Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
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Capítulo 7
El mundo después de la verdad…
no vuelve a ser el mismo.
Se vuelve más nítido.
Más intenso.
Más peligroso.
Esa noche no dormí.
No de verdad.
Cada vez que cerraba los ojos…
la veía.
Nyra.
Su mirada.
Su expresión cuando le dije lo que era.
No hubo rechazo.
No hubo miedo.
Hubo algo peor.
Aceptación.
Y eso…
me desarmaba por completo.
Porque significaba que ya no había barreras.
No había excusas.
No había forma de alejarla sin romper algo más profundo.
Y lo peor…
es que no quería hacerlo.
—Te estás complicando solo.
La voz de mi padre cortó el silencio.
No lo escuché entrar.
Nunca lo hacía.
—No estoy de humor.
—Nunca lo estás cuando se trata de sentimientos.
Cerré los ojos un segundo, cansado.
—¿Qué quieres?
—Saber por qué tu energía está fuera de control.
Silencio.
Claro.
No podía ocultarlo de él.
—Se lo dije.
—¿A quién?
—A Nyra.
No necesitaba explicar más.
—¿La humana?
—Tiene nombre.
—Eso no cambia lo que es.
Me giré lentamente.
—Para mí sí.
Eso lo hizo detenerse.
Analizarme.
Medirme.
—Entonces esto ya es más serio de lo que pensé.
—Siempre lo fue.
—No —negó con calma—. Antes era curiosidad. Atracción.
—¿Y ahora?
Su mirada se endureció.
—Ahora es peligro.
Silencio.
—Para ella.
—Para ti.
—Para ambos.
Me levanté.
—No voy a alejarla.
—No dije que lo hicieras.
Eso me tomó por sorpresa.
—¿Entonces?
—Dije que entiendas las consecuencias.
—Las entiendo.
—No completamente.
—Explícamelas.
Mi padre avanzó un paso.
Su presencia llenó el espacio.
—Tu lado demonio está reaccionando.
—Lo sé.
—No —su voz bajó—. Está despertando.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—No es lo mismo.
—Lo es cuando hay un detonante.
Silencio.
—¿Nyra?
No respondió.
Pero no hacía falta.
—No es su culpa.
—Nunca dije que lo fuera.
—Entonces no la metas en esto.
—Ya está en esto.
Esa verdad…
no tenía salida.
—¿Y Federico?
—Él también está cambiando.
—Eso lo sé.
—No lo sabes completamente.
—Entonces dime.
—Los vampiros no reaccionan así sin motivo.
Fruncí el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
—Que no es solo él.
Silencio.
—¿Entonces qué?
—Algo está activando todo.
—¿La escuela?
—No.
—¿La gente?
—No.
—Entonces…
Mi padre me miró directo.
—Ella.
El golpe fue seco.
—No.
—Sí.
—No tiene sentido.
—Tiene más del que crees.
—Es humana.
—Exacto.
Eso no ayudaba.
—Eso no explica nada.
—Las humanas… no siempre son lo que parecen.
—No es una historia.
—Para nosotros sí lo es.
Silencio.
—No es especial por lo que es —dije—.
—Es especial porque es ella.
Mi padre me observó unos segundos.
Y luego…
asintió apenas.
—Eso es lo que la hace más peligrosa.
—No lo es.
—Para ti sí.
Silencio.
Pesado.
Real.
—¿Qué quieres que haga?
—Nada.
—¿Qué?
—No puedes detener esto.
—Entonces…
—Solo asegúrate de no perder el control.
Eso…
era más difícil de lo que parecía.
—¿Y si lo hago?
Mi padre no respondió.
Y eso fue suficiente.
—Entonces asegúrate de que ella no esté cerca cuando pase.
Eso…
no era una opción.
—No voy a alejarla.
—Entonces aprende a controlarte.
—Lo haré.
—Hazlo rápido.
Y desapareció.
Como siempre.
Como si nunca hubiera estado ahí.
Me quedé solo.
Pero esta vez…
no era solo silencio.
Era certeza.
Esto no iba a ser fácil.
