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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 7

La mañana siguiente al enfrentamiento en el jardín amaneció con un cielo de un azul tan afilado que parecía herir la vista. En la mansión Blackwood, el desayuno no era un momento de relajación, sino la primera formación de combate del día. Me senté frente a Alexander, sintiendo aún el eco de sus manos en mi cuerpo, una marca invisible que me otorgaba una confianza casi temeraria.

Él me observaba por encima de su café negro, sus ojos oscuros recorriendo mi rostro con una mezcla de posesión y estrategia.

—Hoy es el almuerzo oficial con el clan —dijo Alexander, dejando la taza con un tintineo metálico que cortó el aire—. No solo estarán Liam y su prometida. Vienen mis primos, los accionistas minoritarios y, por supuesto, la madre de Elena. Todos querrán ver si la nueva señora Blackwood tiene grietas.

—Que miren —respondí, saboreando una fruta con una lentitud provocativa—. He pasado años ocultando el hambre en el orfanato; ocultar mis intenciones ante unos aristócratas aburridos es un juego de niños.

Alexander se levantó y rodeó la mesa. Se detuvo detrás de mí y apoyó sus manos en mis hombros. Sus dedos apretaron con una firmeza que me hizo contener el aliento. Se inclinó, su boca rozando mi oreja, y pude oler ese aroma a madera y éxito que lo envolvía siempre.

—Liam está desmoronándose, Luna. He visto el informe de sus cuentas de anoche. Intentó liquidar un fondo de emergencia para comprar el silencio de un periodista que lo vio borracho hace dos días. Lo bloqueé, por supuesto.

—Déjalo que sufra —susurré, cerrando los ojos ante el contacto de sus labios en mi cuello—. La falta de aire es lo que precede al pánico. Y Liam está a punto de asfixiarse.

Alexander bajó una de sus manos por mi pecho, deteniéndose justo sobre el latido de mi corazón. Era un contacto que reclamaba propiedad, una conexión que iba mucho más allá de nuestra alianza.

—Me gusta cómo piensas. Vístete para matar, Luna. Literalmente.

El almuerzo se servía en el gran comedor de invierno, una sala bañada en oro y terciopelo. Elegí un vestido de seda color esmeralda que resaltaba la palidez de mi piel, ajustado como una armadura de alta costura. Cuando entré del brazo de Alexander, la conversación murió al instante.

Liam estaba allí, sentado a mitad de la mesa, luciendo como si no hubiera dormido en una semana. A su lado, Elena Miller vestía un conjunto rosa pálido que la hacía ver desesperadamente infantil comparada con la presencia que Alexander y yo proyectábamos.

—Alexander, querido —exclamó la madre de Elena, una mujer cuya cara parecía haber sido estirada por un cirujano con poco sentido de la piedad—. No sabíamos que tu... esposa, tenía un gusto tan refinado. ¿De qué familia dijiste que venía, Luna?

Me senté en la cabecera, justo a la derecha de Alexander, el lugar de la matriarca. Miré a la mujer con una sonrisa que no llegó a mis ojos.

—Vengo de la familia que se forja a sí misma, señora Miller —respondí, mi voz fluyendo como miel envenenada—. En mi mundo, no heredamos los apellidos; los ganamos. Alexander vio en mí algo que su sobrino parece haber perdido: carácter.

Liam dejó caer su tenedor, el estruendo resonó en toda la mesa. Sus ojos estaban fijos en mí, llenos de un deseo sucio y una rabia impotente. Podía ver cómo sus manos temblaban bajo el mantel.

—El carácter no compra barcos, tía —escupió Liam, usando el título con un sarcasmo que ocultaba su dolor—. El negocio portuario necesita contactos, no... historias de superación.

—Tienes razón, Liam —intervino Alexander, su tono gélido silenciando cualquier murmullo—. Por eso he decidido que, a partir de hoy, Luna supervisará la logística de la fusión Miller. Ella tiene un ojo clínico para detectar fugas de capital y, sobre todo, para detectar traidores.

Elena se puso pálida.

—¡Eso es inaudito! —chilló—. ¡Ese era el puesto de mi padre!

—Su padre seguirá en el consejo —dije, tomando un sorbo de vino y mirando a Liam directamente a los ojos—. Pero Liam estará bajo mi mando directo. Si quiere recuperar sus privilegios, tendrá que demostrar que sabe obedecer órdenes. Mi primera orden, sobrino, es que presentes las disculpas por el desfalco que intentaste hacer anoche. Frente a todos.

El rostro de Liam pasó del blanco al rojo violáceo. Estaba siendo humillado frente a su futura familia política, frente a los accionistas, frente a la mujer que una vez lo adoró.

—Yo no... no tengo por qué... —balbuceó Liam.

