Hola! Soy CEO de la empresa billonaria Ybarra🌹 soy de Francia, pero actualmente estoy en la ciudad E.
Estoy comprometida en un matrimonio arreglado con el CEO Racet, pero somos personas no compatibles "según nosotros", pero ¿Qué pasara cuando los dos vivamos juntos bajo el mismo techo? ¿será que nos matamos antes de llegar a cultivar nuestro amor?
Soy una arma dificil de roer, pero creo que ya llego mi tiempo de que abra mi corazón.
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capitulo 11
"Déjate llevar, Arianne. Deseo oírte gemir, por favor," susurró él al oído de ella, frustrado por su aparente falta de respuesta. Era como si no tuviera la capacidad de proporcionarle el orgasmo que merecía. Finalmente, él culminó su acto dentro de ella.
Ella se apartó de él y, antes de alejarse demasiado, le dijo: "No me esperes, no me quedaré a dormir en tu casa esta noche."
Salió lo más rápido que pudo, anhelando regresar a su departamento, que no se encontraba lejos, para meterse en la ducha y llorar todo lo que pudiera. Se sentía sucia y se odiaba por ello; no quería recaer en su estado anterior, por lo que se esforzó por controlar sus pensamientos y evitar las inquietudes que la atormentaban.
Racet, por su parte, se sintió sumido en la depresión y la ira. ¿Qué sucedía con aquella mujer que le resultaba tan enigmática? ¿Por qué no se entregó a él esa noche? Era como si ella nunca hubiera estado presente, y se aborrecía por haberle proporcionado una experiencia tan decepcionante en su primera vez. Al llegar a su hogar, recibió una llamada de Bella antes de dormir.
- Amor, te extraño.
- Bella, lamento informarte que hoy me encuentro fatigado y necesito descansar.
Bella lo contactaba todas las noches para asegurarse de que no existiera intimidad entre ellos.
A la mañana siguiente, él se despertó con la esperanza de encontrar un delicioso desayuno, pero no halló nada en su mesa. No pudo evitar pensar en Arianne, en su dulce rostro; incluso su indiferencia comenzaba a resultarle atractiva, aunque se negaba a aceptarlo. Solo le hacía falta el desayuno. Solo eso.
Arianne decidió tomarse el día libre. Ese día no se sentía bien, por lo que permaneció encerrada en su hogar.
Tenía que quedar embarazada lo antes posible. Sin embargo, ¿cómo lo lograría? No deseaba verlo, ni sentir su cercanía. Así que, al día siguiente, cuando saliera del trabajo, llegaría en estado de embriaguez y se entregaría a él; esa era su única solución, y así fue.
Llegó completamente ebria y lo encontró en el mueble, lanzándose sobre él, sorprendiendo por completo a Racet.
- ¿Estás ebria?
- Y que si lo estoy, solo hazme tuya, tengo que quedar lo más pronto embarazada, ¿no es así?
- No voy a hacer nada contigo en ese estado, vete a descansar.
- No, no puedo hacer nada contigo sobria, no me gusta, entiéndeme, me da miedo. Por favor.
- ¿Por qué dices que te da miedo?
Ella no le respondió a su pregunta, sino que lo besó. Después del beso, pasó a caricias, lo cual Racet no pudo aguantar; la cargó y la llevó hacia la habitación de Arianne, y allí la hizo suya durante toda la noche.
- ¿Quieres que te haga mía? Pues así lo haré.
La penetró, dándole duras sacudidas y sacándole unos hermosos gemidos.
- Así me gusta, bebé, oír tus bellos gemidos. Dime más, por favor, quiero escuchar esa hermosa boca cantar.
- Ah, Racet.
- Sí, ese soy yo, Racet, tu esposo.
- Ah... ummmm... más, por favor, sí.
Racet no sabía por qué disfrutaba tanto de ella; le gustaba oírla gemir, escuchar su nombre salir de su boca. Amanecieron abrazados en la habitación de Arianne.
Al despertar y darse cuenta de que se encontraba abrazada a Racet, Arianne se sintió exaltada.
—Ay Dios, ¿qué haces aquí? —exclamó, lo que le provocó un intenso dolor de cabeza.
—Es temprano para despertarse con tanto ruido. ¿No recuerdas lo que hicimos anoche?
—No lo recuerdo y, mucho menos, deseo hacerlo. En el futuro, no quiero que amanezcas a mi lado. ¡Qué dolor de cabeza!
—¿En serio, no deseas que despierte a tu lado? Mmm...
—Ya me has escuchado. Cuando salga de bañarme, no quiero encontrarte aquí.
Se levantó, pero se dio cuenta de que estaba completamente desnuda, lo cual le pareció bastante gracioso a Racet. Al percatarse de que él la estaba observando, Arianne corrió hacia el baño.
Racet no pudo contener la risa, y una sonora carcajada resonó en la habitación, reflejando lo dramática que Era su compañera. Posteriormente, él también se dirigió a su habitación para ducharse.
Arianne salió y no pudo aguantar la vergüenza. Lo bueno es que no recordaba nada de lo que realmente sucedió anoche, pero al verlo durmiendo al lado de ella, hizo que su cara se sonrojara y su corazón diera un vuelco al recordarlo.
Bajó y estaba preparando el desayuno.
- Delicioso como siempre.
Arianne no le respondió, pero no era por indiferencia, sino que se moría de la vergüenza. Si él viera su cara ahora, no pararía de reír; estaba como un tomate de roja.
- Por favor, dejemos la indiferencia. Sé que antes no me hablabas, pero tratemos de llevarnos mejor. ¿Qué dices?
- Está bien.
En el desayuno, él no dejaba de verla, ni él sabía por qué ella le parecía tan tierna. Quizás fue por lo de anoche, porque antes siempre le pareció muy molesta.
Arianne terminó de comer y se iba a ir.
- Espera.
- ¿Qué quieres?
- ¿Podemos irnos juntos hoy?
- No creo que sea buena idea hacerlo. Por favor, espérame esta noche; llegaré en las mismas circunstancias que ayer.
- ¿Qué?
Pero Arianne ya se hubiese ido; le parecía molesto que ella no lo hiciera con él en sus completos sentidos, pero en realidad, de cierta forma, le gustaba su otro lado. Era atrevida y muy candente, pero tenía curiosidad sobre por qué ella no quería hacerlo sobria con él.