Novela+18
La graduación debía ser el inicio de una nueva etapa.
Para despedirse antes de tomar caminos distintos, Rei y sus amigos viajan a una cabaña aislada en medio de un bosque. Pero una violenta tormenta de nieve los deja atrapados, incomunicados y lejos de cualquier ayuda.
Rei, un joven que ha aprendido a vivir con la ceguera de su ojo derecho, pronto comienza a notar que algo no encaja en aquel lugar.
Extraños sucesos se acumulan, la tensión crece y la desconfianza empieza a dividir al grupo.
El miedo se apodera de la cabaña.
Y lo que comenzó como un viaje entre amigos pronto se transformará en una pesadilla de la que tal vez no todos regresen con vida.
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CAPÍTULO 11 — HARU
—AL DÍA SIGUIENTE—
La luz del amanecer se filtraba tímidamente por las cortinas de la habitación, tiñendo todo de un suave tono dorado.
Rei despertó desn*do, tirado en el suelo de madera sobre las piernas de Yoru, quien también dormía profundamente y completamente desn*do. Apenas abrió los ojos, su rostro quedó a escasos centímetros del mi*mbro flácido pero aún impresionante de Yoru: gru*so, pesado y con una presencia intimidante incluso en reposo.
Rei se apartó de golpe.
Se incorporó con un jadeo ahogado.
El rubor incendió sus mejillas y orejas al instante. Todo su cuerpo le dolía de una forma deliciosamente brutal.
Sentía los músculos tensos, las nalg*s y el interior de sus muslos pegajosos. Al bajar la mirada, descubrió que su piel blanca estaba marcada por mordidas y chupet*nes por todas partes, especialmente en sus pez*nes hinchados y en sus nalg*s redondas. Su an* palpitaba, lleno y sensible, recordándole con cada latido lo que había ocurrido la noche anterior.
¡Maldita sea…!
Pensó Rei, cubriéndose el rostro con ambas manos, mortificado.
El alcohol me hizo soltar mis feromonas como un animal en celo. ¿Cómo pude terminar acostándome con Yoru y Akira? Dios… ¿cómo logré aguantar dos miembros tan grandes toda la noche?
El recuerdo de las emb*stidas profundas, de sus g*midos ahogados y de la sensación de estar completamente lleno lo hizo estremecer. Su propio miembro mediano empezó a endurecerse solo con el pensamiento.
De pronto, escuchó pasos en el pasillo.
El pánico lo invadió.
Si Aoi o Haru lo veían así…
Sin pensar con claridad, se arrastró hasta la cama y tiró de la sábana para cubrir el cuerpo desn*do de Yoru.
Luego vio su bóxer asomando bajo la cama.
Se metió rápidamente debajo del colchón para alcanzarlo, gateando torpemente.
En ese preciso instante, la voz de Haru sonó desde el otro lado de la puerta:
—Rei, Aoi dice que bajes a ayudarla a hacer el desayuno.
Rei se sobresaltó.
Al intentar salir con prisa, su cabello se enredó en el resorte del colchón.
Tiró con fuerza y soltó un quejido agudo de dolor.
La puerta se abrió.
—Voy a entrar —anunció Haru.
Haru se detuvo en la puerta.
Allí estaba Rei, en cu*tro patas debajo de la cama, con el tras*ro redondo y empinado hacia arriba, completamente expuesto. Su an* aún enrojecido y ligeramente abierto brillaba por los restos de los fluidos de la noche anterior. El miembro mediano de Rei colgaba entre sus piernas, ya medio er*cto por la excit*ción residual.
Haru observó la escena y no pudo evitar soltar una expresión de sorpresa.
—Oh, hombre... Mira cómo te vine a encontrar.
Rei se puso completamente rojo de vergüenza.
Incapaz de salir de debajo de la cama, respondió de inmediato:
—¡Vete! ¡Ni se te ocurra tomar ninguna foto!
Haru estuvo a punto de marcharse.
Sin embargo, se detuvo antes de cerrar la puerta, arrepintiéndose.
