🚫⚠️Esta historia, termina en POLIAMOR. Sigan de largo si no les gusta y, no denuncien por fa...⚠️🚫
Seleriun, una deidad que intenta esconderse y encajar en un mundo mortal, a aceptar su inmenso poder.
Lucha contra su propia naturaleza, mientras el destino y sus enemigos lo obligan a revelarse.
(Es la continuación de "Luna de Plata")
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"Mediocre número 59"
La primera noche en la habitación 356 fue, para Seleriun, una tortura silenciosa que ni las mazmorras habrían podido igualar. Acostumbrado al silencio del Palacio de Cristal o a la seguridad de la biblioteca, tener a Eliot a escasos metros, respirando con una calma exasperante, lo mantenía en un estado de alerta roja.
Seleriun no pegó el ojo. Cada vez que Eliot se movía entre las sábanas, el Heredero de Plata tensaba sus músculos bajo las mantas de lana áspera. Tenía miedo de que, en medio del sueño, su hechizo de camuflaje flaqueara y el brillo de sus galaxias iluminara la habitación como un faro. Se pasó las horas contando los latidos de su propio corazón y repasando mentalmente los planos estructurales que su abuelo Nick le había enseñado, cualquier cosa para distraer la ansiedad.
Cuando los primeros rayos de un sol pálido se filtraron por la ventana, Sil ya estaba de pie, vistiéndose con la torpeza de quien lleva el peso del mundo en los hombros. Eliot, por su parte, se despertó con una elegancia que Sil encontró insultante.
-Vaya, Sil, tienes unas ojeras que llegan al suelo.- Dijo Eliot, estirándose como un gato -¿Tan aburrida fue mi compañía que no pudiste conciliar el sueño, o es que los becados siempre están así de nerviosos?-
-Solo... no estoy acostumbrado a compartir habitación.- Respondió Sil con la voz ronca, evitando mirarlo a los ojos.
Al abrir la puerta para dirigirse al desayuno, Seleriun casi choca con dos paredes humanas. Galen y Alec estaban allí, apostados como gárgolas protectoras a cada lado del marco de la puerta. Sus rostros reflejaban una mezcla de falta de sueño y una posesividad que hizo que Sil quisiera que la tierra lo tragara.
-¡Gris!- Exclamó Galen, revisándolo de arriba abajo como si buscara heridas de guerra -¿Estás bien? ¿Ese tipo te hizo algo?-
-Estamos aquí para escoltarte al comedor, Sil.- añadió Alec, con un tono más diplomático pero con los ojos fijos en el interior de la habitación.
Fue entonces cuando Eliot salió, deslizándose entre ellos con una sonrisa que era puro veneno envuelto en miel.
-Buenos días, sus Altezas.- Dijo Eliot, haciendo una reverencia perfecta pero cargada de ironía -Veo que el pequeño Sil tiene guardaespaldas de alto rango. Es fascinante el interés que despierta un simple becado en la realeza de Arev y las Islas Azules.-
Galen gruñó, un sonido gutural que hizo vibrar el aire, pero Eliot solo amplió su sonrisa y se alejó con paso ligero.
-Ese tipo me da mala espina.- Murmuró Galen mientras caminaban hacia el comedor, flanqueando a Sil -Huele a intriga y a perfume caro. No me gusta que duermas en la misma habitación que él.-
-Galen, por favor, mantén la calma.- Susurró Sil -Si haces una escena, sospechará más.-
Ya en el comedor, la jerarquía social de la Academia se vio alterada por una escena ridícula. Alec se sentó a la izquierda de Sil y Galen a la derecha, formando una barrera física que impedía que cualquier otro estudiante se acercara a menos de un metro. Sil intentaba comer sus gachas con la cabeza gacha, sintiéndose el centro de todas las miradas.
