Luego de 10 años sin verse, Hanna se reencontró con un viejo compañero de la preparatoria. Pero para su sorpresa, aquella persona que estaba frente a ella era totalmente diferente al muchacho que había conocido. Hanna intentará descubrir qué le ocurrió durante todos esos años de ausencia y quizás ablandar ese duro corazón. ¿Podrá hacerle frente a su oscuro pasado?
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La batería
—Bien, señora Fontaine. Su currículo parece muy completo. Definitivamente estaría encantado de que trabaje en mi empresa—le comentó Yahír a la mujer cambiando radicalmente el tema de la conversación.
—Qué alivio escuchar eso. Pero...¿Por qué me llamas señora? Me siento patéticamente anciana.
—¿No lo es? ¿Qué hay de su esposo?
—¿¡Esposo!? ¡Qué va! Aún mi estado civil es soltérica—se detuvo un momento para luego preguntar—¿Lo dices por el hombre que pagó mi deuda contigo?—el hombre asiente—Él solo es...mi novio—dijo bajando su tono de voz.
—Si, bueno. No es que me importe tampoco. Disculpe que le haya llamado de esa forma—tal indiferencia comenzaba a estresar a Hanna. Se supone que todos los malentendidos se resolvieron entre ellos, incluso terminaron siendo viejos compañeros de la preparatoria. ¿Cómo era posible que la tratara de esa manera? Ella de algún modo pensó que podría haber cierta confianza ya que se conocían, pero fue un pensamiento lamentable.
—¿Desde cuándo voy a trabajar con usted?—preguntó en un tono obstinado.
—La verdad es que aún faltan ciertos detalles por afinar antes de abrir sus puertas, pero estoy seguro que en menos de un mes está todo listo.
—¿Y qué pasará conmigo mientras tanto?
—Sencillamente continuará trabajando aquí hasta entonces. La llamaré cuando sea necesario.
—Bien. Me largo, entonces—respondió levantándose de la silla.
—Fue un placer para mi también verla otra vez—dijo con sarcasmo—Espero pueda ejercer bien su trabajo.
—Ja. Por supuesto que lo haré. Me jodí diez años estudiando medicina. Créame que no soy como cualquier médico. Soy buena en lo que hago—le contestó con todo el glamour posible antes de salir de la oficina.
—Definitivamente sigue siendo la misma—dijo para si mismo y luego suspiró. Esperó un par de minutos para poder salir del lugar sin tener que encontrarse a Hanna. Quería evitarla a toda costa, pues siempre había tensión entre ellos y nada salía como debía ser. Fue en busca de Williams, pues tenía una reunión con él para una nueva inversión en la clínica, ya que Yahír era el financista. Eso les llevó todo el mediodía y el resto de la tarde hasta la noche. Cuando finalmente su jornada terminó, regresó al estacionamiento en busca de su lujoso auto como era de costumbre. Para su mala suerte allí estaba la niña genio, de nuevo. Al parecer tenía problemas con su vehículo. Él intentó pasar de largo y continuar en sus asuntos. Pero al fin y al cabo, terminó acercándose a la mujer.
—¿Qué le ocurre?—preguntó con un tono de desinterés en su voz.
—No lo sé, realmente. No quiere arrancar. Creo que tendré que llamar una grúa.
—¿Lo revisaste bien? ¿Sabes algo de mecánica?
—Sé tanto de mecánica como un físico sabe del verbo "to be"
—O sea...nulo.
—Chico listo...—Yahír suspiró con fastidio y sin decir ni una sola palabra, comenzó a desabotonar su camisa manga larga con suma tranquilidad. Hanna al darse cuenta de lo que estaba haciendo, entró en un estado de shock en donde no pudo siquiera disimular el asombro.
《Cómo dirían los españoles: "Madre mía, menudo hombre"》 Pensó. En ese momento, el hombre castaño sólo llevaba una camiseta. Se acercó al auto de la chica y abrió la tapa del motor para revisarlo y averiguar cual era el problema.
