Lían Miller vive su vida social como arquitecto, pero es solo una fachada, su mayor trabajo es asesinar personas porque debe pagar una deuda con su vida.
Pero todo da un giro cuando conoce a Daisy Wilson. Empieza a desafiar a su superior y encontrar el camino a la venganza para redimir su futuro.
¿Quién es Daisy?
¿Qué sucederá cuando se encuentren?
+ dark romance
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Capítulo 12: El Primer Beso Siempre Llega
La llamada de Lían no se me quitaba de la cabeza. "Ten cuidado", me había dicho. ¿Qué significaba eso? ¿Por qué me lo decía justo ahora? Desde que llegué al hospital esa mañana, no podía concentrarme en nada. Revisé el expediente de un paciente tres veces y seguía sin recordar lo que había leído.
—Daisy —la voz de Laura me sacó de mis pensamientos—. ¿Me estás escuchando?
—¿Eh? Sí, claro.
—No, no me estás escuchando. Te he llamado tres veces.
Estábamos en la cafetería del hospital, tomando un café rápido antes de que comenzara la siguiente ronda de pacientes. Laura me miraba con los ojos entrecerrados, esa mirada que ponía cuando sabía que algo andaba mal.
—¿Qué te pasa? —preguntó, apoyando los codos en la mesa—. Llevas toda la mañana ida. Casi le pones una inyección equivocada al paciente de la cama cinco.
—Fue un error tonto. No volverá a pasar.
—No me mientas. Te conozco desde primer año de medicina. Algo te está comiendo la cabeza.
Abrí la boca para contarle, pero me detuve. ¿Cómo le explicaba que había conocido a un asesino, que me había secuestrado, que me había despertado con él encima y que no podía dejar de pensar en sus labios y en sus manos?
—No es nada —mentí—. Solo estoy cansada.
—¿Cansada? Tú nunca te cansas. Eres como un maldito conejo de pilas.
Sonreí, tratando de cambiar el tema.
—¿Y tú? ¿Cómo va todo contigo? ¿Algo nuevo?
Laura sonrió de repente, y esa sonrisa me dijo todo lo que necesitaba saber.
—Bueno... —dijo, jugando con la taza de café—. Empecé a salir con alguien.
—¿En serio? ¿Quién?
—¿Recuerdas a Esteban? El chico que organizó esa fiesta hace unas semanas.
—¿El de los ojos verdes? ¿El que siempre lleva esa chaqueta de cuero?
—Ese mismo —dijo, sonrojándose—. Resulta que después de la fiesta, intercambiamos números. Y bueno, una cosa llevó a la otra.
—¡Laura! —exclamé, emocionada—. ¡Eso es increíble! ¡Te lo mereces!
—Gracias, Dais. La verdad es que me hace feliz.
—Me alegro mucho por ti, de verdad.
Laura me miró con picardía.
—Bueno, ya hablé de mí. Ahora quiero saber de ti. ¿Hay alguien que te guste?
Sentí que el calor me subía a las mejillas. Maldita sea, siempre había sido pésima para ocultar mis emociones.
—Tal vez —respondí, tratando de sonar casual.
—¿Tal vez? ¡Eso significa que sí! —Laura se inclinó hacia adelante, emocionada—. ¿Quién es? ¿Lo conozco?
—Laura...
—Vamos, dime. ¿Es alguien del hospital? ¿Diego? No, no puede ser Diego, tú lo rechazaste. ¿Es algún paciente? ¿Un familiar de algún paciente?
—Laura, para —me reí nerviosa—. Cuando pueda, te lo presentaré. Pero aún no es momento.
—¡Ay, qué misteriosa! —bufó—. Está bien, está bien. Pero me vas a contar todo... todo, ¿entiendes? Sin omitir detalles.
—Te contaré lo que pueda —dije, y ambas reímos.
—
En ese momento, una sombra cayó sobre nuestra mesa. Levanté la vista y me encontré con Diego. Su expresión era seria, tensa.
—Daisy, necesito hablar contigo.
Suspiré. No tenía ganas de tener esta conversación, especialmente ahora.
—Diego, no es buen momento.
—Solo serán unos minutos. Por favor.
—Te digo que no.
Me levanté para marcharme, pero su mano se cerró alrededor de mi brazo con una fuerza que me hizo estremecer.
—Te estoy pidiendo que hables conmigo —dijo, apretando más.
—¡Me estás lastimando! —exclamé, tratando de soltarme.
Su agarre dejó una marca roja en mi piel. Podía sentir sus dedos hundiéndose en mi carne.
—Déjala —intervino Laura, poniéndose de pie—. ¿Qué crees que haces?
