Sol ha sobrevivido diez años sin nombre, sin recuerdos y sin más compañía que el dolor. Desde que despertó a los dieciocho sin saber quién era, su vida se convirtió en golpes y tortura. Pero todo cambia cuando llega al castillo del rey demonio... Y él, sin explicación alguna, le pide matrimonio.
¿Acaso ya se conocen? Quizás, el secreto de su recuerdos sean la respuesta porque él la ama tanto.
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Capitulo 12
Noel gritó, casi quebrándose.
— ¡Voy contigo!
Lumiel no respondió al principio. Se detuvo. Respiró hondo… y sin girarse, dijo con una calma peligrosa.
— Ya hablé. Eres un niño. Estorbarías… y lo sabes.
El tono no fue de regaño, fue una sentencia cruda y real. Noel insistió igual, desesperado. Entonces Lumiel avanzó hacia él con pasos lentos y controlados, como una bestia intentando contenerse.
Se agachó frente al niño y posó ambas manos sobre sus hombros. Su mirada, sin brillo, era la de alguien que ya había decidido matar.
— Noel… —su voz era baja, ronca—. Si te llevo, morirías. Y si tú mueres, Sol se lanzaría detrás de ti. Y si ella muere… yo destruiría este continente entero para calmar solo una parte de mí ira.
Noel abrió los ojos, aterrado a punto de llorar.
Lumiel continuó.
— No necesito más debilidades a mi alrededor. Una es suficiente. —Apretó un poco sus hombros— Te prometo que la traeré de vuelta. No porque me lo pidas… sino porque es mía.
El niño bajó la cabeza, mordiendo sus labios para no llorar, pero fue inútil.
Lumiel habló sin piedad.
— Sé lo que sientes. Esa impotencia… esa rabia por ser pequeño. Aprovéchala. Crece. Y cuando tengas fuerza de verdad, podrás proteger lo que amas. Pero hoy… —se puso de pie— hoy no eres un arma. Eres un riesgo.
Empezó a caminar.
— ¡No te lo perdonaré si a Sol le pasa algo! —gritó Noel, rompiéndose por dentro.
Lumiel no se detuvo, pero pensó con una oscuridad que no había mostrado en años.
“No necesito que me perdones. Yo mismo me destruiría.”
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Gael cumple órdenes, engaña a todos y cubre el caos que había desatado Jack.
— Damas y caballeros —anunció Gael, con una reverencia falsa— la boda se pospone. La novia enfermó y el rey fue en su ayuda. Por favor, síganme al salón de banquetes…
Los invitados murmuraron, pero ninguno tuvo el valor de cuestionar al general de la sombras.
Lilith comentó.
— Qué mal… quería ver el rostro de la novia sorpresa.
Ricardo solo refunfuñó.
— Perdida de tiempo…
Una criada se le acercó con una carta. Ricardo la abrió. Su rostro cambió. Se puso pálido.
Lilith lo notó, pero no tuvo tiempo de preguntar, su padre ya avanzaba a la salida, apretando los dientes.
Mientras tanto, Gael sintió una presencia. Sin girarse, Dijo.
— Sal —ordenó hacia las sombras.
Un soldado emergió de la oscuridad. Era Rose Mandrágor, tercer hijo de la familia real asesinada. Un sobreviviente como Sol.
— ¿Cómo te fue, Rose? —preguntó Gael.
— Mejor de lo esperado… Lo vio usted mismo. El gobernador de Mandrágor está aquí, o bueno...— se ríe— está a punto de irse.
Gael dirigió la mirada a Ricardo, quien arrugaba la carta con una mezcla de ira y temor.
— Valió la pena dejarte infiltrado esos años —dijo Gael.
— Tengo la información para destruir a Ricardo. Haré lo imposible por mi pueblo… ¿Qué pasó con la supuesta boda del rey?
— La novia “se enfermó”.
— ¿Quién es ella?
Gael sonrió con malicia.
— Si te lo digo, llorarás como un niño…
Rose bufó.
— No hay nada que pueda sorprenderme ya.
— Entonces recuerda mis palabras cuando la veas —murmuró Gael antes de irse.
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Ricardo pierde la compostura. Lilith alcanzó a su padre en la salida.
— ¿Padre?
— Debiste quedarte vigilando el árbol —masculló.
— ¿Qué pasó?
— Nada grave… por ahora. Son rosas y sus espinas.
Lilith se tensó.
— ¿El árbol del ocaso… sangró?
— Peor —respondió Ricardo—. Lo tocaron. La carta que me enviaron es un aviso de que vieron a alguien salir del cuarto donde se encuentra el árbol. El único capaz de crear rosas es ese mocoso.
Lilith sintió un escalofrío.
— Pero tú mandaste a matar a todos. Estaban muertos cuando lo vimos.— susurró con terquedad.
— ¡Silencio! —Ricardo apretó los puños—. Si el pueblo se entera de que uno de ellos vive, perderé el miedo que sembré durante diez años… No lo permitiré.
Se montó en un caballo de su carruaje,.temblando de furia.
Le exije a Lilith que se vaya en el carruaje, sin escuchar su protesta.
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Jack, en su laberinto subterráneo. Bajo el reino demoníaco, Jack avanzaba por túneles imposibles de memorizar para cualquiera. Un laberinto creado para que la presa no saliera jamás. Sol dormía en su hombro, lejos del caos.
En los sueño de Sol su pasado continúa floreciendo. soñaba su vida perdida, sus padres, sus hermanos, la madre naturaleza, las bendiciones, su soledad… y finalmente, Lumiel entrando en su vida con apenas una sonrisa arrogante de un joven príncipe demonio. Todo encajaba y dolía a la vez.
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Fuera del castillo, Lumiel avanzaba sin dudar.El viento soplaba. Su presencia oscura quema todo a su alrededor.
Se agachó ante una planta diminuta entre la tierra. Una flor, un diente de león imposible de encontrar en este reino.
Lumiel la tomó entre sus dedos.
— Así que dejaste un rastro… —su sonrisa fue afilada, cruel—. Buena chica.
Apretó la flor.
— Voy por ti, y cuando te recupere… —sus ojos ardieron como un demonio liberado— haré que ese hombre deseé su muerte, algo que le daré solo para torturar su alma asquerosa.
Y siguió caminando, guiado por el rastro verde que solo él sabía leer.