Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 22
Al pescador lo mató su propio amigo a arponazos. Fue un tipo al que le decían "Mantarraya" y había obrado así, asesinando a su compañero de faenas, en medio del mar, porque lo había sorprendido al finado haciendo el amor con su mujer en su propia cama. Eso ocurrió cuando "Mantarraya" llegó a su vivienda, escuchó voces y risas en el dormitorio, fue de puntitas a su alcoba y los vio al amigo y a su esposa entregados a la pasión en forma desenfrenada, degustando de las carnes desnudas, jadeando, suspirando y dando chillidos de gusto y placer, ardiendo en las llamas de la emoción del momento.
"Mantarraya" dolido, lastimado en su orgullo, traicionado y defraudado por lo que le habían hecho mujer y su amigo, fue directamente a una cantina a libar licor y tratar de olvidar la afrenta, sin embargo el alcohol es mala consejera y pésima amiga. De tanto trago, "Mantarraya" se convenció que debía matar al malévolo compañero de faenas y así vengar la traición y la peor puñalada que le había clavado, tras encontrarlo haciendo el amor con su esposa en su propio lecho nupcial. Decidió matarlo, entonces.
Y la oportunidad se le presentó en plena faena, pescando lejos de la playa. "Mantarraya" recogía las redes colmadas de peces cuando vio al amigo en su bote, procediendo, también, a recoger los frutos marinos, concentrado en sus labores, sin percatarse que "Mantarraya" ya lo tenía en la puntería con el cañón múltiple de arpones.
Colérico, iracundo, soplando su furia, "Mantarraya" apuntó el arma letal en el pecho de su amigo y ¡pum! ¡pum! ¡pum! le disparó cinco veces, atravesándolo con las lanzas y tumbándolo sobre la la proa. El grito lastimero del amigo, remeció el océano entero.
"Mantarraya" jaló la cuerda y lanzó al mar al amigo y con el otro cañón arponero de la nave (siempre tienen dos), volvió a disparar sobre el agonizante amigo suyo y esta vez la atinó en medio del corazón, terminando de matar al desdichado sujeto.
"Mantarraya" estaba no habido. Luego de las pesquisas, el capitán Richards me ordenó que debía capturar a ese sujeto. -Mató al pescador por celos. Lo encontró haciendo el amor con su mujer en su propio lecho matrimonial-, me informó él. Yo, por supuesto, estaba obnubilada mirando y admirando a Richards, derritiéndome como una barra de mantequilla, embobada, suspirando hecha una tonta, con mi carita de boba , rendida a los encantos tan viriles del capitán.
Me trasladé con un pelotón de seis hombres hasta la zona del muelle y recabé información de los pescadores que "Mantarraya" tenía una amante en una barriada cerca. -Posiblemente está escondido allí-, me detallaron los curtidos hombres de mar.
-Qué descarado ese hombre, mató al amante de su mujer porque ella lo engañaba, cuando él también tenía una amante con la que traicionaba a su esposa, ¡¡¡hombres!!!-, le dije fastidiada a Shatner.
-La carne es débil, capitana-, aceptó mi adjunto haciendo brillar sus ojos, deleitándose con mi sonrisa y mi carita de cielo. Ya saben que Shatner estaba, también, enamorado de mi. ¡¡¡Tengo a los hombres a mis pies!!!
En efecto, "Mantarraya" se había escondido en la casa de su amante y estaba armado con un revólver. Otra vez tuve que hacer de negociadora. Dejé mi pistola en el suelo y salí con los brazos en alto hacia la casa que le servía de refugio al sujeto ese.
"Mantarraya" me ordenó que me detuviera y no me acercara, pero no le hice caso y seguí avanzando. -Soy la capitana Dumitrache y estoy aquí para ayudarte-, le anuncié.
-¿Y qué puede hacer usted? ¿Acaso puede modificar los hechos, darle vuelta al reloj?-, "Mantarraya" estaba desesperado. Era obvio. Se encontraba acorralado por mi unidad.
-Tienes el atenuante de que tu mujer te engañaba y que los celos te desquiciaron-, le dije. Me imaginaba que eso podría ser así, aunque yo no soy abogada y entiendo poco de leyes.
Llegué al porche y abrí la puerta: "Mantarraya" tenía su arma puesta en la sien. -No merezco vivir, capitana, soy un asesino porque mi esposa me engañaba-, me dijo sentado en una silla frente a mí. Su amante, a su vez, estaba atónita, llorando a gritos, recostada a una pared.
Yo me seguí acercando y me puse de rodillas muy cerca de él. -¿Y qué ganarás matándote? ¿Cambiarás la historia? Lo único que harás será apagar el televisor de tu propia vida-, intenté convencerlo.
"Mantarraya" me miró a los ojos y quedó entre sorprendido, prendado y admirado. -Usted es muy hermosa, capitana-, balbuceó obnubilado a mi encanto, hipnotizado a mi mirada hipnotizante. ¡¡¡Otra vez el efecto vampiro estaba haciendo de las suyas!!!
-Te darán diez o doce años de prisión y por buena conducta saldrás en cinco o seis años. Podrás reanudar tu vida, tener hijos, volver a hacerte a la mar y habrás olvidado todo este mal rato-, le aseguré, pero "Mantarraya" no me escuchaba, él estaba más a imantado a mis labios, a lo perfecto de mi cara, al brillo que emanaban mis pupilas y creo que hasta vio que yo tenía colmillos porque quedó aún más encandilado con mi boca tan sabrosa.
-¿De dónde es usted? ¿Acaso viene del paraíso? ¿Es una sirena que ha escapado del mar?-, no podía entender "Mantarraya" mi belleza tan inverosímil.
Me fue fácil tomar su pistola y lo ayudé a levantarse. Él incluso inclinó su cuello instintivamente para que lo mordiera. Ganas no me faltaban pero me contuve porque había testigos, estaba la amante del asesino y mis agentes permanecían atentos a los incidentes. -Todo terminó, "Mantarraya"-, se me ocurrió decir.
-¿Qué truenos tiene esa mujer para convencer tan fácil a los criminales para entregarse in resistencia a la justicia?-, se admiró el agente Parker. Había contemplado boquiabierto toda la escena. Shatner estiró una larga sonrisa satisfecho de resolver el apremio sin disparar un solo disparo. -No lo sé, colega, la verdad es que no lo sé pero Dumitrache es realmente hermosa-, dijo mi adjunto mientras yo salía de la casa con "Mantarraya" esposado, sonriendo coqueta frente a las cámaras de televisión y del internet, las cámaras y celulares de los reporteros y la mirada pasmada de cientos de curiosos rodeando la casa.