Morí una vez por ser quien era.
Reencarné en una historia donde el villano estaba destinado a caer.
El héroe eligió al omega correcto.
El mundo celebró.
Yo elegí al villano.
Sethiel, un omega que recuerda su vida pasada, decide quedarse al lado del hombre condenado por amar demasiado.
Un BL omegaverse oscuro sobre obsesión, elección y destino reescrito.
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CAPÍTULO 10 Los celos no se piden
Draven Blackthorne no estaba acostumbrado a los celos.
No a sentirlos.
No a permitirlos.
Y mucho menos a mostrarlos.
Los había confundido durante años con vigilancia, con control, con cálculo estratégico. Era más fácil llamarlos previsión que admitir que alguien podía ocupar un espacio que no estaba dispuesto a ceder.
Sethiel Raviel había entrado en ese espacio sin pedir permiso.
Y no pensaba salir.
La confirmación llegó esa tarde, cuando un informe menor cruzó el escritorio de Draven. Nada alarmante. Nada urgente. Solo una nota breve:
El marqués Raviel fue visto conversando con emisarios de la Casa Helbrecht en el ala este.
Draven apretó la mandíbula.
No por la conversación.
Por la familiaridad.
Helbrecht no era una casa poderosa, pero sí astuta. Sabían detectar fisuras. Sabían sonreír mientras medían. Y, sobre todo, sabían acercarse a lo que otros querían usar.
Draven se levantó sin avisar a nadie.
Encontró a Sethiel en el jardín interior, de pie junto a una fuente de piedra. Dos emisarios hablaban con él, atentos, inclinados levemente hacia adelante. Sethiel escuchaba con calma, la expresión abierta, la postura relajada.
Demasiado relajada.
Draven se acercó.
No rápido.
No lento.
Inevitable.
—Marqués Raviel —dijo uno de los emisarios—, sería un honor contar con su presencia…
—No —interrumpió Draven, colocándose junto a Sethiel—. No lo será.
El silencio cayó de golpe.
Sethiel no se sobresaltó. Tampoco se apartó. Giró apenas el rostro hacia Draven, curioso.
—¿Interrumpo? —preguntó con suavidad peligrosa.
—Sí —respondió Draven—. Terminaron.
Los emisarios dudaron.
—Duque Blackthorne —dijo uno—, no pretendíamos…
—Lo sé —replicó Draven—. Por eso los detengo ahora.
No alzó la voz.
No explicó.
Decidió.
Los hombres se retiraron con torpes inclinaciones. El jardín quedó en silencio, cargado.
—Eso fue innecesario —dijo Sethiel.
Draven lo miró.
—No.
—Podía manejarlo.
—No lo dudo.
Sethiel alzó una ceja.
—Entonces, ¿qué fue?
Draven dio un paso más cerca. No lo tocó. No invadió. Pero el espacio entre ambos se tensó como un hilo a punto de romperse.
—Celos —dijo.
La palabra cayó sin adornos.
Sethiel no sonrió de inmediato. Lo observó con atención, como si midiera la sinceridad del gesto.
—¿Así de directo? —preguntó.
—No tengo interés en fingir —respondió Draven.
Sethiel exhaló despacio.
—Me gusta cuando no finges.
La frase no fue provocación vacía. Fue reconocimiento.
—No te acerques a quienes quieren usarte —continuó Draven—. No te necesitan. Te evalúan.
—Todos evalúan —respondió Sethiel—. Yo decido a quién escucho.
Se inclinó apenas hacia él, sin tocarlo.
—¿Te molesta que otros me miren?
Draven sostuvo su mirada, dura.
—Me molesta que crean que pueden tocar lo que no es negociable.
Sethiel sonrió, lento, satisfecho.
—Entonces dilo así —susurró—.
—No me escondas detrás de advertencias.
Draven respiró hondo.
—No eres un arma para mis enemigos —dijo—. Ni un punto de acceso.
—Nunca lo fui —replicó Sethiel—.
Hizo una pausa breve.
—Pero me gusta que lo aclares.
El silencio se volvió espeso.
—¿Esto es marcar territorio? —preguntó Sethiel.
—Es establecer límites.
—¿Para quién?
—Para todos —respondió Draven—. Incluyéndote.
Sethiel inclinó la cabeza, aceptando el desafío sin ceder un centímetro.
—Entonces seamos claros —dijo—.
Levantó la mirada.
—Me deseas. Te celo. No retrocedo.
Sonrió apenas.
—Y no me oculto para facilitarte el control.
Draven apretó los dientes.
—Eres peligroso.
—Para quien quiere dominar —asintió Sethiel—.
Bajó la voz.
—Para quien desea… soy honesto.
Draven levantó la mano. Dudó. Esta vez no tocó. La bajó lentamente.
—No estoy listo para explicar esto al mundo —dijo.
—No te lo pedí —respondió Sethiel—.
Se apartó un paso por decisión propia.
—Pero tampoco me pidas que me haga invisible.
Se giró para irse. A mitad de camino, se detuvo.
—Ah —añadió sin mirarlo—.
—Si vas a celarme, hazlo bien.
Draven frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Sethiel sonrió.
—Significa no apartar la mirada cuando te miren conmigo.
Se fue.
Draven permaneció en el jardín varios segundos.
No estaba enfurecido.
No estaba confundido.
Estaba reconocido.
Porque los celos no habían nacido del miedo a perder poder.
Habían nacido de algo mucho más peligroso:
El deseo de no compartir lo que empieza a importar.
Y Draven Blackthorne ya no fingía que Sethiel Raviel era solo un invitado.
Era alguien por quien estaba dispuesto a exponerse.
lo mas importante es quererte amarte a ti mismo tal cual eres y aceptarte con tus defectos y virtudes con altas y bajas que nada es perfecto que solo se trata de ser feliz por cada decisión cada día cada noche que dios te sabiduría y convicción /Scream//Scream//Scream//Scream/por que soy una persona que ah dado todo y arriesgase por un amor y que es lo que es recibido decepción desamor tristeza con el Alma rota y no confiar en nadie mas /Blush//Blush//Blush//Blush/