Historia romántica
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Capítulo 16
Martín la vio antes de que ella lo viera a él.
Estaba saliendo de una farmacia, con una bolsa en la mano y la otra apoyada en la espalda, como hacen las embarazadas cuando el peso empieza a molestar. La panza ya se notaba mucho. Caminaba despacio.
Martín se quedó quieto en la vereda de enfrente. Dos años. Dos años sin poder abrazarla, sin poder besarla, sin poder decirle que ese hijo que estaba esperando era suyo.
Elena levantó la vista por casualidad y sus ojos se cruzaron.
Ella lo miró con esa mirada educada que uno usa con los desconocidos. No había reconocimiento. No había historia. No había nada.
Solo amabilidad.
Martín sintió un golpe en el pecho.
Elena cruzó la calle porque él no dejaba de mirarla.
—Perdón… ¿nos conocemos? —preguntó ella.
Martín tardó unos segundos en responder.
—Sí… nos conocimos.
—Ah… —sonrió ella—. Perdón, tuve un accidente hace un tiempo y hay cosas que no recuerdo.
—Lo sé —dijo él en voz baja.
Elena lo miró con más atención.
—¿Éramos amigos?
Martín sintió que esa palabra le rompía algo por dentro.
—Sí… fuimos muy cercanos.
Elena sonrió, tranquila.
—Me pasa seguido. Gente que fue parte de mi vida y no la recuerdo. Es una sensación rara.
Martín miró su panza.
—¿Cuánto falta?
Elena se tocó la panza con ternura.
—Dos meses.
—¿Estás contenta?
Ella sonrió de verdad.
—Sí. Mucho.
Martín tragó saliva.
—Me alegro.
En ese momento apareció Marcos desde la esquina, caminando hacia ellos.
—Elena, ¿todo bien? —preguntó, y después miró a Martín—. Ah…
La tensión se sintió inmediatamente.
Elena miró a Marcos.
—Dice que nos conocemos.
Marcos miró a Martín fijo.
—Sí. Nos conocemos.
El silencio era incómodo.
—Bueno, nos tenemos que ir —dijo Marcos, poniendo una mano en la espalda de Elena—. Tenemos turno con el médico.
Elena sonrió amable.
—Un gusto verte… otra vez.
Martín intentó sonreír.
—Igualmente.
Los vio alejarse juntos. Marcos con la mano en su espalda. Elena hablando tranquila, sin mirar atrás.
Martín se quedó parado en la vereda mucho tiempo.
No sabía si decir la verdad.
No sabía si romper la vida que ella había reconstruido.
No sabía si tenía derecho.
Pero todo cambió dos semanas después.
Esa noche Elena estaba durmiendo cuando soñó.
Soñó con una librería.
Con un café.
Con un hombre riéndose.
Con mensajes a las 00:17.
Con un viaje en auto.
Con lluvia.
Con un beso.
Con una voz que le decía:
“Esa versión va a existir siempre si estamos juntos.”
Elena se despertó de golpe, agitada, con el corazón latiendo fuerte.
Y una palabra en la cabeza.
Martín.
No sabía quién era.
Pero empezó a llorar en la oscuridad sin entender por qué.
Miro a Marcos y recordó todo lo que el la hizo sufrir en el pasado. se levantó la cama, salió en puntas de pie de la habitación, quería llamar a Martín pero no tenía si teléfono, que hago! exclamó.
Fue nuevamente a la habitación y vio el teléfono móvil de Marcos, lo tomo suavemente intentando no hacer ruido, llame a Martín una y otra vez, pero nunca contestó.
Decidí fingir que sigo con mí pérdida de memoria para ver hasta donde llegue su farza. Dije hacía mis adentros, irás preso maldito!