Yulian, un estudiante universitario harto de su gris y monótona vida, encuentra su único refugio en una novela gráfica de fantasía titulada El amanecer del amor. Aunque la trama sigue el romance tradicional entre la heroína Clara y el noble Albert, Yulian está perdidamente obsesionado con el antagonista: Eric, el brillante, incomprendido y temido Señor de la Torre Mágica, cuya trágica obsesión por Albert lo lleva a la locura y a una muerte injusta.
Tras una rabieta de frustración por el final del último capítulo, Yulian sufre un accidente mortal desde el balcón de su apartamento. Al despertar, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Daniel, el hermano mayor de la protagonista y oficial de la guardia real. Decidido a reescribir el destino y evitar la trágica muerte de su personaje favorito, Daniel se infiltra en el mundo de la novela con un solo propósito: amar y salvar al hechicero malvado, cueste lo que cueste.
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Capítulo 6: El regreso al salón y los hilos del destino
Cuando Daniel volvió a cruzar las cortinas del salón de festejos, sintió como si hubiera pisado un planeta diferente. La música de violines resonaba con alegría artificial, los nobles reían falsamente entre copas de champán y la luz de los candelabros parecía excesiva y vulgar en comparación con la atmósfera cargada del balcón.
Sin embargo, por dentro, Daniel estaba eufórico. El pulso le retumbaba en los oídos y una adrenalina pura le corría por las venas. Había besado a Eric. Había cambiado la línea temporal original en su primer día en este mundo. En la historia original, esta noche Eric salía del balcón habiendo tomado la decisión de preparar las pócimas y los hechizos de sumisión para el futuro secuestro de Albert. Ahora, la mente del hechicero estaba envuelta en una vorágine de confusión enfocada en Daniel.
—¡Daniel! ¿Dónde te habías metido?
Una voz femenina y dulce lo sacó de sus pensamientos. Al darse la vuelta, vio a Clara, la heroína de la historia. Lucía impecable en su vestido de novia, aunque había una sombra de preocupación en sus ojos. A su lado caminaba Albert, sosteniendo una copa de cristal con la gracia despreocupada de un duque de cuna alta.
—Estaba tomando un poco de aire fresco en el ala oeste —respondió Daniel, adaptando sin esfuerzo el tono educado pero reservado que correspondía a su estatus.
—Nos tenías preocupados —dijo Clara, tomándolo del brazo—. El canciller quería saludarte y el comandante de la guardia real preguntó por tu disponibilidad para el patrullaje de la próxima semana. Además... me pareció ver al Maestre de la Torre Mágica caminando hacia esa misma dirección. ¿No te lo cruzaste?
Albert entrecerró los ojos ligeramente al escuchar el nombre del mago.
—Ese hombre es espeluznante —comentó Albert en tono bajo, dando un sorbo a su copa—. Honestamente, no sé por qué el rey insiste en invitarlo a eventos de la corte. Su sola presencia pone a todos nerviosos. Se dice que practica artes oscuras en lo alto de su torre.
Daniel miró a Albert. Ver al hombre que había sido la causa de la ruina de Eric le provocó un rechazo visceral instintivo. Albert era guapo, sí, pero tenía esa perfección aburrida y complaciente que Daniel siempre había detestado mientras leía la novela.
—El Maestre Eric es simplemente un hombre extremadamente poderoso que no tiene tiempo para la hipocresía de la corte —dijo Daniel con frialdad implacable—. Me crucé con él. Es bastante más interesante que la mayoría de los nobles de esta habitación.
Albert frunció el ceño, sorprendido por la defensa explícita de Daniel hacia el mago. Clara también miró a su hermano con extrañeza.
—Daniel... tú siempre has desconfiado de los usuarios de magia —recordó Clara suavemente—. ¿Ocurre algo? Te noto diferente esta noche.
—Simplemente he abierto los ojos a nuevas perspectivas —respondió Daniel con una ligera inclinación de cabeza—. Si me disculpan, la noche ha sido larga y tengo preparativos que hacer para mañana.
—¿Preparativos? ¿Tienes alguna misión de la guardia? —preguntó Albert.
—Algo así —sonrió Daniel, una sonrisa que no llegó a sus ojos pero que rebosaba de una determinación oscura—. Voy a visitar la Torre Mágica por asuntos personales.
Antes de que Clara o Albert pudieran formular más preguntas, Daniel se despidió con una reverencia formal y caminó hacia las grandes puertas de salida del palacio. Mientras abandonaba el salón, echó una última mirada hacia el balcón. Tras la cortina, pudo divisar la sombra de una figura alta que lo observaba en silencio desde la oscuridad.
Daniel sonrió para sí mismo. El juego apenas comenzaba.