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YO, ¿POBRE? NI MUERTA

YO, ¿POBRE? NI MUERTA

Status: En proceso
Genre:Yuri / Omegaverse / Posesivo
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."

En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".


Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.

En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.

¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

El refugio de alta seguridad en las montañas no era una mansión; era un búnker de cristal y hormigón diseñado para sobrevivir al fin del mundo. Pero dentro de sus muros, el mundo de los Lagos y los Volkov ya se había acabado. El aire estaba saturado con el rastro metálico de la pólvora de la catedral y el aroma a tormenta eléctrica de una Alessandra que, tras más de veinte años, volvía a sentirse humana, y por lo tanto, vulnerable.

En la estancia principal, el silencio era más pesado que las paredes de plomo. Roberto Lagos, el hombre que había dedicado su vida a trabajar hasta que sus manos sangraron por sus hijas, estaba sentado en un rincón. Su rostro era un mapa de devastación. Miraba a Elena, su esposa, como si fuera una desconocida que acabara de entrar en su casa después de más de dos décadas de mentiras.

—¿Entonces fue ella? —la voz de Roberto era un hilo ronco, cargado de una amargura que cortaba el aire—. ¿Todo este tiempo, mientras yo la cuidaba cuando tenía fiebre, mientras yo celebraba cada uno de sus pasos, ella era el fruto de la mujer que nos oprime?

Elena intentó acercarse, con las manos temblorosas.

—Roberto, por favor... yo solo quería protegerlas. Si Alessandra sabía que Lucía era suya, se la habría llevado. La habría convertido en un arma del Consejo.

—Me hiciste creer que mi sangre corría por sus venas —escupió Roberto, levantándose con una dignidad herida que hizo que incluso Alessandra levantara la vista—. No me importa quién sea su padre biológica. Para mí, el divorcio es la única salida, Elena. No puedo mirarte sin ver la cara de la mujer que te marcó.

Alessandra, que bebía de su botella de cristal con una parsimonia aterradora, soltó una risa seca.

—El amor de los pobres es tan... frágil.

Roberto la miró con odio puro.

—Usted tiene todo el dinero del mundo, señora Volkov, pero nunca tendrá un segundo del amor que Lucía siente por mí. Ella es mi hija. Y ni todos sus millones podrán cambiar eso.

Mientras tanto, en la terraza que daba al abismo de la montaña, Lucía sentía que el frío del exterior no era nada comparado con el vacío en su pecho. El vestido de dama de honor estaba manchado de sangre ajena y lágrimas propias.

—No es real —susurraba, abrazándose a sí misma—. Mi papá es Roberto. Mi casa es el Cinturón. Yo no soy esto... yo no soy un experimento.

—Eres mucho más que eso, Lucía.

Victoria Thorne apareció entre las sombras. Ya no era la profesora distante ni la Alpha cínica. Sus ojos esmeralda brillaban con una determinación feroz. Se acercó a Lucía y, sin pedir permiso, la envolvió en sus brazos.

Lucía finalmente se derrumbó. Sus sollozos rompieron la quietud de la noche, enterrando su rostro en el hombro de Victoria, mojando la seda cara de su traje.

—¡Me mintieron toda la vida! —gritó Lucía entre espasmos—. ¡Esa mujer... Alessandra... ella es un monstruo! Yo no quiero su imperio, no quiero su sangre. Solo quiero volver a ayer, cuando todo era una mentira feliz.

Victoria la estrechó con más fuerza, su aroma a cedro y seguridad envolviendo a la joven Omega como un escudo.

—Llora todo lo que necesites, pequeña. Pero escucha bien: para el mundo puedes ser la heredera Volkov, para Alessandra puedes ser un trofeo de genética, pero para mí... tú eres Lucía. Y no dejaré que nadie te obligue a ser algo que no quieres. Si tenemos que quemar el Consejo de Alphas para que seas libre, yo misma encenderé la primera cerilla.

Lucía levantó la vista, con los ojos rojos y el labio temblando.

—¿Por qué? ¿Por qué haces esto por mí?

Victoria acarició su mejilla con el pulgar, bajando la voz a un tono peligrosamente íntimo.

—Porque eres mi única obsesión. Porque desde que entre en esa biblioteca, supe que mi libertad terminaba donde empezaba tu mirada. No me importa de quién seas hija. Te quiero a ti.

