Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
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El Laberinto del Enigma
Me sentía acorralado, y lo peor de todo es que no me disgustaba. Estar contra la piedra fría del balcón, envuelto por ese aroma a metal y eucalipto que hoy parecía querer asfixiarme, era una experiencia nueva. En el pasado, desde que nuestras vidas se cruzaron en la infancia, el guion siempre había sido el mismo: yo provocando incendios y Keile tratando de apagarlos con su estúpida disciplina militar. Él intentaba atraparme, yo era el humo que se le escapaba entre los dedos.
Pero este hombre que me sostenía ahora no estaba tratando de "atraparme" para ponerme esposas. Estaba reclamándome.
—¿En el pasado? —repetí, soltando una risa corta, aunque mi respiración me estaba traicionando—. ¿De qué pasado hablas, Keile? Desde que éramos niños hasta hace cinco minutos, siempre has sido el mismo Soldadito rígido. No intentes sonar profundo ahora; no te queda el papel de filósofo.
Traté de empujarlo levemente para recuperar mi espacio, para demostrarle que el Enigma no se doblega. Pero él no se movió. Lo que vi en sus ojos me dejó mudo. No era la frialdad de un Alfa; era... miedo. Un terror profundo, como si estuviera parado frente a un abismo.
Antes de que pudiera burlarme de su expresión, Keile acortó la distancia.
Me besó.
Fue un choque violento. Sus labios temblaban con una desesperación que no pude entender. Sentí su miedo filtrándose a través del beso, una urgencia casi dolorosa, como si estuviera despidiéndose de mí al mismo tiempo que intentaba traerme de vuelta a la vida. Era un beso cargado de una historia que yo no recordaba haber vivido.
Por un segundo, mi instinto fue apartarlo con brusquedad. Mi orgullo de Enigma se sintió insultado por ese arrebato de posesividad. Pero entonces, sentí la fuerza con la que sus manos me sujetaban, como si tuviera miedo de que, si me soltaba, yo fuera a desvanecerme en cenizas.
«¿Crees que puedes hacerme esto y salir impune?», pensé con furia.
No lo aparté. Por puro orgullo, le devolví el beso con la misma intensidad, mordiendo su labio inferior para recordarle quién tenía los colmillos en esta relación. No era amor, o al menos eso me decía a mí mismo; era un contraataque. Si él quería quemarse, yo iba a ser el incendio.
Me separé apenas unos milímetros, nuestras respiraciones mezclándose en el aire frío de la noche. El aroma a lluvia y bosque de mi esencia estaba tan agitado que casi opacaba su menta.
—¿Qué demonios te pasa hoy? —le susurré, mi voz cargada de una mezcla de irritación y una curiosidad que me quemaba—. Hablas de un pasado que no existe. Hablas como si me hubieras perdido y me hubieras encontrado mil veces.
Lo miré fijamente, analizando cada rastro de su rostro. Sus ojos buscaban en los míos algo que no encontraba, un perdón o un reconocimiento que yo no podía darle.
—Desde que tenemos uso de razón, hemos jugado a esto, Keile —continué, tratando de recuperar mi máscara de indiferencia—. Tú el cazador, yo la presa. No ha cambiado nada. Así que deja de mirarme como si fuera un fantasma. Estoy aquí, y te aseguro que este jueguito de besos en el balcón te va a salir muy caro si crees que con esto ya me tienes domado.
Mi lobo soltó un gruñido inquieto. Había respondido al beso, sí, pero la confusión estaba empezando a ganarle terreno a mi arrogancia. Había algo en la forma en que Keile me miraba... algo que me hacía sentir que, tal vez, yo era el único que no sabía que el juego había cambiado de nivel hace mucho tiempo