La mañana llegó…
demasiado rápido.
Como si el tiempo no quisiera darme espacio para pensar.
Como si supiera que quedarse quieto… solo haría todo peor.
Aparqué la moto frente a la escuela, pero no bajé de inmediato.
Me quedé ahí.
Observando.
Esperándola.
Y cuando apareció…
todo lo demás dejó de importar.
Nyra.
Caminando entre la gente como si nada hubiera cambiado.
Como si el mundo no se hubiera roto la noche anterior.
Pero cuando levantó la mirada…
y me vio…
se detuvo.
Apenas un segundo.
Pero lo suficiente.
Y luego…
sonrió.
Y ese pequeño gesto…
fue suficiente para calmar el caos dentro de mí.
Otra vez.
Siempre ella.
Bajé de la moto sin pensar demasiado y caminé hacia ella.
—Buenos días.
Su voz era suave.
Pero había algo distinto.
Más cercano.
Más… real.
—Buenos días.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
Pero no era incómodo.
Era… diferente.
Más consciente.
—¿Dormiste algo? —preguntó.
—No mucho.
—Yo tampoco.
Sonrió apenas.
Compartido.
Entendido.
—Supongo que es normal después de todo esto.
—Sí.
Silencio.
Pero esta vez…
no pesaba.
—¿Sigues aquí? —pregunté.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Dónde más estaría?
—Después de lo que te dije.
—Ah.
Bajó la mirada un segundo.
Luego volvió a mí.
—Te dije que no iba a huir.
—Lo sé.
—Y no lo haré.
Esa seguridad…
seguía sorprendiéndome.
—¿Ni siquiera un poco de miedo?
—Claro que tengo miedo.
Honesta.
Siempre.
—Pero no de ti.
Eso…
importaba más de lo que quería admitir.
—De lo que no entiendo, sí.
—Eso es válido.
—Entonces ayúdame a entender.
La miré.
Y esta vez…
no dudé.
—Lo haré.
Nyra dio un paso más cerca.
No mucho.
Pero lo suficiente para cambiar el aire entre nosotros.
—¿Y hoy? —preguntó—
¿qué tan peligroso va a ser?
Solté una pequeña exhalación.
—No lo sé.
—Genial…
Eso la hizo sonreír un poco.
Y por un instante…
todo pareció normal.
Hasta que lo sentí.
Otra vez.
Esa presencia.
Lejana.
Pero clara.
Mi expresión cambió sin que pudiera evitarlo.
—¿Qué pasa?
—Nada…
Mentira.
—Gabriel…
—Solo mantente cerca de mí hoy.
—Eso suena a que sí pasa algo.
—Siempre pasa algo.
—No es una respuesta.
—Es la verdad.
Silencio.
Nyra me observó unos segundos.
Evaluando.
Decidiendo.
Y finalmente…
asintió.
—Está bien.
No confiaba en la situación.
Pero confiaba en mí.
Y eso…
era suficiente.
Por ahora.
Entramos juntos a la escuela.
El ambiente parecía normal.
Demasiado normal.
Risas.
Conversaciones.
Pasos.
Pero yo no podía ignorarlo.
Algo… no encajaba.
—¿Lo sientes otra vez? —preguntó Nyra en voz baja.
—Sí.
—¿Federico?
Negué ligeramente.
—No… es diferente.
Eso la hizo tensarse.
—¿Diferente cómo?
—Más frío.
Más vacío.
Más… distante.
Como si no fuera él.
Caminamos por el pasillo.
Pero cada paso…
se sentía más pesado.
Más denso.
Como si algo invisible se estuviera acumulando.
Esperando.
—No me gusta esto —murmuró ella.
—A mí tampoco.
Giré ligeramente la cabeza.
Observando.
Buscando.
Sintiendo.
Y entonces…
lo noté.
No una persona.
No una figura clara.
Solo…
una presencia.
En el fondo del pasillo.
Entre la gente.
Pero no se movía como los demás.
No reaccionaba.
No encajaba.
—Gabriel… —susurró Nyra— ¿qué estás viendo?
No respondí de inmediato.