—Hazlo —ordenó Alexander, y el poder en su voz hizo que incluso los camareros se detuvieran—. O retira tus cosas de la mansión antes del postre. Tú eliges.

El silencio fue agonizante. Podía ver el sudor en la frente de Liam. Miró a Elena, buscando ayuda, pero ella estaba demasiado ocupada intentando mantener su propia dignidad. Finalmente, Liam bajó la cabeza.

—Lo siento —masulló—. Pido disculpas a la señora Blackwood por mi... conducta inapropiada.

—No te oigo, Liam —dije, disfrutando de cada segundo—. El protocolo exige que te pongas de pie y mires a la matriarca a los ojos cuando pides perdón.

Con los movimientos de un condenado, Liam se levantó. Sus ojos se encontraron con los míos. Vi en ellos el recuerdo de nuestras noches en el orfanato, la promesa de que seríamos reyes. Y ahora, yo llevaba la corona y él estaba de rodillas.

—Perdóneme, tía Luna —dijo, y cada palabra fue como un trago de hiel para él.

—Acepto tus disculpas, sobrino —respondí, haciéndole un gesto con la mano para que se sentara, como si fuera un perro que acaba de cumplir un truco—. Ahora, hablemos de los beneficios del cuarto trimestre.

El almuerzo continuó, pero para Liam la tortura no había terminado. Durante el resto de la comida, Alexander no dejó de mostrarme afecto. Sus manos rozaban mi muslo bajo la mesa, sus dedos trazando patrones que me hacían apretar las rodillas. En público, éramos la pareja perfecta; en privado, bajo el mantel de lino, Alexander estaba reclamando su victoria sobre el ego de su sobrino.

Cuando el postre terminó y los invitados empezaron a dispersarse hacia el salón de fumar, Liam me interceptó en el pasillo que llevaba a la biblioteca. Me acorraló contra una estatua de mármol, su aliento oliendo a vino y desesperación.

—¿Te diviertes? —preguntó, su voz rompiéndose—. ¿Te gusta verme así? ¿Te gusta que ese viejo te toque frente a mí?

—No es un viejo, Liam —respondí, mi rostro a centímetros del suyo—. Es un hombre. Algo que tú nunca serás. Y sí, me divierte ver cómo te retuerces porque sabes que ahora él posee todo lo que tú despreciaste.

Liam perdió los estribos e intentó besarme, un intento desesperado de reclamar un territorio que ya no era suyo. Pero antes de que sus labios rozaran los míos, una mano de hierro se cerró sobre su hombro y lo lanzó contra la pared opuesta.

Era Alexander. Su rostro no mostraba rabia; mostraba una indiferencia letal, lo cual era mucho peor.

—Si vuelves a tocarla —dijo Alexander, su voz fluyendo con una calma que me erizó la piel—, no solo te quitaré el dinero. Te quitaré el nombre. Te borraré de los registros de esta familia como si fueras un error tipográfico. ¿Me has entendido?

Liam, temblando, asintió sin decir una palabra.

—Vete a tu habitación —ordenó Alexander—. Y mañana prepárate para la oficina. Luna te estará esperando a las siete en punto. Ni un minuto tarde.

Liam salió corriendo, humillado una vez más. Alexander se giró hacia mí. Sus ojos ardían con una intensidad que me hizo flaquear las piernas. Se acercó y me tomó por la nuca, atrayéndome hacia él con una fuerza que no admitía réplica.

—¿Estás bien? —preguntó, sus labios rozando los míos.

—Nunca he estado mejor —respondí, rodeando su cuello con mis brazos.

Alexander me cargó y me llevó hacia su estudio privado. Cerró la puerta con el pie y me depositó sobre el escritorio de caoba, el mismo donde firmaba los contratos que movían millones. Allí, rodeados de libros y el peso de siglos de poder, Alexander me demostró que nuestra alianza era mucho más que una venganza. Sus manos, su boca, la forma en que su cuerpo reclamaba el mío en la penumbra del estudio, todo me decía que yo ya no era un instrumento.

Éramos dos depredadores que habían encontrado su pareja.

—Eres mía, Luna —susurró él en medio del calor que nos envolvía—. Y nadie, mucho menos ese niño, volverá a ponerte una mano encima.

En el calor de aquel estudio, con el eco de la humillación de Liam todavía vibrando en el aire, comprendí que la verdadera venganza no era solo verlo caer. Era ver cómo él tenía que observar, desde las sombras, cómo la mujer que amó se convertía en la reina absoluta de su propio mundo, de la mano del único hombre al que siempre temió superar.

el sol se oculta tras los ventanales de la mansión, dejando a Liam en la oscuridad de su cuarto, mientras en el estudio de Alexander Blackwood, el poder y el deseo se fundían en un solo aliento. La matriarca había llegado, y el sobrino pronto descubriría que el respeto no es algo que se pide; es algo que se impone.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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