora.

...----------------...

...NATHANIEL DEVERAUX ...

Llevo un año sumergido en este simulacro de romance, una danza tóxica de celos, cuestionamientos constantes y un control asfixiante que me drena la energía. Hace apenas dos meses que anunciamos nuestra relación "oficialmente" para calmar las aguas entre las familias, y ya siento que me falta el aire. Por eso escapé a Marsella. Necesitaba el silencio de la mansión de los Deveraux, la brisa de la costa y, sobre todo, necesitaba volver a verla a ella.

He venido a este club solo un par de veces, y siempre por la misma razón. Entre el humo y las luces de neón, destaca como un diamante en el fango: Scarlett.

Es despampanante. Tiene esa piel cálida, de un tono oliva que delata sus genes latinos, y una melena que atrapa la luz de forma hipnótica cada vez que se mueve en el escenario. Me dejó embelesado desde la primera vez que la vi. Sin embargo, en mi visita anterior, me topé con un muro: este es un club de prestigio que no ofrece servicios de compañía, y Scarlett, al ser la bailarina premium y la estrella del show, tiene prohibido cualquier contacto que no sea el baile sobre la tarima.

Pero todo tiene un precio, y para mí esto no iba a ser una tarea difícil.

Me tomó una hora de conversación y una suma de dinero que haría palidecer a cualquier empresario promedio convencer al dueño del club. Finalmente, el hombre cedió. Subí a su oficina privada, un espacio forrado en madera oscura y cuero, a esperar que la trajeran.

Cuando la puerta se abrió, Scarlett entró con la frente en alto, pero se quedó congelada al escuchar las palabras de su jefe.

—No soy una dama de compañía —le soltó ella al dueño, con una voz firme que solo me hizo desearla más—. Usted sabe perfectamente que yo no ofrezco ese tipo de servicios. No me vendo.

El jefe soltó una risa seca y le deslizó un papel con la cifra que yo acababa de transferir.

—Por esta suma, Scarlett, harás lo que el señor Deveraux te pida. No seas tonta, es más de lo que ganarías en un año bailando ahí abajo.

Vi cómo ella tragaba saliva, mirando el cheque con una mezcla de derrota y necesidad. Tras unos segundos que parecieron eternos, asintió levemente, aunque sus nudillos estaban blancos de tanto apretar su bata de seda. El jefe se levantó, complacido, y me la presentó formalmente.

—Señor Deveraux, aquí tiene a su invitada de honor. Scarlett, pórtate bien.

Me levanté del sillón con la elegancia que me enseñó mi padre y le tomé la mano con suavidad. Al sentir su piel contra la mía, noté que estaba temblando. Le besé los nudillos lentamente, manteniendo el contacto visual. Ella me miraba con unos ojos cargados de nerviosismo, como si estuviera frente a un depredador que acababa de comprar su libertad por una noche.

—Es un placer por fin tenerte cerca, Scarlett —susurré, sin soltarla—. No tienes por qué tener miedo. Solo quiero tu tiempo.

Ella evitaba mi mirada, con los dedos entrelazados con fuerza, asimilando que su voluntad acababa de ser comprada por una cifra con demasiados ceros. Me levanté con calma, ajustándome los puños de la camisa.

—Vístete con tu ropa normal —le dije en voz baja, dándole el espacio que necesitaba—. Te espero en la salida de trabajadores. No quiero que salgas por la puerta principal conmigo.

Ella asintió mecánicamente y desapareció por una puerta lateral. Salí del club sintiendo el aire frío de Marsella golpeándome el rostro, un alivio necesario después del sofoco del neón y el perfume barato. La verdad era que me sentía asfixiado; Bianca era un radar tóxico constante, y esta chica, Scarlett, me había movido el corazón de una forma que no sabía explicar mientras la veía bailar. Necesitaba respirar, y quería hacerlo a su lado, lejos del ruido de la mafia y de las expectativas de mi padre.