Haru entró de nuevo y cerró la puerta lentamente detrás de él.
El clic de la cerradura resonó como una sentencia.
Haru lanzó una mirada hacia Yoru, que continuaba profundamente dormido, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor.
Después, volvió su atención hacia Rei y comenzó a acercarse.
Al escuchar el sonido de la puerta al cerrarse, Rei creyó que Haru finalmente se había ido.
Por un instante, sintió un pequeño alivio y permaneció inmóvil bajo la cama, convencido de que ya estaba solo.
Pero entonces sintió unas manos grandes posándose en sus caderas.
Haru se había agachado detrás de él.
—Dices que me vaya… —susurró Haru con voz ronca—, pero estás soltando tus feromonas como loco. Hueles a se*o y a necesidad.
Antes de que Rei pudiera protestar, Haru tomó su miembr* desde atrás y lo llevó hacia su boca. Lo ch*pó con hambre, deslizando su lengua caliente alrededor de la cabeza sensible, succionando con fuerza mientras su mano lo masturb*ba con movimientos firmes.
—¡Haru…! ¿Qué estás haciendo? —gimió Rei con voz temblorosa, el cuerpo estremeciéndose—. Suéltame… Aoi es tu novia…
Haru soltó el miembr* por un momento.
¡Qué bien! Entró en razón.
Él debe ser fiel a Aoi.
Pensó Rei aliviado.
Pero estaba equivocado.
Haru lo soltó solo para inclinarse más.
Separándole las nalg*s con ambas manos, pasó su lengua plana y caliente sobre el an* sensible de Rei. Lo lamió con devoción: largos y lentos lametones que recorrían toda la entrada, círculos húmedos alrededor del borde hinchado, y luego la punta de su lengua presionando dentro, f*llándolo suavemente con ella.
Rei soltó un gemido ahogado.
Pero Haru no se detuvo ahí.
Hum*deció dos d*dos con saliva y, mientras su lengua seguía trabajando el borde sensible, introdujo lentamente el primero, luego el segundo. Los curvó con maestría, buscando ese punto interno que sabía que volvería loco a Rei.
—¡Ahh…! ¡Haru…! —gimió Rei más fuerte, el cuerpo temblando violentamente.
Sus pez*nes er*ctos, aún mordidos y sensibles, rozaban contra el suelo frío, enviando descargas de pl*cer a su entrepierna. Su mi*mbro palpitaba con fuerza, goteando preseminal sin parar.
Haru movía los dedos con ritmo constante, abriéndolo, frotando su próst*ta mientras su lengua lamía alrededor de ellos, combinando calor húmedo y presión. Los sonidos eran obscenos y húmedos: el chapoteo de los dedos entrando y saliendo, la lengua succionando y lamiendo.
El pl*cer fue abrumador.
Rei se vino con fuerza, su mi*mbro dando fuertes sacudidas mientras chorros de sem*n salpicaban el suelo debajo de la cama. Sus piernas temblaron y su an* se contrajo con fuerza alrededor de los dedos y la lengua de Haru.
Haru se apartó ligeramente, jadeando.
Los d*dos permanecieron dentro por unos segundos más, moviéndose con lentitud para prolongar el orgasmo.
—Rei… estás muy tenso —murmuró contra su piel, la voz cargada de lujuria—. Déjame ayudarte a relajarte.
Se incorporó y empezó a desabrocharse el pantalón, liberando su mi*mbro duro y ansioso. Estaba a punto de posicionarse detrás de Rei cuando la voz de Aoi resonó desde el piso de abajo:
—¡Haru! ¡Ven! ¡Ayúdame en algo!
Haru chasqueó la lengua con frustración.
Miró una última vez el tr*sero expuesto y tembloroso de Rei.
Se mordió el labio.
—Esto continuará después, Rei —susurró.
Se levantó.
Se acomodó la ropa.
Y salió de la habitación.
Dejó a Rei todavía debajo de la cama, jadeando, con el cuerpo lleno de esp*smos de pl*cer y el an* palpitando por la lengua de Haru.