Adán siempre pensó que, después de la muerte de su padre omega, su mundo no podía romperse más. Pero al iniciar su último año de universidad, descubre que su papá—un beta inestable, adicto al alcohol y a los casinos—no solo tenía una segunda familia, sino que también había cobrado el seguro por la muerte del hombre que lo crió. Cuando las deudas de su padre se vuelven impagables y los acreedores empiezan a presionar, Adán se ve obligado a enfrentar a uno de los dueños del casino: Víctor Salvatierra, un alfa de treinta años con fama de frío, calculador y peligroso. Un hombre que dirige negocios legales… y otros de los que nadie quiere hablar. Víctor está cansado de escuchar a su madre criticarlo por no tener pareja, convencida de que nunca podrá lograr un vínculo estable. Pero cuando Adán aparece en su oficina exigiendo que liberen a su padre, Víctor encuentra la oportunidad perfecta:
Una deuda enorme. Un omega desesperado. Y una propuesta que podría solucionarles la vida a ambos.
NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
DE NOVIO A ESPOSO.
El comentario hizo reír a ambos, pues las ideas de Liliana siempre le sacaban una sonrisa a cualquiera.
Por otro lado, Adán había despertado y, al no ver a nadie, gritó pidiendo ayuda, pero debido a la lejanía del cuarto, nadie lo escuchó.
—¡Hola! —dijo intentando pararse—. ¡¿Hay alguien ahí?!
Abrió la puerta, viendo el lugar desolado. La oficina de Víctor estaba cerca, por lo cual se acercó al escuchar el grito de Liliana.
—¡Adán es un Val...!
Y luego de eso, silencio.
Se acercó más, saltando de brinco en un solo pie. Escuchó los murmullos y las risas detrás de la puerta. Su corazón comenzó a latir con fuerza; no quería interrumpir, pero tampoco sabía a dónde más ir.
Se armó de valor y tocó la puerta.
—Adelante —dijo Víctor desde adentro.
—Hola… emm, creo que están ocupados, perdón, no debí interrumpir —dijo Adán.
Los tres voltearon a verlo, notando de inmediato que Adán iba saltando en un solo pie.
Víctor se levantó de inmediato para ayudarlo a llegar a su habitación, pero en ese instante un mareo golpeó a Adán.
Iba a caer cuando Víctor reaccionó a tiempo, logrando atraparlo entre sus brazos.
—¿Estás bien? —preguntó Víctor, sujetándolo con firmeza.
—Sí… no fue mi intención —respondió Adán, avergonzado.
—Tranquilo, te llevo.
Víctor lo tomó en sus brazos, cargándolo. Se dio la vuelta en dirección a la oficina.
—Danilo, recoge aquí. Lili, dile a Juan que Adán ya despertó.
—Sí, entendido —respondieron ambos al mismo tiempo.
Mientras ellos se apresuraban a cumplir con lo ordenado, Víctor llevó nuevamente a Adán a su habitación, con pasos seguros, aunque su expresión estaba tensa.
—En lo que sube Lili con tu comida, hay algo que debemos hablar —dijo Víctor mientras lo acomodaba en la cama con cuidado.
Adán tragó saliva.
—Sé que Mateo me dejó como su aval, pero no tengo esa cantidad en este momento… tal vez si me dieras más tiempo…
—Tranquilo. Primero, no voy a cobrarte ese dinero. Sé que se oyó feo lo que dije ayer y perdón por eso. Ahora, segundo, aunque puedo dejarte libre, no puedo dejar que te vayas de la mansión —dijo Víctor sin rodeos.
Adán frunció el ceño, confundido.
—¿Por qué?
Víctor abrió la boca para responder, planeando decirle algo de todo lo que se había enterado, pero fue interrumpido por su madre.
—Víctor, en serio esta vez debes aceptar a… Hola —dijo al mirar a Adán—. ¿Quién es?
—Mamá, no es momento. Ve a mi oficina.
Las miradas nerviosas hicieron creer a Sara que escondían un romance de ensueño y que los había atrapado infraganti.