Porque no estaba seguro.
Y eso…
era lo peor.
Parpadeé.
Y cuando volví a mirar…
ya no estaba.
—Nada… —murmuré—
creo.
—Eso no suena bien.
—No lo es.
Seguimos caminando.
Pero ahora…
más atentos.
Más tensos.
Más conscientes.
Entramos al salón.
Todo parecía normal otra vez.
Demasiado.
Me senté.
Nyra a mi lado.
Cerca.
Más de lo habitual.
—Esto no se siente como antes —dijo en voz baja.
—Porque no lo es.
—No… —negó ligeramente—. Es algo más.
Asentí.
—Lo sé.
El profesor empezó a hablar.
Pero no escuchaba.
No realmente.
Porque esa sensación…
seguía ahí.
Observando.
Esperando.
Y entonces…
lo sentí más fuerte.
De golpe.
Como una presión en el pecho.
Como si algo…
nos hubiera encontrado.
Mi mano se tensó sobre el escritorio.
—Gabriel…
—Shh…
Cerré los ojos un segundo.
Intentando ubicarlo.
Intentando entender.
Y entonces…
abrí los ojos de golpe.
—No está afuera… —murmuré.
—¿Entonces?
La miré.
Serio.
—Está aquí.
Silencio.
Pesado.
Real.
Nyra tragó saliva.
—¿Qué significa eso?
No respondí de inmediato.
Porque en ese momento…
lo entendí.
—Que no somos los únicos.
Y por primera vez…
sentí algo distinto al miedo.
Algo peor.
Anticipación.
Porque lo que fuera que estaba ahí…
no estaba perdido.
No estaba fuera de control.
Estaba…
esperando.
El cambio no siempre llega con ruido.
A veces… llega con silencio.
Con esa sensación en el pecho…
que te dice que algo no está bien,
aunque no puedas verlo todavía.
—No es él… —murmuré.
Nyra frunció el ceño.
—¿Entonces qué es?
No respondí de inmediato.
Porque no tenía una respuesta clara.
Y eso… era lo que más me preocupaba.
No era Federico.
No era su energía.
No era su presencia.
Era algo distinto.
Más frío.
Más vacío.
Más… antiguo.
Y eso… no era buena señal.
—Tenemos que irnos de aquí —dije finalmente.
—¿Otra vez?
—No es una sugerencia.
Mi tono fue suficiente.
Nyra no discutió.
Asintió.
Pero esta vez…
no preguntó más.
Y eso…
me dijo que ya estaba entendiendo.
Caminamos rápido por el pasillo.
Los estudiantes seguían con su rutina.
Risas.
Conversaciones.
Normalidad.
Pero para mí…
todo estaba fuera de lugar.
Como si algo…
estuviera observando desde detrás de esa realidad.
—Gabriel… —susurró Nyra — lo siento diferente.
La miré.
—¿También lo sientes?
Asintió lentamente.
—No como lo de Federico…
—Lo sé.
Silencio.
Eso confirmaba todo.
No era imaginación.
No era paranoia.
Era real.
—¿Qué significa?
—Significa que no es solo uno.
Esa respuesta…
cambió todo.
Nyra se detuvo.
Apenas un segundo.
—¿Hay más como él?
—No exactamente.
—¿Entonces qué?
—Peor.
Silencio.
No dije más.
Porque no quería hacerlo real…
diciéndolo en voz alta.
Pero ya lo era.
Salimos al exterior.
El aire frío golpeó de inmediato.
Y ahí…
lo sentí más fuerte.
Como si cruzar esa puerta
hubiera eliminado una barrera.
—Está aquí… —murmuré.
—¿Dónde?
—No lo sé exactamente…
pero está cerca.
Nyra dio un paso más hacia mí.
Instintivo.
Y esta vez…
no me alejé.
Porque ahora…
yo también necesitaba ese contacto.
—¿Qué hacemos? —preguntó.
Miré alrededor.
Analizando.
Sintiendo.
—Esperar.
—¿Esperar qué?
—A que se muestre.
Silencio.
—Eso suena a mala idea.
—Lo es.