Minutos después, la vi salir. Llevaba ropa casual, algo sencillo que de alguna manera resaltaba su belleza natural. Saqué el teléfono y llamé a Carter mientras la guiaba hacia el auto.

—Carter, necesito reservaciones. En ciertos lugares—le expliqué lo que quería—pero quiero privacidad absoluta. Muévete.

Nuestra primera parada fue una de las boutiques más exclusivas de la ciudad, un templo de alta costura que solo abre sus puertas tras una llamada previa. Al entrar, la dueña, una mujer elegante de mirada afilada, me reconoció de inmediato y me hizo una reverencia casi exagerada.

—Monsieur Deveraux, es un honor —dijo, pero en cuanto sus ojos se posaron en Scarlett, hizo una mueca imperceptible de desdén.

—Búsquele algo precioso para una cena —ordené, ignorando el juicio de la mujer—. Lo mejor que tenga.

Scarlett me tomó del brazo, con los ojos muy abiertos, tratando de susurrarme que no era necesario, que esto era demasiado. Pero yo ya no escuchaba. La señora la condujo hacia los probadores con una eficiencia gélida, mientras yo me sentaba a esperar en silencio.

Cuando salió, el poder del dinero había hecho su magia, aunque la belleza ya estaba ahí. Llevaba un vestido que abrazaba su figura de forma espectacular, su cabello llamativo perfectamente arreglado y joyas discretas pero carísimas que hacían resaltar sus genes latinos. Estaba radiante, una visión que me dejó sin aliento por un segundo, pero sus ojos reflejaban una incomodidad profunda. Se movía como si caminara sobre cristales, intimidada por un mundo que no le pertenecía.

—Estás perfecta —le dije, ofreciéndole mi brazo para llevarla al restaurante más exclusivo de Marsella.

—Esto no está bien, señor Deveraux... —murmuró ella mientras subíamos al auto—. No soy una de estas personas. No sé qué pretende de mí.

—Solo pretendo que esta noche el mundo se detenga un momento —respondí.

El restaurante era un santuario de mármol y velas, el tipo de lugar donde el mantel vale más que la comida. Eliana se veía espectacular, pero su lenguaje corporal gritaba que quería salir corriendo. Estaba rígida, jugando con el borde del mantel, con esos ojos grandes recorriendo la cristalería como si temiera romperla con la mirada.

Me resultó adorable. No pude evitarlo y solté una pequeña risa nasal que rompió la tensión del aire. Ella frunció el ceño de inmediato, clavándome una mirada defensiva.

—¿Qué es lo gracioso, señor Deveraux? —preguntó con un deje de orgullo herido.

Me apoyé sobre la mesa, acortando la distancia entre nosotros para que el ambiente se sintiera menos como una transacción y más como una cita.

—Dime solo Nate, o Nathaniel —le pedí con una sonrisa ladeada—. Eres muy joven, y que me digas "señor" me hace sentir como si tuviera cien años.

Ella asintió despacio, suavizando un poco el gesto. —Está bien... Nathaniel.

—Mucho mejor. Ahora, quiero saber quién eres tú realmente. Dime tu nombre real, tu edad... cuéntame de tu vida.

Eliana se puso a la defensiva de inmediato. Se echó hacia atrás en la silla, cruzando los brazos sobre el vestido de seda que yo mismo había elegido.

—¿Para qué quieres esa información? —me soltó—. No creo que sea prudente. Soy una bailarina de un club, tú eres el cliente que pagó por mi tiempo. Dejémoslo ahí.

—¿No crees que me lo merezco, cielo? —le pregunté, bajando el tono de voz, dejando que el magnetismo de los Moretti hiciera su parte—. He movido cielo y tierra para cenar contigo, no con "Scarlett".

Ella suspiró, viéndose finalmente presionada por mi insistencia. Miró hacia un lado antes de volver a mis ojos.

