Mi vida ya era un desastre antes de que él apareciera.
Estoy endeudada, vivo en un apartamento horrible y trabajo en una cafetería donde apenas sobrevivo y entonces llega mi nuevo vecino.
Alto, atractivo, arrogante… Y probablemente un asesino serial.
Todas las noches hace ruidos extraños, aparece cubierto de sangre y actúa como si quisiera matar a cualquiera que se acerque a mí.
Pero mientras más intento evitarlo, más comienzan a cambiar las cosas.
Sueños extraños.
Secretos ocultos.
Y una peligrosa verdad sobre mí que nunca debió despertar.
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Capitulo:12
AMELIA:
Asher prácticamente me arrastra hasta su habitación y me empuja con suavidad dentro del enorme cuarto antes de cerrar la puerta de madera pesada detrás de mí.
Escucho el clic del cerrojo y me quedo mirando la madera, indignada y con el corazón queriendo salírseme del pecho.
—¡Oye lobo! ¡No me puedes dejar aquí encerrada como si fuera un mueble!
Le grito golpeando la puerta con el puño.
—Quédate quieta y no hagas ruido, Amelia... Su rastro ya está cerca.
Responde con su voz profunda desde el otro lado, alejándose por el pasillo.
Suelto un bufido de frustración y me giro para mirar la habitación... Huele tanto a él que me marea, es el mismo aroma a bosque y tierra mojada que me inundó durante el beso de ese hombre.
Mis labios vuelven a hormiguear por el puro recuerdo y me doy una bofetada mental para espabilarme.
«Concéntrate Amelia, tu amiga viene a matarte y tú pensando en los besos de ese lobo guapo»
Me acerco a la ventana con cautela ocultándome detrás de las pesadas cortinas oscuras y miro hacia la calle.
A los pocos segundos veo llegar a Laura.
Camina de lo más tranquila, vistiendo su ropa de siempre y cargando una pequeña bolsa de papel de la pastelería de la esquina, si la viera en cualquier otro día, pensaría que de verdad es una buena amiga trayéndome el desayuno, pero ahora noto algo que antes ignoraba por completo: hay una sombra extraña que parece seguir sus pasos y el aire alrededor de ella se ve distorsionado, como el calor que sale del asfalto en verano.
Laura se detiene justo frente a la entrada de mi edificio, levanta la cabeza y mira fijamente hacia mi ventana del tercer piso.
Sonríe de una forma que me congela la sangre y saca su celular.
En mis manos, el teléfono vuelve a vibrar con un nuevo mensaje.
«Ya estoy abajo Ami ¿Me abres o subo yo misma? El pastelito se está enfriando…»
Trago saliva sintiendo un sudor frío correr por mi nuca y de repente la imponente figura de Asher aparece en la acera cruzando la calle desde su edificio para interponerse directamente en el camino de Laura.
Detrás de él, Logan y otros dos hombres corpulentos de chaqueta de cuero surgen de las esquinas rodeándola sin levantar sospechas entre los pocos humanos que caminan por ahí.
Desde mi escondite observo cómo Laura borra la sonrisa de su rostro al ver a Asher. Guarda el celular en el bolsillo y se cruza de brazos cambiando su postura por una completamente altiva y peligrosa.
Me pego más al vidrio, frustrada por no poder escuchar nada a esta distancia, pero entonces, una extraña calidez vuelve a recorrer mi pecho, la misma de anoche.
Mis oídos comienzan a zumbar ligeramente y de un momento a otro, el ruido del tráfico y la lluvia se apaga, permitiéndome escuchar sus voces abajo como si estuvieran parados a mi lado.
¡Cielos, de verdad soy un bicho raro!
—Estás bloqueando mi camino, Alfa.
Dice Laura con una voz fría que no se parece en nada a la chica dulce de la cafetería.
—Vine a ver a mi amiga... Quítate.
—Tu "amiga" no está en su apartamento.
Responde Asher, con esa voz de mando que hace vibrar hasta los cristales.
—Y tú no tienes nada que hacer en este territorio. Date la vuelta bruja, antes de que ordene a mi manada que te saque a la fuerza.
Laura suelta una risa seca y burlona que me da escalofríos.
—¿Tu manada? Por favor, Blackwood, sé perfectamente por qué te estás ocultando aquí... No te conviene armar un escándalo con los humanos mirando.
Ella da un paso al frente desafiándolo.
— Sé que la tienes tú, puedo sentir el rastro de su magia en tus manos, entregamela. Su poder pertenece al aquelarre oscuro, ella es la clave de lo que hemos estado buscando por generaciones, no puedes protegerla para siempre y lo sabes.
—Ella no le pertenece a nadie.
Interviene Logan dando un paso adelante con los ojos brillando en un tono peligroso.
— Y menos a unas malditas cucarachas oscuras que mandan neófitos a cazar humanos.
Laura mira a Logan de arriba abajo con desprecio, pero luego vuelve a clavar sus ojos en Asher.
—No seas estúpido Alfa, si la escondes, los líderes de mi orden vendrán por ella y traerán cosas que ni tu fuerza bruta podrá detener. Entrégamela ahora que está débil y nadie saldrá herido.
—Inténtalo.
Sentencia Asher y desde mi altura veo cómo sus hombros se ensanchan y una neblina plateada parece destellar en sus ojos.
—Toca un solo cabello de esa chica y me encargaré personalmente de extinguir tu aquelarre de la faz de la tierra... Largo de mi vecindario.
El silencio que se forma abajo es sepulcral.
Laura aprieta los puños y por un segundo veo una chispa de fuego negro bailar en la punta de sus dedos... Está furiosa, pero sabe que está en desventaja numérica en medio de la calle.
—Esto no se va a quedar así Blackwood.
Sisea Laura dando un paso atrás.
—Disfruta tu pequeña mascota mientras puedas. El despertar de su sangre ya comenzó y cuando su poder colapse, tú mismo vas a querer deshacerte de ella.
Se da la vuelta con rabia tirando la bolsa de la pastelería al suelo y camina a paso firme hacia la avenida principal hasta desaparecer de mi vista.
Abajo, veo a Asher soltar un suspiro pesado y frotarse el puente de la nariz antes de mirar directamente hacia la ventana donde estoy escondida.
Juro que a pesar de la distancia, sus ojos grises se clavan exactamente en los míos, como si supiera que estuve escuchando todo.
Mi pulso se dispara... Bruja oscura, el despertar de mi sangre… ¿De que habló ella?
Me aparto del cristal de golpe y me siento en el borde de la cama abrazándome las piernas.
Definitivamente el pastelito de Laura venía con veneno incluido, y mi vida normal acaba de ser declarada oficialmente muerta.