⚠️ Edicion de capítulos ⚠️
🚫 Novela en Emisión y Corrección 🚫
Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.
Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.
¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?
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Capítulo 5: El Silencio del Océano
Capítulo 5
La mañana en las oficinas centrales del Holding Arcane transcurrió con una extraña tranquilidad. Axel Brunner se había sumergido en una montaña de informes financieros, intentando que los números y las gráficas silenciaran la inquietud que le producía el recuerdo de la noche anterior. En su despacho, el ambiente de calma profesional era perfecto, una fachada que Axel dominaba con maestría.
Sin embargo, cada vez que el reloj de pared marcaba una hora nueva, Axel echaba una mirada fugaz a su teléfono personal, colocado estratégicamente sobre el escritorio de cristal.
—Nada, ¿verdad? —La voz de Stefan lo sobresaltó. Su socio estaba apoyado en el marco de la puerta, observándolo con una sonrisa de medio lado.
Axel carraspeó, fingiendo que le interesaba mucho un informe sobre la fluctuación del euro.
—No sé de qué hablas, Stefan. Tengo mucho trabajo.
—Oh, claro, muchísimo trabajo. Por eso miras ese teléfono como si esperaras una señal —Stefan entró en el despacho y se sentó frente a él, estirando las piernas—. Admítelo, Axel. Molly Dumont te ha dejado en espera sin siquiera haberle enviado un mensaje. Estás esperando que te llame para recriminarte la huida de anoche o, al menos, para decirte que recibió el contrato.
Axel dejó la pluma sobre la mesa y soltó un suspiro, relajando los hombros. Por una vez, dejó de lado la máscara de CEO infalible.
—Es extraño, Stefan. Es una mujer de negocios. Lo lógico es que, tras recibir un contrato firmado de esta magnitud, llamara de inmediato para confirmar la recepción. Han pasado cinco horas desde que Hans envió al mensajero. Es... inusual, incluso para alguien que está molesta.
—O tal vez simplemente decidió que no eres tan importante —soltó Stefan con una carcajada—. Quizás está celebrando con su amiga en algún lugar. No todo el mundo vive para el trabajo como tú.
—No es eso —insistió Axel, sintiendo una punzada de algo que no sabía si era orgullo herido o una intuición extraña—. Pero bueno, tienes razón. Si quiere mantener las distancias, que lo haga. No voy a rogar por una llamada.
Axel volvió a sus papeles, intentando convencerse de que el silencio de Molly era solo una táctica o un gesto de orgullo. Al fin y al cabo, él se había portado de manera impulsiva. Decidió que dejaría el asunto así; si ella quería hablar, sabía dónde encontrarlo.
Mientras Axel intentaba forzar su indiferencia, el mundo de Julien Dumont se desmoronaba en el pasillo de una clínica privada en las afueras de Zúrich.
Julien permanecía con el rostro desencajado. Su hija, quien debía estar regresando con noticias de éxito, ahora yacía en una cama fría rodeada de monitores. De pronto, la pena se transformó en una chispa de sospecha. Julien levantó la cabeza y sus ojos se volvieron duros.
—Un camión... en una carretera despejada... a plena luz del día. Lukas, esto no me huele bien. Molly no es una persona que tenga accidentes casuales.
—Ahora no es momento de pensar en eso, Julien —intentó calmarlo el médico.
—¡Es el momento perfecto! —Julien se puso de pie, recuperando su antigua autoridad—. Escúchame bien. Nadie, absolutamente nadie fuera de este círculo médico, debe saber que Molly está aquí. Usa tus influencias. Y si alguien provocó esto... no quiero que sepan que fallaron. Mantén el anonimato absoluto. Molly Dumont no existe en los registros de este hospital hoy. ¿Entendido?
Lukas asintió con gravedad. Julien se acercó al cristal de la habitación de su hija. Verla allí, tan pequeña bajo las sábanas blancas, con cables saliendo de su cuerpo, le oprimió el pecho. Por ahora, su única prioridad era que ella respirara.
Cerca de las siete de la tarde, Axel Brunner salió de su oficina. Hans lo esperaba junto al ascensor con su abrigo y el maletín.
—¿Alguna novedad, Hans? —preguntó Axel, tratando de sonar casual.
Hans, que conocía a su jefe, entendió perfectamente a qué se refería.
—Ninguna llamada de la señorita Dumont, señor. Tampoco han confirmado la recepción física del contrato, aunque el mensajero asegura haberlo entregado en la recepción principal de su oficina.
Axel frunció el ceño. Esto ya no era solo un desplante o un gesto de orgullo. Había algo que no encajaba. Molly Dumont no era de las que dejaba un documento de esa importancia en una bandeja de entrada sin dar una respuesta.
—Llama a su oficina de nuevo —ordenó Axel mientras entraban en el ascensor.
—Ya lo hice, señor. Dicen que la señorita Dumont no ha llegado hoy y que no dan mayor información. Suponen que sigue en Madrid o que se ha tomado el día libre tras el viaje.
Axel sintió un escalofrío que nada tenía que ver con la temperatura del edificio. Se aflojó el nudo de la corbata, sintiéndose repentinamente sofocado.
—No tiene sentido, Hans. Ella vendría directamente a hablar con su padre. Stefan dice que estoy paranoico, pero... —Axel se interrumpió, mirando su reflejo en las puertas metálicas del ascensor.
Una mujer tan meticulosa como Molly no desaparecía de la faz de la tierra justo después de cerrar una negociación en Madrid. Había una pieza del rompecabezas que le faltaba, y la total ausencia de rastro de la ejecutiva empezaba a transformarse en una sospecha inquietante. Axel apretó el puño sobre el maletín, decidido a no esperar a que los Dumont rompieran el silencio.