Un hombre conocido por su gran poder esta en busca de una esposa.
Lidia Paige que se dedica al campo laborando junto a sus hermanas, recibe la propuesta de dicho hombre. En un principio se rehusaba a desposarse con el, por ser conocido por su intimidante presencia; sin embargo, termina aceptando.
El verdadero reto comienza desde que pone un pie en la gran mansión del Sr. Lennox.
¿Es verdad los rumores que circulan sobre el?
Sellando su destino tras la boda, se embarcara en una vida llena de incógnitas acerca de su esposo.
Trilogía Lennox.
Libro I. Conociendo a mi Esposo.
Libro II. Lagrimas en Soledad.
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Cielo nocturno.
Después del incidente no volvió a ver a Margareth ni a Julius. No tenía tareas a realizar en la mansión. Si intentaba hacer algo, aunque sea recoger algún objeto que había caído, era regañada por la señora Jones. Cuando tenía tiempo libre, su cabeza daba vueltas a todo lo que había ocurrido temprano por la mañana, y sobre todo anhelaba su antiguo hogar, se preguntaba constantemente como estaban sus hermanas y madre.
Tampoco ha podido ver al señor Lennox de nuevo. Se enteró que regresó de su salida, pero se encerró en su estudio y no tenía intención de ser interrumpido, esas habían sido las ordenes que le comunicó a la señora Jones, esta le había pasado el recado. Así de nuevo paso su hora de comida sola.
Sin más que hacer se dirigió a la biblioteca ya que de nuevo parecía llover fuera, por lo que dar un paseo no era una opción. Ingresó y distinguió una figura, sus pequeñas piernas flexionadas hacia su pecho y su cabeza oculta entre ellas.
-Connor- se acercó Lidia al niño. El pequeño alzó la cabeza y pudo ver en sus ojos rastros de llanto.
- ¿Qué sucedió Connor? - Lidia limpiaba las lágrimas que derramaba.
-Señorita, estoy triste por mamá- por supuesto que lo estaba, no pudo ver a Margareth de nuevo, pero se enteró por el ama de llaves, que debido al corte en su mano necesitaría reposar un tiempo.
-Tranquilo Connor, tu mamá estará bien, veraz que su herida sanará y no dolerá- el pequeño comenzó a negar con la cabeza.
-No es eso, es solo que me dio miedo. Cuando supe que mamá estaba herida me asuste, ¿Qué pasaría si algo le sucede a mamá? No tengo a nadie más- con esto Connor lloró de nuevo. Lidia lo rodeo con sus brazos, consolando al pequeño. Ella había enfrentado lo mismo, pero a una edad donde era una adulta, Connor solo tenía alrededor de seis años, tan pequeño y frágil, y las preocupaciones que cargaba eran demasiadas para él.
- ¿Qué hay de tu papá, Connor? -
- No tengo señorita, sin mamá estaría completamente solo- el pequeño temblaba bajo sus brazos, pero parecía comenzar a detener su llanto.
-Te equivocas Connor, ¿acaso lo olvidaste? Yo estoy aquí, yo soy tu amiga, eso significa que siempre estaremos juntos. Además, Margareth es muy joven y se recuperara muy pronto, no pienses mucho en ello. Tu mamá estará triste si piensas así, y yo también lo estaré- diciendo esto pareció detener por completo el llanto del pequeño. Aun se aferraba a su abrazo.
-Señorita, usted es una muy buena persona, estoy seguro que sus hijos serán muy felices-
Lidia no contesto a ello y solo apretó un poco el abrazo en respuesta. Así lo sostuvo por un tiempo más, hasta que su madre vino en su búsqueda.
-¡Connor! ¡Ahí estas! - Margareth se apresuró hasta donde se encontraban sentados y el pequeño rompió el abrazo con Lidia y alargo sus brazos a su mamá. Esta lo abrazo de regreso. Tal escena hizo que los ojos de Lidia, lloraran un poco.
- Muchas gracias por cuidar de Connor señorita- dijo la empleada.
Observó la venda de envolvía la mano de Margareth, con ello recordando aquella mirada de odio que percibió. Deseaba preguntarle sobre eso, pero pensó que no era el momento adecuado, Connor se encontraba ahí, probablemente serian cosas que un niño no debe escuchar.
- ¿Te encuentras mejor Margareth? - preguntó Lidia en su lugar.
-Sí, señorita lamento mucho lo ocurrido, le aseguro que no volverá a suceder- se disculpaba la joven.
- Por favor no te disculpes solamente fue un accidente, solo promete que tendrás cuidado, no debes lastimarte-
-Promételo mamá, promete que no volverás a lastimarte- demandó Connor, aun abrazado a su mamá.