Dos mesas atrás, Eliot los observaba. No estaba comiendo, tenía un cuaderno de notas y una sonrisa que no desaparecía. Sus ojos azules, agudos como cuchillas, analizaban la forma en que los príncipes servían agua para Sil, o cómo Galen cortaba el pan del becado como si este fuera incapaz de hacerlo solo.
-Es demasiado obvio.- Murmuró Eliot para sí mismo -Un dragón salvaje que se vuelve un gatito doméstico y un príncipe de las mareas que actúa como un sirviente. Sil, ¿quién eres realmente?-
La tensión se trasladó al salón de clases. Los tres se sentaron de la misma manera: Sil en el centro, Alec y Galen como escudos vivientes. La clase de Teoría de la Magia Estructural avanzaba, pero ninguno de los tres prestaba atención. Galen garabateaba dibujos de escamas en su pergamino mientras miraba de reojo a Sil, y Alec tomaba notas perfectas que luego deslizaba disimuladamente hacia el pupitre de Sil para que este no tuviera que esforzarse.
Desde el fondo del salón, Eliot seguía su vigilancia. Había pasado la madrugada anterior usando sus influencias como hijo del Archiduque para acceder a los archivos restringidos de la Academia. Lo que encontró lo dejó intrigado:
• Nombre: Sil.
• Procedencia: Desconocida (beca de caridad).
• Rango académico anterior: Puesto 59. El mediocre perfecto.
Pero había algo más. Eliot descubrió que, desde el año anterior, el Príncipe Galen de Arev, conocido por su temperamento explosivo y por no permitir que nadie lo tocara, no se había separado ni un solo día de este estudiante mediocre. Había registros de altercados donde Galen casi quema a otros alumnos solo por tropezar con Sil.
-Número 59...- Pensó Eliot, comparando la caligrafía de Sil en los exámenes con la forma en que se movía ahora -Alguien capaz de esquivar los ataques de Galen en combate no puede ser el número 59. Estás fingiendo, Sil. Estás construyendo un muro de mediocridad para ocultar algo que brilla demasiado.-
Eliot cerró su cuaderno. Estaba decidido. Si Sil era una joya escondida, él sería quien rompiera el cristal para verla.
Al terminar la clase, Eliot se acercó al grupo.
-Sil, el profesor de Historia quiere que revisemos unos textos en la biblioteca esta tarde.- Mintió Eliot con una naturalidad asombrosa -Como somos compañeros de cuarto, sugirió que trabajáramos juntos. Espero que sus Altezas no tengan inconveniente.-
Galen estuvo a punto de soltar una llamarada, pero Seleriun le dio una patada por debajo de la mesa.
-Iría encantado, Eliot.- Dijo Sil, tratando de mantener su voz firme -Nos vemos en la biblioteca.-
Mientras tanto, en el despacho de los profesores, Susy estaba al borde del colapso de emoción. Su pluma de fénix escribía páginas enteras sin detenerse.
-¡Nick, lo tenemos!- Gritó Susy a través del espejo -¡Eliot ya descubrió lo del puesto 59! ¡La tensión es tan deliciosa que puedo saborearla! ¡La deidad está atrapada entre el fuego, el agua y ahora el hielo del Archiduque!-
-Susy, deja de celebrar.- espondió Nick desde el otro lado, masajeándose las sienes -Si Eliot descubre quién es Seleriun, el Rey de Arev y el Rey de las Islas enviarán flotas enteras para reclamarlo. Esto ya no es una novela de romance, es un polvorín político.-
-¡Pero eso es lo mejor!- Rio Susy -Un secreto revelado es el mejor combustible para un final épico. ¡Prepárate, Nick, porque el juego de Eliot acaba de empezar!-
Seleriun caminaba hacia la biblioteca, sintiendo la mirada de Eliot en su nuca. Sabía que el "mediocre número 59" estaba a punto de enfrentarse a su prueba más difícil: la curiosidad de un hombre que no cree en las coincidencias.