—Tú no te metas en esto, Laura. Esto es entre Daisy y yo.
Todo el mundo en la cafetería nos miraba. Sentí las miradas de los enfermeros, los pacientes, los médicos. Era humillante. Pero Diego no soltaba.
—Diego, suéltame, te lo pido.
—No hasta que me escuches.
—
Y entonces apareció él.
No supe de dónde salió. Solo vi una figura que se movía entre las mesas a una velocidad que no parecía humana. En un segundo, Lían estaba allí, su mano cerrándose alrededor de la muñeca de Diego con tanta fuerza que este palideció.
—Si no la sueltas en este momento —dijo Lían, su voz tan fría que helaba la sangre—, te juro que te voy a matar.
Su mirada era asesina. Literalmente asesina. Yo había visto esa mirada antes. Era la mirada de alguien que no dudaría en cumplir su promesa.
Diego soltó mi brazo de inmediato. Trató de liberarse del agarre de Lían, pero era inútil.
—¿Y tú quién te crees para meterte? —espetó Diego, tratando de mantener la dignidad.
Lían sonrió. Una sonrisa peligrosa.
—Soy alguien que puede cortarte las pelotas si se le pega la gana.
Diego tragó saliva. Finalmente, Lían lo soltó con un empujón que lo hizo trastabillar.
—Esto no se va a quedar así —dijo Diego, señalándome—. Me las vas a pagar, Daisy.
Y se marchó entre las miradas de todos los presentes.
—
Lían se giró hacia mí. Su expresión cambió al instante. La furia asesina desapareció, reemplazada por una preocupación genuina.
—¿Estás bien? —preguntó, tomando mi brazo con una suavidad que contrastaba con la violencia de segundos antes.
Pasó sus dedos sobre la marca roja que Diego había dejado. Su toque era delicado, casi tierno.
—Sí, estoy bien —respondí, aunque mi voz temblaba un poco.
—¿Qué haces aquí? —pregunté, confundida—. quiero decir, en el hospital.
—Vine a verte —dijo, y una sonrisa se dibujó en sus labios—. Y para que me revises la herida. Quiero asegurarme de que está sanando bien.
—Sí, claro —dije, tratando de recuperar mi compostura—. Vamos a la enfermería. Te revisaré.
Antes de irme, sentí una mano en mi hombro. Era Laura, con los ojos tan abiertos como platos y una sonrisa enorme.
—Daisy —susurró, señalando a Lían con la cabeza—. ¿Quién es ese hombre tan sexy? ¿Y por qué no me has dicho nada?
Sentí que mis mejillas se incendiaban.
—Es... él —dije en voz baja, para que Lían no me escuchara—. El que me gusta.
—¿ESE es el que te gusta? —Laura parecía a punto de explotar de emoción—. ¡Daisy, es increíble! ¡Es como un modelo de esos de revista!
—Laura, calla...
—No, no pienso callar. Lo apoyo. Totalmente. Es mucho mejor que ese idiota de Diego.
Lían, que había estado esperando a unos pasos, nos miraba con curiosidad. Murmuró algo que no alcancé a escuchar.
—Bueno, nos vamos —dije, tomando a Lían del brazo—. Laura, luego hablamos.
—¡Sí, luego hablamos! —dijo ella, con una sonrisa cómplice.
—
En la enfermería, Lían se sentó en la camilla mientras yo preparaba los instrumentos para revisar su herida.
—Levántate la camisa —le indiqué.
Él obedeció, revelando el vendaje que yo misma le había puesto días atrás. Lo retiré con cuidado, revelando la herida. Estaba cicatrizando bien. Muy bien, considerando la profundidad que tenía.
—Está sanando perfectamente —dije, palpando suavemente el área—. En unos días podré quitarte los puntos.
—¿Ves? Eres una buena médica —dijo.
—Soy una excelente médica —corregí, sonriendo.
Mientras hablaba, explicándole los cuidados que debía tener, noté que no me estaba prestando atención. Cuando levanté la vista, sus ojos estaban fijos en mí. Y sonreía. Como un tonto.
—¿Qué? —pregunté—. ¿Por qué me miras así?
—Porque eres hermosa —respondió simplemente.
Y antes de que pudiera reaccionar, su mano se movió a mi nuca, atrayéndome hacia él. Sus labios se encontraron con los míos.
Fue un beso repentino, intenso. Su boca era cálida y firme, y me tomó por sorpresa. Me quedé quieta unos segundos, procesando lo que estaba pasando. Pero luego, algo dentro de mí se liberó. Correspondí al beso.