Su porte tan masculino le hacía parecer un supermodelo de calendario. Ella sólo le miraba con mucha atención. Se perdía en cada acción que el hombre hacía.
—Cierra la boca, se te van a salir las babas, eso es incomodo—tal comentario avergonzó a Hanna.
—¿Qué dices? ¡Por favor! ¿Te crees un Dios griego como para botar la baba? ¡Ni si quiera te estaba viendo!—soltó exaltada
—Me estaba refiriendo al olor a pizza que proviene de aquella panadería, y que es incómodo a estas horas de la noche. Su aroma no es tan exquisito como para que se te haga agua la boca—Hanna quedó en total descubierto al haber malinterpretado el comentario de Yahír. No se había percatado del aroma sino hasta ese momento en el que el castaño hizo referencia. Quería desaparecer, simplemente hacer algo
Para olvidar ese momento tan incómodo. Lo peor de todo es que Yahír ni se inmutó de su comentario. Eso le inquietaba aún más.
—Ah...te referías a eso...—respondió avergonzada.
—¿A qué otra cosa iba a referirme?—contestó con indiferencia.
—¡No! A más nada...Más bien dime, ¿Cómo está el auto?
—Creo que deberás llevarlo al taller. Aparentemente es la batería la que dejó de funcionar.
—¿Me estás jodiendo? ¡Señor!—exclamó—¿Qué voy a hacer ahora?
—¿Llamar un taxi, tal vez?
—Si. ¿Verdad?—respondió rodando los ojos. Al instante sacó su celular de su cartera para pedir un taxi a través de una aplicación muy popular en su país. Pero para su desgracia, no había ningún taxi de turno para esa hora, sino hasta el día siguiente. Ella soltó un fuerte suspiro y movía sus pies con impaciencia. No sabía que hacer.
—¿Ya pediste el taxi?
—No hay ninguno disponible. Pero no importa, yo resolveré. Será mañana que llame una grúa para llevarlo al taller. Todo estará bien.
—¿Seguro?
—Si, si. Gracias por ayudarme.
—Entonces me voy. Buenas noches.
—Igualmente.
El chico recogió su camina y se dirigió a su auto. Se adentró a él y esperó unos minutos para saber que planeaba hacer la mujer. Nunca esperó que ella tuviera la valentía de irse a pie por las calles solitarias en medio de aquella noche tan oscura.
—¿Ésta mujer es idiota o que?—de inmediato encendió su carro y comenzó a seguirla. A unos metros más adelante, bajó el vidrio del auto para hablar con ella.
—¿Dónde vives?—preguntó él.
—Vivo por aquí cerca.
—Esa no fue la pregunta.
—Vivo a dos cuadras—Mintió con descaro.
—Entonces te acompaño.
—No, no. No es necesario, de verdad. Puedo hacerlo sola. No es la primera vez—¡era la primera vez! Nunca se había accidentado a esas horas de la noche. Y lo peor es que no podía pedirle ayuda a Edward, pues trabajaría toda la noche.
—Si no es la primera vez, supongo que no tienes problemas con que te acompañe—la insistencia de Yahír le obligó a decir la verdad.
—La verdad es que vivo a media hora de aquí en auto, en dirección este. Quizás tarde una hora si voy caminando...
—Sube—le exigió.
—Ya te dije que no hace falta. No quiero causarte más pro...
—Dije que subieras. Si no me obedeces, estoy dispuesto a cargarte y traerte aquí adentro. Es una orden de tu jefe.
—Maldita sea contigo—espetó ella— espero no tenga que pagarte por esto.
—Por supuesto que lo harás. Un gracias no bastará. Muchos problemas me has causado. Que complicada eres... ni siquiera había necesidad de mentir.
—De verdad no te entiendo. Eres indiferente por momentos y luego te ofreces para ayudarme, aunque de mala gana.
—Simplemente lo hago porque no estaré bien conmigo mismo sabiendo que dejé a una mujer sola vagando por la noche.