NovelToon NovelToon
La Dulce Villana

La Dulce Villana

Status: En proceso
Genre:Época / Villana / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:11.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

La dulzura la llevó a la muerte.
En su segunda vida, aprendera a disfrutar del miedo ajeno, a sonreír mientras destruye y a usar el deseo como castigo. Convertida en la Villa jugara con sus presas como con una hoja afilada: lenta, precisa e inevitable.


La dulzura fue su condena. La villanía, su salvación.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Charla 2.0

Me levanté y caminé hasta quedar a su lado.

—Nadie sabe nada.

—Eso crees.

Suspiré.

—¿Alguien sospecha?

—No lo suficiente como para acusar. Pero las miradas cambian cuando dos personas dejan de parecer indiferentes.

Me crucé de brazos.

—Somos prudentes.

—Lo son —corrigió—. Pero la prudencia no es invisibilidad.

Silencio.

—El compromiso se romperá —dijo finalmente—. No por celos. No por escándalo. Sino por incompatibilidad evidente tras el incidente.

—“Incompatibilidad” suena elegante.

—Es la palabra que evita guerras.

Lo miré con atención.

—¿Y el archiduque?

Su expresión no cambió, pero su silencio sí.

—No aparecerá en la narrativa.

—Nunca estuvo en ella.

—Exacto.

Eso es lo que lo hace tan delicado.

—¿Confía en él? —pregunté.

No respondió de inmediato.

—Confío en que es peligroso de forma controlada —dijo al fin.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es la única respuesta que importa.

Me apoyé en el alféizar.

—No quiero romper el compromiso para caer en otro igual.

—No lo harás.

—¿Cómo puede estar seguro?

Se giró hacia mí.

—Porque esta vez elegirás tú.

Eso me descolocó un poco.

—Incluso si esa elección incomoda al trono?

—El trono ya fue incomodado por su propio heredero.

Punto válido.

Volvió al escritorio.

—Mañana hablaré formalmente con el rey. Le presentaré la ruptura como una medida para preservar la estabilidad y evitar tensiones futuras.

—¿Aceptará?

—No tiene razones sólidas para negarse.

—¿Y si el príncipe se opone?

—Su oposición solo reforzará nuestra posición.

Sonreí lentamente.

—Me gusta cuando el orgullo ajeno trabaja a nuestro favor.

—Es un recurso renovable.

No pude evitar reír.

Caminé hacia la puerta, pero me detuve.

—Lithya.

Me giré.

—El archiduque puede ser discreto. Puede ser estratégico. Puede incluso ser adecuado.

Silencio.

—Pero no olvides que el reino observará cada paso después de la ruptura.

—Lo sé.

—Y si vas a cambiar de alianza, asegúrate de que no parezca un reemplazo impulsivo.

Sonreí apenas.

—Nunca soy impulsiva.

Su mirada dijo claramente: discutible.

—Padre… —dije entonces, girándome del todo hacia él—. ¿Cómo lo sabe?

No hubo sobresalto. Solo una leve exhalación, casi divertida.

—¿Saber qué?

—Que no es solo política. Que no es solo estrategia. Que hay… algo.

Me sostuvo la mirada sin evasivas.

—Porque he vivido más de lo que imaginas —respondió con calma—. Porque sé cómo cambia la postura de una persona cuando escribe una carta distinta a las demás.

Mi pulso se tensó apenas.

—No vio la carta.

—No necesitaba verla.

Se levantó lentamente.

Guardé silencio.

—Además —continuó—, el archiduque no te mira como el príncipe lo hace.

—¿Y cómo me mira?

—Como si evaluara un incendio y decidiera acercarse de todos modos.

Eso me dejó sin réplica por un segundo.

—Y tú —añadió— no lo miras como a un aliado. Lo miras como a una posibilidad.

El aire se volvió más denso.

—No hemos hecho nada imprudente —dije con firmeza.

—No he dicho que lo hayan hecho.

—Entonces…

—Entonces sé reconocer cuando dos personas empiezan a orbitarse.

Silencio.

—Y porque soy tu padre —finalizó—. No necesito pruebas. Solo patrones.

No supe si sentirme expuesta o protegida.

—No es oficial —dije finalmente.

—Por eso mismo es peligroso.

Asentí despacio.

—Nadie sabrá nada hasta que el compromiso esté terminado.

—Más vale.

Me dirigí hacia la salida.

—Padre.

—¿Cómo sabe que era el y no otro? —pregunté otra vez, pero esta vez no con cautela política, sino con esa incomodidad íntima que aparece cuando uno sospecha que ha sido leído como un libro abierto.