El beso que siguió fue una rendición absoluta. Lucía se aferró al cuello de Victoria como si fuera lo único sólido en un universo que se desmoronaba. Fue un beso salado por las lágrimas, pero dulce por la promesa de protección. Victoria la guio hacia el interior, hacia una de las habitaciones privadas, donde el dolor se transformó en una pasión prohibida y desesperada. En la penumbra, Victoria reclamó a la heredera no por estatus, sino por un hambre que le quemaba las entrañas, mientras Lucía encontraba en los brazos de la Alpha el único lugar donde el apellido Volkov no podía alcanzarla.

En la habitación contigua, el ambiente era radicalmente distinto. Fabiana no estaba llorando. Estaba furiosa. Se miraba en el espejo del búnker, arrancándose los restos del velo de novia con movimientos violentos.

—¡Maldita sea! —gritó, lanzando un frasco de perfume contra la pared.

La puerta se abrió y Alessandra entró. La Alpha no traía paz; traía el aura cargada de una batalla interna.

—¿Sigues aquí? —escupió Fabiana, girándose hacia ella—. ¿No deberías estar celebrando que encontraste a tu "verdadera" hija? ¿O quizás deberías estar rogándole a mi madre que te perdone por ser un monstruo?

Alessandra se acercó a ella con pasos lentos, su sola presencia haciendo que el sistema nervioso de Fabiana vibrara en una mezcla de miedo y deseo.

—Lucía es mi sangre, es cierto. Pero tú... tú eres mi esposa. Y lo que pasó en el altar no cambia el hecho de que fuiste tú quien tuvo el valor de mirarme a los ojos y exigirme un imperio.

—¡Porque quería el dinero! —chilló Fabiana, aunque su voz flaqueó—. No quería ser el premio de consolación de una mujer que suspira por mi madre.

Alessandra la acorraló contra el tocador de mármol, sus manos grandes y fuertes atrapando las muñecas de Fabiana.

—No eres un consuelo, Fabiana. Eres mi castigo. Y quizás, lo único real que he tenido en más de veinte años.

La Alpha hundió su rostro en el cuello de Fabiana, inhalando su aroma a vainilla y pimienta con una voracidad animal. El beso fue un choque de dientes y lenguas, una lucha por el control que Fabiana, a pesar de su orgullo, empezó a disfrutar. Alessandra la levantó, sentándola sobre el mármol frío, y abrió las piernas de la Omega con una dominancia salvaje.

—Dime que me odias —susurró Alessandra entre besos húmedos que bajaban por el escote del vestido desgarrado—. Dime que solo quieres mi dinero mientras gimes mi nombre.

Fabiana arqueó la espalda, sus uñas clavándose en los hombros de la Alpha.

—Te odio... te odio porque me haces sentir que la pobreza era más fácil que este deseo.

Alessandra la reclamó con una ferocidad que dejó marcas. Hubo nalgadas que resonaron en la habitación, mordidas posesivas en los muslos y una pasión que no buscaba el amor, sino la posesión absoluta. En medio del acto, Fabiana se dio cuenta con horror de que ya no solo pensaba en la cuenta bancaria. Su cuerpo y su mente estaban empezando a reconocer a Alessandra como su centro de gravedad. La ambición seguía ahí, pero ahora tenía el rostro de la mujer que la estaba haciendo suya con una fascinación aterradora.

Mientras la pasión y el dolor se consumían en el búnker, en el corazón de la metrópolis, el Consejo de Alphas se reunía en una mesa circular de obsidiana. Ivanov y Dante estaban presentes, entregando los informes genéticos.

—Alessandra Volkov es inestable —dijo el Alpha Líder, un hombre de setenta años con ojos de reptil—. Ha permitido que sus sentimientos por una Omega del pasado nublen su juicio. Pero ahora tenemos a la heredera legítima localizada. Lucía Lagos es la clave para perfeccionar el Experimento 04.

—Alessandra no la entregará —advirtió Dante, limpiando su arma—. Se ha atrincherado en el búnker de la montaña.

—Entonces la sacaremos de allí —respondió el Líder—. Usaremos a Roberto Lagos. Un padre herido es el mejor cebo. Y si tenemos que eliminar a la "esposa" Fabiana para que Alessandra entienda quién manda, lo haremos.

