NovelToon NovelToon
Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Se reconciliaron?

Keyla sintió que algo dentro de ella se quebraba definitivamente.

No fue solo el recuerdo de la escena en la oficina de Ulises, ni la imagen que se repetía una y otra vez en su mente como una herida abierta. Fue el peso de todo lo que llevaba acumulado: las humillaciones, el miedo constante, el embarazo oculto bajo contratos y amenazas, la soledad absoluta.

El dolor comenzó como un leve pinchazo en el vientre.

Keyla intentó ignorarlo al principio. Se apoyó en el borde del escritorio, respiró profundo y cerró los ojos. Pero el dolor no se fue. Al contrario, se intensificó, convirtiéndose en una punzada profunda que la obligó a inclinarse.

—No… no ahora… —murmuró con voz temblorosa.

Un sudor frío recorrió su espalda. Sus manos temblaban cuando las llevó instintivamente hacia su abdomen. Caminó unos pasos, torpe, desorientada, sintiendo que el mundo giraba a su alrededor.

Entonces lo sintió.

Un calor húmedo, una sensación que la heló por dentro.

Bajó la mirada y vio la mancha.

—Dios… —susurró, sintiendo que el corazón se le salía del pecho.

El pánico la invadió por completo.

Como pudo, salió de la oficina, sosteniéndose de la pared. El pasillo parecía interminable. Cada paso le costaba el doble, y su respiración era irregular, agitada.

—Ayuda… —intentó decir, pero su voz apenas era un hilo.

Justo en ese momento, Ulises caminaba hacia el área administrativa. Había intentado concentrarse en el trabajo, en cualquier cosa que no fuera el rostro de Keyla, pero era imposible.

Cuando la vio, se detuvo en seco.

Keyla estaba pálida, más de lo normal. Sus labios habían perdido el color y su mirada estaba perdida, asustada.

—¿Keyla? —preguntó alarmado—. ¿Qué te pasa?

Ella intentó responder, pero las fuerzas la abandonaron. Dio un paso en falso, tambaleó, y Ulises reaccionó de inmediato, sujetándola antes de que cayera al suelo.

—Ulises… —murmuró ella, aferrándose débilmente a su saco—. Ayúdame… por favor… llévame al hospital…

No alcanzó a decir nada más.

Keyla perdió el conocimiento en sus brazos.

—¡Keyla! ¡Keyla mírame! —exclamó él, sintiendo cómo el miedo le recorría el cuerpo.

La cargó con cuidado y la llevó hasta uno de los sofás del pasillo principal. La recostó con delicadeza, acomodando su cabeza, tratando de mantenerla cómoda.

—¡Necesito una ambulancia ahora! —gritó—. ¡Alguien llame a emergencias!

Una secretaria se acercó corriendo, nerviosa.

—Yo… yo llamo —dijo, sacando su teléfono con manos temblorosas.

Ulises tomó la mano de Keyla. Estaba fría.

—No te atrevas a irte —susurró—. No ahora… no así…

En medio del alboroto, la puerta de una de las oficinas se abrió de golpe.

Andrés apareció, visiblemente molesto.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con voz autoritaria.

Sus ojos se clavaron en la escena: Keyla inconsciente en el sofá… y Ulises a su lado, sosteniéndola.

El rostro de Andrés se endureció.

—¿Qué diablos haces tú con mi esposa? —espetó, avanzando furioso.

Ulises se puso de pie, sin soltar del todo a Keyla.

—Se desmayó. Está mal. Tiene que ir al hospital.

Andrés lo empujó con fuerza.

—¡Aléjate de ella!

Ulises estuvo a punto de responder con un golpe, pero algo en la expresión de Andrés lo detuvo. No era solo rabia. Era miedo. Un miedo mal disimulado.

Andrés miró a su alrededor. Demasiadas personas. Demasiados testigos.

Si Ulises sospechaba…

Respiró hondo y cambió de estrategia.