—¿Entonces por qué hacerlo?
—Porque si no…
va a atacar cuando no estemos listos.
Eso la dejó callada.
No porque no tuviera respuesta.
Sino porque sabía…
que tenía razón.
El viento sopló más fuerte.
Y entonces…
lo sentí.
Un cambio.
Pequeño.
Pero claro.
—Viene… —murmuré.
—Gabriel—
—No te muevas.
Nyra se quedó quieta.
Pero su respiración cambió.
Más rápida.
Más tensa.
Y entonces…
una figura apareció.
No caminando.
No corriendo.
Simplemente…
estaba ahí.
A unos metros.
Inmóvil.
Observándonos.
Mi cuerpo se tensó al instante.
—Eso no es… —susurré.
—¿Qué es? —preguntó Nyra , apenas audible.
No respondí.
Porque no lo sabía.
Pero sí sabía algo.
Eso…
no era humano.
No era vampiro.
Y definitivamente…
no era como yo.
La figura inclinó ligeramente la cabeza.
Como si nos estudiara.
Como si…
ya supiera todo.
—Interesante… —dijo.
Su voz…
no era normal.
Era suave.
Pero hueca.
Como si no viniera de un cuerpo…
sino de algo más.
—Aléjate de ella —dije.
Automático.
Instintivo.
Protector.
La figura no se movió.
Pero sonrió.
—Tú también lo sientes… ¿verdad?
Silencio.
—Esa grieta…
ese despertar…
Mi corazón se aceleró.
—No sé de qué hablas.
—Claro que lo sabes.
Dio un paso.
El aire cambió.
Más pesado.
Más oscuro.
—No te acerques —repetí.
—¿O qué?
Esa pregunta…
ya la había escuchado antes.
Pero esta vez…
era diferente.
Porque esto…
no era un juego.
—No me obligues —dije.
La figura se detuvo.
Y por un momento…
todo quedó en silencio.
—Aún no… —murmuró.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Aún no estás listo.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—¿Listo para qué?
No respondió.
Solo miró a Nyra .
Y eso…
activó todo dentro de mí.
—No la mires.
La energía reaccionó.
Fuerte.
Inestable.
La figura lo notó.
Claro que lo notó.
—Ah…
ahora tiene sentido.
—¿Qué cosa?
—Ella.
Silencio.
—No te le acerques.
—No lo necesito.
Eso…
fue peor.
Mucho peor.
—Entonces vete.
La figura sonrió otra vez.
Pero esta vez…
había algo más.
Algo oscuro.
Algo que no me gustaba en absoluto.
—Esto apenas comienza.
Mis manos se tensaron.
—No vuelvas.
—Nos volveremos a ver.
Dio un paso atrás.
Y entonces…
desapareció.
Sin sonido.
Sin rastro.
Como si nunca hubiera estado ahí.
El silencio quedó.
Pesado.
Irreal.
—Gabriel… —la voz de Nyra tembló— ¿qué fue eso?
No respondí de inmediato.
Porque por primera vez…
no tenía idea.
—No lo sé.
Y esa respuesta…
fue la más peligrosa de todas.
Porque significaba una sola cosa.
Esto…
ya no era solo sobre nosotros.
Ya no era solo sobre Federico.
Era algo más grande.
Más antiguo.
Más oscuro.
Y ahora…
nos había encontrado.
Nyra dio un paso más cerca.
—Esto va a empeorar, ¿verdad?
La miré.
Y esta vez…
no mentí.
—Sí.
Silencio.
Pero no retrocedió.
No dudó.
No huyó.
—Entonces… lo enfrentamos.
Esa frase…
otra vez.
Pero ahora…
tenía más peso.
Más verdad.
Asentí lentamente.
—Juntos.
Nyra sostuvo mi mirada.
Y aunque el miedo seguía ahí…
también había algo más.
Determinación.
—Juntos.
Pero en el fondo…
lo sabía.
Esto ya no era una historia de tres.
Ahora…
había algo más en el juego.
Algo que no entendíamos.
Algo que no podíamos controlar.
Y lo peor…
algo que nos estaba esperando.