-Está bien cariño, no volverá a pasar- tranquilizaba al pequeño.
Lidia y Margareth se vieron envueltas en una pequeña discusión, cuando le dijo que debía reposar debido a la herida, la joven resultaba renuente ante el pedido. Al final la señora Jones se acercó a ellas, y se puso del lado de Lidia, Margareth terminó aceptando. Connor y la joven madre se despidieron y se fueron a su hogar, dejando a solas a la señora Jones y a Lidia.
-Señorita la buscaba para que se presentara a cenar, el señor Lennox ya se encuentra allá- esta vez tenía que negarse a verlo.
- Señora Jones, discúlpeme con él, en este momento me duele un poco mi cabeza, preferiría ir a recostarme antes hoy-
-Por supuesto, yo le comunicare al señor Lennox, vaya y descanse-
Era verdad que tenía dolor de cabeza, se dirigió a la habitación que ambos compartían y se recostó en la cama. Sin tener noción del tiempo, cayó dormida rápidamente.
Despertó al sentir como en el otro extremo de la cama se hundía bajo el peso de un cuerpo recostándose. Abrió sus ojos, pero no pudo visualizar nada ya que todo se encontraba a oscuras.
-Vuelve a dormir- susurró su esposo, al bajar la voz esta se volvía más profunda. Terminó por despertar a Lidia.
-Asher- es todo lo que dijo solo para confirmar que se había despertado.
- Aquí estoy, vuelve a dormir-
-Me temo que he dormido demasiado, tardare en volver a hacerlo-
- ¿Quieres que continuemos la conversación de la noche anterior? - sugirió el señor Lennox.
- ¿No se encuentra cansado? Debería descansar-
- No me importa, no estoy cansado. Adelante pregunta algo-
-De acuerdo, si a usted le parece. Si comienza a sentir que ya no puede, por favor házmelo saber- mencionó.
-Eres muy amable Lidia- soltó, haciendo latir rápido su corazón con la suave voz que destacaba al nombrarla. Hizo a un lado el sentimiento y procedió.
- Empecemos por algo sencillo, su color favorito, ¿Cuál es? -
-Verde- respondió sin vacilar – ¿el tuyo? - preguntó
-El mío es azul-
- ¿Por qué el azul? -
- Bueno, no cualquier azul. Ya sabe, ese azul que está en el cielo cuando ya es de noche-
- ¿No sería ese un negro? -
-Por supuesto que no señ.. Asher, me refiero al azul de la noche, cuando pueden ser visibles las estrellas, entonces se transforma en algo hermoso, ese azul me hace recordar cuando miraba el cielo nocturno en mi antiguo hogar- no pudo evitar sentir nostalgia, el señor Lennox se quedó callado en todo momento.
- De acuerdo, siguiente pregunta- dijo Lidia- Asher, espero no te molestes por esto-
- Está bien, puedes preguntar- respondió
- ¿Cómo obtuviste esa herida en tu rostro? - esperaba esto no fuera un tema incómodo para él.
- Ocurrió cuando era un niño, fue un accidente mientras jugaba, simplemente me caí, me golpee y termine con esto en mi rostro. No hay una historia macabra detrás de ella- juró escuchar una leve risa al final. Sabia porque lo encontraba divertido, la gente a su alrededor, decían que la herida en su rostro era una marca con la que nació, era debido a una maldición. Por supuesto Lidia nunca creyó en esas historias.
Antes de reflexionar siquiera en lo que estaba haciendo, extendió su mano, a oscuras llegó a tocar el rostro de Asher. Paseo su mano por su rostro, tocando donde la cicatriz se ubicaba, gentilmente pasó sus dedos como suaves caricias por sobre ella. El señor Lennox tomó una profunda respiración.
-Lidia- mencionó su nombre, su voz profunda y un ligero sonido ronco. Volvió en sus sentidos y alejó su mano rápidamente.
-Creo que me ha entrado el sueño de pronto- mintió- Buenas noche, Asher-
-Buenas noches, Lidia- contestó.
Lidia le dio la espalda y se cubrió con la manta, de nuevo se había atrevido demasiado y ni siquiera se disculpó por lo de la noche anterior, en este momento no deseaba volver hablar. Se acurrucó, y se esforzó en volver a dormir, lo cual le parecía imposible, era muy consciente del calor corporal que emanaba el hombre a su espalda.
Cuenta la historia de dos personas que se enamoran aunque siempre hay baches y desconfianzas, por no hablar claro desde el primer momento.
Es una historia muy dulce.
Y ahora a leer el siguiente