Mi padre no respondió de inmediato.

Se levantó con esa calma peligrosa que siempre antecede a una verdad incómoda y caminó hacia la estantería. Pasó los dedos por el lomo de un volumen cualquiera, como si estuviera eligiendo cuidadosamente cuánto revelar.

—Porque recordé algo —dijo al fin.

Fruncí el ceño.

—¿Recordó qué exactamente?

Se giró hacia mí.

—El día que despertaste tu poder.

Mi respiración se detuvo apenas un segundo.

Eso no era un recuerdo cualquiera.

—No tiene nada que ver con esto —respondí demasiado rápido.

—Tiene todo que ver.

Se acercó, apoyando una mano sobre el escritorio.

—Ese día no solo despertó tu habilidad. Despertó tu mente.

No entendí.

—¿Mi mente?

—Tu poder no es solo energía. Es pensamiento amplificado. Intención convertida en impacto.

Sentí un leve escalofrío.

—Padre…

—Recuerdo lo que me dijiste después.

Tragué saliva.

—Yo estaba… alterada.

—Estabas confundida —corrigió con suavidad—. Pero no delirando.

El silencio comenzó a tensarse.

—Cuando tu poder se activó, no fue por miedo —continuó—. Fue por un pensamiento específico.

No quería que lo dijera.

Pero lo hizo.

—Pensaste en él.

El aire se volvió más pesado.

—No puede saber eso.

—Puedo.

Me miró sin dureza, pero sin evasión.

—Porque me lo dijiste esa noche. Dijiste que justo antes de que la energía explotara, recordaste el primer beso que le diste a un desconocido enmascarado.

Mi pulso empezó a latir con fuerza.

Ese recuerdo.

Oscuro. Improvisado. Peligroso.

—Fue un error —murmuré.

—No fue un error. Fue un detonante.

Me aparté unos pasos.

—No significa nada.

—Lithya.

Ese tono.

El tono que usa cuando no tolera autoengaños.

—Tu poder responde a lo que reprimes —continuó—. Y lo que reprimías ese día no era miedo. Era deseo.

Silencio.

—Y no era deseo de libertad política —añadió con una leve ironía.

Sentí calor en el rostro.

—Eso fue antes del debut.

—Sí.

Se enderezó.

—Y luego vino el baile.

Mi estómago dio un pequeño vuelco.

—¿Qué hay con el baile?

—Los vi.

—Toda la corte nos vio.

—No como yo.

Su voz bajó apenas.

—No estaban bailando como dos nobles cumpliendo protocolo.

Traté de mantener expresión neutral.

—Fue un vals.

—Fue familiaridad.

Eso me atravesó más que cualquier acusación.

—No hicimos nada indebido.

—No hablo de indecencia. Hablo de proximidad.

Se acercó un poco más.

—Hay una diferencia entre guiar a alguien en un giro… y anticiparlo.

Mi mente regresó a ese momento.

Su mano en mi cintura.

Mi giro antes de que él lo indicara.

La coordinación que no necesitaba palabras.

—Lo vi inclinarse apenas antes de que tú cedieras el espacio —continuó—. Vi cómo tu mano subía por su hombro sin rigidez. No era cálculo. Era costumbre.

Mi garganta se cerró.

—No tenemos costumbre —murmuré.

Mi padre alzó una ceja.

—El cuerpo no miente tan bien como la lengua.

Silencio.

No lo dijo como reproche.

Lo dijo como conclusión.

—Ese beso no fue político —añadió—. No fue accidental. Y definitivamente no fue frío.

Mi mente quiso defenderse, pero no encontró argumentos sólidos.

—Usted no estuvo allí.

—No necesitaba estarlo. Vi tu expresión al regresar aquella noche.

Eso me desarmó.

—No estaba… enamorada.

—No dije eso.

Respiré hondo.

—Entonces, ¿qué dice?

—Digo que desde ese día, ese día que él entro a la habitación, tu postura cambia apenas un grado.

Intenté reír, pero sonó débil.

—Está exagerando.

—He negociado tratados observando microgestos durante décadas. No exagero.

Mal momento para recordar que mi padre es un estratega brillante.

—Y el día del debut —continuó—, cuando el príncipe cometió su estupidez pública… no buscaste a tu prometido con la mirada.

Eso fue un golpe limpio.

—Buscaste al archiduque.

Silencio.

—Y él ya te estaba mirando.

Sentí un escalofrío recorrerme.