—Qué bueno conocerte. Ahora veo por qué Víctor está tan necio con negarse a conocer a alguien, si ya te tiene a ti —dijo Sara con una sonrisa cómplice.
—Mamá, ve abajo ya —dijo Víctor, sacándola del cuarto—. Perdón por eso, vuelvo en unos minutos.
Dicho eso, dio unos pasos para ir tras su madre.
—Es muy linda —alcanzó a decir Adán en voz baja.
Víctor se detuvo un segundo, sorprendido, antes de continuar bajando.
Al llegar abajo, su madre lo recibió de muy buen humor.
—Qué bien lo tenías escondido, es una preciosura. ¿Es real su color de cabello? —dijo acercándose—. Eso no importa, iré a casa a planear su boda. Ustedes encárguense de darme nietos.
—¡Espera, mamá! —exclamó Víctor.
Fue tarde.
Sara ya se iba en su auto a toda velocidad.
Víctor subió de nuevo las escaleras, pasando una mano por su rostro. Iba llegando a la habitación cuando escuchó a Liliana y a Adán platicando.
—¿Qué tal está? —preguntó Liliana.
—Delicioso. Juan pone mucho empeño en sus platillos, ¿verdad? —respondió Adán con una sonrisa.
—Así es, pero creo que le puso más empeño porque cree que eres el novio de Víctor.
Adán, al escuchar eso, comenzó a toser.
—¿Q-qué? —balbuceó.
Fue justo en ese momento cuando Víctor entró.
—Lili, creo que Melanie te está buscando.
Liliana, al escuchar el nombre de su madre, salió de inmediato del lugar.
—Nos vemos— dijo casi corriendo.
El silencio se volvió incómodo.
—Adán, debo pedirte un favor… más que un favor, será una oportunidad para ti de trabajar —dijo Víctor, notando cómo el omega aún estaba ruborizado.
—Dígame, tengo una que otra experiencia —respondió Adán con cautela.
—Ya escuchaste a Liliana. Todos creen que eres mi novio y mi madre ya está planeando nuestra boda… —Víctor hizo una pausa—. Serías mi esposo de mentira.
Adán tosió de la sorpresa.
—Per… perdón.
—No te disculpes. Si lo haces por un tiempo determinado, te trataré con respeto y no te tocaré. Solo espero que, de tu parte, no haya infidelidad —dijo sentándose en la silla junto a la cama—. Tú necesitas un trabajo y, por lo que sé, terminar tus estudios. Yo, a cambio, estaré tranquilo de no recibir más visitas de mi madre. Recibirás tu sueldo y yo tendré a un esposo que presentar. ¿Qué te parece?
—Yo… yo… —tartamudeó Adán, con el corazón latiéndole descontrolado.
—Piénsalo esta noche y mañana me das tu respuesta. Tendré el contrato listo por si aceptas.
—No es que no sea usted guapo… es solo que yo nunca he tenido pareja y no sé cómo tratar de manera afectiva a alguien —confesó Adán.
—No te preocupes por eso. Yo tampoco.
—¿Usted tampoco? Imposible, por lo menos tendría más experiencia que yo —dijo Adán, tapándose la boca—. Lo siento.
—Te dije que ya no bajes la cabeza. Y por muy difícil que sea de creer, es cierto… cero experiencia —respondió Víctor con seriedad.
La expresión que puso al decirlo hizo reír a Adán.
Y la risa del omega no era para nada molesta para el alfa.
—Come, anda. Si te sigues riendo, pediré que se lo lleven —amenazó Víctor.
—No, ya me calmo, por favor. Es que me mandaron mucha comida y estoy comiendo despacio —respondió Adán.
—Se me olvidaba, yo también voy a comer. Llevo bastante trabajando y no he descansado —dijo Víctor.
Comieron juntos, en un ambiente más relajado, aunque ambos sabían que lo que se había propuesto no era un simple juego.
El día siguiente definiría lo que en verdad haría que Adán se mantuviera en la mansión sin utilizar fuerza alguna.