—Yo me encargo —dijo con frialdad—. Es mi esposa.

Ulises lo miró con desprecio, pero dio un paso atrás.

La ambulancia llegó minutos después. Los paramédicos evaluaron rápidamente a Keyla y la subieron a la camilla.

—¿Quién la acompaña? —preguntó uno de ellos.

—Yo —respondió Andrés de inmediato—. Soy su esposo.

Ulises dio un paso al frente.

—Yo también quiero ir.

Andrés lo miró con una sonrisa tensa.

—No es necesario.

Las puertas de la ambulancia se cerraron, dejando a Ulises de pie, con una sensación amarga en el pecho.

El hospital estaba en silencio cuando llegaron.

Keyla fue llevada de inmediato a revisión. Andrés caminaba de un lado a otro en la sala de espera, aparentando preocupación, mientras en su mente calculaba cada escenario posible.

Finalmente, el médico salió.

—Hubo un pequeño sangrado —explicó—. El bebé está bien, pero el estado emocional de la madre es delicado. El estrés puede provocar complicaciones mayores.

—¿Mi esposa está fuera de peligro? —preguntó Andrés.

—Por ahora sí. Pero necesita guardar reposo por unos días y sobre todo tranquilidad.

Andrés asintió.

—Gracias, doctor.

Horas después, Ulises llegó al hospital. No había podido quedarse quieto. Algo no le cuadraba. Algo dentro de él le decía que esto no era solo un desmayo.

Se acercó al mostrador.

—Disculpe —dijo—. Busco información sobre la señora Montenegro.

La enfermera lo miró sin mucha discreción.

—Ah, sí. Está bien. Fue un susto por estrés. El bebé está estable, por suerte.

Ulises sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿El… bebé? —repitió.

—Sí, está embarazada.

Ulises se quedó inmóvil.

Embarazada…

Su mente hizo cálculos imposibles.

—No puede ser mío —pensó—. Solo fue una noche…

Entonces, una idea se instaló con violencia en su cabeza: Andrés.

Se reconciliaron… Todo era verdad.

El dolor se transformó en rabia.

Cuando finalmente le permitieron entrar, encontró a Keyla recostada en la cama, con Andrés sentado a su lado, sosteniéndole la mano.

La escena le resultó insoportable.

—Felicidades —dijo con voz cargada de ironía—. Me enteré de que van a ser padres. Se lo merecen… de verdad. Son tal para cual.

Keyla lo miró, devastada.

—Ulises… —susurró.

Andrés se levantó de golpe.

—¿Qué haces aquí? —gruñó.

—Tranquilo —dijo Ulises—. No quiero causar problemas. Ya entendí todo.

—Ulises, por favor… —pidió Keyla—. No aquí.

Andrés apretó los puños, pero se contuvo.

Ulises dio media vuelta y salió de la habitación sin mirar atrás.

Esa misma noche, Ulises regresó a la empresa.

La rabia le ardía en las venas.

Entró a su oficina y marcó un número.

—Ven —ordenó—. Ahora.

Minutos después, una mujer entró. Sonrió al verlo.

—¿Me llamaste?

Ulises la miró fijamente.

—Cásate conmigo.

Ella abrió los ojos, sorprendida… y feliz.

—¿Hablas en serio?

—Nunca he hablado tan en serio.

Ella asintió, emocionada. Ella sí sabía quién era realmente Ulises. Lo había investigado desde el primer día.

—Acepto.

Los rumores no tardaron en correr por la empresa.

Mientras tanto, Keyla permanecía en casa, en reposo absoluto. Darío era quien la cuidaba, le llevaba comida, le hablaba con suavidad.

—Todo va a estar bien —le decía—. No estás sola.

Andrés llegaba tarde, siempre.

Y Keyla, acostada en esa mansión que parecía más una prisión que un hogar, no sabía que la guerra apenas comenzaba.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play