La situación se volvió caliente rápidamente. Lían se levantó de la camilla y, sin romper el beso, me levantó en sus brazos. Caminó hasta el escritorio donde tenía mis apuntes, y me sentó en el borde.
—Lían, espera... —intenté decir entre beso y beso—. Tu herida... no puedes cargarme... te vas a lastimar...
Pero él ignoró mis palabras. Siguió besándome, sus labios moviéndose con una seguridad que me hacía temblar. Yo no sabía besar. Bueno, técnicamente sabía, pero nunca lo había hecho. Este era mi primer beso. Y Lían era un experto.
Mis labios comenzaron a entumecerse. No podía seguirle el ritmo. Era demasiado. Me sentía abrumada, pero de la mejor manera posible.
Lían me atrajo más hacia él, pegando nuestros cuerpos. Sentí algo duro rozándome entre las piernas. Sabía perfectamente lo que era. Pero en ese momento no me importó. Tenía los brazos enredados en su cuello y las piernas cruzadas detrás de su trasero.
No quería que terminara nunca.
Pero el aire se acabó. Nos separamos, jadeando. Su sonrisa era de pura satisfacción. Yo debía tener la cara tan roja como un tomate.
—Era tu primer beso, ¿verdad? —dijo, burlón.
—Eres un idiota —respondí, aunque mi voz no sonó ofendida.
Lían se rio. Una risa cálida, sincera.
—Tal vez sea un idiota por enamorarme de ti —dijo—. Pero no me arrepiento.
Mi corazón dio un vuelco. ¿Enamorado? ¿De mí?
—¿No estás jugando conmigo? —pregunté, recordando cómo me había dejado el días atrás.
—Si estuviera jugando —dijo, su voz grave—, no sentirías lo duro que estoy por ti —dijo mientras pegaba más su cadera contra mi.
Mi cara se incendió aún más. Dios mío, ¿cómo podía decir esas cosas tan directamente?
—No sé qué hacer —murmuré, más para mí misma que para él.
Pero Lían me escuchó. Su mano acarició mi mejilla.
—Solo dime la verdad, Daisy. ¿Sientes algo por mí?
Tragué saliva. Mis ojos se encontraron con los suyos. Y supe que no podía mentir.
—Sí —dije en voz baja—. Yo también me enamoré de ti.
Lían sonrió. Una sonrisa que iluminó su rostro. Iba a besarme de nuevo cuando un golpe en la puerta nos interrumpió.
—¿Daisy? —era la voz de Laura—. Lo siento mucho por interrumpir, pero Cora te está buscando. Tienes pacientes esperando.
Suspiré. El momento se había roto.
—Gracias, Laura —dije—. Ya voy.
Escuché sus pasos alejarse. Lían me bajó del escritorio con cuidado. Nos acomodamos la ropa, tratando de parecer normales.
Él se acercó a mí. Con ternura, apartó un cabello de mi cara. Su mano se deslizó por mi mejilla.
—Ahora eres mía —dijo, y su sonrisa era tan dulce como peligrosa.
Me dio un beso casto en los labios, suave, casi tierno. Luego abrió la puerta de la enfermería y se encontró cara a cara con Laura, que estaba apoyada en la pared, sonriendo como una tonta.
—Sé que nos vimos antes, pero no nos presentaron —dijo Laura, lanzándome una mirada de complicidad—. Mi nombre es Laura. Soy la mejor amiga de Daisy. Y espero que nos llevemos bien, cuñado.
Le extendió la mano. Lían la tomó, divertido.
—Soy Lían. Y sí, soy el novio de Daisy.
—¡Novio! —exclamé desde dentro de la enfermería, sintiendo que mi cara se incendiaba aún más.
Laura soltó una risita. Lían me lanzó una última mirada, una promesa silenciosa, y se marchó.
Apenas desapareció por el pasillo, Laura entró a la enfermería como una exhalación.
—¿Y bien? —preguntó, emocionada—. ¿Cómo te fue?
—Bien —respondí, demasiado rápido—. Muy bien. Todo bien.
—Mentirosa —dijo Laura, cruzando los brazos—. Te conozco. Te quedaste toda roja y apenas puedes articular palabra. Seguro que pasó algo más que revisar una herida.
—Laura, por favor...
—Está bien, está bien. No te presionaré. Pero quiero todos los detalles después del turno. Todos.
—Lo que tú digas —dije, y ambas nos reímos mientras salíamos de la enfermería para continuar con nuestro trabajo.
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...Muchas gracias por leer 💜💫...
...Espero su apoyo ✨...
Gracias escritora por tu excelente novela .
Que tus caminos sean abonado con muchos éxitos.❤️