—Me llamo Eliana Díaz —confesó al fin—. Tengo diecinueve años. Migré hace unos años con mi mamá. ¿Ya estás contento?

—No mucho, pero es un comienzo —respondí, disfrutando del fuego que desprendía—. Para que estemos en igualdad de condiciones, me presentaré formalmente. Como ya sabes, soy Nathaniel Deveraux Moretti. Heredero de los Deveraux, una familia de la vieja aristocracia francesa, y de los Moretti, que... bueno, tienen una reputación mixta, pero aquí estoy. Soy oficialmente corredor de la F1 desde hace unos meses y estudio en la universidad, aunque estoy levantando mi propia empresa automotriz. Y hay más cositas que, si me lo permites, podemos ir descubriendo juntos.

Eliana soltó un resoplido cargado de sarcasmo. Se cruzó de brazos y, pensando que yo no entendería, murmuró en un español rápido y musical, con un acento que no logré identificar del todo... ¿Cubana? ¿Puertorriqueña? No estaba seguro.

—Malditos ricos y su vida privilegiada.

Me eché a reír de verdad esta vez. Ella se quedó helada cuando le respondí en su mismo idioma, con una pronunciación casi perfecta:

—Lo siento por nacer en una familia multimillonaria, linda. No era mi intención.

Eliana abrió los ojos de par en par, cubriéndose la boca con una mano mientras un rubor intenso le subía por las mejillas oliva. Estaba genuinamente impresionada y apenada.

—¡Ay, no! Perdón... —tartamudeó, recuperando el aire—. ¿Hablas español? Pensé que... no sé, que eras solo francés e italiano.

—Hablo español, sí —le dije, disfrutando de su confusión—. Tengo un tío, Gabriel Moretti, que es colombo-italiano. Él me enseñó cuando era pequeño. Así que ten cuidado con lo que murmuras, Eliana, porque te entiendo perfectamente.

Ella soltó una risita nerviosa, y por un segundo, la barrera del club y del dinero pareció desaparecer.

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Rocio Raymundo
me encantó de principio a fin la novela , muchos éxitos escritora.
Rocio Raymundo
me encantó me encantó la novela cual sería la primera de la saga me dise mi querida autora
Rocio Raymundo: gracias iré a su perfil 😃
total 2 replies
Patricia Enríquez
esta muy bien la historia pero no hay mas capitulos o segunda parte
Yazz: Falta el capítulo final que lo estaré subiendo ahora. (Porque está novela es como una historia alterna de la secuencia original de la saga) La segunda parte después del capítulo de “la reina de la pirámide” es la novela “Dinastía de la serpiente” que está en mi perfil, ahí continúan los acontecimientos.
total 1 replies
Teresa Guardoni
pero fue bárbara l a historia de estos mafiosos tambien eran adicto al sexso👏
Teresa Guardoni
Muy buena la reina
Teresa Guardoni
👏🥰
Teresa Guardoni
Que brava la chiquilla los paso por arriba a todos los hombre
Teresa Guardoni
Que buena histora👏
Teresa Guardoni
me registra muy buena
Rocio Raymundo
que fuerte en verdad
Rocio Raymundo
cuál es la novela de eyos cuando por lo que entendí hay una dag de eyos me da el orden de las novelas
Yazz: Hola, la historia de ellos es “dinastía de la serpiente” la puedes encontrar en mi perfil. También están los libros anteriores y el primero de toda la saga es “Rivales de oficina” 🤗
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Rocio Raymundo
ese bebé no tiene la culpa an si no lo quieres puedes darlo en adopción irte lejos y darlo en adopción es un ser indefenso a Tristán destruyelo Pero a ese bebé no 😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭lo déjalo nacer y dalo en adopción pero no lo mates 😭😭😭😭😭😭
Rocio Raymundo
tu hermana se está perdiendo an , que manipulador salió Tristán en verdad
Rocio Raymundo
algo malo le pasará si va
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