La orden fue dada. Mercenarios y drones de asalto comenzaron a moverse hacia las coordenadas del refugio.

Horas después, en el búnker, la calma era artificial. Alessandra descansaba con Fabiana entre sus brazos, una imagen de paz que contrastaba con la tormenta que se acercaba. De repente, las alarmas de proximidad empezaron a aullar.

Alessandra se levantó de un salto, recuperando su máscara de "Viuda de Hierro" en un segundo.

—¡Ivanov! —rugió, dándose cuenta de la traición—. Han hackeado los perímetros.

Lucía y Victoria salieron de su habitación, la joven Omega todavía temblorosa pero con una nueva luz en sus ojos.

—¿Qué está pasando? —preguntó Lucía.

Alessandra miró a su hija biológica por primera vez con un instinto de protección que nunca supo que poseía. Luego miró a Fabiana, que se cubría con una bata de seda, lista para la lucha.

—Están aquí por ti, Lucía —dijo Alessandra, cargando un arma automática—. El Consejo quiere tu sangre. Pero para llegar a ti, tendrán que pasar por encima de mi cadáver.

Elena entró en la sala, mirando a las dos mujeres de su vida: su primer amor y su esposo herido.

—Alessandra, dales lo que quieran, pero déjalas vivir —suplicó Elena.

—No —intervino Lucía, dando un paso adelante y sorprendiendo a todos—. No voy a ser un experimento de nadie. Si soy una Volkov, entonces empezaré a actuar como una.

Victoria Thorne sonrió de medio lado, colocándose al lado de Lucía.

—Esa es mi chica. Alessandra, mueve tus conexiones en el Ministerio de Defensa. Yo me encargaré de la defensa terrestre. Fabiana, quédate con tu madre y Roberto en el núcleo seguro.

—Ni muerta —dijo Fabiana, tomando una pistola de la mesa—. Yo no nací en el Cinturón para esconderme mientras otros pelean por mi herencia. Si este imperio es mío por matrimonio, voy a defenderlo.

La red se había cerrado, pero el nudo estaba a punto de estallar. La guerra civil de los Alphas había comenzado, y el búnker de la montaña estaba a punto de convertirse en el epicentro de un baño de sangre donde solo los más despiadados sobrevivirían.

Continuará...🔥

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Zlahi Magica
¿Principessa? ¿Eh?
Michica Omegavers: Es princesa en español está escrito en Italiano 🥰
total 1 replies
Zlahi Magica
Hay un error ortográfico de la niñera.
Zlahi Magica: Na, no es gran cosa.
total 2 replies
Zlahi Magica
Jajajaja, nuevo halago en la lista: “Quiero verte redonda”.
Zlahi Magica
🔥 Picante, picante🔥.
Zlahi Magica
Picante final, me encanta.
Zlahi Magica
Uuuhh, dramon.
Zlahi Magica
Buen capitulo.
Zlahi Magica
Interesante capitulo.
Zlahi Magica
Buen capitulo.
Zlahi Magica
¿Fabiana no se le ocurrió grabar las sesiones de sexo y mandarla a Alessandra? Tipo, revelando lo que está haciendo.
Michica Omegavers: esa es una buena idea pero no se puede porque cómo sabes Alessandra no es una persona fácil de engañar después de todo ella es posesiva y si se entera de eso no se sería algo bueno para Fabiana 🤭
total 1 replies
Zlahi Magica
Ouch, eso sí que dolió, uffff.
Zlahi Magica
Bien, interesante capitulo. Aunque es odioso que Noveltoon límite el erotismo.
Zlahi Magica: Siiii, espero que el mío no tenga amonestaciones.
total 2 replies
Zlahi Magica
Uuhh, interesante.
Zlahi Magica
Uuuhh, picante.
Michica Omegavers
Alessandra quería ganar la confianza de Lucia dándole bienes acciones empresas propiedades que pertenecía los quería transferir a Lucia
Zlahi Magica
Bien, bien, interesante capitulo.
Zlahi Magica
Interesante capitulo.
Zlahi Magica
Bonito apellido.
Zlahi Magica
Buen capítulo.
Zlahi Magica
Depresión Postparto, no adaptación postparto.
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