En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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capitulo 12
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 12 — Todo lo que sos
Elena volvió al cuarto.
Al mismo.
Oscuro.
Frío.
Vacío.
Como si nada hubiera cambiado.
Pero algo sí lo había hecho.
Ahora sabía.
Sabía exactamente lo que Luca era capaz de hacer.
Y aun así…
No sentía miedo.
Eso la inquietaba más que cualquier otra cosa.
Se dejó caer contra la pared.
El cuerpo le dolía otra vez.
Pero su mente…
Estaba en otra parte.
En esa escena.
En esa mirada.
En la forma en que Luca no dudaba.
—Está roto… —murmuró.
Pero no era solo eso.
Había algo más profundo.
Algo que todavía no entendía.
La puerta se abrió.
Otra vez.
Elena levantó la mirada.
Dante.
—Seguís viva.
—Te decepciona.
—No.
Se apoyó en la pared.
—Me intriga.
Silencio.
—¿Qué querés? —preguntó ella.
Dante la observó.
—Saber cuánto más vas a durar.
Elena soltó una leve risa seca.
—Más de lo que esperan.
Dante no respondió.
Pero tampoco lo negó.
—¿Siempre fue así? —preguntó Elena de repente.
Dante frunció el ceño.
—¿Así cómo?
—Vacío.
Silencio.
—No.
Eso la hizo mirarlo.
—¿No?
Dante dudó.
Pero habló.
—No siempre.
—Entonces… ¿qué pasó?
Silencio.
Pesado.
Dante la sostuvo unos segundos.
—Vos.
Eso la tensó.
—No entiendo.
—No hace falta.
—Sí.
—No.
Cortante.
Frío.
—Decime algo —insistió Elena—. ¿A quién maté?
Silencio total.
Dante no respondió enseguida.
Pero su mirada cambió.
—Cuidado con lo que preguntás.
—¿Por qué? —dijo ella— ¿Porque es verdad?
Dante se acercó un paso.
—Porque no sabés de lo que hablás.
—Entonces decímelo.
Silencio.
Largo.
Tenso.
Y entonces…
—Isabella.
El nombre cayó como algo pesado.
Elena frunció el ceño.
—¿Quién?
Dante la observó.
—La única persona que importó.
Silencio.
—Para él.
Eso…
Cambió algo.
—¿Y?
—Está muerta.
Pausa.
—Y él cree que vos la mataste.
Elena se quedó quieta.
—¿Qué?
—Estabas ahí.
—No.
—Eso es lo que importa.
Silencio.
—No fui yo —dijo Elena.
Pero no sonó como defensa.
Sonó como certeza.
Dante la miró.
—Eso no cambia nada.
—Sí cambia.
—Para él no.
Silencio.
Mientras tanto…
En otro sector de la mansión…
Luca estaba de pie junto al escritorio.
—¿Y? —preguntó.
Un hombre frente a él bajó la mirada.
—Ya tenemos información.
—Decí.
—Nombre: Elena Rossi.
Silencio.
—Veintitrés años.
Luca no reaccionó.
—Sin antecedentes importantes.
—¿Familia?
El hombre dudó.
—Sí.
Eso fue suficiente.
—¿Quién?
—Una hermana menor.
Silencio.
—Diecisiete años.
Pausa.
—Vive sola desde hace poco.
Luca bajó la mirada.
Pensando.
—¿Ubicación?
—La tenemos.
Silencio.
Pesado.
—Perfecto.
El hombre levantó la cabeza.
—¿Qué hacemos?
Luca habló sin emoción:
—Vigílenla.
Pausa.
—Todavía no la toquen.
Eso sorprendió un poco.
—¿Seguro?
Luca lo miró.
—Quiero ver cuánto tarda en quebrarse sin eso.
Silencio.
—Y si no lo hace…
Su voz bajó.
Más oscura.
—Entonces usamos lo único que le queda.
En el cuarto…
Elena seguía en el suelo.
Procesando.
—Isabella… —murmuró.
No le decía nada.
Pero explicaba todo.
—Me odia por algo que no hice…
Silencio.
—Perfecto.
Apoyó la cabeza contra la pared.
Cerró los ojos un segundo.
—Entonces está luchando solo.
Dante seguía ahí.
Mirándola.
—No entendés lo peligroso que es eso.
Elena abrió los ojos.
—Sí.
Pausa.
—Lo entiendo.
Silencio.
—Y no me importa.
Eso…
Otra vez.
Esa forma de responder.
Dante la observó.
Más tiempo.
—Eso te va a costar caro.
Elena no apartó la mirada.
—Ya me está costando.
Silencio.
Pesado.
Pero firme.