—Eso no prueba nada.

—Prueba sincronía.

Se cruzó de brazos.

—No reaccionaron como aliados sorprendidos. Reaccionaron como dos personas que comparten un código previo.

Mi mente retrocedió otra vez al baile.

El giro.

La cercanía.

El murmullo bajo que nadie más escuchó.

La confianza.

—Y Lithia el poder no responde a trivialidades —concluyó—. Responde a lo que te atraviesa eres una híbrida Lithya recuerda lo que te dije la otra vez.

"Tu magia es híbrida. No elige. Si la alimentas con deseo, con vínculos no calculados, responderá sin pedir permiso.

—No vuelvas a usar ese recuerdo para canalizar magia —digo—. No porque esté mal besar, sino porque aún no sabes qué estás invocando cuando lo haces.

Abrí los ojos lentamente.

—¿Está enojado?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.

Mi padre me observó con una mezcla curiosa de sorpresa y paciencia.

—No.

—¿Decepcionado?

—No.

—Entonces, ¿qué?

Se acercó un poco más.

—Preocupado por las consecuencias. No por el sentimiento.

Eso… no lo esperaba.

—Lithya —dijo con voz más firme—. No me preocupa que sientas algo. Me preocupa que el mundo lo descubra antes de que tú decidas qué hacer con ello.

El aire dejó de pesar tanto.

—El compromiso se romperá —dije con más seguridad.

—Sí.

—Y no por él.

—No oficialmente.

Un atisbo de ironía cruzó su rostro.

—Pero no te equivoques —añadió—. Si eliges acercarte al archiduque después de la ruptura, la corte conectará los puntos.

—La corte siempre conecta cosas que no entiende.

—Esta vez acertará.

Silencio.

— Y Lithya por favor no seas inpulsiva

—No soy una niña impulsiva.

—No. Eres peligrosa cuando decides algo.

Eso sonó peligrosamente a cumplido.

—Y él también lo es —añadió.

Nos miramos en silencio.

—¿Confía en que no me lastimará?

Mi padre no respondió de inmediato.

—Confío en que no te subestima.

Eso fue… sorprendentemente suficiente.

—Entonces lo sabe —dije en voz baja.

—Lo sé.

—Y aun así me ayuda a romper el compromiso.

—Porque prefiero un escándalo controlado ahora… que una tragedia inevitable después.

Humor negro, elegante y certero.

Suspiré.

—¿Y si todo esto sale mal?

—Entonces al menos habrá sido tu elección.

Me miró con firmeza.

—Pero la próxima vez que despiertes un poder por un pensamiento… asegúrate de que el reino no esté mirando.

No pude evitar sonreír.

—Haré mi mejor esfuerzo.

—Eso me preocupa más que el archiduque.

Y por primera vez en toda la conversación, ambos reímos.

Pero en el fondo, los dos sabíamos algo:

El compromiso con el príncipe ya estaba muerto.

El secreto con el archiduque ya no era tan invisible.

—¿Sí?

—Gracias por no preguntarme directamente.

Una sombra de sonrisa cruzó su rostro.

—Prefiero que me lo digas cuando estés lista. No cuando te sientas interrogada.

Eso… fue inesperadamente gentil.

Salí del despacho con el corazón firme.

La carta al archiduque ya iba en camino.

El compromiso con el príncipe estaba en proceso de disolución.

Y ahora sabía que mi padre no solo sospechaba.

Observaba.

Y esperaba.

Como siempre un hombre astuto y un excelente estratega, lo que me sorprende es que si sabe todo eso ¿me preguntó si sabes que Kael paso la noche aquí? Aunque no creo Kael estuviera muerto jajaja.

1
valeska garay campos
se lee interesante 🤔
María Alejandra Ramírez González
excelente pero no es bonito el corte tan brusco de la historia
Limaesfra🍾🥂🌟
si que es intenso y apasionado..el ya decidio, sera su archiduquesa💃
Limaesfra🍾🥂🌟
🐍🐍aplastadas
Limaesfra🍾🥂🌟
golosa
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 eso Lythia
Lorena Itriago
menos mal que no habría más besos jajajaja
Leydi Nina: menos mal jajajaja
total 1 replies
Gladys Padrón
me encanta
Leydi Nina: Muchas gracias por tu comentario 😊
total 1 replies
Teté chan
Y Lo Repito es Perfecta /Plusone/
Teté chan
es perfecta
Teté chan: sigue escribiendo te estaré leyendo 😊😊😊😊😊😊
total 2 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play