Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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El tablero de ajedrez Araceli
Sabía que Yubitza regresaría, no fue una intuición romántica ni un presentimiento dramático, fue simple lógica.
Las personas como ella no desaparecen para siempre, se repliegan, esperan, observan desde la sombra hasta encontrar el momento adecuado para volver a atacar.
Yubitza nunca fue brillante, su mayor error siempre fue confundir ambición con inteligencia.
Por eso nunca me sorprendieron sus movimientos torpes, sus intentos previsibles, su manera infantil de creer que el mundo se gana con sonrisas dulces y lágrimas oportunas. Durante cinco años seguí cada uno de sus pasos sin que lo supiera. Países, trabajos, relaciones, gastos… todo.
No por celos, no por miedo, por precaución, en el ajedrez, ignorar una pieza fuera del tablero es la forma más estúpida de perder la partida.
Sé perfectamente de su hija, desde antes de que pisara nuevamente este país.
Y no, no me interesa meterme con una niña, podrán decir muchas cosas de mí, pero hay límites que incluso yo respeto.
Soy madre.
Aunque a veces olvide cómo se supone que debe comportarse una.
Maximus…mi pequeño heredero, mi mayor fortaleza, mi única debilidad real.
Lo observo dormir algunas noches, cuando el silencio de la casa es tan profundo que hasta mis pensamientos parecen demasiado ruidosos. Su respiración es tranquila, confiada… como si el mundo fuera un lugar seguro.
No lo es.
Y si soy dura con él, si exijo más de lo que otros consideran justo, es porque sé lo que existe ahí afuera. La bondad sin defensa es solo una forma elegante de suicidio.
Mi hijo es bueno, demasiado bueno, no tiene mi maldad, no tiene mi forma de mirar a las personas y calcular cuánto daño podrían hacer antes de que lo hagan.
A veces me pregunto si eso es una bendición…
o una condena.
Diego dice que exagero, que Maximus debe ser niño antes que heredero, que no todo es guerra.
Diego…
Su nombre siempre llega a mi mente con una calma peligrosa.
Él es el único que ha visto partes de mí que nadie más conoce.
No la empresaria, no la esposa, no la estratega, la mujer.
Y eso me asusta más que cualquier enemigo, porque en este tablero, el único movimiento que nunca planeé…fue sentir.
El regreso de Yubitza no altera mi rutina, eso sería darle una importancia que no tiene, las empresas siguen creciendo, los contratos se firman, los inversionistas me sonríen con respeto… o con miedo. A veces es difícil distinguirlos.
He aprendido que el poder real no necesita levantar la voz, solo necesita estar presente.
Elías lo sabe.
Lo veo en su forma de mirarme en silencio, como si intentara descifrar en qué momento dejé de ser la mujer que podía culpar… para convertirme en alguien inalcanzable.
No me grita, no discute, no exige y ese es su castigo.
Porque el silencio duele más que cualquier palabra.
Durante años esperó que yo reaccionara, que lo enfrentara, que le reclamara.
Nunca entendió que la indiferencia también es una decisión.
Nuestro matrimonio es una estructura perfecta…
vacía por dentro.
Dormitorios separados, vidas paralelas, un hijo que nos une solo en apariencia.
Aun así, no lo odio, el odio requiere emoción y yo hace tiempo aprendí a sobrevivir sin ellas.
Cuando recibí la confirmación de que Yubitza estaba en la ciudad, no sentí rabia.
Sentí… curiosidad.
Quería ver con qué versión regresaba.
La víctima, la enamorada, la madre sacrificada, todas predecibles, todas inútiles contra mí.
Lo único que podría volverla peligrosa…
es si realmente hubiera aprendido algo.
Pero las personas rara vez cambian, solo perfeccionan sus mentiras.
Maximus corre hacia mí esa tarde con un dibujo en las manos.
—Mamá, mira… somos tú, papá y yo.—
Tres figuras tomadas de la mano.
Sonriendo.
Una familia que no existe, siento algo extraño en el pecho, una presión incómoda que no logro clasificar.
Diego diría que es culpa.
Yo lo llamo distracción.
Me agacho frente a él y acomodo su cabello con cuidado.
—Es hermoso —le digo.
Y por un segundo…quisiera que fuera verdad.
Pero el mundo no se construye con deseos, se construye con decisiones.
Y yo ya tomé las mías,el tablero está listo, las piezas en su lugar.
Los movimientos calculados con años de anticipación.
Yubitza cree que vuelve a una historia que dejó en pausa, no entiende que la partida siguió sin ella.
Aquí…
la reina nunca abandona el tablero.
Y si intenta tocar lo único que realmente me importa…
no habrá dinero, lágrimas ni pasado
que puedan salvarla.
Porque una cosa es ser ambiciosa.
Y otra muy distinta…es ser yo.
Yo, quien siempre calcula cada paso antes de darlo…yo, que observo toda la situación antes de que pase.
Así he sobrevivido, no por fuerza, no por suerte, sino por anticipación.
Mientras otros sienten, yo analizo, mientras otros reaccionan, yo ya estoy tres movimientos adelante.
Es la única forma de no perder en un mundo donde nadie juega limpio.
Aprendí demasiado pronto que la ingenuidad es un lujo que no podía permitirme.
Que confiar es solo otra manera de entregar el cuello esperando que alguien decida no cortar.
Y yo jamás volveré a estar en esa posición.
Por eso miro, escucho, callo, el silencio revela más verdades que cualquier confesión.
Cada gesto tiene un significado, cada palabra oculta una intención, cada ausencia anuncia una traición.
Y yo tomo todo eso…lo guardo…lo convierto en estrategia, algunos lo llaman frialdad.
Otros, crueldad, yo lo llamo supervivencia.
Porque nadie estuvo cuando tuve que aprender a defenderme sola.
Nadie sostuvo mi mano cuando entendí que el amor también puede ser un arma.
Nadie me salvó, así que me salvé yo.
Construí muros donde antes había heridas, levanté poder donde antes hubo abandono.
Convertí el dolor en ventaja y ahora todos me miran como si fuera peligrosa.
No lo soy, solo soy una mujer que entendió las reglas…antes que los demás.
Pero incluso yo tengo un punto débil, Maximus y Diego.
Mi único movimiento que no fue planeado, Diego, la única verdad que no necesita estrategia.
Y eso me aterra.
Porque en este mundo, amar a alguien es darle al enemigo el lugar exacto donde debe atacar.
Por eso debo ser más cuidadosa que nunca.
Más fría.
Más precisa.
Porque si algo amenaza lo que es mío…
no habrá duda.
No habrá culpa.
No habrá piedad.
Solo habrá una jugada final.
Y como siempre…
seré yo quien la haga.
ojalá puedas investigar algo por que esa niña es igual de mala que la madre ojalá cuando esa aparezca disque a reclamar lo que es suyo Araceli lo deje libre a si sin más será un golpe bueno para el idiota de Elías 😡😡😡
sería increíble que Araceli le dijera y le entregará al Elías sin reclamos comí siempre eso la aria arder más a la Yubitza 😂
le dije les dije desde el primer capítulo la autora quiso o hizo que odiaríamos a la equivocada🤭🤭🤭
y yo estoy en esas por que en el primer capítulo como le eche más a Araceli pero ahora amo su frialdad
ojalá también sepa que tiene a una empleada traidora en su casa 😡