La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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El solo amaba a Gisela
Santos se puso a leer en la oscuridad, alumbrado solo con la lámpara de su celular.
29 de junio. Querido diario: Mi madre está insoportable, no me deja salir, ¿cómo voy a encontrar un novio? Ya estoy harta de que nomás me esté vigilando; en lugar de madre parece mi carcelera.
3 de julio. Querido diario: He decidido salirme de mi casa, ya no soporto a mis padres, ahora resulta que mi padre secunda a mi madre, ahora tengo dos carceleros. Mis amigas tuvieron una fiesta y no fui porque no me dieron permiso. Estoy preparando algo de ropa, no puedo ir por el mundo con una maleta muy pesada.
5 de julio. Querido diario: Por fin me he salido de mi casa. Me fui sin mirar atrás, te llevo conmigo para no sentirme sola. A mis trece años deseo con el alma vivir, en toda la extensión de la palabra, pero viviendo con mis padres jamás lo hubiera logrado.
10 de julio. Querido diario: Tengo hambre, jamás pensé que esto de vivir en la calle fuera tan duro.
He hecho algunas amistades, niños que viven también en situación de calle.
15 de julio. Querido diario: Hoy conocí a un chico guapísimo, se llama Marco, él me ha invitado a su "morada" debajo de un puente casi abandonado. Es un chico muy amable, y yo, pues ccedí a vivir ahí con él. Ya no me siento sola, la compañía de Marco me aligera el día. Ahora tenemos hambre los dos, je je je.
20 de julio. Querido diario: Marco me ha invitado a comer a un convento donde dan alimentos a la gente como nosotros. Hoy sí vamos a comer.
22 de julio. Querido diario: Hoy entré por la puerta de la cocina y me robé algunas cosas para comer. Marco me acompañó, pero, ¿qué crees?, por poco y me cachan, se me cayó un frasco de mermelada. Tuve que salir corriendo.
24 de julio. Querido diario: Siento que me he enamorado de Marco, es un tipo genial.
26 de julio. Querido diario: Este día me he entregado a Marco, él fue muy delicado conmigo, lo amo. Mi primera vez fue debajo de un puente, ¿cómo ves?
30 de julio. Querido diario: Creo que regresaré a casa. No le he dicho nada a Marco, pero creo que ya fue suficiente, mis padres deben de estar muy preocupados.
10 de agosto. Querido diario: He hablado con Marco, él está de acuerdo que regrese a casa. En dos meses cumpliré 14 años y no quiero seguir viviendo en la calle.
20 de agosto. Querido diario: No he tenido chanza de escribir, pero ya estoy aquí, he regresado a mi casa, mis padres se pusieron muy felices y prometieron que me darían cierta libertad.
El sueño venció a Santos, el diario y el celular quedaron ahí, a un lado de él en la cama.
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Al día siguiente, Alex se levantó primero y preparó el desayuno.
Al poco rato, ya estaban los tres reunidos en el comedor.
Cuando terminaron de comer...
Vámonos, dijo Alex; abuelo, no vayas a salir por ningún motivo. Al mediodía te traeré algo para que comas.
Está bien, vayan en paz, no me saldré, dijo el abuelo, resignado.
Los chicos habían decidido contratar una enfermera que cuidara al abuelo en las mañanas, solo hasta que volvieran del trabajo.
Marco les recomendó una chica de 30 años, ella era enfermera titulada. Alex era más reacio a hacerle caso.
Gracias, pero la buscaremos nosotros. Marco se fue a su despacho, no sabía cómo ganarse a sus hijos. Él, que tenía don de gente, al cual todos querían, no podía conquistar a sus hijos.
Más tarde, como prometiera Alex le fue a llevar comida a su abuelo.
Solo se tomó su hora de descanso y regresó, Santos decidió comer con todos sus compañeros... y Marco.
Cuando Alex vio a su hermano, departiendo con todos, sintió una especie de celos.
No le dijo nada, se fue a la cocina a seguir trabajando, porque seguían llegando clientes.
Él se las podía apañar. Los dejó comer, hasta que uno a uno se fueron reintegrando.
¿Qué te pasa, Alex?, dijo Santos al ver a su hermano muy serio.
Ya vi que te llevas muy bien con todos, ya no me necesitas, dijo Alex con un dejo de celos y tristeza.
No digas eso, tú eres mi hermano, pero ellos también son mis hermanos, nuestros hermanos, si no de sangre, lo son porque Marco los adoptó. Ariel sí es nuestro medio hermano.
Gisela los escuchó, todos escucharon.
¿Cómo dices, Santos?, ¿de dónde sacas que son tus hermanos?, dijo Gisela con cautela.
¿Me va a negar que son mis hermanos?, yo sé que Marco es nuestro padre.
Gisela abrió mucho los ojos, no esperaba esa confesión de Santos.
Eso debes hablarlo con Marco, yo no tengo autorización para eso.
¿Por qué no?, tú eres su esposa, ¿no?, dijo Santos, mirándola fijamente a los ojos.
Lo siento, no puedo decirte nada, dijo Gisela volviendo a su trabajo.
Se oía un barullo por todo el lugar. Los comensales hablaban "hasta por los codos".
Marco estaba en su despacho, de pronto, alguien entró sin tocar la puerta.
Disculpe, ¿interrumpo algo?, dijo sin miramientos.
Buen día, ¿la conozco?, preguntó Marco, impresionado por la belleza de la mujer. Estaba ataviada con un vestido azul rey pegado completamente al cuerpo, de largo hasta más arriba de la rodilla, y un escote pronunciado que dejaba ver parte de su busto.
Sin querer, Marco pensó en Gisela, ella nunca se arreglaba así, aunque bonita, era muy recatada y casi no mostraba nada. Además de que casi nunca se ponía maquillaje.
Hola, la mujer le recordó que estaba ahí.
Disculpe, me distraje, ¿qué desea?
Quiero agradecerle el que me haya defendido de mi novio, nos pensábamos casar, pero eso ya no va a ser.
Ah, eso, no es nada, me alegra que ya no se vaya a casar con ese tipo, a leguas se ve que es muy violento. Y no hay nada que agradecer, cualquiera hubiera hecho lo mismo.
Le traje este presente, es poco comparado con el bien que me hizo, pero se lo doy de corazón.
No puedo aceptar, no acostumbro recibir regalos por hacer el bien.
Por favor, tómelo, me he esforzado mucho en escoger el más apropiado para usted.
Marco tomó el pequeño paquete que se le ofrecía.
En el interior había un reloj bastante hermoso y caro.
Esto es mucho, no puedo aceptarlo, dijo Marco extendiendo la cajita hacia ella.
Por favor, es una manera de retribuirle lo que hizo conmigo. Las manos de ella rozaron las de Marco, él sintió escalofríos, y la retiró de inmediato como si lo hubiera picado un alacrán.
Gracias, ¿es todo?, preguntó.
Me llamo Zoé, espero no haberlo molestado.
Claro que no, yo soy Marco.
Con permiso, dijo ella, contoneándose como si fuera un muñeco inflable de esos que están a la entrada de cualquier tienda.
Marco no pudo hacer menos que mirarla hasta que se perdió de vista.
Las manos le sudaban, muy a su pesar, un sudor frío le recorrió la espina dorsal.
Sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos, él solo amaba a Gisela.