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BAJO LAS ALAS DEL AMOR

BAJO LAS ALAS DEL AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.

Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 18

El escándalo no solo destrozó la imagen pública de Isabella, sino que también desgarró el frágil tejido de su propia familia. La noticia de su aventura, magnificada y distorsionada por los medios, fue un golpe devastador para sus padres, que siempre habían valorado la reputación y la buena imagen por encima de todo. La matriarca de la familia, su madre, una mujer estricta y tradicional, la llamó en un ataque de histeria y vergüenza.

—¡Isabella, por Dios! ¿Cómo has podido hacer algo así? —gritó por teléfono, con una voz que ella apenas reconoció, teñida de histeria y desilusión—. ¡Nos has deshonrado! ¡A toda la familia! ¿Qué van a pensar ahora nuestros amigos? ¿Qué va a decir tu padre? ¡Tu matrimonio era perfecto!

Su padre, un hombre de negocios respetado y conservador, fue más frío, más cortante.

—Has cometido un grave error, hija —le dijo con voz grave, sin dejar espacio para la réplica—. Has arruinado tu vida y la de tu familia. Lo único que puedes hacer ahora es asumir las consecuencias. No esperes nuestro apoyo en esto. Has sembrado vientos, y ahora recogerás tempestades.

Sus palabras la golpearon como puñaladas, y la dejaron sintiéndose más sola que nunca, aislada en el gran salón de la mansión Lombardi, con el eco de sus acusaciones resonando en cada rincón. Otros parientes, tías lejanas y primos que apenas conocía, la juzgaron con una severidad que la hizo sentir como una criminal. Los comentarios maliciosos y las miradas de reproche se convirtieron en parte de su día a día, y cada llamada, cada encuentro, era una nueva tortura.

Pero en medio de esa tormenta de condena y soledad, hubo una voz que se alzó por encima de todas las demás, una mano que se extendió para sujetarla cuando sentía que se ahogaba: su hermana Sofía.

Sofía llegó a la mansión al día siguiente del escándalo, con los ojos inyectados en sangre por no haber dormido, pero con la determinación brillando en su mirada. No preguntó, no juzgó, no dio sermones. Simplemente la abrazó, con una fuerza que la hizo sentir que, por fin, podía desmoronarse en los brazos de alguien.

—No sé qué pasó, ni me importa —dijo Sofía, mientras Isabella sollozaba contra su hombro—. Pero sé que mi hermana no es una cualquiera. Y sé que si hiciste esto, es porque tenías tus razones. No estás sola, Isabella. Nunca lo estarás.

Sofía se convirtió en su pilar. Pasaba horas con ella, ayudándola a bloquear las llamadas de la prensa, filtrando los mensajes ofensivos, y ahuyentando a los curiosos que se atrevían a acercarse a la mansión. Fue ella quien le trajo ropa de sport, quien le preparó comidas sencillas, quien se sentó a su lado, simplemente en silencio, dejando que Isabella llorara y desahogara toda su frustración y su ira.

—No les des el gusto, Isa —le decía Sofía, secándole las lágrimas con suavidad—. No les des el gusto de verte derrotada. Levántate. Lucha. Demuéstrales que no pueden destruirte.

Sofía la escuchaba sin prejuicios mientras Isabella le contaba, entre sollozos, la historia de su amor con Alejandro, el vacío de su matrimonio, la soledad que había sentido. Y aunque Sofía era pragmática, comprendió que ese amor, por prohibido que fuera, era lo más real que Isabella había experimentado en años.

—Tu felicidad es lo que importa —le aseguró su hermana, sosteniendo sus manos con firmeza—. Y si ese hombre te hace feliz, entonces lucha por él. Lucha por ti. No dejes que la mezquindad de otros te robe la oportunidad de ser quien realmente eres.

La lealtad de Sofía fue un bálsamo para su alma herida. Le dio la fuerza que no sabía que tenía, la validación que su corazón necesitaba. En medio del aislamiento y la condena, la presencia incondicional de su hermana fue un ancla, un recordatorio de que no todo estaba perdido, de que había personas que la amaban y creían en ella, sin importar los errores que hubiera cometido.

Isabella se sentía abrumada, sí, pero ya no estaba sola. La ayuda de Sofía, su fe inquebrantable en ella, le dio el coraje para levantar la cabeza, para secarse las lágrimas y para empezar a pensar en cómo enfrentar la adversidad. Ya no se trataba solo de ella, ni de Alejandro. Se trataba de luchar por su verdad, por su derecho a ser feliz, incluso si el mundo entero estaba en su contra.

Una tarde, mientras revisaban los periódicos y revistas que Sofía había logrado interceptar antes de que llegaran a manos de Isabella, esta se derrumbó de nuevo al ver su foto en una revista de chismes, con titulares infames.

—Mira esto, Sofía —dijo Isabella, con la voz ahogada por las lágrimas, señalando un comentario particularmente cruel—. Dicen que soy una trepadora, que solo busco el dinero de Leonardo, y que Alejandro es solo un pasatiempo.

Sofía tomó la revista, la miró un instante y luego, con un gesto decidido, la rompió en pedazos.

—Lo que digan ellos no es tu verdad, Isa —dijo con firmeza—. Tu verdad es lo que sientes aquí —y le tocó el pecho con un dedo—. Y lo que sientes por Alejandro. El resto es ruido. Ignóralo. Ellos no viven tu vida, no duermen tus noches, no sienten tu corazón.

Isabella levantó la vista, encontrando un atisbo de esperanza en los ojos de su hermana.

—Pero, ¿y si tienen razón? ¿Y si me equivoqué?

Sofía la abrazó de nuevo, con fuerza. —La única equivocación es no haber sido feliz antes. Y ahora que sabes lo que es, no puedes dejar que unos estúpidos titulares te lo arrebaten. No se los permitas.

Ese abrazo, esas palabras, fueron un ancla en el mar de su desesperación.

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Miriam Ramirez
buenisima autora espero la siguiente historia gracias x compartir su talento un abrazo y asta pronto👏👏👏👏👏👏👏👏🥰 drsde Santiago de Cali Valle
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